Mini-examen clínico: Manejo de la esclerosis múltiple remitente-recurrente

Dr. Christopher Luzzio

Conflictos de interés

18 de septiembre de 2020

En 1993 el interferón beta-1b fue el primer fármaco aprobado por la FDA para tratar la esclerosis múltiple remitente-recurrente. Reduce la frecuencia de exacerbaciones clínicas y, por tanto, está indicado para tratar la esclerosis múltiple con recaídas. Las reacciones adversas comunes del interferón beta-1b son depresión, síntomas gripales, aumento de las enzimas hepáticas, reacciones en la zona de inyección, y leucopenia.

Los tratamientos modificadores de la enfermedad han demostrado efectos beneficiosos en pacientes que presentan esclerosis múltiple con recaídas, tales como disminución de la frecuencia y la gravedad de las crisis sintomáticas.[1] Estos fármacos parecen lentificar la progresión de la discapacidad y reducir la acumulación de lesiones en el cerebro y la médula espinal. En la actualidad, los fármacos modificadores de enfermedad para la esclerosis múltiple aprobados por la FDA son los siguientes:

  • Interferones (por ejemplo, interferón beta-1a, interferón beta-1b, peginterferón beta-1a).

  • Moduladores de receptor de esfingosina-1-fosfato (por ejemplo, siponimod, fingolimod, ozanimod).

  • Anticuerpos monoclonales (por ejemplo, natalizumab, alemtuzumab, ocrelizumab).

  • Inmunomoduladores diversos (por ejemplo, acetato de glatirámero, mitoxantrona, teriflunomida, dimetilfumarato, monometilfumarato, cladribina).

Fingolimod, siponimod, ozanimod, cladribina, teriflunomida, dimetilfumarato y monometilfumarato se administran por vía oral; natalizumab, ocrelizumab y mitoxantrona mediante infusión intravenosa; interferón beta-1a por vía intramuscular; e interferón beta-1a, interferón beta-1b y acetato de glatirámero mediante inyección subcutánea.

En enero de 2013 la FDA aprobó un autoinyector de un solo uso para la autoinyección de interferón beta-1a.

Al elegir los fármacos modificadores de enfermedad para la esclerosis múltiple hay que valorar modo de vida del paciente, tolerancia y efectos adversos de las inyecciones.

En un estudio de casos y controles de la cohorte longitudinal MSBase se encontró que pacientes con esclerosis múltiple que estaban bien controlados con fármacos inyectables, pero que cambiaban a tratamientos orales, no tenían más riesgo de recaída temprana.[2] Este es el primer estudio en que se compara la probabilidad de recaída temprana en el periodo inmediatamente subsiguiente al cambio al tratamiento oral en una población previamente estable con tratamiento inyectable.

Los resultados demostraron que no había diferencias en la tasa de la primera recaída o en la progresión de la discapacidad en el curso de los primeros 6 meses.

Para más información sobre tratamiento y manejo asistencial de la esclerosis múltiple, lea aquí.

Comentario

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