Omega-3 séricos más altos se vincularon con mejor desenlace después de infarto de miocardio con elevación del segmento ST

Debra L. Beck

Conflictos de interés

2 de noviembre de 2020

El consumo periódico de alimentos ricos en ácidos grasos omega-3 se asoció a mejor pronóstico después de infarto de miocardio con elevación del segmento ST en un nuevo estudio observacional.[1]

El estudio prospectivo, que incluyó 944 pacientes con infarto de miocardio con elevación del segmento ST que se sometieron a intervención coronaria percutánea primaria demostró que las concentraciones plasmáticas de ácidos grasos en el momento del infarto de miocardio con elevación del segmento ST se relacionaban inversamente con nuevos eventos cardiovasculares adversos mayores y reingresos por causas cardiovasculares (hazard ratio ajustados [HRa]: 0,76 y 0,74 por incremento de 1 DE; p < 0,05 para ambos).

No se observó asociación para el criterio de valoración consistente en mortalidad por todas las causas.

"Lo que demostramos es que el consumo de pescado y otras fuentes de ácidos grasos omega-3 antes de los infartos de miocardio repercute en el pronóstico tras infarto de miocardio. Es un nuevo enfoque, pues no es prevención primaria o prevención secundaria", manifestó Aleis Sala-Vila, Pharm. D., Ph. D., del Institut de Recerca Hospital del Mar, en Barcelona, España.

Sala-Vila y el coautor principal, Dr. Antoni Bayés-Genís, Ph. D., y la primera autora, Iolanda Lázaro, Ph. D. informaron sus hallazgos el 26 de octubre en la versión electrónica de Journal of the American College of Cardiology.

Se ha establecido que el ácido eicosapentaenoico omega-3 alimentario tiene propiedades cardioprotectoras, pero estudios observacionales y estudios aleatorizados sobre la ingesta de ácido eicosapentaenoico omega-3 han generado hallazgos discrepantes.

Este estudio evitó las trampas habituales de la investigación de la epidemiología nutricional, los diarios de alimentos y cuestionarios de ingesta autonotificados. Para este estudio, los investigadores midieron los niveles de ácido eicosapentaenoico omega-3 y ácido alfa-linolénico en los tejidos mediante la determinación de las concentraciones séricas de fosfatidilcolina, que reflejan la ingesta alimentaria durante las tres o cuatro semanas previas.

Esta técnica no solo proporciona una medida más fiable de la ingesta de ácidos grasos en el curso del tiempo, sino que también evita errores de medición relacionados con la variación del contenido de ácidos grasos, destacó Sala-Vila.

Por ejemplo, "el contenido de ácido eicosapentaenoico omega-3 de un trozo de pescado consumido en enero podría ser muy diferente al que se consume en junio", explicó Sala-Vila.

Dicho esto, reconoció que en la actualidad esta técnica que utiliza cromatografía de gases no tiene aplicación clínica clara. "Es muy difícil convertir los niveles de ácido eicosapentaenoico omega-3 determinados a través de fosfatidilcolina en suero en consumo de pescado graso. Consideramos que hasta el momento lo más recomendable es lo que señala la American Heart Association: consumir dos raciones de pescado graso a la semana".

Ácido eicosapentaenoico omega-3 y ácido alfa-linolénico: ¿aliados en la prevención?

Además de los hallazgos en relación con ácido eicosapentaenoico omega-3, los investigadores también encontraron que los ácidos alfa-linolénico determinados mediante fosfatidilcolina en suero se relacionaban inversamente con la mortalidad por todas las causas después de infarto de miocardio con elevación del segmento ST (HR: 0,65 por incremento de 1 desviación estándar; p < 0,05).

Se observó tendencia a asociación entre ácido alfa-linolénico y menos riesgo de eventos cardiovasculares adversos mayores nuevos (p = 0,093).

Ácido alfa-linolénico ya está disponible en fuentes vegetales económicas (por ejemplo, semillas de chía, semillas de lino, nueces, frijol de soya), y se ha asociado con mortalidad por todas las causas más baja en individuos en alto riesgo.

Este ácido graso omega-3 suele administrarse muy poco en el mundo de los ácidos grasos debido al proceso enzimático de siete pasos que es necesario para convertirlo en formas más provechosas.

"Sabemos que la conversión de ácido alfa-linolénico en ácido eicosapentaenoico omega-3 o ácido docohexaenoico es marginal, pero decidimos incluirlo en el estudio porque consideramos que este ácido graso está adquiriendo más importancia debido a que hay algunos problemas con el consumo de pescado; a las personas les preocupan los contaminantes y la sustentabilidad, y a otras no les gusta", explicó Sala-Vila.
"Nos asombró ver que los ácidos grasos marinos derivados de vegetales no parecen competir, sino más bien tienen acción sinérgica", indicó Sala-Vila. Los investigadores señalaron que los ácidos grasos omega-3 marinos y vegetales pueden actuar como "aliados en la prevención".

"No estamos metabólicamente adaptados para convertir ácido alfa-linolénico en ácido eicosapentaenoico omega-3, pero a pesar de esto hay un gran conjunto de evidencia que muestra que una forma de aumentar los niveles de ácido eicosapentaenoico omega-3 y ácido docohexaenoico en nuestras membranas celulares es consumiendo estas fuentes de ácidos grasos", dijo Sala-Vila.

Durante casi 20 años Sala-Vila ha estudiado cómo el consumo de alimentos ricos en omega-3 afecta a la enfermedad. Dos de sus proyectos actuales implican el estudio de niveles de ácido alfa-linolénico en membranas de eritrocitos como factor de riesgo para ictus isquémico y los niveles de omega-3 en individuos con alteración cognitiva que tienen riesgo elevado de enfermedad de Alzheimer.

Aplicable a todos los pacientes con aterosclerosis

En comentarios a Medscape, el Dr. Deepak Bhatt consideró que el estudio era "estupendo", añadiendo que el esfuerzo es "lo mejor que se puede hacer" para la investigación observacional de la nutrición.

"Creo que se tienen que considerar estos hallazgos en el panorama más general de lo que es realmente una revolución en la investigación de los ácidos grasos omega-3", destacó el Dr. Bhatt.

Este panorama incluye abundante investigación observacional que muestra los beneficios de los omega-3, dos estudios de resultados de intervenciones (JELIS y REDUCE-IT) que demostraron los beneficios de los suplementos de ácido eicosapentaenoico omega-3, y dos estudios por imágenes (EVAPORATE  y CHERRY), que demostraron efectos favorables de ácido eicosapentaenoico omega-3 sobre la vasculatura.[2]

REDUCE-IT, en el cual el Dr. Bhatt fungió como investigador principal, demostró que el tratamiento con icosapent etílico, una forma purificada de ácido eicosapentaenoico omega-3 en dosis alta, dio por resultado reducción de 25% en el riesgo relativo de eventos cardiovasculares adversos mayores en una población occidental en riesgo.

El Dr. Bhatt, coautor de un editorial que acompaña al artículo actual de Sala-Vila, indicó: "Probablemente los resultados son aplicables a todos los pacientes con aterosclerosis o que tienen riesgo elevado de la misma", y respaldan la práctica de asesorar a los pacientes para que aumenten su ingesta de alimento rico en ácidos grasos omega-3.[3]

El campo está listo para una sacudida, señaló. En el congreso de la American Heart Association el próximo mes, se presentarán los resultados de un estudio de otro suplemento de ácido eicosapentaenoico omega-3/ácido docohexaenoico de grado de prescripción, y se espera que sea negativo.

En enero de 2020 AstraZenecaanunció el cierre temprano del estudio STRENGTH de Epanova tras un análisis provisional que demostró baja probabilidad de que su producto demostrara beneficios en la población reclutada.[4]

Epanova es una mezcla de ácidos grasos libres derivados de aceite de pescado, principalmente ácido eicosapentaenoico omega-3 y ácido docohexaenoico. Está aprobado en Estados Unidos e indicado como complemento a la dieta para reducir los niveles de triglicéridos en adultos con hipertrigliceridemia grave (≥ 500 mg/dl). Esta indicación no es afectada por los datos del estudio STRENGHT, señala un comunicado de prensa de la compañía.

Sala-Vila ha recibido becas y apoyo de la California Walnut Commission, incluida una beca para apoyar parte de este estudio. Bayés-Genís y el Dr. Bhatt tienen relaciones económicas con diversas compañías.

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