COMENTARIO

Cuidados del paciente con demencia durante la pandemia por la COVID-19

Dra. Zaira Medina López

Conflictos de interés

4 de agosto de 2020

Nota de la editora: Encuentre las últimas noticias y orientación acerca de la COVID-19 en el Centro de información sobre el coronavirus (SARS-CoV-2).

El texto ha sido modificado para su mejor comprensión.

Hola, soy la Dra. Zaira Medina, y el día de hoy les hablaré sobre algunos aspectos importantes en cuanto al cuidado durante esta pandemia, de las personas que viven con demencia.

Sabemos que la COVID-19 tiene efectos psicológicos importantes en la salud mental. En primer lugar, por la posible invasión al sistema nervioso central o la respuesta inflamatoria que desencadena a ese nivel; en segundo lugar, por la ansiedad relacionada con el miedo a contraer la enfermedad, los efectos directos del confinamiento, y la infodemia, es decir, la gran cantidad de información disponible a través de redes sociales, que causa confusión y mayor ansiedad entre la población.

A esto se agregan la ausencia de un tratamiento específico antiviral o vacuna contra COVID-19 y el colapso del sistema sanitario, que seguramente generan ansiedad, miedo e incertidumbre en las personas.[1]

Existen grupos vulnerables, como los integrados por individuos con enfermedades mentales preexistentes (como demencia) que pueden ser susceptibles de efectos aún más graves en su salud debido a factores que incluyen aislamiento, exacerbación de la soledad y dependencia de otras personas para su cuidado. Por ello analizaremos con mayor detalle algunas situaciones que deben tomarse en cuenta durante esta pandemia para el cuidado de personas con demencia.[2]

  1. Es poco probable que quienes padecen demencia soliciten atención médica oportuna, porque podrían considerar que "no la necesitan"; podrían no estar conscientes de sus síntomas, o incluso tener cuadros atípicos de la COVID-19 que retrasen su diagnóstico.

  2. Las personas con demencia tienen mayor riesgo de contagio porque es difícil que lleven las recomendaciones de higiene de forma rigurosa, y algunas incluso pueden tener síntomas conductuales que les impidan llevar de forma adecuada el aislamiento social. Por otro lado, la edad es el principal factor de riesgo para desarrollar formas graves de COVID-19, al igual que la demencia, y con ello la coexistencia de enfermedades cardiovasculares que incrementan el riesgo de muerte en caso de contraer el contagio.

  3. El hecho de dar prioridad a la atención de COVID-19 causa retraso en la atención de pacientes con otros padecimientos, incluyendo enfermedad de Alzheimer y otras demencias. De igual forma, el abastecimiento de insumos médicos, como sillas de ruedas, bastones, camas, o colchones especiales para su cuidado, podría verse afectado por la disminución del número de trabajadores de algunas empresas, en relación con la pandemia.

  4. En las últimas décadas la enfermedad de Alzheimer y otras demencias han sido objeto de investigación muy activa en búsqueda de tratamiento modificador de la evolución de la enfermedad; ante la actual pandemia es muy posible que se modifique la investigación clínica de forma sin precedente, por interrupción de muchos estudios que ya se estaban llevando a cabo, y por otro lado, la presencia de la COVID-19 podría generar la adopción de modelos innovadores de investigación, sobre todo en cuanto al reclutamiento y evaluación de los pacientes con demencia.

Algunas estrategias planteadas para disminuir el impacto de la pandemia en las personas con demencia incluyen:[3]

  • Educación acerca de las consecuencias psicológicas: las infecciones pueden causar amplio rango de alteraciones de conducta en personas con demencia, incluyendo insomnio, crisis de pánico, ansiedad, alucinaciones, e incluso psicosis.

  • Promover conductas saludables: esta recomendación va dirigida al público en general y también es aplicable a personas con deterioro cognitivo leve o aquellas que conservan cierto grado de funcionalidad; mantener las actividades seguras en un ambiente agradable puede ser de utilidad.

  • Integración de un psiquiatra o médico calificado en el tratamiento de demencia al cuidado de los pacientes, con la finalidad de identificar de forma temprana los efectos conductuales de la pandemia.

  • Autocuidado de los cuidadores primarios: ansiedad crónica, culpa, aislamiento e insomnio pueden causar disfunción en los cuidadores, por ello las terapias de apoyo grupal y las recomendaciones sobre mantener alimentación saludable y horarios regulares de descanso, así como evitar información catastrófica acerca de la enfermedad, pueden ser benéficos.

Finalmente, es muy importante recordar que la violencia en masa y el pánico generado por la incertidumbre de una enfermedad pueden ser más dañinos que el virus por sí mismo. Todos podemos desempeñar un papel activo en el cuidado de nuestra salud mental.

Muchas gracias por su atención. Soy la Dra. Zaira Medina, para Medscape en español.

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