La vacilación en vacunarse contra la COVID-19 podría dar lugar a más fallecimientos y restricciones más prolongadas

Brenda Goodman

Conflictos de interés

5 de abril de 2021

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Aun cuando millones de estadounidenses acuden en masa para ser vacunados contra la COVID-19, hay una pregunta apremiante en la otra cara de estas posibilidades y citas difíciles de conseguir: ¿cuántas personas decidirán, en última instancia, no vacunarse y cuál será su costo para todos?

Investigadores del Equipo de Respuesta del Imperial College London a la COVID-19 recientemente modelizaron las perspectivas futuras considerando en la mezcla la vacilación ante la vacunación, y no son tan agradables.[1]

Aun con vacunas tan eficaces contra el SARS-CoV-2, los actuales niveles de vacilación en Estados Unidos exigirían continuar las intervenciones no farmacéuticas (como cerrar lugares de trabajo y escuelas y utilizar mascarillas) por lo menos hasta finales de 2022 para mantener controlada la pandemia.

En el modelo también se proyectó que miles de personas más, tanto vacunadas como no vacunadas, podrían morir o ser hospitalizadas en los próximos meses debido a que algunas vacilan en recibir la inmunización.

En Reino Unido, donde la vacilación es baja, más de 80% de las personas recién encuestadas en torno a su disposición a obtener una vacuna indicó que ya se había vacunado o que planeaba hacerlo. En Alemania casi 70% dice que probablemente o definitivamente se vacunaría. En Francia alrededor de la mitad de las personas ha dicho que obtendría la vacuna contra la COVID-19. El equipo del Imperial College London modelizó estos países como escenarios de "baja", "mediana" y "alta" vacilación, respectivamente, y comparó los resultados con un escenario ideal: 98% de las personas de 15 años y más son vacunadas.

El escenario ideal en el modelo presupone que algunas personas no pueden recibir las vacunas debido a alergias o problemas de salud preexistentes, pero que todos desean obtenerla.

El modelo predice repuntes en invierno

El modelo predice varios repuntes futuros en los casos de COVID-19, en su mayor parte durante los meses de invierno, y continuarán hasta 2024, a medida que las personas reanuden su transportación de ida y vuelta a oficinas y escuelas, restaurantes y lugares de entretenimiento.

Aun en un escenario como el de Reino Unido, que cuenta con vacunas muy eficaces y que la vacilación para vacunarse es baja, tal vez entre 10% y 20%, el modelo muestra que los fallecimientos diarios serán casi nueve tantos más altos en el punto máximo del primer repunte debido a que las personas optaron por no vacunarse. Estos decesos se concentrarán en personas que optaron por no vacunarse, pero también afectarán a las que están vacunadas debido a que las mejores vacunas no son 100% eficaces.

En los siguientes dos años (hasta finales de 2022) el modelo predice cerca de 30% más fallecimientos por COVID-19 en un país con baja vacilación, como Reino Unido, alrededor de 350% más muertes en un país con mediana vacilación, como Alemania y casi 770% más muertes en un país con alta vacilación, como Francia.

¿Dónde encaja Estados Unidos en esta mezcla? El equipo del Imperial College London no modelizó específicamente Estados Unidos, pero estudios recientes indican que Estados Unidos se alinea más cercanamente con Alemania en la posición de vacilación "mediana".[2]

En el caso de vacilación mediana, el modelo demostró 1.744 decesos debidos a COVID-19 por millón de personas, y casi 168 por millón en personas vacunadas y 1.576 en personas no vacunadas, hasta finales de 2022.

Difícil de modelizar

Algunas cuestiones se deben tener presentes con respecto a este modelo, no obstante, indicó Rupali Limaye, Ph. D., directora de ciencias de la conducta e implementación de la Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health, en Baltimore, Estados Unidos.

Señaló que es difícil modelizar la vacilación debido a que agrupa. La probabilidad de que alguien quiera o no vacunarse depende de varios factores, por ejemplo, de publicaciones de amigos en Facebook, raza, edad, sexo, afiliación política, religión e incluso nivel de educación.

"Las personas que tienden a no vacunarse por lo general se frecuentan entre sí", indicó.

Para los fines del modelo, el equipo del Imperial College London solo tuvo en cuenta la edad en la ecuación de la vacilación. Asumieron que en cualquier otro aspecto las personas eran similares.

Limaye agregó que los números en el modelo de Imperial College London se veían aceptables, pero en la vida real los fallecimientos y hospitalizaciones como resultado de la vacilación no tienen distribución uniforme. Algunas comunidades serán afectadas más por la vacilación que otras.

El simple hecho de conocer las cifras no ayuda a intervenir donde más es necesario.

Limaye, quien no intervino en la modelización del Imperial College London, ha trabajado con su colega de Johns Hopkins, Shaun Truelove, Ph. D., para tratar de hacer estimaciones similares para Estados Unidos.

Truelove, modelizador de datos, dijo que el informe del Imperial College London representó un panorama que tal vez fue demasiado pesimista.

En primer lugar, la vacilación en torno a la vacunación ha disminuido en Estados Unidos y en otros países.

"Un número cada vez mayor de personas se está vacunando. Contamos con más datos sobre tolerabilidad y eficacia, y al mismo tiempo hemos tenido este resurgimiento de la pandemia con las variantes. Debido a todo esto la disposición también ha aumentado", añadió Truelove.

Puntualizó que la disposición para vacunarse podría disminuir si las personas pierden la confianza en algunas vacunas más nuevas, como la de AstraZeneca.

El modelo hace una estimación prospectiva de casi 2 años. Truelove dijo que eso es mucho tiempo cuando se trata de una situación fluctuante. Cuando él hace modelizaciones no le gusta prospectar más allá de 6 meses.

Asimismo, dijo que los modelos no son pronósticos, pero pueden ser útiles para ayudar a evaluar los impactos potenciales y sirven de guía para la toma de decisiones en política pública.

Los autores del estudio señalaron pleno acuerdo con este aspecto.

"Vacunarse es una opción individual; sin embargo, esta opción tiene consecuencias sociales", destacó Daniela Olivera Mesa, estudiante de doctorado en el Imperial College London. "Nuestro trabajo demostró que la vacilación para vacunarse puede tener impacto considerable en la salud que afecta tanto a poblaciones vacunadas como no vacunadas. Fortalecer la confianza en las vacunas es una prioridad de salud pública importante para controlar la COVID-19".

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