Los fármacos para la osteoporosis no empeoran el riesgo de COVID-19 y podrían ayudar

Miriam E. Tucker

Conflictos de interés

1 de diciembre de 2020

Nota de la editora: Encuentre las últimas noticias y orientación sobre la COVID-19 en el Centro de información sobre el coronavirus de Medscape en español.

Nuevos datos observacionales de un estudio transversal son los primeros en respaldar las recomendaciones de continuar con los fármacos para la osteoporosis durante la pandemia de COVID-19, e incluso sugieren que algunos pueden proteger contra el virus.[1]

Los hallazgos del estudio que incluyó 2.102 pacientes con osteoporosis, osteoartritis y/o fibromialgia, enfermedades reumáticas no inflamatorias, entre el 1 de marzo y el 3 de mayo de 2020, se publicaron recientemente en Aging por el Dr. Josep Blanch-Rubió, director clínico científico del Servicio de Reumatología del Hospital del Mar en Barcelona, España, y sus colaboradores.

Los pacientes que tomaban denosumab, zoledronato y calcio mostraron tendencia hacia menor incidencia de desarrollar presunto COVID-19 sintomático (las pruebas de reacción en cadena de la polimerasa no estaban ampliamente disponibles en ese momento), al igual que aquellos que tomaban el antidepresivo inhibidor de serotonina/norepinefrina duloxetina.

Algunos analgésicos, en particular pregabalina y la mayoría de los demás antidepresivos, se asociaron con mayor incidencia de COVID-19, mientras que los bifosfonatos orales, la vitamina D, los diuréticos tiazídicos, los fármacos antihipertensivos y los fármacos antiinflamatorios no esteroideos no tuvieron ningún efecto sobre la incidencia de COVID-19.

Estos datos son los primeros que respaldan la guía clínica emitida en mayo de 2020 por la American Society for Bone and Mineral Research y otras cuatro sociedades profesionales que aconsejan no suspender los fármacos para la osteoporosis durante la pandemia. Los autores de esa declaración reconocieron que a falta de datos, sus recomendaciones se basaron principalmente en la opinión de expertos.

"Había guías clínicas sin ninguna base científica. Esta es la primera evidencia científica que muestra que, de hecho, se debe continuar el tratamiento para la osteoporosis si tienen COVID-19. Este es el primer estudio que brinda respaldo científico a las guías", señaló a Medscape Noticias Médicas el coautor, Dr. Rafael Maldonado, Ph. D., del Neuropharmacology, Universitat Pompeu Fabra, en Barcelona, España.

Y aunque los datos no ofrecen pruebas de los beneficios de ninguno de los fármacos (todos los intervalos de confianza de 95% fueron mayores a 1,0), muestran tendencias que merecen un estudio más a fondo, destacó el Dr. Maldonado.

"Lo que observamos es que no hay daño. Los tratamientos deben continuar", agregó.

"Pero obtuvimos resultados muy interesantes con denosumab, zoledronato, calcio y duloxetina. Hay tendencia clara y el mensaje es que debemos promover que se realicen estudios para ver si estos cuatro tratamientos brindan algún beneficio", puntualizó el especialista.

¿Diferentes mecanismos para cada uno?

Al solicitarle un comentario sobre los hallazgos, el Dr. Matthew T. Drake, Ph. D, dijo a Medscape Noticias Médicas: "Estoy de acuerdo en que no hay razón para suspender ninguno de estos fármacos, ya que no hay evidencia de que empeoren el riesgo de infección".

"Pero en mi mente no está claro cómo algunos de ellos podrían mejorar o reducir el riesgo de infección; es difícil encontrar explicación unificadora, porque los mencionados como potencialmente benéficos son bastante diferentes", señaló.

El Dr. Drake, profesor asociado de medicina en el departamento de endocrinología de la Mayo Clinic, en Rochester, Estados Unidos, indicó estar de acuerdo con los autores del estudio en que la focalización de denosumab en el sistema RANK/RANKL es un posible mecanismo anti-COVID-19 para ese fármaco, ya que dicho sistema está involucrado en la respuesta inmune.

Respecto a zoledronato/ácido zoledrónico, tanto los autores españoles como el Dr. Drake señalaron un estudio histórico que vincula al fármaco intravenoso con mayor sobrevida en pacientes con fractura de cadera.[2]

Los autores del estudio señalaron que podría haber varios mecanismos para el beneficio en la sobrevida global, pero además, "zoledronato podría hacer que las células dendríticas y sus precursores sean menos susceptibles a la infección por SARS-CoV-2, lo que podría explicar los efectos benéficos... en la incidencia de COVID-19".

Según la hipótesis de los autores, la razón de la falta de beneficio con los bifosfonatos orales podría estar relacionada con la mayor potencia de zoledronato intravenoso. El Dr. Drake agregó que su mayor biodisponibilidad también podría influir.

En cuanto al calcio, los autores sugieren que el efecto benéfico contra COVID-19 podría relacionarse con su acción en la generación de dos tipos de células inmunes, las células auxiliares foliculares T y las células reguladoras foliculares T, que promueven respuesta inmunitaria adecuada contra agentes infecciosos, incluidos los virus.

Datos que respaldan las guías clínicas

De los 2.102 pacientes del estudio del Dr. Blanch-Rubió y sus colaboradores, 80,5% estaba integrado por mujeres con edad promedio de 66,4 años. En general, 63,7% tenía osteoartritis, 43,5% osteoporosis y 27,2% fibromialgia. Los tratamientos incluyeron vitamina D en 62%, calcio en 23,3%, denosumab en 12,6% y zoledronato intravenoso en 8,5%. Más de la mitad tomaba analgésicos, casi un tercio tomaba antidepresivos, y 9,9% tomaba duloxetina.

Durante el periodo de estudio, 5,2% (109 individuos) fue diagnosticado con COVID-19 con base en acudir a la consulta médica con los síntomas típicos.

Después de ajustar por sexo, edad, diagnóstico de diabetes, enfermedad pulmonar, enfermedad cardiovascular, enfermedad renal crónica y cáncer activo o tratamiento, los riesgos relativos de COVID-19 fueron 0,58 para denosumab, 0,62 para zoledronato intravenoso y 0,64 para calcio, todas tendencias no significativas.

No se encontraron asociaciones entre COVID-19 y bifosfonatos orales, vitamina D o diuréticos tiazídicos.

Se observaron riesgos relativos aumentados pero no significativos, de COVID-19 con analgésicos, en particular pregabalina (1,55), gabapentina (1,39) y opioides (1,25).

Entre los antidepresivos hubo riesgo relativo de 1,54 para los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, 1,38 para amitriptilina y 1,22 para todos los antidepresivos de doble acción. Por el contrario, hubo asociación negativa con el antidepresivo de doble acción duloxetina, con riesgo relativo ajustado de 0,68.

"La buena noticia es que nada de eso parece ser malo", concluyó el Dr. Drake.

El Dr. Blanch-Rubió ha recibido subvenciones u honorarios por consultoría de Amgen, Laboratorio Stada, Gedeon-Rhicter Ibérica, Lilly España, Pfizer, Gebro Pharma y UCB Pharma. El Dr. Maldonado ha recibido becas de investigación u honorarios por consultoría de Aelis, Almirall, Boehringer Ingelheim, BrainCo, Esteve, Ferrer, GlaxoSmithKline, Grünenthal, GW Pharmaceuticals, Janus, Lundbeck, Pharmaleads, Phytoplant, Rhodes, Sanofi, Spherium, Union de Pharmacologie, Upjohn Appliqué y Uriach. El Dr. Drake ha declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

Para más contenido siga a Medscape en Facebook, Twitter, Instagram y YouTube.

Comentario

3090D553-9492-4563-8681-AD288FA52ACE
Los comentarios están sujetos a moderación. Por favor, consulte los Términos de Uso del foro

procesando....