Enfermedades tropicales desatendidas: nuevos objetivos en tiempos de la COVID-19

Roxana Tabakman

Conflictos de interés

14 de julio de 2020

Nota de la editora: Encuentre las últimas noticias y orientación acerca de la COVID-19 en el Centro de información sobre el coronavirus (SARS-CoV-2).

Las enfermedades tropicales desatendidas constituyen un grupo de 20 patologías, entre las que se encuentran dengue, lepra, enfermedad de Chagas y leishmaniasis, que afectan en mayor medida a las comunidades más pobres y marginadas, con acceso muy limitado a los servicios de salud.

Desde hace 2 años la Organización Mundial de la Salud (OMS) se centra en establecer objetivos globales y sistemas para este grupo de patologías, por lo cual emitió la guía 2021-2030 de control, eliminación o erradicación de 20 enfermedades tropicales desatendidas. Es preciso hacer cambios, porque la lucha contra estas enfermedades es todavía más relevante debido a la crisis sanitaria provocada por la COVID-19.

La publicación del documento definitivo elaborado por los países miembros de la OMS estaba prevista para mayo, pero se pospuso para noviembre de 2020. Hace varias semanas la OMS inició una serie de reuniones por videoconferencia, a fin de analizar las modificaciones esenciales para alcanzar estos objetivos. Con 1.300 participantes el primer seminario por videoconferenciaglobal para discutir el futuro de las enfermedades tropicales, no tuvo representación latinoamericana.

Javier Sancho, coordinador de la Coalición Global contra la Enfermedad de Chagas, declaró a Medscape: "Normalmente el foco de atención de las organizaciones internacionales está en África, probablemente porque creen que los sistemas de salud de Latinoamérica son más sólidos y tienen más recursos".[1] Sancho forma parte del grupo de apoyo para la redacción de la guía 2021-2030 de enfermedades tropicales desatendidas.

"En África estamos cerca de eliminar la enfermedad del sueño pero en Latinoamérica la enfermedad tropical desatendida que causa más morbilidad y mortalidad es la enfermedad de Chagas y nos encontramos muy lejos de este objetivo. La enfermedad de Chagas es ‘la más desatendida de las enfermedades desatendidas’. Hasta los propios sistemas de salud y la población afectada desatienden esta enfermedad. Si quienes la sufren no levantan la voz y no tienen influencia es más difícil que sean escuchados".

Evitar más daños

El punto de partida de la reunión virtual Why We Need the NTD Road Map Now, More Than Ever (¿Por qué necesitamos ahora más que nunca la guía 2021-2030 de las enfermedades tropicales desatendidas?) fue el convencimiento de que el impacto de la COVID-19 va a durar años y, por tanto, es necesario un plan estratégico nuevo para adaptar los programas principales destinados a las poblaciones más vulnerables.

El Dr. Sabin Nsanzimana, médico en Ruanda, expuso algunos ejemplos de las dificultades para afrontar la COVID-19 sin provocar más daños. "Por lo general, para trabajar nos reunimos en persona y eso es justo lo que no podemos hacer ahora. Debemos adaptarnos y por eso hicimos cambios, como distribuir mosquiteros contra la malaria de casa en casa y suministrar fármacos contra el virus de inmunodeficiencia humana para un periodo más prolongado. Sin embargo, otros cambios no son tan sencillos. Por ejemplo, trabajamos con los colegios como plataformas educativas, pero ahora están cerrados: ¿cómo mantener este servicio de salud en los colegios virtuales?".

El Dr. Sabin se mostró a favor de un sistema descentralizado, más flexible y adaptable. "No sabemos cuándo ocurrirá la próxima pandemia", advirtió. Medscape tuvo acceso a un video preparado para dicha reunión (que finalmente no se emitió), en el que el Dr. Mauricio Vera, médico del Plan Colombiano contra la leishmaniasis y la enfermedad de Chagas, explica las nuevas dificultades derivadas de la pandemia.

El contenido incluía dificultades de acceso a poblaciones rurales y remotas, riesgo de disminución del éxito del programa de control de transmisión por vectores, reducción del presupuesto por reorientación a la respuesta a la pandemia, interrupción de los programas de cribado de los niños en los colegios, imposibilidad de reunión con líderes comunitarios y disminución de la capacidad para proporcionar asistencia médica (tanto para tratar casos agudos como para seguimiento de pacientes crónicos o que ya estaban en tratamiento por estas enfermedades). El Dr. Vera dijo que en general la pandemia ha disminuido el acceso al diagnóstico y al tratamiento.

Añadió: "Está afectando al plan de intervención contra la enfermedad de Chagas, que es un ejemplo para el sostenimiento de otras intervenciones, y corremos el riesgo de perder todo lo ganado en los últimos 10 años".

Objetivos nuevos

La Dra. Mwelecele Ntuli Malecela, Ph. D., directora del Departamento de Control de Enfermedades Tropicales Desatendidas de la OMS, centró su exposición en el borrador de la nueva guía 2021-2030 de enfermedades tropicales desatendidas que presenta modificaciones importantes respecto a la versión previa publicada en 2012.

El texto nuevo se aparta de los programas de enfermedad única para apoyar programas integrales de prevención, diagnóstico y tratamiento de las enfermedades tropicales desatendidas como parte de la cobertura universal de salud. Los programas previos "por enfermedades" tenían poca relación entre sí, pero el borrador del documento nuevo incluye tablas con grupos de enfermedades que permiten intervenciones conjuntas, como la búsqueda de probables enfermos y contactos, el control de los vectores y, todavía más global, el refuerzo de los sistemas de salud. También cambia la orientación previa que medía el éxito en función del número de intervenciones para medirlo en función del efecto de las intervenciones en la salud pública. La Dra. Mwelecele resumió: "lo que se mide, se hace".

Otro cambio relevante está relacionado con los recursos y la orientación de los programas. En el modelo nuevo serán los gobiernos regionales y locales los que deberán dirigir los trabajos para definir las agendas y alcanzar sus objetivos con financiación, parcial o total, de fondos nacionales. El documento indica que el apoyo de los colaboradores se destinará a cubrir deficiencias, aumentar la capacidad y ayudar a conseguir los objetivos. Es decir, pasar de una agenda externa con apoyo de colaboradores y donadores a planes integrados en los presupuestos nacionales, con participación de estos para superar algunos retos.

En opinión de Sancho lo más importante para Latinoamérica es reconocer que los programas verticales no funcionan. "Ahora sabemos que la enfermedad de Chagas debe integrarse en la asistencia sanitaria normal y la Organización Panamericana de Salud ya avanzó en este sentido. Por tanto, si estuvieran integradas en los programas de salud dejaríamos de hablar de enfermedades desatendidas. El lado negativo es que se trata de un plan sin financiación concreta que obliga a buscarla durante la emergencia sanitaria de la COVID-19, que ha concentrado muchos recursos humanos y económicos".

Avances escasos

La primera guía de prevención y control de las enfermedades tropicales desatendidas se publicó en 2012. En comparación con 2010, en la actualidad 40 países, territorios y áreas han eliminado como mínimo una enfermedad incluida en esa lista y la OMS calcula que en el mundo hay 500 millones de personas con necesidad de intervenciones contra varias de estas enfermedades.

Un ejemplo es la dracunculosis (también conocida como enfermedad del gusano de Guinea) que está en vías de erradicación. Por otra parte, se ha eliminado el tracoma en nueve países  en el mundo, cuatro de los cuales están en el continente americano (en el 2013, Colombia se convirtió en el primer país del mundo en recibir la verificación de la eliminación de la oncocercosis por parte de la OMS, seguido de Ecuador en 2014, México en 2015 y Guatemala en 2016).

La mayoría de los países endémicos ha logrado eliminar la lepra como problema de salud pública, definido como menos de 1 caso por 10.000 habitantes. El número global de casos ha bajado una media de 1% desde 2010. El objetivo en la lepra no es la erradicación sino la eliminación (interrupción de la transmisión), un logro que cumplen 50 países, pero la intención es llegar a 120 países en 2030.

Ningún país ha logrado eliminar la leishmaniasis visceral como problema de salud pública (definido como una tasa de mortalidad < 1% por caso de leishmaniosis visceral primaria). Se espera que en 2023 lo consigan 32 países, 56 en 2025 y 64 en 2030.

Respecto al dengue, el objetivo para 2030 es "controlar" la enfermedad, disminuyendo la mortalidad a cero. El objetivo debe lograrse de manera paulatina: de 0,8% actual a 0,5% en 2023 y continuar bajando hasta 0% al final del periodo.

En la enfermedad de Chagas el objetivo es la "eliminación como problema de salud pública" con interrupción de las cuatro vías de transmisión (vector, transfusión, trasplante y congénita) y cobertura del tratamiento antiparasitario para 75% de la población objetivo, metas que hasta ahora no ha alcanzado ningún país. La intención es que cuatro países (10%) alcancen estos logros en 2023, 10 (20%) en 2025 y 15 (37%) en 2030.

Hasta 2030 la OMS va a intentar interrumpir la transmisión de la lepra y de la oncocercosis, conseguir que la enfermedad de Chagas, la leishmaniasis, la rabia y la esquistosomiasis dejen de ser problemas de salud pública y controlar el dengue, el chikungunya, la rabia y el envenenamiento por picadura de cobra. Son retos enormes que exigen mucha creatividad en un planeta que ahora solo tiene ojos para la COVID-19.

En la última década se han seguido distintos caminos. Un número creciente de gobiernos ha contribuido a la financiación interna para combatir estas enfermedades.

Además de estrategias, orientaciones y acuerdos, ha habido enfoques farmacológicos novedosos, pruebas diagnósticas nuevas y sistemas innovadores de control de vectores (como el uso de bacterias que impiden el desarrollo de los huevos de los mosquitos). Sigue siendo necesario reforzar algunos aspectos, como los mensajes de innovación, pero será difícil aumentar la implicación de todos los países.

Sancho propone una vía para Latinoamérica: "Los medios de comunicación deben aumentar la cobertura de estos problemas de salud y no centrarse solo en las emergencias. Y la población debe presionar más y con insistencia para que al acceso a la salud sea un derecho fundamental".

Sancho ha declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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