¿Ayunar o no ayunar? El nuevo dilema de las dietas

Becky McCall

Conflictos de interés

19 de enero de 2021

El Dr. Ethan J. Weiss, cardiólogo, siguió una dieta de ayuno intermitente durante 7 años. Redujo aproximadamente 3,6 kg su peso y comenzó a recomendar la estrategia a amigos y pacientes que querían bajar de peso.

"Me gustaba la forma en que la dieta era tan simple", indicó el Dr. Weiss, profesor asociado en el Cardiovascular Research Institute de la University of California en San Francisco, Estados Unidos.

Pero también pensó "que era demasiado bueno para ser verdad, pues se puede comer lo que se quiera, siempre y cuando esté dentro de un intervalo estrecho".

Así que el año pasado, cuando llevó a cabo un estudio aleatorizado controlado, TREAT, para evaluar tal estrategia (comer durante solo 8 horas al día y ayunar durante las 16 horas restantes) en contraposición a un plan de alimentación de tres comidas al día sin restricciones, se decepcionó un poco al encontrar que el grupo de personas que ayunaba no reducía más su peso que el otro grupo.[1]

El enfoque utilizado en este estudio se conoce como alimentación en tiempo restringido. Implica designar periodos del día en que las personas pueden consumir lo que deseen; luego ayunan en horas distintas a los intervalos de alimentación. Otros métodos consisten en ayunar en días alternos o la dieta bien conocida 5:2. En esta última las personas consumen una cantidad "normal" de aproximadamente 2.000 calorías por día en 5 días a la semana, pero los otros 2 días restringen la ingesta calórica a 500 calorías por día.

El ayuno intermitente es un término general que engloba todos estos enfoques diferentes.

El estudio del Dr. Weiss se basa en más de una década de investigación sobre este tipo de plan alimentario que han realizado científicos como la profesora de nutrición, Krista Varady, Ph. D., de la University of Illinois en Chicago, Estados Unidos, quien presentó un panorama general de sus propios estudios el otoño pasado en el European Association for the Study of Diabetes (EASD) 2020.

Aunque gran parte de la investigación ha señalado que la duración más breve del periodo de alimentación en este tipo de dieta da lugar a menor ingesta de calorías y a la reducción de peso, que a la vez evita la necesidad del recuento tedioso de calorías que implican las dietas convencionales, los datos del Dr. Weiss, publicados el año pasado, arrojan dudas y ahora complican la base de evidencia.

Una promesa de simplicidad: "Lo único que hay que hacer es mirar el reloj"

Varady señaló que a ella también le daba curiosidad la simplicidad de las dietas de ayuno intermitente.

En 2018 Varady y sus colaboradores evaluaron la eficacia de 12 semanas de alimentación en tiempo restringido para reducir el peso en un estudio piloto de 23 personas con obesidad.[2]

A los participantes se les permitió un intervalo de alimentación de 8 horas (10:00 a. m. a 6:00 p. m.) seguido de ayuno con solo agua durante 16 horas (6:00 p. m. a 10:00 a. m.) al día siguiente (designada como la dieta 16:8). Los investigadores cuantificaron la reducción ponderal y la masa adiposa, así como parámetros metabólicos, y compararon al grupo activo con 23 participantes de control equiparados que comían sin restricciones.

No hubo restricciones al tipo o cantidad de alimento que consumía el grupo de control durante el periodo de 8 horas, pero los individuos del grupo con alimentación en tiempo restringido consumían alrededor de 350 calorías menos que el grupo de comparación.

Varady señaló que lo más probable es que esto se deba al hecho de que las personas normalmente comen durante un intervalo de 14 horas y la alimentación en tiempo restringido reduce 6 horas tal periodo.

"Uno de los aspectos más atractivos de la alimentación en tiempo restringido es que no requiere estar al pendiente de las calorías. Las personas se agotan por tener que vigilar constantemente las calorías. Lo único que se tiene que hacer es mirar el reloj", destacó.

Uno de los aspectos más atractivos de la alimentación en tiempo restringido es que no requiere estar al pendiente de las calorías, lo único que se tiene que hacer es mirar el reloj.

El cumplimiento fue considerable, informó, aunque la mayoría de las personas omitió un día, a menudo un sábado, probablemente debido a los compromisos sociales.

La reducción ponderal en el grupo con alimentación en tiempo restringido fue leve a moderada. Después de 3 meses el peso corporal medio disminuyó 2,6%, o aproximadamente 3 kg, en comparación con quienes comían sin restricciones, pero esto fue una diferencia significativa (p < 0,05).

Sin embargo, los investigadores observaron escaso cambio en los factores de riesgo para enfermedades metabólicas entre los grupos.

En el grupo con alimentación en tiempo restringido, la presión arterial sistólica descendió de 128 mm Hg a 121 mm Hg en el periodo de 12 semanas, lo cual fue significativo en relación con el grupo de control (p < 0,05), pero no hubo cambios significativos en la glucosa en ayunas, los lípidos en ayunas, la insulina en ayunas o la resistencia a la insulina en relación con el grupo de comparación.

En contraste con los hallazgos de Varady, el estudio aleatorizado TREAT del Dr. Weiss, en que se utilizó un periodo similar de 16:8 de alimentación en tiempo restringido frente a no restringido en 116 individuos con sobrepeso u obesidad, no se encontró más reducción de peso en el grupo restringido a consumo de alimentos en el intervalo de 8 horas.

Como se reportó  en Medscape Noticias Médicas, los que ayunaron durante 16 horas cada día (n = 59) bajaron algo de peso, en comparación con el grupo de control (n = 57) durante 12 semanas, pero la diferencia en la baja de peso entre los grupos no fue significativa (-0,26 kg; p = 0,63).

Y no hubo diferencias significativas en ninguno de los criterios secundarios de valoración (masa adiposa, insulina en ayunas, glucosa en ayunas, niveles de hemoglobina glucosilada, ingesta de energía estimada, consumo de energía total y consumo de energía en reposo) entre los grupos con alimentación en tiempo restringido o con alimentación regular.

"No afirmo que la alimentación en tiempo restringido no sirva, pero no es de esperar que se pueda comer por un tiempo limitado cada día y se resuelva la enfermedad metabólica", agregó el Dr. Weiss.

No es de esperar que se pueda comer por un tiempo limitado cada día y se resuelva la enfermedad metabólica.

¿Es importante la duración del intervalo de alimentación?

Después de su estudio piloto de un intervalo de alimentación de 8 horas, Varady llevó a cabo más investigación con intervalos de alimentación de 4 o 6 horas para ver si periodos más cortos desencadenarían mayor reducción de peso, en condiciones ideales, baja de peso corporal clínicamente significativa de 5%.

Realizó un estudio aleatorizado controlado de 2 meses en personas con obesidad, el cual se publicó en el año 2020 y fue el primero en que se analizó un intervalo de alimentación de 4 horas (3:00 p. m. a 7:00 p. m; n = 19) o 6 horas (1:00 p. m. a 7:00 p. m.; n = 20) en contraposición a una dieta sin ninguna restricción alimentaria como control (n = 19).[3]

Varady explicó que decidieron cambiar el intervalo de alimentación más tardío del día para este estudio (en contraste con el estudio de 8 horas más temprano) para permitir a las personas consumir una comida en un horario sociable, y así con suerte reducir las deserciones del estudio.

"A diferencia del ayuno en días alternos, a la mayoría de las personas les resulta fácil incorporar en sus modos de vida la alimentación en tiempo restringido", señaló.

Los grupos con intervalo de alimentación de 4 o 6 horas experimentaron una media de reducción ponderal de 3,2% en comparación con controles, y esto se correlacionó con una disminución de 550 calorías en su consumo diario en comparación con su ingesta calórica inicial.

En lo que respecta a otros resultados y en contraste con el estudio del intervalo de 8 horas que demostró que cambiaba muy poco, a no ser por disminución leve de la presión arterial, los investigadores vieron algunos cambios en los factores de riesgo metabólico con los intervalos de alimentación de 4 y 6 horas, informó Varady.

En comparación con el grupo de control, la insulina en ayunas disminuyó una media de 15% (p < 0,05) en los dos grupos con alimentación en tiempo restringido. La resistencia a la insulina también se redujo 25% en el grupo de 4 horas y 15% en el grupo de 6 horas, en comparación con el grupo de control. No obstante, la glucosa en ayunas no se modificó en ninguno de los grupos.

Los investigadores no observaron ningún efecto sobre la presión arterial o los lípidos plasmáticos en los grupos con intervalos de alimentación de 4 a 6 horas, en comparación con los controles. Sin embargo, los indicadores de estrés oxidativo e inflamación disminuyeron 35% (p < 0,05), aproximadamente, en los dos grupos, en comparación con los controles.

"Estos hallazgos indican que esta forma de alimentación en tiempo muy restringido es alcanzable y puede ayudar a los adultos con obesidad a bajar de peso, sin tener que contar calorías", concluyeron Varady y sus colaboradores.

¿Es mejor el ayuno intermitente para la reducción ponderal que la restricción calórica?

En última instancia, si la baja de peso es el objetivo principal, muchos desean saber cómo se compara la alimentación en tiempo restringido con la restricción diaria de calorías habitual.

En 2017, Varady publicó un estudio controlado aleatorizado de un año de duración en que se comparó el ayuno en días alternos con una dieta de restricción calórica y una dieta convencional/usual en 100 participantes con obesidad, que por lo demás estaban sanos.[4]

Los participantes en el plan de ayuno en días alternos (n = 34) consumían 500 calorías en los días de ayuno durante los primeros 6 meses para bajar de peso (aproximadamente 25% de las necesidades energéticas) seguido de 125% de las necesidades energéticas en los "días de festín" alternantes. Durante otros 6 meses más consumían 1000 calorías en los días de ayuno, con el propósito de mantener el peso.

Los que siguieron la dieta con restricción de calorías (n = 35) redujeron la ingesta energética en 25% (aproximadamente 500 kilocalorías) por los primeros 6 meses para bajar de peso, seguido de suficientes calorías para mantener el peso (de manera que no hubiera más reducción ni aumento ponderal).

Sin embargo, el estudio demostró que el ayuno en días alternos no producía mejor reducción de peso que el recuento de calorías habitual.

"En los primeros 6 meses (durante el periodo de reducción de peso) los dos grupos tuvieron reducción promedio del peso corporal de 6%. Después de 12 meses la reducción volvió a 5%", informó Varady.

"En términos realistas, si el estudio hubiera continuado por 2 o 3 años, probablemente hubieran recuperado gran parte de su peso", admitió.

Varady sospecha que podría ser mejor que los participantes que ayunan en días alternos continúen consumiendo solo 500 calorías en sus días de ayuno durante el periodo de mantenimiento del peso reducido, en vez de incrementar la ingesta de calorías durante esta fase.

La frecuencia cardiaca y la presión arterial no se modificaron en ninguno de los grupos, mientras que los triglicéridos disminuyeron en el grupo que ayunó en días alternos, y el colesterol de lipoproteínas de baja densidad disminuyó en el grupo que restringió las calorías.

El nivel de glucosa disminuyó en el grupo que restringió las calorías pero no en el grupo que ayunó en días alternos, y la insulina y la HOMA-IR no se vieron afectados en los dos grupos, informó Varady, señalando que esos hallazgos fueron en las personas sanas con obesidad.

En personas con obesidad y resistencia a la insulina, evaluadas como un subgrupo en un estudio separado publicado en 2019 por Varady sobre el ayuno en días alternos en contraposición a la restricción diaria de calorías, señaló que cuando se determinaron los niveles de insulina y la HOMA-IR hubo mayor reducción de las dos variables en el grupo con ayuno que en el grupo con restricción de calorías.[5]

"Para las personas en riesgo de diabetes, ¿es posible que el ayuno produzca efectos más potentes sobre el control de la glucemia?", preguntó.

¿A quién le va mejor con cuál de las dietas de ayuno?

Resumiendo, Varady proporcionó algunos indicadores prácticos en torno a lo que considera quién es más apropiado para el ayuno intermitente y quién debería evitarlo.

A las personas con consumo compulsivo de alimentos, las que cambian de turnos de trabajo y las que consumen bocadillos con frecuencia no les va bien con el ayuno, indicó.

Los primeros 10 días del ayuno intermitente son difíciles, puntualizó, y el síntoma más común son las cefaleas.

"Tarde o temprano las personas sienten un impulso de energía en los días que ayunan, y dicen que se concentran mejor y tienen mucha energía. Las personas no se sentirán letárgicas. Además, se ha demostrado que consumir proteínas en los días de ayuno mantiene a raya el hambre".

Concluyó con cautela que la reducción ponderal con el "ayuno en días alternos" es mucho más rápida que con algunos otros métodos (4,5 a 7 kg) en 3 meses, pero es más difícil de seguir y requiere algún recuento de calorías.

"En comparación, con la alimentación en tiempo restringido, sobre la cual ha habido muy pocos estudios hasta la fecha, la reducción de peso es más lenta (2 a 4,5 kg) a los 3 meses, pero es más fácil de seguir y es tolerable porque no es necesario contar calorías", finalizó.

El Dr. Weiss ha declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente. Varady ha informado recibir honorarios por autoría de su libro "La Dieta del Día Siguiente" (Every Other Day Diet, publicado por Hachette).

Para más contenido siga a Medscape en Facebook, Twitter, Instagram y YouTube.

Comentario

3090D553-9492-4563-8681-AD288FA52ACE
Los comentarios están sujetos a moderación. Por favor, consulte los Términos de Uso del foro

procesando....