TENDENCIA CLÍNICA

COVID-19 prolongada

Ryan Syrek

Conflictos de interés

4 de septiembre de 2020

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La preocupación y los descubrimientos sobre los posibles efectos a largo plazo de la COVID-19 fueron la Tendencia Clínica de esta semana. Los síntomas persistentes en algunas personas con COVID-19 han dado lugar a nuevas investigaciones sobre los mecanismos que pueden subyacer al síndrome de fatiga crónica, también conocido como encefalomielitis miálgica (SFC / EM), así como a otras enfermedades crónicas posvirales (ver infografía).

El 21 de agosto, la sesión virtual de apertura del Congreso de la International Association for CFS/ME se dedicó a investigar hasta qué punto algunos sobrevivientes de COVID-19 cumplen los criterios de síndrome de fatiga crónica. Esto incluyó una discusión sobre cómo las investigaciones previas habían establecido un vínculo potencial entre un coronavirus y el síndrome de fatiga crónica a raíz del brote de SARS-CoV-1 en 2003.

Un estudio encontró que 22 trabajadores de la salud que habían sido infectados reportaron fatiga crónica, dolor musculoesquelético y alteraciones del sueño hasta 3 años después de la enfermedad y ninguno regresó al trabajo en el primer año. Varios estudios en curso están explorando más a fondo la posible conexión entre EM / SFC al trabajar con grupos de personas con "COVID-19 prolongada" como Body Politic.

Según un informe de los Centers for Disease Control and Prevention, más de un tercio de las personas que dieron positivo a COVID-19 todavía tienen síntomas semanas después. La encuesta de casi 300 adultos encontró que alrededor del 35% dijo que no había vuelto a su "estado de salud habitual" 2-3 semanas después de la prueba. Entre las personas de 18 a 34 años sin afecciones médicas subyacentes, 1 de cada 5 dijo que no se había recuperado por completo. A los que han tenido efectos durante meses se les ha llamado " COVID-19 prolongada".

Una carta de investigación de Italia publicada en el Journal of the American Medical Association informó que el 87,4% de 143 pacientes previamente hospitalizados tenían al menos un síntoma persistente 2 meses o más después del inicio de síntomas y más de un mes después del alta. Casi un tercio de los pacientes tenía uno o dos síntomas, mientras que el 55% tenía tres o más. Más de la mitad (53,1%) seguía presentando fatiga.

Un estudio británico encontró que 81 de 110 pacientes dados de alta que habían sido diagnosticados con COVID-19 todavía experimentaban falta de aire, fatiga excesiva y dolores musculares 3 meses después. Aunque la mayoría de los pacientes informaron mejoría en los síntomas iniciales como fiebre, tos y sentido del olfato, un gran número todavía tenía problemas importantes de calidad de vida. Los hallazgos son parte del proyecto DISCOVER del hospital, el primero de su tipo en evaluar los efectos a largo plazo del coronavirus.

Aunque los efectos inmediatos de la infección por SARS-CoV-2 siguen siendo la preocupación principal en muchas áreas, la COVID-19 prolongada es un tema de atención creciente. La Tendencia Clínica de esta semana indica que probablemente los hallazgos de esta investigación y la información más detallada serán recibidos con mucho interés.

Para más información sobre el síndrome de fatiga crónica, lea aquí.

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