Sedentarismo y riesgo de muerte por cáncer; ayuda moverse incluso poco

Laird Harrison

Conflictos de interés

29 de junio de 2020

Ser sedentario se asoció a incremento considerable del riesgo de muerte por cáncer, pero incluso el ejercicio muy leve, como una corta caminata diaria, puede ayudar, señalan investigadores que informaron datos de una cohorte de personas que utilizaron acelerómetros.[1]

El estudio fue publicado el 18 de junio en la versión electrónica de JAMA Oncology.

El hallazgo ofrece esperanzas a personas que no pueden realizar actividades más vigorosas, como correr o practicar ciclismo, comentó la autora principal, Dra. Susan Gilchrist, profesora adjunta de prevención de cáncer clínico y cardiología de la University of Texas, en Houston, Estados Unidos.

"Proporciona a las personas algunas metas realistas de lo que pueden hacer por sí mismas", señaló la Dra. Gilchrist a Medscape Noticias Médicas.

Algunos estudios previos han encontrado relación entre la actividad sedentaria y la mortalidad por cáncer, pero otros no han demostrado ninguna asociación. Todos se han basado en autoinformes de los participantes para determinar su propia actividad, pero la mayoría de las personas subestima cuánto tiempo pasa sentada, comentó. Asimismo, los investigadores han tenido dificultades para distinguir entre los beneficios del ejercicio y el daño de la inmovilidad, destacó la Dra. Gilchrist.

Para superar estas limitaciones, su equipo analizó datos de una cohorte de 8.002 personas que eran parte del estudio REGARDS (Reasons for Geographic and Racial Differences in Stroke), y que utilizaron acelerómetros. REGARDS es un estudio nacional de factores de riesgo para ictus. Incluyó a 30.239 adultos estadounidenses de raza negra, y caucásicos mayores de 44 años que fueron reclutados entre 2003 y 2007.

Un grupo de participantes se adaptó acelerómetros en la cadera durante horas de vigilia por 7 días consecutivos. La media de edad de estos participantes fue de 69,8 años, y 45,8% de ellos era de género masculino. Ninguno se trató de cáncer al inicio.

Los investigadores de REGARDS obtuvieron los datos de los acelerómetros durante los periodos de 2009 a 2012. La media del periodo de seguimiento fue de 5,3 años. Durante ese periodo 268 participantes fallecieron por cáncer.

El equipo comunicó que estos participantes que murieron por cáncer habían pasado más minutos por día en sedentarismo; fueron sedentarios por periodos más prolongados de continuo, y llevaron a cabo menos actividad física de intensidad leve, y actividad física de intensidad moderada a vigorosa.

La actividad física de intensidad leve por lo general incluye actividades como trabajo doméstico ligero, compras, cocina y jardinería fácil; la actividad física de intensidad moderada a vigorosa comprende una amplia variedad de actividades más extenuantes, tales como marcha acelerada, correr, bailar, y cavar zanjas.

Los investigadores observaron que los participantes que fueron sedentarios más tiempo tuvieron 82% más probabilidades de morir por cáncer (hazard ratio [HR]: 1,82; intervalo de confianza de 95% [IC 95%]: 1,27 - 2,60).

Los investigadores realizaron el ajuste con respecto a edad, raza, género, región de residencia, nivel educativo, estación en que se utilizó el acelerómetro, tabaquismo activo, consumo de alcohol, índice de masa corporal, diabetes, hipertensión, dislipidemia, antecedente de cardiopatía isquémica, antecedente de ictus, y actividad física de intensidad moderada a vigorosa. Aun después de estos ajustes observaron que las personas más sedentarias tenían 52% más probabilidades de morir por cáncer (HR: 1,52; IC 95%: 1,02 - 2,27).

Las personas que fueron sedentarias durante periodos más prolongados también tuvieron 61% más probabilidades de morir por cáncer (HR: 1,61; IC 95%: 1,16 - 2,24), pero después de que los investigadores hicieron el ajuste con respecto a los demás factores, el aumento del riesgo ya no fue estadísticamente significativo (HR: 1,36; IC 95%: 0,96 - 1,93).

Por cada hora que los participantes tuvieron tiempo sedentario, su riesgo de morir por cáncer aumentó 16% (HR: 1,16; IC 95%: 1,03 - 1,31).

Por otra parte, sustituir 30 minutos de tiempo sedentario con 30 minutos de actividad física de intensidad moderada a vigorosa al día redujo el riesgo de muerte por cáncer 31% (HR: 0,69; IC 95%: 0,48 - 0,97).

Treinta minutos de actividad física de intensidad leve por día redujo el riesgo 8% (HR: 0,92; IC 95%: 0,86 - 0,97).

"Lo que me sorprendió fue que la actividad ligera fue significativa. Pensaba que se tendría que reemplazar la actividad sedentaria con la actividad moderada a vigorosa", indicó la Dra. Gilchrist.

Esta clase de asociación detallada habría sido difícil de descubrir con datos autonotificados. Es una buena noticia para las personas con modo de vida sedentaria, y para los médicos que tratan de ayudarlas, añadió.

La Dra. Gilchrist trabaja con pacientes a quienes se les dificulta el ejercicio en su mejor momento, y que han dejado de hacerlo desde que la pandemia de COVID-19 ha vuelto más peligrosas las actividades de grupo y los gimnasios. "Desplacémonos por toda la casa durante 10 minutos. Vayamos al buzón y volvamos", les indica.

Reconoció varias limitaciones del estudio. Una de las más importantes es que los pacientes se adaptaron los acelerómetros a la cadera, de manera que los dispositivos no podían detectar diferencias entre la posición sedente y la de pie y, por tanto, no capturarían actividades, como lavar platos.

Aunque solo un estudio clínico podría demostrar causa y efecto, este estudio hizo una contribución importante, pues proporcionó mediciones objetivas y abarcó 13 años, señaló Nigel Brockton, Ph. D., vicepresidente de investigación en el American Institute for Cancer Research, en Washington, Estados Unidos.

"Esto ayuda con los mensajes. Por consiguiente, muchas personas están utilizando dispositivos portables para cuantificar su propia actividad", agregó.

Es importante que la asociación entre la actividad física y la mortalidad por cáncer en este estudio fuera independiente del índice de masa corporal, señaló Brockton. Aunque todavía no está claro cómo el ejercicio podría reducir el cáncer, los datos hasta ahora apuntan a los efectos sobre el metabolismo en la inflamación.

En la siguiente fase de su investigación, la Dra. Gilchrist espera concentrarse en los efectos de la actividad física sobre tipos específicos de cáncer. Esto podría ayudar a responder algunas de estas preguntas bioquímicas.

La Dra. Gilchrist ha fungido como consultor para Outcomes4Me. Brockton ha declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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