COMENTARIO

¿Se convertirá México en el nuevo epicentro de COVID-19?

Dra. Armelle Pérez-Cortés Villalobos

Conflictos de interés

30 de junio de 2020

Nota de la editora: Encuentre las últimas noticias y orientación acerca de la COVID-19 en el Centro de información sobre el coronavirus (SARS-CoV-2)

El 28 de febrero de 2020 se confirmó el primer caso de COVID-19 en México y muchas cosas han cambiado desde entonces. Al 30 de junio se han informado 226.089 casos confirmados y 27.769 fallecimientos causados por esta enfermedad.

El número de casos nuevos sigue en ascenso, mientras parte del país se mantiene en aislamiento social y las instituciones de salud continúan trabajando a su máxima capacidad desde hace semanas. Es momento de reflexionar qué cambios se pueden implementar para disminuir el número de nuevos casos.

Aumentar el número de pruebas diagnósticas de SARS-CoV-2

Hemos escuchado previamente que el número de pruebas realizadas en México han sido motivo de preocupación. Sabemos que no hay ningún país que conozca el número total de personas infectadas por COVID-19, solo conocemos el estado de infección en quienes se realizó la prueba; todos aquellos que sean positivos se consideran casos confirmados, por lo que sin hacer pruebas no hay datos epidemiológicos. Realizar pruebas diagnósticas es nuestra ventana hacia el entendimiento de la pandemia; sin ellas desconocemos su verdadera prevalencia, sus formas de dispersión y, sobre todo, no tenemos forma de medir el impacto de nuestras intervenciones.

Para poder interpretar la epidemiología de los casos confirmados de COVID-19 debemos saber cuántas pruebas realiza un país, específicamente, cuántas pruebas diagnósticas está haciendo México.

Hasta el 18 de junio México realizaba 1,67 pruebas diagnósticas de SARS-CoV-2 por cada caso confirmado, cifra extraordinariamente baja, en comparación con naciones como Australia, que ha realizado 1.708 pruebas por cada caso confirmado.[1]

En relación con otros países de Latinoamérica, el número de pruebas efectuadas también es considerablemente bajo. Cuba: 239 pruebas por cada caso confirmado y Paraguay: 88 pruebas por cada caso confirmado. La Organización Mundial de la Salud ha recomendado que se realicen entre 10 y 30 pruebas por cada caso confirmado, lo cual se puede utilizar como punto de referencia de que se llevan a cabo suficientes pruebas diagnósticas.

México ha tenido un preocupante descenso en el número de pruebas realizadas per capita, disminuyendo a -9% del 13 al 21 de junio, lo que indica que nuestro porcentaje de positividad está alrededor de 50%, cuando países como Corea del Sur han tenido un porcentaje de positividad de 2%. El porcentaje de positividad es un indicador relevante ya que muestra de forma indirecta la relativa falta de pruebas y preocupa que casi la mitad de las pruebas realizadas en México sea positiva.[2]

¿Cuál es la relevancia de hacer más pruebas diagnósticas?

Realizar pruebas diagnósticas ofrece la principal ventaja de evitar la cadena de transmisión, detectar nuevos casos y poder aislarlos.

Sabemos que esta pandemia se caracteriza por un importante número de pacientes asintomáticos que podrían transmitir la enfermedad sin presentar ningún síntoma; su detección por medio de pruebas diagnósticas favorecería el aislamiento de estos pacientes y el entendimiento de su evolución clínica y potencial de transmitir la enfermedad.[3]

La mayor utilidad de las pruebas diagnósticas para el manejo de COVID-19 es a través de la estrategia conocida como TTT (testing, tracking, tracing), que se podría traducir como "hacer pruebas, dar seguimiento y rastreo".[4] Esta prometedora estrategia podría permitir a corto plazo mantener una epidemia bajo control sin tener que aplicar confinamiento masivo de personas y detener la vida social y económica.

La estrategia de "hacer pruebas, dar seguimiento y rastreo" se ha utilizado para controlar otras epidemias en el pasado, como en el síndrome respiratorio agudo grave (SARS), el síndrome respiratorio del Medio Oriente (MERS) y el ébola.[4] En la pandemia de COVID-19 algunos países, como Singapur, han implementado exitosamente dicha estrategia, aunque sin duda Corea del Sur es un ejemplo para el resto del mundo en su implementación.

Corea del Sur utilizó infraestructura sólida para la producción masiva de pruebas diagnósticas, distribución masiva de estas y posibilidad de su análisis en laboratorios. Se recurrió a métodos innovadores de toma de muestras: dentro de los automóviles de las personas, en cabinas telefónicas y también se instalaron más de 600 centros de toma de muestras en el país.

Una vez que tenían un resultado positivo se ponían en contacto con el paciente y se le daban indicaciones de mantenerse en aislamiento obligatorio. Asimismo, los pacientes descargaban una aplicación en su teléfono, la cual alertaba si alguien rompía el aislamiento social y se le multaba en caso de hacerlo; además el gobierno apoyaba económicamente a aquellos que debían ser aislados.

Por último, hacía un estudio de los posibles contactos, localizando los sitios donde había estado el enfermo a través de su teléfono celular o por medio de cámaras instaladas en espacios públicos. También se buscaron contactos al seguir las transacciones de las tarjetas de crédito del enfermo dónde había realizado compras, dando seguimiento a quienes estaban en el mismo lugar.

Con esta exitosa estrategia fundamentada en la realización de pruebas diagnósticas masivas, Corea del Sur controló la dispersión del virus.

Encontrar un equilibrio al momento de levantar el confinamiento

Para evitar picos violentos de nuevos casos y no saturar los servicios de salud se ha sugerido dentro del país que las personas se mantengan en aislamiento en sus casas, ya que de esta manera se suprime el número de contagiados hasta que se cuente con una vacuna o con fármacos efectivos contra SARS-CoV-2. La gran interrogante radica en cómo manejar el levantamiento de estas restricciones y cómo regresar a la normalidad, a una vida social y económica que coexista con el virus. Si se levantan las restricciones espontáneamente, la tasa de infecciones aumentará en las semanas posteriores.[5]

México ha creado un sistema llamado semáforo de riesgo epidemiológico, el cual es un sistema de monitoreo para la regulación del uso del espacio público, de acuerdo con el riesgo de contagio de COVID-19. El semáforo es una herramienta aplicada regionalmente y se compone de 4 colores (rojo, naranja, amarillo y verde); dependiendo de diferentes variables y parámetros que identifican la magnitud del riesgo, se define regionalmente un color y, de esa manera, se identifican las actividades económicas y sociales que se pueden realizar.

Lo más importante consiste en los parámetros que se toman en cuenta para decidir el cambio del color del semáforo, para lo cual la Organización Mundial de la Salud recomienda 6 criterios para que los países afectados consideren levantar las restricciones:

1. Que la transmisión esté controlada.

2. Que las capacidades del sistema de salud sean adecuadas para detectar, probar, aislar y tratar cada caso, y rastrear cada contacto.

3. Minimización de los riesgos de brote en entornos especiales, como centros de salud y hogares de adultos de edad avanzada.

4. Existencia de medidas preventivas en los lugares de trabajo, las escuelas y otros entornos donde es esencial que la gente acuda.

5. Manejo y abordaje de los riesgos de importación de casos.

6. Que las comunidades estén totalmente educadas, comprometidas y capacitadas para ajustarse a la nueva normalidad.

Estos puntos deben ser considerados para tomar la difícil decisión de cambiar el color del semáforo, ya que un levantamiento demasiado rápido del confinamiento podría conducir a un grave rebrote de COVID-19, lo cual ya se ha evidenciado en diferentes ciudades alrededor del mundo.[6]

Educación de la población

En este momento es fundamental dar prioridad a la realización de campañas de educación a la población, para que conozca de forma clara y concreta cómo se adquiere el virus SARS-CoV-2, y la manera de protegerse. En múltiples imágenes alrededor del país hemos visto la misma escena repitiéndose: ciudadanos utilizando de forma inadecuada los insumos de protección, específicamente, el cubrebocas, o no aplicando ninguna medida preventiva.

En un metanálisis recientemente se evidenció que mantener distancia física de las personas (al menos un metro), el uso de protección en los ojos y el uso de cubrebocas, disminuyen la transmisión de SARS-CoV-2.[7]

Por tanto, es importante invertir en educar a la población, enseñar la técnica correcta de lavado de manos, y ofrecer alternativas a la higiene de manos en regiones rurales donde hay escasez de agua, realizar sugerencias para la adecuada limpieza de superficies, y cómo mantener limpios espacios comunes y de trabajo.

Colocar indicadores y marcas dentro de locales, tiendas y otros servicios esenciales, para que quede clara la distancia que debe haber entre personas, y la implementación del uso de cubrebocas universal en zonas en donde no se puede mantener la sana distancia, etc. Como país, la educación de la población en estas medidas de higiene es la mejor inversión que podemos hacer.

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