Una buena condición física atenúa la mortalidad en hospitalizados por la COVID-19

Dr. Javier Cotelo

15 de abril de 2021

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MADRID, ESP. El estilo de vida basal sedentario es un factor de riesgo independiente de mortalidad en pacientes hospitalizados por la COVID-19, según los resultados de un estudio español publicado en Infectious Diseases and Therapy.[1]

Los autores concluyen que los pacientes con baja actividad física basal tienen mayor riesgo de mortalidad por COVID-19, independientemente de otros factores de riesgo descritos anteriormente. La mortalidad global fue más elevada en el grupo de pacientes sedentarios: 13,8% frente a 1,8% de los que realizaban alguna actividad física de forma regular.

Estos hallazgos destacan la importancia de la práctica regular de ejercicio como medida preventiva del curso grave de la enfermedad.

Dr. Ricardo Salgado

El Dr. Ricardo Salgado, cardiólogo del Hospital Clínico San Carlos de Madrid y uno de los autores del estudio, comentó a Medscape en español: "Lo más sorprendente fue la influencia tan marcada del entrenamiento físico en la mortalidad de los pacientes infectados con COVID-19. Incluso después de realizar el análisis multivariable encontramos que tener una vida sedentaria multiplicaba casi por 6 el riesgo de fallecer a consecuencia de la infección. En nuestra serie el peso específico del entrenamiento físico era incluso mayor que otros factores de riesgo que se han relacionado con esta patología".

La infección por el SARS-CoV-2 causa enfermedad respiratoria grave con mortalidad global en torno a 3%. En ausencia de un tratamiento eficaz, el control de los factores de riesgo que predisponen a la enfermedad grave es fundamental para reducir la mortalidad por la COVID-19.

Grandes estudios observacionales publicados sugieren que el ejercicio en sí mismo puede reducir el riesgo de mortalidad por todas las causas y por enfermedades específicas. Es conocido que los pacientes con infecciones graves por la COVID-19 tienen hiperrespuesta inflamatoria que se asocia con enfermedades críticas y fatales.

Potencia la inmunidad y reduce la angiotensina 2

Entre las posibles explicaciones del efecto beneficioso del ejercicio, el Dr. Salgado señaló: "Sabemos que el ejercicio confiere mejor eficiencia cardiorrespiratoria y potencia la inmunidad de las personas que practican deporte de forma habitual. Esto pudo haber favorecido que aquellos pacientes entrenados que padecieron la COVID-19 tuvieran más armas para enfrentarse a las infecciones graves".

"Por otro lado, sabemos que el ejercicio produce un efecto regulatorio sobre el sistema renina-angiotensina-aldosterona que también se ha relacionado con la puerta de entrada del virus. Los pacientes entrenados reducen los niveles de angiotensina 2 y aumentan los de angiotensina 1 a 7, lo que favorece menor inflamación y daño pulmonar".

La mejor vacuna contra el sedentarismo

Dra. Amelia Carro

La Dra. Amelia Carro, coordinadora del Grupo de Trabajo de Cardiología del Deporte de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), comentó a Medscape en español: "Sin duda el ejercicio es la mejor vacuna contra las consecuencias adversas del sedentarismo. Una población activa sería una población con mayor cantidad y calidad de salud (bienestar) no solo a nivel cardiovascular, sino global".

"Además se evitan los efectos secundarios de la toma de medicación. La combinación de ejercicio físico (cada movimiento cuenta, según la Organización Mundial de la Salud) con alimentación adecuada, no fumar, gestión del estrés, sería la mejor herramienta de promoción de la salud. Su integración en etapas precoces de la vida es la mejor estrategia de gestión de salud", dijo la especialista.

Centrados en el escenario cardiovascular, las recomendaciones europeas aconsejan prescribir ejercicio físico en todas las edades y situaciones clínicas, separando en las estrategias y programas: personas con factores de riesgo cardiovascular (obesidad, diabetes, hipertensión arterial) como prevención primaria; personas con enfermedades cardiovasculares, una prescripción dentro del tratamiento y manejo de la propia enfermedad.

Con reseñas específicas para diferentes tipos de pacientes: arritmias, enfermedades valvulares, miocardiopatías, insuficiencia cardiaca, cardiopatía isquémica, cardiopatías congénitas, canalopatías, etcétera. Personas con enfermedades no cardiovasculares y en otras situaciones clínicas. En todas las situaciones se priorizan los beneficios clínicos frente a los riesgos, y siempre se intentará adaptar el programa de ejercicio a la demanda del individuo, añadió la Dra. Carro.

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