El 88% de los jóvenes cardiólogos españoles atendió directamente a pacientes COVID en la primera ola y el 15% se contagió

Carla Nieto Martínez

25 de marzo de 2021

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MADRID, ESP. Soledad, incertidumbre, miedo al contagio y a contagiar, reasignación de funciones, sensación de vulnerabilidad… La irrupción de la pandemia de COVID-19 en el panorama asistencial español produjo en los cardiólogos menores de 40 años estos y otros efectos, afectando en mayor o menor medida su actividad laboral y su ámbito personal.[1]

Sin embargo, y a pesar de que estos profesionales estuvieron en primera línea de atención (no solo en el área de cardiología), hasta ahora no se había evaluado el alcance de las circunstancias vividas en este grupo de especialistas.

Para conocer más a fondo las consecuencias derivadas de esta situación y extraer conclusiones de cara a nuevas olas de la COVID-19, el Grupo de Jóvenes Cardiólogos de la Sociedad Española de Cardiología, que representa a los más de 1.800 especialistas menores de 40 años miembros de esta sociedad, promovió una encuesta que recoge datos del periodo comprendido entre marzo y julio de 2020 (correspondiente a la primera ola de la pandemia), cuyos resultados se publican en la Revista Española de Cardiología.

Dra. María Thiscal López Lluva

"Nuestro objetivo fue evaluar el impacto de la pandemia por COVID-19 en los jóvenes cardiólogos españoles a niveles clínico, psicológico, formativo y profesional, así como conocer su grado de satisfacción en relación con la gestión de la crisis sanitaria por parte de diferentes organismos", explicó a Medscape en español la Dra. María Thiscal López Lluva, de la Unidad de Hemodinámica del Servicio de Cardiología del Hospital General Universitario de Ciudad Real, en España, presidenta del Grupo de Jóvenes Cardiólogos de la Sociedad Española de Cardiología.

En la encuesta (anónima, voluntaria y realizada vía electrónica) participó un total de 349 especialistas de este colectivo. Para la Dra. López, autora principal del estudio, el dato más relevante desde el punto de vista profesional fue la constatación de que durante ese periodo la gran mayoría de los jóvenes cardiólogos (88%) prestó atención sanitaria directa a pacientes infectados por el SARS-CoV-2, manteniendo esta actividad en la mayoría de los casos (76%) durante más de cuatro semanas; 62% de ellos afirmó que no se le había consultado su opinión respecto a esta reasignación de funciones.

Más contagios entre el personal femenino

Según refleja la encuesta, la incidencia de contagios con diagnóstico confirmado de infección en este grupo alcanzó 15%, siendo Madrid la Comunidad Autónoma con más casos declarados. La media de edad de los contagiados fue de 29 años, y se trataba fundamentalmente de residentes o becarios (68%). Asimismo, las mujeres se contagiaron con más frecuencia (62%) que sus colegas masculinos.

En cuanto a las áreas de cardiología más afectadas, la Dra. López señaló: "Treinta y cinco por ciento de los contagios se produjo entre los cardiólogos clínicos, mientras que los menos afectados fueron los compañeros que se dedican a la electrofisiología (4% de positivos confirmados) y a la hemodinámica (6% de contagios)".

Aunque 77% de los servicios de cardiología elaboró protocolos para evitar el contagio y 96% entregó equipos de protección personal, la opinión generalizada de los encuestados es que las medidas de protección llegaron tarde, y solo 20% se muestra satisfecho con los equipos que se les suministraron. El contacto estrecho entre compañeros y la falta de identificación y seguimiento de los contactos de los médicos infectados (lo que ocurrió en 70% de las ocasiones) fueron los factores que favorecieron el contagio.

Cuestionada respecto a la situación actual de este colectivo un año después de la puesta en marcha de la encuesta, la especialista apuntó: "En términos generales ha mejorado, debido principalmente a que existe mejor organización y mayor disponibilidad de recursos".

Consecuencias psicológicas: del miedo a la frustración

En relación al impacto a nivel emocional y psicológico, la Dra. López afirmó que "más de 70% de los encuestados sintió miedo, no solo a contagiarse o a contagiar a su entorno, sino también a lo desconocido, a la escasez de recursos, al fracaso… Actualmente, y a falta de estudios que lo confirmen, las evidencias apuntan a que la fatiga pandémica ha convertido ese miedo en frustración y rechazo".

Entre los factores identificados como los de mayor impacto en la esfera psicológica de estos profesionales destacan contacto estrecho con población de alto riesgo, falta de recursos, sensación de no estar suficientemente protegidos, escasez de personal, excesiva carga de trabajo, alta tasa de infección entre los compañeros y aislamiento de la familia y la red social por miedo a contagiar.

Los principales síntomas reportados por los especialistas fueron (de mayor a menor frecuencia) miedo, soledad, nerviosismo, insomnio, irritabilidad, problemas de concentración, pesimismo sobre el futuro, anhedonia y pesadillas.

Un dato que ilustra muy bien la situación vivida es que la mitad de ellos reconoció haberse sentido solo durante los primeros momentos de la pandemia, y uno de cada 4 pensó en algún momento que su vida corría peligro.

Para los autores de la encuesta llama la atención que aun cuando la mayoría (86%) declaró que no se había sentido preparado psicológicamente para hacer frente a la situación, solo 5% solicitó ayuda psicológica.

Curiosamente, 6 de cada 10 encuestados calificaron esta experiencia más positiva que negativa, a pesar de que a causa de ella muchos perdieron una oportunidad laboral o la posibilidad de participar en un proyecto de investigación o beca de formación, ya fuera de forma temporal (42%) o definitiva (17%).

Repercusión salarial y carencias formativas

En relación a los aspectos laborales, 60% de los jóvenes cardiólogos españoles cobró menos durante los primeros meses de la pandemia; 28% no sufrió variación salarial y solo 12% vio aumentados sus ingresos.

La Dra. López señaló que "en muchos hospitales estos profesionales dejaron de hacer guardias de especialidad para realizar turnos COVID-19 con el consecuente detrimento salarial".

La encuesta también refleja que la mayoría (54%) considera que no recibió la formación adecuada sobre la enfermedad y sus consecuencias, teniendo que acudir a otras fuentes de información para suplir este déficit, como las sociedades científicas (27%) o el Ministerio de Sanidad (9%). "Es importante recordar que la encuesta se llevó a cabo en los inicios de la pandemia, cuando aún no disponíamos de mucha información, y también tener en cuenta que somos un colectivo autoexigente. Estoy convencida de que este porcentaje se ha reducido drásticamente en la actualidad", destacó la especialista.

Por otro lado, para 80% de los encuestados el impacto de la crisis sanitaria refleja que hay que introducir cambios en el plan académico de los residentes de cardiología de primero al cuarto año. "La situación ha puesto sobre la mesa el debate abierto sobre la necesidad de rediseñar el programa formativo de los residentes, ampliado o no su duración", agregó. Respecto a esto, 61% considera que no se debería prolongar el periodo de residencia, mientras que 39% es partidario de extenderlo.

Asimismo, la Dra. López manifestó su deseo de que los resultados de la encuesta orienten la toma de decisiones de los órganos de gestión de forma que se reduzcan los efectos colaterales de la pandemia que no se pudieron controlar en la primera ola. "Nos encantaría repetir la encuesta una vez finalizada la tercera ola, para analizar cómo ha cambiado la situación".

Evidencias extrapolables al resto de la especialidad

Dr. Héctor Bueno

E Dr. Héctor Bueno, vicepresidente de la Sociedad Española de Cardiología, analizó para Medscape en español la repercusión de la primera ola de la pandemia en los servicios de cardiología españoles en general: "El impacto fue enorme. Nuestros pacientes prácticamente desaparecieron y tuvimos que hacer medicina de batalla o sobrevida, incorporándonos a otros servicios para ayudar a nuestros colegas. Se desmanteló prácticamente toda la estructura organizativa, lo que llevó a la suspensión de consultas, intervenciones como cateterismos y demás procedimientos".

Asimismo, el especialista indicó que aunque a lo largo de estos meses la actividad se ha retomado progresivamente, en ningún momento se ha llegado a normalizar: "Por ejemplo, en nuestro hospital (el Dr. Bueno es director del Área de Investigación Cardiovascular del Hospital Universitario 12 de Octubre, de Madrid), un año después aún no hemos recuperado la Unidad Coronaria como tal. Nos hemos trasladado en función de las circunstancias impuestas por la pandemia en las distintas olas, sin estar todavía en nuestra ubicación original".

"La reconfiguración de la atención hospitalaria en dos circuitos (COVID-19 y no COVID-19), la pauta de realizar pruebas de reacción en cadena de la polimerasa en todos los procedimientos medianamente complejos o invasivos y las dificultades logísticas para mantener el ritmo habitual en las consultas externas y los procedimientos ambulatorios hacen que la forma en que trabajamos ahora diste mucho de la ‘normalidad’ antes de la pandemia", señaló el Dr. Bueno.

"Sin embargo, un aspecto positivo de este cambio radical ha sido la incorporación masiva de la telemedicina a la atención asistencial. Todas estas soluciones telemáticas se han mantenido en el tiempo y actualmente están estructuradas de forma que nos permiten optimizar la asistencia, por ejemplo, reservando las visitas presenciales solo para los pacientes de mayor riesgo, para minimizar el riesgo de contagio".

Secuelas cardiológicas pos-COVID-19: qué se sabe

Respecto a los datos de la Sociedad Española de Cardiología correspondientes a las primeras semanas de la pandemia y que reflejaban reducción de hasta 40% en el tratamiento del infarto, probablemente por miedo a acudir al hospital, el Dr. Bueno corroboró que en el primer pico bajaron significativamente los ingresos por esta causa, "sobre todo en los infartos sin elevación del segmento ST. En los que presentaban elevación del segmento ST se produjo aumento de los tiempos de atención. En este sentido, es probable que parte del exceso de mortalidad en 2020 reflejada en el Sistema de Monitorización de la Mortalidad diaria, y que apunta una cifra de defunciones por COVID-19 superior a la de los datos oficiales, se deba en cierto grado, a pacientes fallecidos por causas cardiovasculares".

Aunque no se han realizado estudios similares al del Grupo de Jóvenes Cardiólogos, el Dr. Bueno indicó que los datos de esta encuesta en cuanto a profesionales contagiados durante la primera ola pueden ser extrapolables al resto de la especialidad: "En ese momento hubo un pico importante de cardiólogos infectados por el SARS-CoV-2. En el caso de nuestro hospital hubo un foco importante entre los hemodinamistas. En general la situación fue similar a la planteada en el estudio de los médicos jóvenes, con la diferencia de que muchos de ellos tuvieron que ponerse en primera línea, no solo en cardiología, sino en atención a pacientes con COVID-19 en urgencias, en planta, etcétera".

En cuanto al impacto a nivel emocional entre los profesionales de esta especialidad, el Dr. Bueno señaló que existe un lógico cansancio físico, "pero sobre todo psíquico, y se percibe añoranza generalizada de volver a la rutina normal. Muchas veces esta fatiga se traduce en insatisfacción, enfado y tensión. Es un aspecto en el que trabajamos desde la Sociedad Española de Cardiología a través de iniciativas dirigidas a propiciar el trabajo en equipo y la puesta en común de todos los miembros de los distintos equipos con el objetivo de manejar esta situación".

Por otro lado, sobre la posible afectación cardiológica en pacientes que han pasado la enfermedad, el Dr. Bueno explicó que si bien se ha identificado daño cardiológico similar a miocarditis, la mayoría de las secuelas funcionales y sintomáticas de la COVID-19 no es de naturaleza cardiaca. "En el caso de la COVID-19 prolongada, los síntomas tienen afectación a nivel respiratorio o sistémico (generalmente fatiga, astenia, etc.) y en principio parecen tener poca relación con el corazón, salvo la aparición de taquicardia excesiva en algunos casos".

La opinión del Dr. Bueno respecto a la evolución de la pandemia es que no hay que descartar una cuarta ola, ya que buena parte de la población española aún no está vacunada y, por tanto, es susceptible de contagiarse, "sobre todo ante la presencia de nuevas variantes del virus. A ello hay que unir el cansancio tras un año de pandemia, que puede favorecer la relajación de las medidas de protección. Pero es muy importante no bajar la guardia, porque estamos inmersos en una situación que no está en absoluto resuelta".

La Dra. López y el Dr. Bueno han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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