Tasa de ictus en COVID-19: una estimación más precisa

Conflictos de interés

7 de abril de 2021

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Una estimación más precisa del riesgo de ictus en pacientes hospitalizados con infección por COVID-19 proviene de un gran estudio de registro de la American Heart Association.[1]

Los hallazgos del Registro de Enfermedades Cardiovasculares COVID-19 de la American Heart Association, que incluyó a más de 20.000 adultos estadounidenses hospitalizados con COVID-19 de marzo a noviembre de 2020, mostraron una tasa general de ictus isquémico de 0,75%.

Aunque ese nivel es menor que las estimaciones anteriores de riesgo de ictus isquémico con la infección grave por COVID-19, sigue siendo más alto que el observado con otras infecciones, como la influenza o la sepsis.

Duplica el riesgo de mortalidad hospitalaria

Los resultados también muestran que los pacientes que sufrieron un ictus isquémico mientras estaban hospitalizados por COVID-19 tenían el doble de probabilidades de morir, en comparación con quienes no lo tuvieron.

"Estos hallazgos sugieren que COVID-19 puede aumentar el riesgo de ictus, aunque aún se desconoce el mecanismo exacto", indicó la autora principal del estudio, Dra. Saate S. Shakil, investigadora de cardiología de la University of Washington, en Seattle, Estados Unidos. "A medida que la pandemia continúa descubrimos que el coronavirus no es solo una enfermedad respiratoria, sino una enfermedad vascular que puede afectar a muchos sistemas de órganos", agregó.

Los hallazgos se presentaron de manera virtual el 19 de marzo en la International Stroke Conference (ISC) de 2021.

La Dra. Shakil explicó que cuando apareció por primera vez la pandemia de COVID-19 hubo informes de ictus isquémicos que ocurrieron con mayor frecuencia de lo esperado en pacientes hospitalizados con esta infección. Los estudios hasta ahora han estimado la tasa de ictus en pacientes con COVID-19 entre 0,9% y 2%, y el estudio más grande para investigar esto ha incluido 8.000 pacientes, anotó.

Los hallazgos actuales provienen de una base de datos mucho más grande, y el informe actual incluye 21.073 pacientes hospitalizados con COVID-19 entre marzo y noviembre de 2020.

Los resultados mostraron que de estos pacientes, 160 sufrieron un ictus isquémico mientras estaban hospitalizados por COVID-19, lo que se traduce en una tasa de 0,75%.

Los pacientes que sufrieron un ictus isquémico tenían más probabilidades de ser mayores (promedio de 65 años) que los pacientes hospitalizados con COVID-19 que no habían tenido un ictus (61 años) y pertenecer al sexo masculino (63% frente a 54%).

Los pacientes que sufrieron un ictus también fueron más propensos a tener comorbilidades que se sabe aumentan el riesgo de ictus, como hipertensión, fibrilación auricular, diabetes y enfermedad cerebrovascular existente o antecedentes de ictus. "Esto no es del todo sorprendente, ya que estos son factores de riesgo conocidos para sufrir un ictus isquémico independientemente de la infección por COVID-19".

Los resultados mostraron que 44% de los pacientes que sufrieron un ictus isquémico también tenía diabetes de tipo 2, en comparación con aproximadamente un tercio de los pacientes sin antecedente de ictus.

La hipertensión fue "extremadamente prevalente" y se presentó en 60% de todos los pacientes con COVID-19 hospitalizados que no sufrieron un ictus y en 80% de los que sí lo sufrieron, anotó la Dra. Shakil.

La fibrilación auricular estuvo presente en 18% de los pacientes con COVID-19 que sufrieron un ictus isquémico frente a 9% de los que no sufrieron un ictus.

Los pacientes con ictus tenían el doble de probabilidades de estar gravemente enfermos, como demuestran los ingresos a la unidad de cuidados intensivos y la necesidad de ventilación mecánica o diálisis, en comparación con los que no experimentaron un ictus, informó la Dra. Shakil.

Además, los que tuvieron un ictus isquémico tuvieron el doble de duración de la estancia hospitalaria (20 días) frente a 10 días para los que no experimentaron un ictus, y tuvieron el doble de tasa de mortalidad, con tasas de muerte intrahospitalaria de 37%, en comparación con 16% para los que no tuvieron un ictus.

Los pacientes de raza negra tienen el mayor riesgo de ictus

Cuando los hallazgos se analizaron por raza/etnia, se encontraron disparidades raciales significativas, observó la Dra. Shakil, con pacientes de raza negra no hispanos sobrerrepresentados entre los pacientes con COVID-19 que tuvieron un ictus isquémico, en comparación con su composición general en el registro. "Curiosamente, esta tendencia parece revertirse entre pacientes hispanos", agregó.

El número de pacientes de raza blanca no hispanos con un ictus isquémico fue similar al de su representación general en el registro.

Los pacientes hispanos tenían el riesgo más bajo de ictus isquémico, con 0,52%; el riesgo en los blancos no hispanos fue de 0,75% y en los de raza negra no hispanos fue de 0,91%. Los de raza negra no hispanos representaron 26% del registro, pero 31% de los que tuvieron un ictus isquémico.

La Dra. Shakil agregó que no estaba segura de qué hacer con los datos que muestran menor riesgo en los pacientes hispanos. "Veremos eso en el futuro".

"Estos resultados son para todos los interesados en cada grupo racial y los resultados no han sido ajustados para la base demográfica o comorbilidades", advirtió la Dra. Shakil, agregando que los investigadores planean hacer más análisis para comprender los impulsores de estas disparidades.

"Sabemos que la pandemia de COVID-19 ha afectado de manera desproporcionada a las comunidades de color, pero nuestra investigación sugiere que los afroamericanos también pueden tener mayor riesgo de ictus isquémico después de contraer el virus. El ictus por sí solo puede tener consecuencias devastadoras y la recuperación del COVID-19 a menudo es un camino difícil para quienes sobreviven. Juntos pueden ser una carga significativa en los pacientes que han tenido ambas afecciones", destacó la especialista.

Añadió: "Es más importante que nunca que frenemos la propagación de COVID-19 a través de intervenciones de salud pública y la distribución generalizada de vacunas".

La moderadora de una conferencia de prensa sobre el estudio, Dra. Louise McCullough, Ph. D., jefa de neurología del Memorial Hermann Hospital-Texas Medical Center, en Houston, Estados Unidos, y presidenta de la reunión, dijo que este estudio muestra el valor de tener grandes bases de datos.

"Es muy impresionante haber podido obtener estos datos en tan poco tiempo. Realmente habla del valor de tener conjuntos de datos tan grandes", indicó.

La Dra. McCullough señaló que el efecto de COVID-19 sobre el ictus puede no estar limitado al periodo de hospitalización. "Millones de personas se han infectado y se han recuperado de esta infección y la pregunta es qué hará esta enfermedad a estas personas durante la próxima década. ¿Habrá un síndrome crónico de larga duración y eso afectará las tasas de demencia y enfermedad vascular en el futuro?".

"Esto es algo que se puede determinar siguiendo a las personas en estos conjuntos de datos. Incluso si COVID-19 desapareciera el próximo año, realmente no habrá desaparecido debido al gran número de personas que ha afectado", puntualizó.

El Dr. Mitchell Elkind, profesor de neurología en Columbia University, en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, y presidente de la American Heart Association/American Stroke Association, señaló que infecciones como la neumonía o la infección del tracto urinario son complicaciones comunes de un ictus y que hay evidencia de que los pacientes que han tenido un ictus y que también tienen una infección parecen tener mayor riesgo de desarrollar demencia o deterioro cognitivo después de un ictus.

"Parece que algo acerca de tener un ictus afecta al sistema inmunológico y eso conduce a problemas degenerativos secundarios del cerebro, y si a esto le agregamos una infección, esto podría exacerbar aún más el problema. COVID-19 también podría llegar a ser un modelo para abordar algunos de esas preguntas", finalizó.

El estudio fue financiado por la American Heart Association. La Dra. Shakil ha declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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