Cáncer y desigualdades sociales en México: radiografía de una enfermedad

Myriam Vidal Valero

4 de febrero de 2021

CIUDAD DE MÉXICO, MEX. Mientras el sistema mexicano de salud enfrenta saturación a causa de la pandemia de COVID-19, otras epidemias con la misma importancia son ignoradas, entre ellas el cáncer, la tercera causa de muerte en México con tasas de incidencia y mortalidad que van en aumento.

La realidad de esta enfermedad a lo largo del país fue retratada por el Colegio de México y organizaciones de la sociedad civil en el informe Cáncer y desigualdades sociales en México 2020.[1]

La epidemia del cáncer en México es un problema de incremento gradual. De acuerdo con el reporte, "entre 1990 y 2017 en el país el número de casos de cáncer se incrementó 2,5 veces, de 150.000 a 376.000 casos de todos los tipos de neoplasias. Además el número de muertes pasó de 47.000 a 97.000 en el mismo periodo, lo que representó 10,8% y 13,7% de fallecimientos totales en el país".

Este aumento en las tasas de incidencia y mortalidad es un problema complejo. Para empezar, el acceso a estrategias de prevención, diagnóstico, tratamiento, sobrevida y calidad de vida está relacionado con factores contextuales, como el acceso a un seguro de salud, los hábitos de vida, discriminación por etnia, sexo o nivel de ingresos, entre otros.

Los estados con las tasas de incidencia y mortalidad más elevadas de cáncer tienden a tener niveles de desarrollo altos, como Sonora, Chihuahua, Ciudad de México, Baja California, Nuevo León y Baja California Sur. Mientras que las tasas más bajas corresponden a los menos desarrollados, como Guerrero, Oaxaca, Hidalgo, Guanajuato y Michoacán. Esto está principalmente relacionado con los hábitos, el estilo de vida y el ambiente en el que viven las personas, sin embargo, el acceso a tratamiento para cáncer a lo largo del país no está alineado de acuerdo con la necesidad.

Aunque los estados con nivel más bajo de desarrollo presentan el mayor número de unidades públicas de salud por cada 100.000 habitantes (Oaxaca, Nayarit, Chiapas, Guerrero e Hidalgo), estos servicios no cuentan con la infraestructura o el personal necesario para tratar el cáncer. A la fecha, la Ciudad de México sigue concentrando la mayor parte de los recursos, a excepción de equipos para mamografías, en donde Baja California Sur ocupa el primer lugar.

Tener mejor comprensión epidemiológica de cómo se desarrollan los casos de cáncer en el país es fundamental para diseñar estrategias más efectivas. Por ello, a lo largo de los años los especialistas en políticas públicas de salud han abogado por la existencia de un registro nacional de cáncer que permita analizar la distribución de casos y el perfil epidemiológico de los pacientes, y así poder dirigir los tratamientos y las estrategias de prevención a donde sean más necesarios.

Aunque el registro aún no ha logrado consolidarse, ya existe una Red Nacional de Registros de Cáncer o Red Cáncer MX, esfuerzo impulsado principalmente por el Instituto Nacional de Cancerología en la Ciudad de México. A la fecha esta red cuenta con información de pacientes en Ciudad de México, Mérida, Guadalajara, Tijuana, Campeche, Acapulco, Toluca, Hermosillo, Monterrey, León y La Paz; estas ciudades contienen 11% de la población nacional. Cualquier ciudad o estado que desee implementar un registro de cáncer se puede unir a la red.

Esta red significa un gran primer paso, pero toda la información del país no logrará un cambio real mientras la población mexicana no cuente con un seguro de salud o la solvencia financiera para acceder a los tratamientos necesarios de forma oportuna. Actualmente los cánceres más costosos son pulmón (en primer lugar), mama y próstata.

En 2019 el costo aproximado del tratamiento de cáncer de pulmón por paciente era de 262.700 pesos, 50.000 para cáncer de mama y 38.800 para próstata. Para muchos pacientes con cáncer en México, esta enfermedad significará una de dos cosas: una sentencia de muerte o la ruina económica con la pérdida total de su patrimonio.

En un intento por asegurar que la mayor parte de la población pudiera tener acceso a un seguro médico gratuito que incluyera el tratamiento de neoplasias, se creó en el Seguro Popular en 2003. Hasta finales de 2019 los menores de 18 años estaban cubiertos ante cualquier tipo de cáncer y los adultos para mama, cervicouterino, endometrio, testículo, linfoma no Hodgkin, próstata, colorrectal y ovario.

Sin embargo, se dejaron fuera otras neoplasias de alta incidencia en México, como pulmón, estómago y leucemia, y el seguro no tomaba en cuenta a más de la mitad de los fármacos del Cuadro Básico de Medicamentos y Catálogo de Insumos del Sector Salud para dar prioridad a los tratamientos más costo-efectivos.

En 2020 el Seguro Popular desapareció y fue reemplazado por el Instituto de Salud para el Bienestar bajo la promesa de que sería un sistema mejorado de salud universal. Aunque el instituto está obligado a proveer una cartera ilimitada de servicios y todos los fármacos a aproximadamente 69 millones de beneficiarios, aún no cuenta con reglas claras de operación. Mientras tanto, los pacientes de cáncer están quedando a la deriva.

Laura Flamand

"Creo que tiene que volverse una demanda social, una demanda pública, la existencia de un sistema universal que no permita que las tragedias que seguimos escuchando en los medios de comunicación alrededor del cáncer sigan ocurriendo y tampoco ocurran en otros padecimientos", comentó Laura Flamand, coordinadora general de la Red de Estudios sobre Desigualdades del Colmex, durante la conferencia virtual en la que se presentó el informe.[2]

Y más allá de que exista un seguro universal de salud, si no existe el acceso apropiado a los fármacos para los pacientes, ¿qué sentido tiene?

La crisis de los fármacos en México

Ricardo Raphael

"La gran diferencia en cáncer es contar o no contar con fármaco a tiempo y que la cantidad adecuada con el compuesto adecuado llegue a la persona que tiene una enfermedad en específico, porque cánceres son muchísimos", señaló el periodista Ricardo Raphael durante la conferencia.

Esto se ha convertido en una constante causa de estrés para los pacientes con cáncer que en años pasados tenían dificultad para acceder a sus fármacos, o costearlos, sin embargo, las cosas se recrudecieron en 2019. De acuerdo con Raphael, si antes el desabasto era de 30%, para 2019 superó 70% y gran parte tuvo que ver con el cierre de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios a varias plantas mezcladoras de los laboratorios Pisa, responsables de la producción de la materia prima necesaria para producir alrededor de 85% de los fármacos contra el cáncer en el país.[3]

Al respecto, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios emitió un comunicado en el que explica que cuando aplicaron dicha medida no contaban con un plan de respaldo y solo podrían seguir distribuyendo los lotes de fármacos ya producidos hasta ese momento.

Posteriormente, y para asegurar al país el abasto necesario de fármacos, incluidos los fármacos para cáncer, México unió fuerzas con la Oficina de las Naciones Unidas de Servicios para Proyectos para llevar a cabo una compra consolidada de fármacos para 2021-2024, organizada por el Instituto de Salud para el Bienestar.

Al respecto, la Oficina de las Naciones Unidas de Servicios para Proyectos informó que esta compra no solo beneficiaría al Instituto de Salud para el Bienestar, sino a todo el sistema de salud nacional, incluyendo el Instituto Mexicano del Seguro Social, el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado, los hospitales de Pemex y de la Secretaría de la Defensa Nacional, así como a institutos estatales.[4]

De acuerdo con el Instituto de Salud para el Bienestar, esta compra traerá un impacto económico al integrar las demandas de fármacos de todas las Instituciones públicas en una compra conjunta en la que se podrán negociar mejores precios por unidad, en comparación con lo que históricamente pagó cualquiera de las instituciones, al mismo tiempo que posibilita negociar condiciones de entrega/recepción de los insumos más favorable para el Estado.

Se espera que este año se liciten alrededor de 1.372 claves de fármacos (entre patente, fuente única y genéricos) y 800 claves de material de curación de grupos terapéuticos, como oncología, enfermedades infecciosas, cardiología, neurología, endocrinología, hematología, neumología, analgesia, gastroenterología y otras.[5]

Ambas oficinas se comprometieron a crear una empresa distribuidora para que los fármacos lleguen a todo el país.

Todo esto suena muy bien, pero hasta el momento no hay una estrategia clara para distribuir los fármacos. A su vez, la Asociación Mexicana de Investigación e Innovación Farmacéutica ya advirtió que 2021 seguirá enfrentando fuerte desabasto por los retrasos que ya se empezaron a perfilar en el proceso de compra del abasto crítico para el año.[6]

Ante la sospecha de corrupción detrás de estos retrasos, la incertidumbre continúa, y aunque la ciencia farmacológica ha avanzado a pasos agigantados en la atención al cáncer, los pacientes en México aún están lejos de poder beneficiarse por esto.

Acceso y prevención

Controlar y reducir los casos de cáncer en México solo será posible garantizando acceso equitativo a diagnósticos y tratamientos integrales y oportunos, así como aumentando el énfasis en las estrategias de prevención.

Dra. Luz Myriam Reynales

La Dra. Luz Myriam Reynales, jefa del departamento de investigación sobre tabaco del Instituto Nacional de Salud Pública, comentó que si el país lograra implementar las estrategias costo-efectivas necesarias para prevenir y eliminar los factores de riesgo de cáncer se lograría abatir 50% de la mortalidad por cáncer en México.

El informe comparó el caso mexicano con el de otros países que ya han logrado implementar estrategias integrales de control de cáncer, entre ellos Brasil, que desde la década de 1980 instauró un sistema universal de acceso a la salud junto con registros epidemiológicos, combate al tabaquismo, prevención de cánceres prevalentes y educación en cancerología entre los profesionales de la salud y la ciudadanía.

De acuerdo con la Dra. Reynales, el primer peldaño que cualquier país debe  escalar para reducir las tasas de incidencia de cáncer es atacar los factores de riesgo. "La prevención de cáncer es posible a través de la prevención de los factores de riesgo". Hacer esto disminuirá en gran medida el número de casos nuevos y dará oportunidad de enfocar los tratamientos a los casos ya existentes.

México aún está lejos de alcanzar esa meta, pero ningún país logró el éxito de la noche a la mañana, y si no se comienza a atacar el problema desde una sinergia que incluya prevención, tratamiento y rehabilitación, los casos irán en aumento.[7]

Entre las recomendaciones más importantes derivadas del informe para empezar a tomar acción están: descentralizar el sistema de salud, asegurar los recursos necesarios (infraestructura y tratamiento) para garantizar la detección y tratamiento oportunos, consolidar un registro nacional de cáncer que permita un mejor mapeo del problema, y visibilizar y priorizar una política del control de las enfermedades crónicas y de cáncer.

La Dra. Reynales, Flamand y Raphael han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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