COMENTARIO

Protección de los ojos contra COVID-19: ¿qué funciona?

La protección va más allá del uso de mascarilla

Dra. Brianne N. Hobbs

Conflictos de interés

8 de enero de 2021

Nota de la editora: Encuentre las últimas noticias y orientación acerca de la COVID-19 en el Centro de información sobre el coronavirus (SARS-CoV-2).

El Dr. Anthony Fauci ha señalado que los anteojos, como las gafas o las caretas de protección, pueden ofrecer protección más completa contra el virus causante de COVID-19 que solo cubrir la nariz y la boca.[1]

Aunque sin llegar a una recomendación general, el Dr. Fauci aconseja anteojos para quienes desean "protección perfecta de las mucosas", incluidas las de los ojos. Para el público en general la protección ocular es opcional, pero podría representar una medida eficaz para reducir el riesgo de COVID-19, dependiendo del entorno.

Es una situación diferente para el personal sanitario en muchos contextos clínicos en los que las recomendaciones para la protección ocular dependen de la probabilidad de exposición durante la atención directa a los pacientes. En su guía actualizada, Interim Infection Prevention and Control Recommendations for Healthcare Personnel During the Coronavirus Disease 2019 (COVID-19) Pandemic, Centers for Disease Control and Prevention de Estados Unidos (CDC) recomienda la protección ocular al siguiente personal sanitario:

  • Quienes atienden pacientes con infección por SARS-CoV-2 sospechada o confirmada.

  • Quienes trabajan en centros situados en zonas con transmisión moderada o sustancial en la población y que tienen más probabilidades de contacto con pacientes con infección por el SARS-CoV-2 asintomática o presintomática.

Además de utilizar una mascarilla al atender a un paciente con COVID-19 sospechada o confirmada, CDC recomienda gafas o careta de protección que cubra la parte del frente y los lados de la cara, más que las gafas de seguridad o los anteojos estándar recetados, los cuales, por su diseño, ofrecen protección limitada contra salpicaduras, pulverizaciones y partículas presentes en el aire.

CDC no aborda el riesgo de infección por el SARS-CoV-2 para colaboradores o público en general más allá de estos dos contextos clínicos, y deja que el personal sanitario decida por sí mismo qué tipo de protección ocular usar y si debería utilizarla en el trabajo o fuera del mismo, así como los beneficios potenciales de hacerlo.

¿Por qué preocuparse de los ojos?

Puesto que los casos y las muertes por COVID-19 siguen aumentando, resulta claro que no comprendemos perfectamente todos los modos de transmisión, incluida la función de los ojos.[2]

El ojo, al igual que la nariz y la boca, es una mucosa que podría servir de puerta de entrada para la adquisición del SARS-CoV-2, pues representa una amplia área de superficie expuesta a gotitas o partículas presentes en el aire y la contaminación por las manos de una persona.[3,4] Se considera que la superficie ocular contiene receptores de enzima convertidora de angiotensina para el SARS-CoV-2, que se unen al virus. Se ha aislado el virus en lágrimas y otras secreciones conjuntivales, y lo mismo que otros virus, puede transportarse a través del conducto lagrimal hacia la nasofaringe y los pulmones.[4] Además la conjuntivitis puede ser el signo de presentación de la COVID-19.

¿Cuáles de las múltiples opciones de anteojos disponibles reducen significativamente el riesgo de transmisión del virus? Analicemos la evidencia.

Anteojos recetados

A principios de la pandemia los médicos en China hicieron una observación curiosa sobre los pacientes con COVID-19 ingresados en sus unidades de cuidados intensivos. Muy pocos de estos utilizaban sistemáticamente anteojos recetados, lo que indica que los anteojos pueden desempeñar un papel en la protección del usuario contra el virus causante de COVID-19. Sus observaciones fueron confirmadas en un estudio de cohortes de pacientes hospitalizados con diagnóstico de COVID-19.[5] Los pacientes hospitalizados con COVID-19 tuvieron significativamente menos probabilidades que la población general (5,8% frente a 31,5%, respectivamente) de utilizar gafas al menos 8 horas al día.

Esta discrepancia importante indica un efecto protector del uso constante de anteojos contra la adquisición del SARS-CoV-2, posiblemente porque hacen las veces de barrera para las gotitas y la transmisión en la superficie ocular si se utilizan cuando se interactúa directamente con otras personas. Los hallazgos de este pequeño estudio, si bien sin duda son interesantes, distan mucho de ser concluyentes, y se necesitaría un estudio prospectivo para demostrar que los anteojos pueden proteger contra la COVID-19.

Los anteojos estándar protegen solamente la parte del frente del ojo, por lo que los virus presentes en el aire, las gotitas o las salpicaduras pueden llegar a los ojos desde arriba, desde abajo o desde los lados de los anteojos. Los anteojos mal adaptados o sueltos pueden fomentar más manipulación de los mismos con la potencial contaminación por las manos del usuario.

Gafas de seguridad

Al igual que los anteojos estándar, las gafas de seguridad (también conocidas como anteojos contra traumatismos) confieren protección de relativamente bajo nivel contra las gotitas respiratorias. Están diseñadas principalmente para proteger al usuario del impacto de gran velocidad y la exposición a radiación y sustancias químicas. El  American National Standards Institute regula las normas para este tipo de anteojos, y la ANSI Z87.1 es la evaluación estándar para la protección ocular y facial.[6] Sin embargo, cabe señalar que esta calificación no incluye protección contra patógenos presentes en la sangre u otros tipos de control de la infección.

Al igual que los anteojos recetados, muchas gafas de seguridad están diseñadas con espacios entre el marco y el rostro, lo cual puede no bloquear la transmisión de la infección a través de pulverizaciones, salpicaduras o partículas presentes en el aire que circulan en entornos mal ventilados. Este punto de exposición puede minimizarse con escudos laterales o con un diseño envolvente.

Las gafas de seguridad Plano pueden usarse sobre anteojos recetados y probablemente proporcionarán alguna protección. Algunas gafas de seguridad pueden personalizarse con lentes recetados para eliminar la necesidad de múltiples piezas de anteojos.

Gafas (goggles o lentes) de seguridad

Al crear un sello alrededor de los ojos, las gafas pueden reducir espectacularmente el acceso del virus a la superficie ocular al proteger contra pulverizaciones o salpicaduras de gotitas respiratorias.

Esta eficacia puede depender del modelo de las gafas. Se cuenta con gafas con diferentes grados de ventilación, lo que evita que se empañen. Las gafas con orificios directos permiten el flujo de aire sin impedimento y también permiten la penetración por pulverizaciones y salpicaduras. Las gafas con orificios indirectos pueden bloquear las salpicaduras de líquido, pero podrían todavía permitir la penetración de pequeñas partículas presentes en el aire. Las gafas no ventiladas ofrecen el máximo nivel de infección al bloquear partículas transmitidas en el aire, así como pulverizaciones o salpicaduras.

Algunos lentes pueden adaptarse sobre anteojos recetados, pero es importante verificar cualquier hueco entre el borde de las gafas y la cara.

En la actualidad se recomiendan gafas para el personal sanitario que interactúa con pacientes con COVID-19 o que trabaja en áreas con transmisión moderada o importante del SARS-CoV-2. Las gafas, típicamente un artículo no desechable, deben retirarse después de abandonar la habitación de un paciente infectado y limpiarse y desinfectarse antes de volver a usarlas. En áreas con mínima o nula propagación en la población, las gafas se consideran opcionales, a menos que se indique lo contrario.

Las gafas no ventiladas (junto con una careta de protección) probablemente también ofrecerían el máximo nivel de protección a cualquier persona que pase un periodo prolongado con individuos en un entorno mal ventilado.

Caretas de protección

Las caretas de protección pueden utilizarse junto con los anteojos, o como alternativa a estos, las gafas de seguridad o las gafas. Las caretas de protección utilizadas con gafas proporcionan el máximo nivel de protección ocular. Por sí solas, las caretas de protección bloquean principalmente las pulverizaciones directas de gotitas.

Las caretas de protección reducen la exposición de las mucosas al virus, que incluyen ojos, boca y nariz. Para que proporcionen protección ocular óptima contra la transmisión del virus, las caretas de protección deben cubrir la coronilla y el mentón, y abarcar hasta las orejas.

Las caretas de protección se consideran una forma apropiada de protección ocular en zonas con transmisión moderada o importante del SARS-CoV-2.

Lentes de contacto

Se han planteado interrogantes en torno a si las lentes de contacto pueden servir de escudo contra la transmisión del SARS-CoV-2. Por el contrario, hay temor de que las lentes de contacto puedan servir de reservorios para el virus. Las lentes de contacto también podrían promover la propagación del SARS-CoV-2 al incrementar la frecuencia y la intensidad del contacto de la mano con la superficie ocular.

Es improbable que las lentes de contacto ofrezcan alguna protección importante contra la infección debido a que están cubiertas por una película de lágrimas, que es la primera línea de defensa del ojo.[7] Las lentes de contacto blandas cubren más completamente la córnea que las lentes duras y, por tanto, podrían servir de barrera mecánica a los receptores de enzima convertidora de angiotensina 2 al SARS-CoV-2 en los ojos. Sin embargo, la densidad de los receptores en general es baja, y la película de lágrimas podría difundir partículas del virus hacia la córnea y la conjuntiva.

Tampoco es probable que las lentes de contacto desempeñen un papel importante en promover la propagación del virus, siempre y cuando se sigan las prácticas de higiene estándar para las lentes de contacto. Los usuarios de lentes de contacto tienden a frotarse los ojos con más frecuencia que la población general, lo cual podría ser otra ruta de infección.[8]

Pacientes con COVID-19 deben abstenerse de utilizar lentes de contacto mientras estén enfermos.[7] Se ha de descartar cualesquiera lentes de contacto blandas cuando el paciente resultó positivo para el virus; es preciso esterilizar las lentes de contacto duras.

No hay datos convincentes en relación con los materiales de las lentes de contacto y la susceptibilidad al virus, pero en general, las lentes desechables diariamente son las más eficaces para reducir las complicaciones inflamatorias.[7]

Selección de la protección ocular

Se han hecho recomendaciones formales para la protección de los ojos al personal sanitario que atiende a pacientes con COVID-19 en ámbitos clínicos, pero no están bien dilucidadas otras circunstancias.

Si la ventilación del área es una inquietud o se desconoce el nivel de ventilación del lugar de trabajo de una persona, las gafas proporcionarían el máximo nivel de protección ocular, pues protegen de las partículas presentes en el aire que pueden circular por más tiempo en un área con ventilación deficiente.

Al interactuar con otras personas en las que el nivel de contacto es casual y se cumple el distanciamiento social, los anteojos o los anteojos de seguridad podrían proporcionar algún nivel de protección ocular contra el estornudo o la tos inesperados que podrían transmitir SARS-CoV-2. El nivel de protección que ofrecen los anteojos o las gafas de seguridad no es robusto, pero proporcionan al menos alguna barrera a la transmisión del virus.

Mejores prácticas para retirarse los anteojos

Cuando se retiran los anteojos o las gafas de seguridad, el usuario debe tocar únicamente la porción de las gafas que las fija a la cabeza. La parte del frente de las gafas es el área más probablemente contaminada, de manera que se ha de evitar tocar esa área. Las gafas de seguridad deben desinfectarse conforme a las instrucciones del fabricante y dejar que se sequen al aire.

Se han de retirar las gafas tocando la cinta de atrás, no el frente o los lados.

La función evolutiva de la protección ocular

Está evolucionando la función precisa que desempeña la protección ocular. Aunque las gafas y las mascarillas de protección proporcionan altos grados de protección ocular contra el SARS-CoV-2 en el lugar de trabajo, la evidencia es menos clara en lo que respecta a gafas de seguridad, anteojos estándar y lentes de contacto. En estudios futuros sin duda se tratará de determinar la forma de protección ocular más eficaz para el personal sanitario en el ámbito clínico.

Además de que el personal sanitario tiene riesgo evidente de exposición al virus y a la COVID-19 más grave en el trabajo, los datos recientes indican que los riesgos también son importantes durante reuniones sociales o familiares.

No hay duda de que los ojos plantean riesgo, al menos teórico, o sirven de puerta de entrada para la infección por SARS-CoV-2, e incluso pueden manifestar conjuntivitis, signo de presentación de la infección por el virus.[9] Ante la falta de recomendaciones universales para anteojos protectores durante la pandemia, los médicos deben decidir qué grado de protección desean, tanto dentro como fuera del ámbito de la atención a la salud.

La Dra. Brianne N. Hobbs es directora asociada de innovación de exámenes en el Consejo Nacional de Examinadores en Optometría en Charlotte, Carolina del Norte. En la actualidad participa en la creación de nuevos exámenes para habilidades clínicas en optometría. Ha invertido gran parte de su carrera profesional en el ámbito académico y también ha laborado en ámbitos hospitalarios.

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