Sin efecto la reducción intensiva de la presión arterial sobre biomarcadores cerebrales de demencia

Batya Swift Yasgur

Conflictos de interés

22 de marzo de 2021

La reducción intensiva de la presión arterial en pacientes mayores con hipertensión no parece reducir el riesgo de presentación de biomarcadores cerebrales que se han vinculado con trastorno cognitivo leve o enfermedad de Alzheimer y pueden incluso aumentar el riesgo, señala nuevo estudio de imágenes.[1]

Utilizando resonancia magnética cerebral, los investigadores observaron disminución pequeña, pero estadísticamente significativa, del volumen del hipocampo en pacientes que recibieron tratamiento intensivo para disminuir la presión arterial, en comparación con los que recibieron tratamiento estándar para el mismo fin. No hubo diferencias significativas en otros marcadores cerebrales de enfermedad de Alzheimer.

"Investigamos biomarcadores de imágenes de enfermedad de Alzheimer y enfermedad vascular en el cerebro utilizando resonancia magnética. En resumen, si bien diversas medidas individuales parecieron más favorables en un grupo u otro, no observamos efecto uniforme o alguna diferencia de grupo que fuera probablemente significativa en un lapso de 4 años", manifestó a Medscape Noticias Médicas el investigador del estudio, Dr. Ilya Nasrallah, Ph. D., profesor asistente de radiología en el Hospital of the University of Pennsylvania, en Filadelfia, Estados Unidos.

El estudio fue publicado en versión electrónica el 8 de marzo en JAMA Neurology.

Biomarcador de referencia

El presente estudio fue un análisis secundario de los hallazgos de SPRINT MIND, estudio aleatorizado grande que había demostrado menos progresión de las lesiones de la sustancia blanca en quienes se habían sometido a control más intensivo de la presión arterial, en comparación con los que habían recibido tratamiento estándar, indicó el Dr. Nasrallah.

Las lesiones de la sustancia blanca son un biomarcador de lesión cerebrovascular. Otros estudios han tenido hallazgos similares, pero "todavía no se han explorado otros marcadores mecanicistas de la alteración cognitiva y la demencia", señalaron los autores.

Aunque investigación previa ha demostrado que el tratamiento de la hipertensión puede reducir la incidencia de enfermedad de Alzheimer, "no está claro si esto podría ser un efecto directo sobre la neurodegeneración relacionada con la enfermedad de Alzheimer o las alteraciones vasculares concomitantes", indicaron los investigadores. La neurodegeneración de la enfermedad de Alzheimer da lugar a atrofia del cerebro en regiones cerebrales específicas.

"Los biomarcadores que miden estos cambios pueden ser más sensibles al cambio temprano relacionado con la enfermedad de Alzheimer que las variables cognitivas o clínicas subsiguientes, como la aparición de demencia", escribieron.

El biomarcador de resonancia magnética más ampliamente estudiado para el cambio cerebral relacionado con la enfermedad de Alzheimer es la atrofia del hipocampo, "característica distintiva de la alteración cognitiva leve típica y de la enfermedad de Alzheimer", aunque también pueden estar implicadas otras regiones además del hipocampo, señalaron los autores.

Además de la atrofia del hipocampo, esta nueva investigación ha identificado "patrones de atrofia similar a la enfermedad de Alzheimer que según se ha notificado a menudo, tienen más sensibilidad y especificidad que la atrofia del hipocampo", destacaron los autores. En el estudio Patrón espacial de anomalías en el reconocimiento de la enfermedad de Alzheimer temprana (SPARE-AD) se asigna una sola puntuación global que se basa en la similitud general del cerebro con un patrón de enfermedad de Alzheimer, en comparación con el cerebro normal e incluye también otras regiones.

Por otra parte, "antes de SPRINT hubo un consenso en que el tratamiento de la hipertensión era beneficioso; sin embargo, no hubo consenso respecto a si el tratamiento intensivo añadiría más ventajas o podría por sí mismo causar daño", añadió el Dr. Nasrallah.

Periodo breve

Participantes con hipertensión, sin antecedente de diabetes, pero aumento del riesgo cardiovascular (n = 673; media de edad [DE]: 67,3 [8,2] años; 40,3% integrado por mujeres; 32,4% de raza negra) se sometieron a estudios de resonancia magnética iniciales; 454 participantes completaron la resonancia magnética de seguimiento aproximadamente 4 años después de la aleatorización.

En la muestra total la media de la presión arterial sistólica fue de 138,1 [16,7] mm Hg; la media de la presión arterial diastólica fue de 77,9 [11,5] mm Hg.

Al inicio 6,4% de los participantes tenía puntuaciones positivas en SPARE-AD, lo que indica un "patrón más similar a la enfermedad de Alzheimer que lo normal". Los participantes restantes tuvieron participaciones negativas en SPARE-AD. Entre los participantes de edad avanzada (≥ 75 años), los volúmenes hipocámpicos iniciales fueron más bajos y las puntuaciones en SPARE-AD fueron peores, en comparación con participantes más jóvenes. El volumen del hipocampo más bajo se asoció con mayor puntuación en SPARE-AD.

Los participantes en el grupo que recibió tratamiento intensivo presentaron deterioro más considerable en el volumen medio del hipocampo durante el periodo de seguimiento, en comparación con los del grupo sujeto a tratamiento estándar.

Grupo de tratamiento Disminución Diferencia (IC 95%)
Intensivo 7,45 cm3 a 7,39 cm3 -0,06 cm3 (-0,08 a -0,04)
Estándar 7,48 cm3 a 7,46 cm3 -0,02 cm3 (-0,05 a -0,003)

La diferencia intergrupal en el cambio fue de -0,033 cm3 (0,062 a -0,003; p = 0,03).

No hubo diferencias significativas en el grupo asignado a tratamiento en lo que respecta a atrofia regional por enfermedad de Alzheimer, flujo sanguíneo cerebral o anisotropía fraccional media ni hubo diferencias en la puntuación en SPARE-AD.

Los cambios en la mayoría de los biomarcadores relacionados con enfermedad de Alzheimer fueron mayores en adultos de edad avanzada que en pacientes menores a 75 años; en particular, los volúmenes del hipocampo fueron más pequeños y las puntuaciones en SPARE-AD fueron más altas.

El Dr. Nasrallah señaló que encontrar un efecto uniforme clínicamente significativo o diferencia de grupo es "improbable" en el lapso de 4 años del estudio SPRINT-MIND.

"Lamentablemente, es difícil hacer un estudio suficientemente prolongado para equiparar la escala de tiempo de enfermedad de Alzheimer y enfermedad vascular, que experimenta progresión en el curso de décadas, pero en resumen, no vemos que los efectos diferenciales sobre cualquiera de los dos trastornos apunten a beneficio claro para la salud del cerebro o a algún riesgo adverso claro para el tratamiento intensivo", destacó.

Explicó que el estudio SPRINT-MIND no mostró asociación entre el riesgo más bajo para trastorno cognitivo leve o demencia y el tratamiento hipertensivo más intensivo, en comparación con el tratamiento antihipertensivo estándar.

Sin embargo, el estudio mostró ventajas en la reducción de las tasas de eventos cardiovasculares mayores mortales y no mortales y muerte por cualquier causa, y se detuvo en etapa temprana.

"SPRINT demostró reducción clara de la morbilidad cardiovascular en el grupo intensivo, que es el motivo de que el estudio se suspendiera en fase temprana. Por lo que es posible que el tratamiento intensivo reduzca la incidencia de trastorno cognitivo leve o demencia al eliminar los problemas de las enfermedades sistémicas que por lo demás podrían interferir en las capacidades funcionales del paciente", señaló el Dr. Nasrallah.

Vínculo "elusivo"

En su comentario sobre el estudio para Medscape Noticias Médicas, Susan Landau, Ph. D., científica de investigación en el Helen Wills Neuroscience Institute de la University of California, en Berkeley, Estados Unidos, comentó que el vínculo entre el control del riesgo cardiovascular y la enfermedad de Alzheimer era "elusivo".

Landau, quien es la coautora de un editorial adjunto y no intervino en el estudio, comentó: "Reducir los eventos cardiovasculares al parecer es la ventaja clave del control intensivo de la hipertensión".[2]

El estudio SPRINT-MIND "no apunta a una ventaja adicional del control intensivo de la hipertensión en mantener la función cognitiva o en reducir el riesgo de enfermedad de Alzheimer", concluyó Landau.

El estudio de intervención en la presión arterial sistólica fue financiado por National Institutes of Health (que incluyen el National Heart, Lung, and Blood Institute; el National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases; el National Institute on Aging; y el National Institute of Neurological Disorders and Stroke. También fue financiado en parte con recursos y uso de instalaciones del US Department of Veterans Affairs y la Alzheimer's Association. Las fuentes adicionales de financiación se enumeran en el artículo original.

El Dr. Nasrallah recibió becas de National Institutes of Health durante la realización del estudio y honorarios personales de Biogen ajenos al presente estudio. Los conflictos de interés de los demás autores se enumeran en el artículo original. Landau ha recibido becas de National Institutes of Health y el US Department of Defense. Theresa M. Harrison, Ph. D., coautora del editorial, ha declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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