COMENTARIO

Reacciones adversas cutáneas reportadas por vacunas contra la COVID-19. ¿Cuál es la evidencia actual?

Dra. Zaira Dennis Chávez López

Conflictos de interés

5 de abril de 2021

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La vacunación se ha vuelto cada vez más relevante a medida que la pandemia mundial de la enfermedad por coronavirus 2019 (COVID-19) continúa empeorando en todo el mundo.

El proceso de vacunación masiva ha dado lugar a la publicación de reportes de casos con eventos adversos cutáneos, como el brazo COVID y reacciones inflamatorias retardadas en áreas de piel con rellenos de ácido hialurónico.

Dada la importancia de la vacuna en la lucha contra esta crisis de salud pública, es fundamental comprender las reacciones adversas de las vacunas COVID-19 de ARN mensajero aprobadas.

Con frecuencia surgen preocupaciones sobre las posibles reacciones a las vacunas. Sin embargo, la tasa de reacciones adversas inducidas por vacunas notificadas es baja y oscila entre 4,8 y 83,0 por 100.000 dosis de las vacunas utilizadas con más frecuencia. Se desconoce el número de reacciones alérgicas verdaderas a las vacunas de rutina; las estimaciones oscilan entre 1 por 500 000 y 1 por 1 000 000 de dosis para la mayoría de las vacunas.[1]

Los signos de reacciones alérgicas inmediatas mediadas por inmunoglobulina E después de la vacunación son predominantemente sistémicos y comprenden síntomas cutáneos como enrojecimiento, urticaria, angioedema; signos respiratorios, como rinoconjuntivitis o broncoespasmo, y complicaciones cardiovasculares con vértigo grave, desmayo, caída de la presión arterial y choque, que comienzan minutos después de la vacunación.

Estudios han notificado que los casos de anafilaxia potencial después de la vacunación son bajos, aproximadamente 0,065 por 100 000 dosis administradas. Ninguno de los episodios resultó en muerte.[2]

McNeil y sus colaboradores reportaron 33 casos confirmados de anafilaxia desencadenada por vacunas en general que ocurrieron después de 25’173.965 dosis aplicadas.[3] La tasa de anafilaxia fue de 1,31 (IC 95%: 0,90 a 1,84) por millón de dosis de vacuna.

Las tasas siguen siendo similares cuando se estratifican por edad y sexo, aunque se han observado frecuencias ligeramente más altas en las mujeres. En este mismo estudio los casos que siguieron a la administración de una sola vacuna involucraron predominantemente la vacuna contra la influenza trivalente, para la cual se estimó que la tasa de reacción fue de 1,35 (IC 95%: 0,65 a 2,47) por millón de dosis.

Las reacciones de tipo retardado, mediadas por linfocitos T después de la vacunación se manifiestan en forma de eccema local, con duración que oscila desde 2 a 8 horas hasta 2 días después de la vacunación y por lo general se limitan al lugar de la inyección, aunque a veces pueden extenderse, y en algunos casos, generalizarse. Sin embargo, incluso una reacción extensa suele ser autolimitada y desaparece sin complicaciones en 1 a 4 días.

Esta forma de reacción local generalmente no se considera alergia y no es contraindicación para inmunizaciones posteriores; probablemente sean el resultado de una activación inespecífica del sistema inflamatorio mediante altas dosis de sales de aluminio o componentes microbianos (agente activo).[1,4]

Las reacciones alérgicas confirmadas a las vacunas no se atribuyen con frecuencia a los ingredientes activos, sino más bien a los ingredientes inactivos o excipientes, que incluyen proteína de huevo, gelatina, formaldehído, timerosal o neomicina. Los excipientes son necesarios y se agregan a una vacuna con fines específicos, como estimular respuesta inmune más fuerte, prevenir la contaminación por bacterias o estabilizar la potencia de la vacuna durante el transporte y almacenamiento. Los excipientes representan el principal contribuyente a las reacciones inmediatas y mediadas por inmunoglobulina E específicas asociadas con las vacunas.[5]

Vacunación y COVID-19

Varias organizaciones de investigación desarrollan o prueban vacunas contra la COVID-19. Dada la importancia de la inmunización en la lucha contra esta crisis de salud pública, es fundamental comprender las reacciones alérgicas con las vacunas contra la COVID-19 de ARN mensajero aprobadas. Actualmente la Food and Drug Administration (FDA) de Estados Unidos ha otorgado autorización de uso de emergencia para el tratamiento con las vacunas de Pfizer/BioNTech y de Moderna.

Las reacciones a las vacunas pueden causar temor y ansiedad sustanciales en la población general y contribuir a menor disposición a recibir una vacuna contra la COVID-19, por lo que es importante realizar un fenotipado clínico cuidadoso e informar a la población para evitar la negativa a la vacunación a gran escala.

Hasta el momento se han reportado reacciones inmediatas clínicamente compatibles con la anafilaxia en una tasa de 11,1 por millón de dosis de la vacuna de Pfizer/BioNTech. También se ha informado anafilaxia a partir de la vacuna de Moderna.[6] Actualmente no se han identificado el mecanismo específico de alergia y el antígeno incitante, además, la incidencia de reacción alérgica por una vacuna específica es difícil de cuantificar en estudios epidemiológicos, porque a menudo se administran varias vacunas el mismo día.

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