Microbiota y probióticos: documento de consenso sobre sus evidencias y uso en patologías psiquiátricas y neurológicas

Carla Nieto Martínez

14 de abril de 2021

MADRID, ESP. Combinar la evidencia científica y el conocimiento práctico respecto al papel de la microbiota y el uso de probióticos y/o prebióticos para ayudar a la toma de decisiones clínicas en el área de las patologías neuropsiquiátricas es el objetivo en el que se basa la puesta del documento de consenso elaborado con el aval de la Sociedad Española de Microbiota, Probióticos y Prebióticos (SEPyP), la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica (SEPB) y la Sociedad Española de Neurología (SEN), en el que participaron 38 especialistas (neurólogos, psiquiatras, inmunólogos, microbiólogos y pediatras, entre otros).[1]

Como explicó el Dr. Guillermo Álvarez Calatayud, presidente de la Sociedad Española de Microbiota, Probióticos y Prebióticos, cuando se entra en el ámbito de la microbiota siempre surge el debate sobre si es una moda o una ciencia.

"Un hecho que avala su categoría científica es que las revistas de más alto impacto publican continuamente contenido referente a la importancia de la microbiota y al papel que puede desempeñar en muchas enfermedades habituales. En este sentido, en el documento que presentamos se ha hecho especial hincapié en la importancia que tiene la investigación que se lleva a cabo tanto en el campo de la neurología como de la psiquiatría", destacó.

El Dr. Álvarez justificó el componente de tendencia o moda al que suele asociarse este tema en la utilización que muchas veces se hace del concepto de microbiota por parte de los fármacos alternativos, con poco rigor científico, "lo que hace que el empleo de los probióticos se presente a menudo como algo 'que lo cura todo'".

Microbiota-intestino-cerebro: un eje bidireccional

Dra. Mónica de la Fuente

"Actualmente está aceptado que las alteraciones en los microorganismos de nuestro intestino (la denominada disbiosis) son la causa de numerosas enfermedades, entre las que se incluyen las mentales, como ansiedad, depresión o trastornos del espectro autista", explicó la Dra. Mónica de la Fuente, catedrática de Fisiología de la Universidad Complutense de Madrid y miembro de la Sociedad Española de Microbiota, Probióticos y Prebióticos.

"En los últimos años se han relacionado muchas enfermedades neurológicas y del campo de la salud mental con alteración del eje microbiota-intestino-cerebro, relación bidireccional en que la microbiota, que se comunica con los sistemas homeostáticos (nervioso, endocrino e inmunitario) en el intestino, va a influir desde esa localización y a través de diferentes vías, con el cerebro, modulando su funcionamiento. En este eje se basa una ciencia nueva y cada vez más en auge: la psiconeuroendrocrinoinmunología", añadió la Dra. De la Fuente.

Dra. Ana González-Pinto

Por su parte, la Dra. Ana González-Pinto, jefa del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario de Álava y expresidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica, comentó que este eje se desarrolla y modifica a lo largo de toda la vida, influenciado por factores genéticos, ambientales y de estilo de vida (dieta, ejercicio, relaciones sociales, edad, ingestión de fármacos, etc.), y explicó el mecanismo por el que la microbiota puede afectar a las emociones: "Numerosos estudios evidencian que las alteraciones en el eje microbiota-intestino-cerebro se asocian con muchas enfermedades que tienen como base estados de estrés oxidativo e inflamatorio, y también que muchas de estas patologías presentan inflamación de bajo tono, que aparece cuando la microbiota está alterada. La conclusión que se extrae de todo esto es que la microbiota tiene impacto en la conducta, las emociones y el control del estrés".

Autismo, trastorno por déficit de atención/hiperactividad y trastorno obsesivo-compulsivo: indicios y certezas

En base a estas interacciones y conexiones, la Dra. González-Pinto afirmó que la microbiota ha demostrado ser un camino común para llegar a diferentes patologías mentales.

"La disbiosis se ha asociado al trastorno por déficit de atención/hiperactividad y a los trastornos bipolares y psicóticos. Asimismo, existe evidencia sobre el posible papel de los probióticos en los cuadros de ansiedad y depresión y hay datos en esta línea en relación al estrés postraumático y otros trastornos psiquiátricos. Pero es en el área de los trastornos del espectro autista en la que se han llevado a cabo más estudios y hay mayor certeza en cuanto al papel que juega la microbiota".

Respecto a los beneficios concretos de la utilización de los probióticos, que en este caso se denominarían psicobióticos, en las enfermedades psiquiátricas, la Dra. González-Pinto concretó en tres las alteraciones en las que en este momento se dispone de más evidencias: trastornos del espectro autista, trastorno por déficit de atención/hiperactividad y trastorno obsesivo-compulsivo: "Aunque la mayor parte de la información de la que disponemos es aún limitada, si hay bastantes evidencias, sobre todo en el autismo, respecto a los beneficios de los probióticos, pero no hasta el punto de poder, al día de hoy, pautar un tipo concreto de probiótico durante determinado tiempo".

Al cuestionarle sobre el posible papel de los probióticos en el manejo de los trastornos de la conducta alimentaria, la Dra. González-Pinto comentó que aun cuando no existen datos concluyentes, es evidente que estos pacientes se caracterizan por seguir una dieta escasa y poco sana, por lo que sería pertinente investigar más en este sentido. Por otro lado, no hay que olvidar que muchas veces estos trastornos se complican con cuadros depresivos, un área en la que sí hay mucha investigación, y tampoco es infrecuente observar síntomas obsesivo-compulsivos en estos pacientes. A esto hay que añadir que se sabe que en los trastornos de la conducta alimentaria hay disbiosis, así que todo ello justifica la necesidad de lograr más evidencias sobre el papel de los psicobióticos en este trastorno.

Ictus y disbiosis: un nexo con muchas causas

Dr. Francisco Pérez Miralles

"Existe asociación entre la disbiosis y el desarrollo de varias enfermedades neurológicas que se da en ambos sentidos: la patología puede producir gran impacto en la microbiota y a la vez la disbiosis puede jugar un papel importante en la enfermedad", comentó el Dr. Francisco Pérez Miralles, de la Unidad de Neuroinmunología del Servicio de Neurología del Hospital Universitari i Politecnic La Fe, de Valencia, y miembro del comité científico de la Sociedad Española de Neurología, quien hizo un repaso a las evidencias más recientes que vinculan a la microbiota y a la disbiosis con estas enfermedades, especialmente las cerebrovasculares, y concretamente en el ictus.

"La microbiota tiene especial impacto en los factores de riesgo, y de hecho, es un vector necesario para el desarrollo de la hipertensión arterial, ya que tiene implicaciones en la saciedad, en la termogénesis y en la regulación del metabolismo energético. Asimismo, la presencia de determinadas poblaciones de bacterias desempeña un rol en la disfunción endotelial asociada a la hipertensión arterial en el sentido de que puede alterar el balance de la producción de factores tanto vasodilatadores como vasoconstrictores, que aceleran la aterosclerosis".

El Dr. Pérez indicó que la microbiota también tiene impacto en el pronóstico del ictus: "Se han observado cambios en la microbiota a las pocas horas de producirse la isquemia cerebral, que pueden deberse a un efecto proinflamatorio de la microbriota en el contexto de una respuesta por la vía TH 17 y por disfunción endotelial secundaria. Varios estudios apuntan a que la modificación de la microbiota influye en el tamaño del infarto cerebral".

Además del efecto inflamatorio en relación con la hipertensión arterial, la microbiota también puede modificar la respuesta a los fármacos con efecto cardioprotector; "de hecho, puede aumentar o disminuir la eliminación de más de 40 fármacos relacionados con el control de los factores de riesgo, como los antihipertensivos".

Otra patología cerebrovascular relacionada con los microorganismos intestinales es la epilepsia, especialmente la de tipo farmacorresistente: "La microbiota tiene efecto claro sobre vías de regulación de la inmunidad, en concreto la TH 17 y con el aumento de las citocinas proinflamatorias, lo que puede desencadenar o agravar las crisis epilépticas", destacó el especialista.

Cefaleas, enfermedad de Alzheimer y población bacteriana

También se ha investigado este nexo en el contexto de las cefaleas y el dolor crónico. "La migraña puede estar modulada o influida por las distintas especies que pueblan la microbiota, y actualmente se apunta al péptido relacionado con la calcitonina (una de las vías por las que se produce esta enfermedad) que además de neurotransmisor también actúa a nivel entérico, inhibiendo la secreción gástrica y pancreática, y como modulador inmunitario y vasodilatador. Además, facilita la transmisión nociceptiva del sistema trigémino-vascular, que está íntimamente relacionado con la migraña".

En cuanto al dolor crónico, se sabe que la microbiota desempeña un papel en la sensibilización al dolor, tanto somático (en la fibromialgia se ha visto que hay cambios en la composición de la microbiota, afirmó el Dr. Pérez) como visceral. También se ha demostrado su impacto en el dolor neuropático asociado a la quimioterapia.

Respecto a las enfermedades neurodegenerativas, el especialista comentó que la disbiosis puede producir permeabilización del intestino que favorece la traslocación de los lipopolisacáridos bacterianos y esto a su vez repercute en el sistema inmunológico, lo que puede agravar trastornos preexistentes o desencadenarlas. "Otra consecuencia de esta permeabilidad es que favorece el paso de metabolitos potencialmente neurotóxicos, que inducen la enfermedad", señaló el especialista.

"En la enfermedad de Alzheimer distintos estudios han demostrado su relación con los cambios en la microbiota, apuntando especialmente a mecanismos que podrían desempeñar un rol en el control de la enfermedad, como la dieta, y concretamente el aporte de ácidos grasos poliinsaturados, como el decosahexaenoico (que tiene íntima relación con la microbiota) y ciertas poblaciones de microorganismos, como Bifidobacterium, relacionado con un perfil antiinflamatorio y facilitador de ácido gamma-aminobutírico".

El especialista añadió que está demostrado que hay implicaciones de la disbiosis intestinal a nivel neurológico que van desde la regulación del sistema inmune, el metabolismo de neurotransmisores o la biodisponibilidad de fármacos hasta el desarrollo de neurotoxinas. "Sin embargo, y aunque se han llevado a cabo muchos estudios en modelo animal, los posibles efectos beneficiosos de los prebióticos/probióticos no se han establecido de manera concluyente en ninguna enfermedad neurológica, por lo que en este momento no se puede recomendar su uso como terapias sintomáticas para la prevención o modificación del curso de estas enfermedades de índole neurodegenerativo o dismune".

Definir y concretar la "pauta probiótica" y otros retos de futuro

Los participantes en el seminario en línea coincidieron en el carácter relativamente incipiente de la psiconeuroendrocrinoinmunología, en la importancia de continuar con la extensa investigación que está en marcha y en el convencimiento de que en poco tiempo se dispondrá de evidencias más sólidas y novedosas.

El papel de los probióticos o psicobióticos es sin duda la principal línea de investigación. Asimismo, el Dr. Pérez destacó que la ausencia de evidencia de las terapias probióticas no exime de la investigación del papel que la microbiota puede desarrollar respecto a los mecanismos implicados en la patogenia de las enfermedades neurológicas y el establecimiento de nuevos objetivos terapéuticos en el futuro.

La Dra. González-Pinto comentó que "aún faltan evidencias más sólidas que sustenten pautar recomendaciones respecto al uso de los psicobióticos. También se necesita metodología que dé más fuerza a todos los datos de los que disponemos y que están ahí, pero sin una estructura o diseño que permita medirlos según una escala, por ejemplo".

La clínica también destacó la importancia, de cara al futuro, de recomendar el uso de guías de práctica clínica elaboradas conjuntamente por distintos profesionales de la salud, con el fin de optimizar una atención sanitaria integral, efectiva y segura, "ya que a veces las distintas alteraciones disbióticas llevan a enfermedades diferentes, de ahí la importancia de la puesta en común de las experiencias desde varias perspectivas".

Finalmente, la Dra. De la Fuente comentó que uno de los retos de futuro es establecer perfiles en base a las características de la microbiota para así poder hacer intervenciones más personalizadas: "Sería muy beneficioso disponer de una especie de firma microbiológica del individuo para orientarle sobre qué cambios en el estilo de vida son recomendables. Lo más estudiado en este sentido es el campo de la dieta, y se sabe que hay grupos de microorganismos más potentes o que están más representados cuando un individuo sigue una dieta más rica en vegetales que en carne, por ejemplo, pero aún no existen perfiles definidos como tales".

La Dra. De la Fuente, la Dra. González-Pinto y el Dr. Pérez han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

La elaboración del documento de consenso ha sido impulsada por Neuraxpharm.

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