5 minutos de pediatría: Paciente con episodios de palpitaciones de corta duración

Dr. Jesús Hernández Tiscareño

Conflictos de interés

5 de enero de 2021

La queja de palpitaciones es una preocupación común en muchos pacientes, aunque la gran mayoría no presenta otra sintomatología puede significar un desafío de diagnóstico para los médicos de atención primaria y con frecuencia resulta en derivación al especialista.

Las palpitaciones son la anomalía percibida de los latidos del corazón caracterizada por la conciencia de contracciones del músculo cardiaco en el pecho: latidos duros, rápidos o irregulares.[1] En general el médico debe tratar de determinar si las palpitaciones son secundarias a arritmia; en el caso de este paciente, en base al electrocardiograma se evidenció hallazgo electrocardiográfico característico del patrón de Wolff-Parkinson-White o preexcitación que consiste en intervalo PR corto y QRS prolongado con deslizamiento ascendente inicial (onda delta) en presencia de ritmo sinusal.[2]

Se cree que a principios de la década de 1900 Frank Wilson y Alfred Wedd describieron por primera vez patrones de electrocardiograma que luego serían reconocidos como patrones Wolff-Parkinson-White. En 1930 Louis Wolff, Sir John Parkinson y el Dr. Paul Dudley White publicaron una serie de casos que constaba de 11 pacientes que experimentaron taquicardia paroxística asociada con patrón electrocardiográfico subyacente de ritmo sinusal con PR corta y bloqueo de rama/QRS ancho. Este fenómeno se denominó posteriormente síndrome de Wolff-Parkinson-White.[2]

El síndrome de Wolff-Parkinson-White es un síndrome de preexcitación cardiaca congénita que surge de una conducción eléctrica cardiaca anormal a través de una vía accesoria que puede resultar en arritmias sintomáticas y potencialmente mortales; es el más frecuente de los síndromes de preexcitación y aparece en la gran mayoría de los casos de manera aislada, pero puede asociarse a cardiopatías congénitas, como la enfermedad de Ebstein.

En estudios de población general a gran escala con niños y adultos se estima que la prevalencia de síndrome de Wolff-Parkinson-White es de 1 a 3 por cada 1.000 personas. Los estudios han mostrado incidencia de 5,5 en 1.000 entre familiares de primer grado después de un caso índice de síndrome de Wolff-Parkinson-White.

Hay mayor prevalencia de síndrome de Wolff-Parkinson-White en recién nacidos y lactantes, en comparación con adultos, sugiriendo que las vías accesorias pueden representar remanentes embriológicos. En el primer año de vida las vías accesorias pueden perder la conducción anterógrada hasta en 40% de los pacientes, con disminución similar en la tasa de taquicardia supraventricular, lo que sugiere pérdida de retroceso de la conducción a través de estas vías accesorias.[3]

Se estima que aproximadamente 65% de los adolescentes y 40% de las personas mayores de 30 años con un patrón de síndrome de Wolff-Parkinson-White en un electrocardiograma en reposo son asintomáticos.[4]

Por tanto, la mayoría de los pacientes con patrón de síndrome de Wolff-Parkinson-White nunca desarrollará arritmia y permanecerá asintomática, mientras que la predicción de riesgo de muerte súbita cardiaca es difícil, los factores de alto riesgo incluyen: sexo masculino, edad < 30 años, antecedentes de fibrilación auricular, síncope previo, síndrome de Wolff-Parkinson-White familiar y congénito asociado a cardiopatía.[3]

En el síndrome de Wolff-Parkinson-White el impulso que procede de la aurícula desciende simultáneamente hacia los ventrículos por dos vías de conducción, la vía normal y el fascículo accesorio, por lo que en el electrocardiograma se observan tres datos clásicos:

  • Intervalo PR: < 0,12 segundos (< 0,09 segundos en niños). El ventrículo sobre el que está conectado el fascículo accesorio se excita primero, lo que explica el intervalo PR corto.

  • QRS ancho: > 0,12 segundos (> 0,09 segundos en niños). El estímulo que desciende por la vía normal excita más tarde el ventrículo contralateral dando lugar al complejo ancho característicamente con inicio lento y empastado (onda delta).

  • La repolarización es de tipo secundario, habitualmente con oposición de la onda T con la onda delta.[4]

La ablación por radiofrecuencia se introdujo por primera vez para síndrome de Wolff-Parkinson-White en pacientes pediátricos en 1990 y ha ofrecido cura potencial definitiva para las arritmias que antes solo podían tratarse con fármacos, ablación con corriente continua o cirugía. La ablación por radiofrecuencia es ahora ampliamente aceptada como terapia para síndrome de Wolff-Parkinson-White y comúnmente considerada como terapia de primera línea para pacientes sintomáticos, debido a la alta tasa de éxito y perfil de bajo riesgo, particularmente cuando se incluye el uso de crioablación para las vías accesorias septales y las que están cerca de pequeñas arterias coronarias.[5]

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