Organización Panamericana de la Salud: la vigilancia genómica del SARS-CoV-2 es "clave" para la introducción de vacunas

Matías A. Loewy

26 de agosto de 2020

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BUENOS AIRES, ARG. El caso confirmado de reinfección de COVID-19 en un hombre de Hong Kong con dos variantes genéticamente diferentes del SARS-CoV-2 vuelve "aún más importante" la vigilancia genómica de los virus circulantes, señaló la Organización Panamericana de la Salud (OPS) este martes 25.

"Los virus tienden a cambiar en el tiempo y una vacuna puede perfectamente dar inmunidad para una parte del virus que no cambia. La vigilancia genómica de los virus circulantes es un punto clave para informar y acompañar la introducción de las vacunas en este momento", señaló el Dr. Sylvain Aldighieri, gerente de incidente de COVID-19 del organismo, durante la rueda de prensa semanal.

Desde el inicio de la pandemia, la evolución natural del virus ha determinado la aparición de miles de modificaciones en su genoma, aunque se reconocen a la fecha siete grandes grupos, "cepas" o clados, cada uno de ellos con diferentes linajes y sublinajes genéticos.

Un grupo que se volvió rápidamente dominante en el mundo se caracteriza por una mutación, D614G, que produce la sustitución del aminoácido glicina por el ácido aspártico en la posición 614 de la proteína Spike, aunque sin modificar una región crítica, el dominio de unión al receptor (RBD).    

Hasta el momento no hay evidencias de que esta variación u otras hayan alterado la patogenicidad o virulencia del virus, aunque algunos científicos creen que podrían haberlo hecho algo más transmisible.[1]

Como señalaron en un artículo reciente en Cell tres epidemiólogos y virólogos de Estados Unidos, los investigadores Nathan Grubaugh, Ph. D., William Hanage, Ph. D., y Angela Rasmussen, Ph. D., las mutaciones en los virus pueden aumentar en frecuencia por factores tales como la selección natural y la deriva genética aleatoria.[2]

"Como estas fuerzas pueden trabajar en tándem, es a menudo difícil diferenciar cuándo una mutación se vuelve más común a través del fitness [la capacidad de producir una progenie infecciosa] o el azar", escribieron.

En cualquier caso, el temor es que alguno de estos cambios pueda permitir cierto grado de evasión a la inmunidad inducida por vacunas, algo que los estudios de fase 3 en marcha podrían empezar a dilucidar.

Otros expertos también temen que una vacuna deficiente aplicada masivamente sin haber completado todas las pruebas, como podría ser la rusa, agregue una "presión evolutiva" que favorezca la emergencia de variantes que eludan la respuesta de anticuerpos y eso reduzca la protección conferida por otras vacunas.

Proyectos en la región

Numerosos países de la región ya llevan adelante iniciativas de vigilancia genómica de los virus circulantes y aportan datos a la iniciativa GISAID, una base internacional de datos de acceso abierto que muestra el mapa filogenético o "árbol genealógico" de una submuestra de más de 4.700 genomas de SARS-CoV-2 secuenciados en todo el mundo y su distribución geográfica.[3]

En Argentina, por ejemplo, un equipo de más de 100 científicos ya secuenció unos 450 genomas de SARS-CoV-2 aislados de pacientes de distintas regiones del país, con el objeto declarado de "conocer el patrón de circulación global y las cadenas de transmisión viral particulares, así como monitorear cambios que podrían impactar en la biología viral, el diagnóstico molecular y la efectividad de vacunas y antivirales".[4] La expectativa es completar 1.000 análisis genómicos.

En Brasil, para fines de julio, 15 instituciones brasileñas en asociación con universidades británicas ya habían realizado la secuencia de 427 genomas de SARS-CoV-2 tomados de muestras de pacientes positivos entre marzo y abril en 21 estados.[5]

En Perú, un proyecto financiado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología contempla secuenciar 1.000 genomas de todas las regiones del país. "Esperamos tener generadas las secuencias de los genomas de un primer set de 120 muestras para fines de septiembre", informaron a Medscape en español Pablo Tsukayama, Ph.D., y Pedro Romero, Ph.D., investigadores y docentes en la Facultad de Ciencias y Filosofía de la Universidad Peruana Cayetano Heredia, en Lima. Un análisis anterior de 64 muestras realizado por el Instituto Nacional de Salud identificó varios sublinajes circulando en la población, "lo que probablemente refleja varios eventos independientes de introducción en Perú a fines de febrero e inicios de marzo de 2020", señalaron.

Un documento técnico de la OPS señala que se necesita más información genética sobre los virus COVID-19 circulantes en la región "para establecer patrones de dispersión y evolución".[6] Y ofrece a los países los servicios de dos laboratorios de secuenciación en Brasil y Chile, pertenecientes a la Red Regional de Vigilancia Genómica de COVID-19.

El monitoreo de la evolución genética de los virus cobra importancia en la medida que los expertos anticipan un incremento en la circulación y en las posibilidades de nuevas mutaciones, mientras se aguarda la introducción de las primeras vacunas para fines de 2020 o comienzos de 2021. 

"Este virus estará con nosotros por algún tiempo. Sin una vacuna, estará con nosotros durante años. Esta no será una guerra que ganaremos en una sola batalla, sino que serán muchas las batallas que deberemos librar", señaló este martes 25 la Dra. Carissa Etienne, directora de la OPS, quien remarcó que en demasiadas partes de la región parece haber una "desconexión" entre la gradual reapertura de la economía y lo que dicen las curvas epidemiológicas. Y añadió que los países deben mantenerse atentos y ampliar las pruebas y la vigilancia para "detectar mejor los picos en el número de casos y actuar rápidamente para contenerlos antes de que se descontrole la situación".

Al 24 de agosto, se han registrado más de 12,5 millones de casos y casi 450.000 muertes por COVID-19 en las Américas. Y Estados Unidos, Brasil, Colombia, Perú, Argentina y México se mantienen entre los diez países con mayor número de casos a nivel mundial, señaló la Dra. Etienne.

Los doctores Tsukayama y Romero declararon no tener conflictos de interés económico pertinentes.

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