Enfermedades mentales vinculadas a aumento de la mortalidad en COVID-19

Batya Swift Yasgur

Conflictos de interés

7 de octubre de 2020

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Un diagnóstico psiquiátrico en pacientes hospitalizados con COVID-19 conlleva aumento significativo del riesgo de muerte, muestra nueva investigación.[1]

Investigadores observaron que pacientes hospitalizados por COVID-19 a quienes se les había diagnosticado un trastorno psiquiátrico mostraban incremento de 1,5 tantos del riesgo de muerte relacionada con COVID-19, en comparación con aquellos sin tal diagnóstico.

"Hay que prestar atención y potencialmente abordar o tratar un diagnóstico psiquiátrico previo si un paciente es hospitalizado por COVID-19, pues este factor de riesgo puede repercutir en el desenlace del paciente (muerte) mientras está en el hospital", comentó a Medscape Noticias Médicas la investigadora principal, Dra. Luming Li, profesora asistente de psiquiatría y directora médica asociada de mejora de la calidad de la Yale New Haven Psychiatric Hospital, en New Haven, Estados Unidos.

El estudio fue publicado el 30 de septiembre en JAMA Network Open.

Efecto negativo

"Nos interesaba saber más sobre el efecto de diagnósticos psiquiátricos en la mortalidad por COVID-19, pues estudios de cohortes grandes realizados antes incluyeron trastornos neurológicos y otros médicos, pero no evaluaron un diagnóstico psiquiátrico a priori", destacó la Dra. Li.

"En base a los estudios publicados, sabemos que los diagnósticos psiquiátricos previos pueden tener efecto negativo sobre los desenlaces de trastornos médicos y, por tanto, evaluamos nuestra hipótesis en una cohorte de pacientes hospitalizados con COVID-19", añadió.

Para investigar esta cuestión, los autores analizaron datos sobre 1.685 pacientes hospitalizados con COVID-19 entre el 15 de febrero y el 25 de abril de 2020, y cuyos casos fueron objeto de seguimiento hasta el 27 de mayo de 2020. Los pacientes participantes (media de edad [DE]: 65,2 [18,4] años; 52,6% del género masculino) estaban afiliados al Yale New Haven Health System.

La mediana del periodo de seguimiento fue de 8 días (rango intercuartílico: 4 a 16 días).

De estos pacientes, 28% había recibido un diagnóstico psiquiátrico antes de la hospitalización. Los pacientes con trastornos psiquiátricos eran significativamente mayores y tenían más probabilidades de ser mujeres, de raza caucásica, no hispanoamericanos, y tener trastornos médicos concomitantes (cáncer, enfermedad cerebrovascular, insuficiencia cardiaca congestiva, enfermedades renales, enfermedades hepáticas, infarto miocárdico, o virus de inmunodeficiencia humana).

Los diagnósticos psiquiátricos se definieron de acuerdo con los códigos de la Clasificación Internacional de Enfermedades, que incluyeron salud mental y conductual, enfermedad de Alzheimer y autolesión.

Vulnerabilidad al estrés

La siguiente tabla muestra las tasas de vulnerabilidad de pacientes con COVID-19 hospitalizados con trastornos psiquiátricos frente a no psiquiátricos (p < 0,001).


2 semanas
35,7% frente a 14,7%
3 semanas 40,9% frente a 22,2%
4 semanas 44,8% frente a 31,5%

En el modelo sin ajuste, el riesgo para muerte hospitalaria relacionada con COVID-19 fue mayor para los que habían recibido algún diagnóstico psiquiátrico, en comparación a los que no lo habían recibido (hazard ratio [HR]: 2,3; IC 95%: 1,8 - 2,9; p < 0,001).

En el modelo ajustado en el que se efectuó el ajuste con respecto a las características demográficas, otros trastornos médicos concomitantes, y ubicación del hospital, el riesgo de mortalidad disminuyó un poco, pero de todas maneras persistió algo elevado (HR: 1,5; IC 95%: 1,1 - 1,9; p = 0,003).

La Dra. Li señaló diversos factores que podrían contribuir a la tasa de mortalidad más elevada en pacientes psiquiátricos que tenían COVID-19, en comparación con pacientes que tenían COVID-19 pero que no padecían un trastorno psiquiátrico. Estos consistieron en "respuestas inflamatorias y al estrés potenciales que el cuerpo experimenta en relación con trastornos psiquiátricos previos", destacó la especialista.

El diagnóstico previo de un trastorno psiquiátrico también puede "reflejar diferencias neuroquímicas existentes, en comparación con los pacientes que no tienen diagnóstico psiquiátrico previo, y estas diferencias pueden volver a la población con diagnóstico psiquiátrico previo más vulnerable para responder a un factor estresante grave, como lo es la COVID-19", afirmó.

Atención de calidad

En su comentario sobre los hallazgos para Medscape Noticias Médicas, el Dr. Harold Pincus, profesor y vicepresidente del Departamento de Psiquiatría, Vagelos College of Physicians and Surgeons, Columbia University, en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, señaló: "Se suman al fenómeno relativamente bien conocido y bien establecido de que las personas con enfermedades mentales tienen riesgo elevado de todos los tipos de morbilidad y mortalidad por trastornos de la salud no mentales".

Los investigadores "hicieron el ajuste con respecto a diversos riesgos de mortalidad esperados que serían independientes de la presentación de COVID-19, por lo que hubo algo más que se asoció con la mortalidad", indicó el Dr. Pincus, también codirector del Irving Institute for Clinical and Translational Research, que no intervino en el estudio.

Más allá de la posibilidad de "algún proceso inmunitario básico afectado por la existencia de un trastorno mental, es posible que la vulnerabilidad esté relacionada con el acceso a la atención de calidad para el trastorno general concomitante que no se trata de manera efectiva", agregó.

"La conclusión práctica es que las personas con trastornos mentales tienen más riesgo de muerte, y necesitamos asegurarnos de que, independientemente de la COVID-19, obtengan la atención preventiva y para la enfermedad crónica adecuada, lo cual sería la forma más eficaz de intervenir y proteger contra la repercusión de una enfermedad grave, como lo es COVID-19", señaló. Esto incluiría las vacunaciones adecuadas y recibir atención médica preventiva para disminuir el tabaquismo y fomentar la reducción de peso.

No se proporcionó ninguna fuente de financiación para el estudio. La Dra. Li informó recibir becas de una Health and Aging Policy Fellowship durante la realización del estudio. Las declaraciones de conflictos de interés de los demás autores se enumeran en el artículo original. El Dr. Pincus ha declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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