Así ha condicionado la COVID-19 el tratamiento del ictus durante la pandemia en España

José Gómez

Conflictos de interés

11 de diciembre de 2020

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La pandemia provocada por el coronavirus SARS-CoV-2 ha supuesto un reto sin precedentes para la medicina y ha puesto en jaque a nuestro sistema sanitario ante la avalancha de pacientes afectados por un virus desconocido hasta la fecha.

Al margen de las escandalosas cifras de contagios y fallecidos por COVID-19 que se han dado en todos los países del mundo, existe una catástrofe paralela no menos importante: la paralización del tratamiento de gran número de patologías graves, que abocan a los afectados a secuelas graves de por vida y que han elevado las cifras de mortalidad.

El ictus es una de las enfermedades cuyo diagnóstico cayó en España durante los meses más graves de la pandemia. Según datos presentados por el Dr. Tomás Segura, del Hospital General Universitario de Albacete, durante la LXXII Reunión Anual de la Sociedad Española de Neurología (SEN), la caída del código ictus durante los meses de marzo y abril de 2020 llegó a superar 40%. "Esta caída ha sido también confirmada en hospitales tanto de España como de Europa y el resto del mundo".

España ha sido uno de los países más activos a la hora de publicar estudios sobre la implicación que ha tenido la COVID-19 en el diagnóstico de infartos cerebrales. En algunos de estos trabajos, realizados por el grupo de estudio Nordictus, se evidencia no solo la disminución en el número de ingresos, sino el aumento de la mortalidad por ictus en nuestro país.[1]

Una situación en la que el miedo de los pacientes a salir de casa, a contagiarse acudiendo al hospital, así como la falta de apercibimiento que ha tenido el ictus durante la pandemia, han jugado un papel fundamental. "La consecuencia es que no solo acudían menos pacientes a los hospitales, sino que también llegaban más graves, y el pronóstico era mucho peor", advirtió el Dr. Segura.

Sin embargo, esta no es la única consecuencia que ha tenido la COVID-19 sobre los infartos cerebrales. Durante la primera ola del coronavirus en España los investigadores también detectaron aumento de ictus criptogénicos, aquellos en los que no se encuentra etiología y en los que no existe causa típica de ictus.

Este fue el tema que abordó el Dr. Carlos Molina, del servicio de neurología del Hospital Vall D’Hebron en la segunda parte del seminario Manejo del ictus y prevención de la fibrilación auricular: actualizaciones 2020.

"El ictus criptogénico es aquel en el que no se encuentra un mecanismo causal, y que desgraciadamente genera gran frustración en los profesionales a pesar de los esfuerzos de los últimos años, ya que no es posible establecer un diagnóstico claro", lamentó el neurólogo.

En este contexto ha existido amplio debate sobre la importancia de la detección de la fibrilación auricular silente como mejor estrategia para detectar las embolias. Este y otros biomarcadores son analizados por los médicos con el objetivo de hacer frente de la mejor forma a esta patología. Sin embargo, la conclusión del Dr. Molina es que "aún estamos muy lejos de conocer realmente el ictus criptogénico".

El especialista añadió que existen biomarcadores aislados, pero no se han terminado de enlazar los factores que condicionan el riesgo embolígeno de una aurícula enferma. Lo que parece claro es que cuanto mayor es el tiempo de monitorización de un paciente mayor es la capacidad diagnóstica.

Así, la gran apuesta de nuestro tiempo pasa por aparatos tan comunes en la actualidad como los relojes inteligentes. "Los smartwatch revolucionarán el concepto de fibrilación auricular", pronosticó el experto, que también apuntó a la inteligencia artificial como herramienta para aglutinar información que pasa desapercibida al ojo humano.

"Está claro que algo se nos escapa y que estamos lejos de saber cuál es el origen del ictus en pacientes con ictus de origen incierto, por eso necesitamos una versión integral. Nunca encontraremos respuesta si seguimos haciendo lo mismo y cometemos el error de mirar las cosas desde una sola perspectiva. La inteligencia artificial nos ayudará a la hora de mejorar la segmentación de los pacientes e identificar a aquellos que no conocemos desde el punto de vista de la imagen cardiaca", explicó el Dr. Molina.

La última intervención del seminario corrió a cargo de la Dra. Mar Castellanos, del Hospital Universitario de A Coruña, en la que hizo una revisión sobre la importancia de los anticoagulantes orales de acción directa en la prevención del ictus en pacientes con fibrilación auricular. "Hay gran cantidad de estudios que nos enseñan las tasas de recurrencia de ictus y hemorragia intracraneal, y se ve que la tendencia es anticoagular cada vez más pronto a los pacientes".

Basándose en la evidencia actual, la neuróloga hizo una defensa de estos fármacos como método principal para prevenir el infarto cerebral en este tipo de pacientes. La eficacia y seguridad se demuestran en la práctica clínica, aseguró, a la par que apuntaba que los anticoagulantes de acción directa son fármacos que han demostrado desde hace años un perfil de seguridad superior a los fármacos antivitamina K. Por último, la médica valoró "una de las pocas cosas buenas" que ha tenido la pandemia: la eliminación de los visados para la prescripción de anticoagulantes entre las autonomías, medida reclamada tanto por sanitarios como por pacientes desde hace años.

Este contenido fue originalmente publicado en Univadis, parte de la Red Profesional de Medscape.

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