Almorzar tarde se asocia a mayor riesgo cardiometabólico y peores resultados en la pérdida de peso

Carla Nieto Martínez

20 de noviembre de 2020

MADRID, ESP. Las personas que realizan las comidas (concretamente el almuerzo) en horarios tardíos tienen mayor probabilidad de presentar factores de riesgo cardiometabólico, muestran más conductas obesogénicas y les resulta más difícil obtener resultados positivos en los programas de reducción de peso.

Marta Garaulet, Ph. D., M. Sc.

Esta es la principal conclusión arrojada por un estudio  publicado recientemente en The American Journal of Clinical Nutrition, llevado a cabo por un grupo de expertos internacionales dirigidos por Marta Garaulet, Ph. D., M. Sc., Catedrática de Fisiología y Bases Fisiológicas de la Nutrición, del Departamento de Fisiología de la Universidad de Murcia, en Murcia, España.[1]

El objetivo principal de esta investigación fue determinar la posible asociación transversal entre comer tarde y la obesidad y los trastornos cardiometabólicos, así como comprobar el impacto de estas ingestas en la tasa de pérdida de peso tras seguir un protocolo en este sentido, y también identificar comportamientos obesogénicos y las potenciales barreras a la pérdida de peso asociadas a estas pautas horarias, en un contexto en el que la evidencia respecto al papel de la sincronización en la salud cardiometabólica y el control del peso es escasa.

Garaulet, que también forma parte del Programa de Cronobiología Médica, División de Trastornos del Sueño y Circadianos del Departamento de Medicina y Neurología del Brigham and Women's Hospital, en Boston, Estados Unidos, declaró a Medscape en español que este estudio supone un paso más en la línea de investigación iniciada por su equipo en 2013, con la publicación de los resultados de un trabajo en el que participaron 420 personas que siguieron un mismo programa de pérdida de peso y que demostró que en quienes comían tarde el adelgazamiento conseguido era menor.

"En base a estas evidencias, que demostraron el nexo entre la crononutrición y la pérdida de peso, hemos avanzado en esta línea de investigación y el resultado es el estudio que se acaba de publicar y que da un paso más, ya que no solo evalúa la pérdida de peso, sino que aborda el impacto de los horarios de ingesta en el riesgo cardiovascular", destacó la experta.

Punto medio de ingesta

En el estudio participó un total de 3.362 personas, la mayoría de ellas de sexo femenino (79,2%), con media de edad de 41 años y obesidad (índice de masa corporal medio de 31,05 kg/m2). Todos los participantes siguieron un programa de pérdida de peso estandarizado basado en la dieta mediterránea y de duración variable en función del objetivo de pérdida de peso (la ingesta calórica diaria estaba limitada entre 1.200 a 1.800 kcal en mujeres y de 1.500 a 2.000 kcal en hombres, para inducir pérdida entre 0,5 y 1 kg a la semana y un objetivo final de reducir entre 5% y 10% el peso inicial).

La variable utilizada fue el punto medio de ingesta (midpoint of meal intake), que, como explicó Garaulet, se calcula determinando el punto medio entre la hora de inicio del desayuno y la de finalización de la cena (teniendo en cuenta los horarios de los días laborales y los fines de semana) en todos los participantes; la diferencia de horas se divide entre dos y el resultado se suma a la hora de inicio del desayuno. En función de este cálculo, los participantes se clasificaron en comedores tempranos (los que presentaron su punto medio de ingesta antes de las 15:00 horas, concretamente, de las 14:54), y los tardíos, en los que este indicador se situaba después de dicha hora.

"Una razón de recurrir a esta variable es que si bien en España la comida principal se hace al mediodía, no ocurre lo mismo en el resto de Europa ni en Estados Unidos, donde lo habitual es que la ingesta principal se realice en la cena. El empleo del punto medio de ingesta permite extrapolar nuestros resultados a otros países", señaló Garaulet.

Los datos demostraron que las personas cuyo punto medio de ingesta se situaba después de las 15:00 horas coincidían con aquellas que presentaban índice de masa corporal más elevado al inicio de la investigación. En cuanto a los resultados cardiometabólicos, se vio que tenían valores más altos de triglicéridos y menor sensibilidad a la insulina que los comedores tempranos.

"Estos resultados replican lo que hemos observado en otras investigaciones paralelas a esta, una en niños de 8 a 12 años y otra sobre un grupo de estudiantes universitarios en México, lo que apunta a que el impacto del horario de la ingesta es similar en población infantil, en adultos y adultos jóvenes. En el caso concreto del estudio realizado en niños, que se centró en la cena (ya que la hora de la comida está muy fijada por los horarios escolares), encontramos que en aquellos que cenaban tarde (después de las 20 - 24 horas) los casos de obesidad duplicaban a los que hacían esta ingesta a horas más tempranas.[2] En relación a los factores cardiometabólicos, estos niños presentaban valores más elevados de triglicéridos y observamos también aumento de interleucina-6 y proteína C reactiva", afirmó la autora de la investigación.

Reloj biológico y riesgo cardiovascular

En cuanto a la pérdida de peso, de los 2.119 que completaron el programa, los comedores tardíos presentaron tasa de adelgazamiento semanal de 80 g más baja que los tempranos y menor pérdida de peso total al final del programa. "También observamos que por cada hora de retraso respecto al punto medio de ingesta había un kilo menos de pérdida de peso durante el tratamiento. Esta evidencia refuerza las recomendaciones respecto a la importancia de seguir horarios de ingestas lo más regulares posibles, ya que la ingesta tardía no solo impacta sobre la comida de referencia, sino que también favorece el retraso del resto de las comidas principales", apuntó la experta.

Dra. María Rosa Fernández Olmo

Por su parte, la Dra. María Rosa Fernández Olmo, presidenta electa de la Asociación de Riesgo Vascular y Rehabilitación Cardiaca de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), quien no participó en este estudio, en su valoración de los resultados para Medscape en español destacó el hecho de que tanto los que almorzaban temprano como quienes lo hacían más tarde tenían el mismo nivel de actividad física, siendo por tanto este un factor que no interviene en los datos arrojados por esta investigación.

"Estos datos, al igual que los obtenidos en otros estudios en los que se observó que la ingesta calórica mayor en el almuerzo, en comparación con la cena, facilitaba la pérdida de peso en mujeres con sobrepeso y obesidad, están relacionados con el reloj biológico y el ritmo circadiano. Aunque no está claro el mecanismo por el cual se producen estos cambios en el aprovechamiento energético, en el que influyen factores hormonales, metabólicos y de diversa índole, el cronograma de la alimentación diaria y el aporte de macronutrientes procedentes de los alimentos intervienen en la regulación metabólica. Por tanto, son de gran valor la cantidad, la calidad y también el momento del día en el que tomamos los alimentos", explicó la Dra. Fernández Olmo.

Asimismo, la representante de la Sociedad Española de Cardiología comentó que en el ámbito de la cardiología actualmente no existen trabajos que asocien la ingesta tardía con el riesgo cardiovascular, "pero si este patrón de alimentación se relaciona con mayor obesidad y mayor resistencia a la insulina podría desencadenarse una serie de procesos que favorezcan la enfermedad cardiovascular", continuó.

"Hay trabajos que relacionan la ausencia de desayuno con la enfermedad cardiovascular, y otros que indican que las dietas con alimentos que dan lugar a macronutrientes proinflamatorios aumentan el riesgo cardiovascular. Por otro lado, está demostrado que la dieta mediterránea, basada en el consumo de verduras, hortalizas, legumbres, aceite de oliva y frutos secos —pauta utilizada en esta investigación—, tiene impacto positivo en este riesgo", destacó la especialista.

Leptina: un indicador "de peso"

Otro hallazgo destacable de este estudio fue que los comedores tardíos presentaban valores más elevados de leptina por la mañana, "lo que en la práctica significa que tienen menos hambre a la hora del desayuno, y también sugiere la existencia de un componente endógeno implicado en esa predisposición a comer tarde", señaló  Garaulet.

"En este sentido, un estudio previo que realizamos en gemelas y mellizas nos indicó que el punto medio de ingesta está determinado en 56% por la genética. Por tanto, esto sugiere que el hecho ser un comedor tardío puede ser consecuencia de este componente genético vinculado a su vez con la elevación de leptina matinal. Es cualquier caso, se trata de un factor modificable mediante la introducción de cambios y hábitos que consigan readaptación de la fisiología a los horarios. En este sentido se podrían dirigir las terapias comportamentales de estos pacientes hacia el adelanto de la hora de la cena, con el objetivo de disminuir los niveles de leptina al despertar y así aumentar el hambre matinal".

En relación con esto, la Dra. Fernández Olmo apuntó que leptina es una adipoquina producida por el tejido adiposo (aunque también el hipotálamo, la placenta y el ovario se encargan de su producción) y que se trata de la hormona clave en la homeostasis energética, controlando la ingesta calórica y el gasto energético. "En condiciones normales leptina tiene acción sobre la presión arterial modulando la vasoconstricción y la producción del óxido nítrico por la pared endotelial, siendo un elemento protector cuando está en equilibrio".

"Sin embargo, a pesar de que se han descrito efectos contradictorios en diferentes tejidos, se sabe que la obesidad produce hiperleptinemia por aumento de la resistencia a leptina y favoreciendo un fenotipo aterogénico. En diversos estudios se ha observado que los niveles elevados de leptina que se producen cuando existe obesidad se asocian a aumento de riesgo cardiovascular", agregó. 

"Por tanto, los resultados del estudio que nos ocupa, en el que se ha demostrado que la ingesta tardía produce aumento de leptina, entre otros desequilibrios homeostáticos, podrían posicionar claramente a este patrón alimentario como factor implicado en el aumento del riesgo cardiovascular", puntualizó la Dra. Fernández Olmo.

Desmotivación, conductas obesogénicas y terapias dirigidas

También fue objeto de esta investigación la identificación de las circunstancias que favorecen que a las personas con mayor sobrepeso les sea más difícil adelgazar, así como las conductas implicadas en esta situación.

"Mediante el uso de cuestionarios de barrera hemos comprobado que los comedores tardíos reportan más obstáculos para perder peso y presentan más factores obesogénicos en su vida. En cuanto a las barreras, la principal es la falta de motivación a la hora de decidirse a introducir cambios en sus hábitos para conseguir la pérdida de peso", señaló la autora.

"También hemos visto que las personas con tendencia a comer más tarde comparten una serie de hábitos, como recurrir a la ingesta de alimentos cuando se sienten estresadas o comer mientras ven la televisión", añadió Garaulet, que opina que en función de estos resultados, factores como el estrés y la falta de motivación han de ser tenidos muy en cuenta en las futuras estrategias de pérdida de peso diseñadas para los comedores tardíos y en las que deberían incluirse las entrevistas motivacionales y la terapia cognitivo-conductual.

Para la autora, la principal utilidad de este estudio radica en que sus datos permiten configurar un plan de pérdida de peso lo más ajustado posible en cada caso, que pase por determinar en primer lugar el punto medio de ingesta para identificar así a los comedores tardíos y, en función de esto, diseñar un tipo de intervención no solo dietética, sino que incluya la modificación de los otros factores que dificultan la pérdida de peso en estas personas, "las cuales necesitan una terapia muy dirigida que les ayude a modificar sus hábitos y horarios, algo que no resulta fácil".

En línea con esto, Garaulet destacó que pese a que cada vez hay más evidencias al respecto, la cronobiología todavía no está lo suficientemente implantada en las estrategias dirigidas a la pérdida de peso en la práctica clínica diaria: "Este enfoque sería de gran ayuda, especialmente en función de los hallazgos que se están obteniendo, por ejemplo, en el ámbito de los llamados 'genes reloj' (asociados a los horarios vitales) y a la evidencia de que hay personas que son más susceptibles al impacto de hábitos como la ingesta tardía en función de su genética".

Finalmente, Garaulet comentó que el siguiente paso en esta línea de investigación acaba de plasmarse en un trabajo recién publicado en el que se analiza el impacto concreto que tiene la ingesta tardía sobre el tejido adiposo:[3] "Hemos visto que la actividad de la enzima lipasa sensible a hormonas, directamente implicada en la pérdida de peso mediante la movilización de la grasa corporal, se reduce a la mitad en las personas que comen tarde. La razón es que esta enzima tiene un ritmo circadiano diario, registrándose su máxima actividad a media noche; por eso, al cenar a horas tardías esta enzima ‘entiende’ que existe suficiente energía corporal y, por tanto, disminuye su actividad de movilización de la grasa".

Garaulet, Ph. D., M. Sc., y la Dra. Fernández Olmo han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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