"Más allá de la duda razonable": las consecuencias cerebrales por COVID-19 son reales

Sarah Edmonds

Conflictos de interés

9 de abril de 2021

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Los sobrevivientes de COVID-19 enfrentan un riesgo muy elevado de desarrollar trastornos psiquiátricos o neurológicos en los seis meses posteriores a contraer el virus, peligro que aumenta con la gravedad de los síntomas, muestra una nueva investigación.[1]

En lo que supuestamente es el estudio más grande de su tipo hasta la fecha, los resultados mostraron que entre 236.379 pacientes con COVID-19, un tercio fue diagnosticado con al menos uno de 14 trastornos psiquiátricos o neurológicos en un lapso de 6 meses.

La tasa de enfermedades, que varió desde la depresión hasta el ictus, aumentó drásticamente entre aquellos con síntomas de COVID-19 lo suficientemente agudos como para requerir hospitalización.

"Si observamos a los pacientes que fueron hospitalizados, esa tasa aumentó a 39% y luego a poco menos de 1 de cada 2 pacientes que necesitaron ingreso en la unidad de cuidados intensivos en el momento del diagnóstico de COVID-19", señaló Maxime Taquet, Ph. D., del Departamento de Psiquiatría de la University of Oxford, en Oxford, Reino Unido.

La incidencia aumenta a casi dos tercios en pacientes con encefalopatía en el momento del diagnóstico de COVID-19, agregó.

El estudio, que examinó la salud cerebral de 236.379 sobrevivientes de COVID-19 a través de una base de datos estadounidense de 81 millones de registros médicos electrónicos, se publicó en versión electrónica el 6 de abril en The Lancet Psychiatry.

Alta tasa de trastornos neurológicos y psiquiátricos

El equipo de investigación analizó el diagnóstico por primera vez o la recurrencia de 14 desenlaces neurológicos y psiquiátricos en pacientes con infecciones confirmadas por SARS-CoV-2. También compararon la salud cerebral de esta cohorte con un grupo de control de personas con influenza o con infecciones respiratorias distintas a COVID-19 durante el mismo periodo.

Todos los participantes del estudio tenían más de 10 años de edad, se les diagnosticó COVID-19 el 20 de enero de 2020 o después, y aún estaban vivos al 13 de diciembre de 2020.

Las 14 afecciones psiquiátricas y neurológicas examinadas incluyeron hemorragia intracranealictus isquémico, parkinsonismo, síndrome de Guillain-Barré, trastornos de nervios, raíces nerviosas y plexos; unión mioneural y enfermedad muscular, encefalitis, demencia, trastornos psicóticos, del estado de ánimo y de ansiedad, trastorno por uso de sustancias e insomnio.

Los investigadores utilizaron la hospitalización, el ingreso en cuidados intensivos y la encefalopatía como indicación de la gravedad de los síntomas de COVID-19.

El estudio comparó la cohorte primaria con cuatro poblaciones de pacientes diagnosticados en el mismo periodo con enfermedades no respiratorias, incluidas infecciones de la piel, urolitiasis, fracturas óseas y embolias pulmonares.

Los resultados mostraron que sustancialmente más pacientes con COVID-19 fueron diagnosticados con un trastorno neurológico o psiquiátrico que aquellos con otras enfermedades respiratorias.

"En promedio, en términos de números relativos hubo 44% más de riesgo de tener un diagnóstico neurológico o psiquiátrico después de la COVID-19 que después de la influenza y 16% más de riesgo, en comparación con otras infecciones del tracto respiratorio", comentó Taquet.

Los servicios de salud deben estar preparados para un aumento de los problemas psiquiátricos y neurológicos en los próximos meses y se necesitan más investigaciones sobre por qué y cómo el coronavirus afecta la salud del cerebro, añadió.

Estudio más grande hasta la fecha

Aunque investigaciones anteriores sugieren un vínculo entre los dos, este es el estudio más grande de su tipo, examina una diversidad más amplia de desenlaces neurológicos y abarca el periodo más largo hasta la fecha, agregó el coinvestigador del estudio, Dr. Paul Harrison, director asociado del Departamento de Psiquiatría de la University of Oxford, en Oxford, Reino Unido.

Hubo menor incidencia de trastornos del estado de ánimo y de ansiedad, en comparación con los trastornos neurológicos en pacientes con síntomas graves de COVID-19, hallazgo que según el Dr. Harrison, puede indicar que el estrés psicológico relacionado con la pandemia está impulsando estos trastornos en comparación con los factores biológicos.

"Este artículo es continuación de un estudio anterior que hicimos en el que encontramos casi la misma asociación, y nuestra opinión es que muchas consecuencias de COVID-19 en la salud mental tienen que ver con el estrés de saber que se ha tenido la enfermedad y todas las consecuencias que eso implica, en lugar de ser un efecto directo, por ejemplo, del virus en el cerebro, o de la respuesta inmune al virus en el cerebro", agregó.

En contraste, es más probable que los diagnósticos neurológicos estén "mediados por alguna consecuencia directa de la infección por COVID-19", señaló.

La psicosis y la demencia, por ejemplo, fueron menos frecuentes en la población general con COVID-19, pero se volvieron mucho más frecuentes entre las personas con síntomas graves. El equipo de investigación dijo que estos hallazgos, junto con los relacionados con la incidencia del ictus isquémico, eran "preocupantes".

"Encontramos que 1 de cada 50 pacientes con COVID-19 llega a tener un ictus isquémico en los 6 meses posteriores a la enfermedad por COVID-19. Y esa tasa aumentó a 1 de cada 11 pacientes si nos fijamos en pacientes con encefalopatía en el momento del diagnóstico de COVID-19", informó Taquet.

Las tasas de hemorragia cerebral también aumentaron drásticamente entre las personas con síntomas agudos. Poco más de 1 de cada 200 pacientes con COVID-19 fueron diagnosticados con esta afección neurológica, pero eso aumentó a 1 de cada 25 de los que experimentaron encefalopatía en el momento del diagnóstico de COVID-19.

Necesidad de replicación

El coautor del estudio, Masud Husain, Ph. D., del Departamento de Neurología Cognitiva de la University of Oxford, en Oxford, Reino Unido, indicó que si bien hay evidencia de otros estudios de que el virus puede acceder al cerebro, ha habido pocas señales de que las neuronas estén afectadas.

"No hay mucha evidencia de que el virus en sí ataque a las neuronas en el cerebro, pero puede causar inflamación y puede activar células inflamatorias en el cerebro", destacó.

"Y esos efectos son probablemente muy importantes en algunos efectos biológicos en el cerebro. Además, por supuesto, sabemos que el virus puede cambiar la coagulación y la probabilidad de trombosis en la sangre, y esto también puede afectar al cerebro", agregó.

El Dr. Harrison añadió que sería útil replicar los resultados obtenidos de la base de datos de Estados Unidos en otras poblaciones.

"No hace falta decir que la replicación de estos resultados con otros registros de salud electrónicos y en otros países es una prioridad", dijo, agregando que las investigaciones son esenciales para saber sobre cómo y por qué el virus afecta la salud del cerebro.

El Dr. Harrison citó un estudio financiado por UK Research and Innovation: COVID CNS, que dará seguimiento a los pacientes con problemas neurológicos y/o psiquiátricos durante la infección aguda de COVID-19, con la esperanza de explorar las posibles causas.

Más allá de la duda razonable

Al comentar sobre los hallazgos, Sir Simon Wessely, jefe de psiquiatría Regius, en King's College London, en Londres, Reino Unido, señaló: "Este es un artículo muy importante. Confirma más allá de cualquier duda razonable que COVID-19 afecta tanto al cerebro como a la mente por igual medida".

Algunos de estos efectos, incluidos el ictus y los trastornos de ansiedad, ya se conocían, pero otros, como la demencia y la psicosis, eran menos conocidos, agregó.

"Lo novedoso se refiere a las comparaciones con todos los virus respiratorios o la influenza, lo que sugiere que estos aumentos están relacionados específicamente con COVID-19 y no con un impacto general de la infección viral. Comúnmente, cuanto peor es la enfermedad mayores son los resultados neurológicos o psiquiátricos, lo que tal vez no sea sorprendente".

"Los peores desenlaces se dieron en aquellos con encefalopatía (inflamación del cerebro) lo que de nuevo, no es sorprendente. Sin embargo, la asociación con la demencia fue pequeña y podría reflejar problemas en el diagnóstico, mientras que hasta ahora no parece haber evidencia temprana de asociación con el parkinsonismo, que fue un factor importante después de la gran pandemia de influenza española, aunque los autores advierten que es demasiado pronto para descartarlo", finalizó Sir Wessely.

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