Ictus asociado a un mayor riesgo de intentos de suicidio y muertes

Pauline Anderson

Conflictos de interés

8 de abril de 2021

Después de ajustar según las diferencias iniciales, los sobrevivientes de un ictus tuvieron 73% más de riesgo de suicidio, en comparación con quienes no habían tenido un ictus, muestran los resultados de una nueva revisión.[1]

La revisión, que incluyó datos de más de 2 millones de sobrevivientes de ictus, mostró que el riesgo de intento de suicidio era mayor que el de muerte por suicidio, y que el riesgo de suicidio disminuyó con el tiempo.

Dr. Manav Vyas

Los profesionales de la salud deben evaluar el estado de ánimo y los pensamientos suicidas en pacientes que han sufrido un ictus, comentó a Medscape Noticias Médicas el Dr. Manav Vyas, asociado clínico en neurología de la University of Toronto, en Toronto, Canadá.

"Cada año más de 50 millones de personas en el mundo tienen un ictus y de ellas, 10 millones sobreviven. En estos sobrevivientes deberíamos realizar pruebas de detección de depresión e ideación suicida de forma rutinaria para poder prevenir intentos de suicidio y muertes", destacó.

El estudio se publicó en versión electrónica el 11 de marzo en la revista Stroke y se presentó en la International Stroke Conference (ISC) de 2021 organizada por la American Stroke Association.

Las investigaciones muestran que las tasas de depresión en los sobrevivientes de un ictus oscilan entre 28% y 35%, y el ictus se considera un factor de riesgo independiente para la depresión. El deterioro cognitivo y la discapacidad física relacionados con el ictus aumentan de forma independiente el riesgo de ideación suicida.

Para este análisis los investigadores tenían como objetivo analizar los riesgos de intentos de suicidio y suicidios consumados entre los sobrevivientes de un ictus.

Después de buscar en múltiples bases de datos médicas internacionales, identificaron 23 estudios relevantes, incluidos estudios de casos y controles y estudios de cohortes o transversales. Los estudios incluyeron 2,15 millones de sobrevivientes de ictus, de los cuales 5.563 intentaron suicidarse o murieron por suicidio.

Poco más de la mitad de la población del estudio (51,9%) la constituían mujeres y la edad promedio era de 63,5 años. Los grupos de comparación fueron personas sin antecedentes de ictus o la población general. La mayoría de los estudios se consideró de calidad regular.

Los sobrevivientes de un ictus tuvieron un mayor riesgo de suicidio, en comparación con el grupo sin ictus (risk ratio no ajustado agrupado [RR]: 1,64; IC 95%: 1,32 a 2,03) que persistió en un análisis ajustado según las diferencias basales (RR ajustado agrupado: 1,73; IC 95%: 1,53 a 1,96).

El riesgo de intento de suicidio fue casi el doble que el de suicidio consumado. En comparación con el grupo sin ictus, los risk ratios ajustados fueron de 2,11 (IC 95%: 1,73 a 2,56) para el riesgo de intento de suicidio y de 1,61 (IC 95%: 1,41 a 1,84) para el riesgo de muerte por suicidio, con el valor de p para la diferencia = 0,03.

Los investigadores encontraron que el riesgo de suicidio disminuyó con el tiempo. En los estudios de cohortes, un periodo de seguimiento más prolongado se asoció con menor riesgo de suicidio (RR: 0,97; IC 95%: 0,95 a 0,99 por cada aumento de 1 año).

Hay varias razones por las que los sobrevivientes tienen un mayor riesgo de suicidio, afirmó el Dr. Vyas. "La mayoría de los sobrevivientes de un ictus tiene consecuencias físicas, cognitivas y de salud mental, y todo esto en conjunto no solo puede causar trastornos del estado de ánimo, como la depresión, sino que también puede provocar ideas suicidas". Asimismo, las áreas del cerebro afectadas por el ictus podrían causar depresión.

El Dr. Vyas señaló investigaciones anteriores que mostraron un riesgo elevado de suicidio en diversas afecciones crónicas, incluidas la insuficiencia cardiaca y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Tener estas afecciones puede conducir a la pérdida de la capacidad para trabajar y aumentar el aislamiento social, y en general, "causar desánimo".

"No es simplemente depresión; uno de los caminos es la depresión, pero también es la pérdida de la autoestima, que es un factor importante".

La edad promedio de los participantes del estudio solo se informó en algunos de los estudios incluidos, por lo que los investigadores no pudieron hacer un análisis de la edad como factor de riesgo.

"Los estudios futuros deben considerar no solo la edad en el momento del ictus, sino también las diferencias de sexo, la gravedad del ictus, su ubicación o el historial previo de trastornos del estado de ánimo. Todos estos podrían ser factores de riesgo importantes que pueden predecir si un sobreviviente de un ictus tendrá un mayor riesgo de suicidio", destacó.

Aunque los estudios del análisis actual no analizaron el impacto de contar con apoyo social, investigaciones anteriores de pacientes con otras afecciones crónicas muestran que esos recursos marcan una diferencia en los resultados, dijo el Dr. Vyas.

"Contar con el apoyo de familiares y proveedores de salud que puedan controlar y evaluar el desarrollo temprano de depresión o ideación suicida puede prevenir los intentos y la muerte por suicidio", agregó.

Los nuevos resultados subrayan la necesidad de realizar pruebas de detección de rutina en los sobrevivientes de un ictus. Dado que un ictus puede afectar el lenguaje, estos pacientes pueden tener dificultad para comunicarse, lo que hace que esta evaluación sea "mucho más difícil", señaló.

"Necesitamos desarrollar herramientas adecuadas que puedan detectar la depresión y el bajo estado de ánimo en pacientes con ictus cuyo lenguaje se ve afectado predominantemente", comentó.

Si la discapacidad está en el habla, los proveedores de atención médica pueden usar escalas análogo-visuales con caras sonrientes o caras tristes que los pacientes puedan señalar para indicar su estado de ánimo, añadió el Dr. Vyas.

Y en pacientes cuyo ictus ha afectado la comprensión, los estudios podrían investigar los cambios en la frecuencia cardiaca o la activación de ciertas redes cerebrales que podrían reflejar un estado de ánimo bajo.

Al comentar sobre el estudio, la Dra. Anjail Z. Sharrief, maestra en salud pública, profesora asociada y directora de prevención de ictus del University of Texas Health Science Center, en Houston, Estados Unidos, destacó la importancia de la detección de depresión y pensamientos suicidas en pacientes que sobrevivieron a un ictus.

"A veces usamos un cribado que no incluye las preguntas sobre pensamientos y tendencias suicidas y creo que eso podría hacernos perder la oportunidad de abordar eso", destacó la Dra. Sharrief.

Los médicos no solo deben evaluar la depresión y los pensamientos suicidas, sino que también deben "tener un plan sobre cómo lidiar con eso en un entorno ambulatorio", finalizó.

El estudio no tuvo fuentes de financiamiento. Los autores han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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