Brasil en una tormenta sanitaria y política ante un número creciente de casos de COVID-19

Una pandemia en mitad de un pandemonio

Mônica Tarantino

Conflictos de interés

15 de junio de 2020

En este contenido

3. Bajo número de pruebas.

El escaso número de pruebas realizadas para identificar el SARS-CoV-2 dificultó y sigue obstaculizando el dimensionamiento de la pandemia. Los datos oficiales indican que hasta el 26 de mayo se habían realizado 871.800 pruebas para el nuevo coronavirus; 460.100 pruebas de reacción en cadena de la polimerasa con transcriptasa inversa (identifican ARN vírico) en laboratorios públicos de referencia, y más de 411.700 en los cinco principales laboratorios privados del país (47% del total).

Algunos países, como Italia y Alemania, realizaron millones de pruebas, y China anunció que haría 6,6 millones de pruebas en la cuidad de Wuhan en 12 días para evaluar el riesgo de una segunda ola de COVID-19.

El ministerio reconoce que es poco.

El Dr. Eduardo Macário, nuevo secretario sustituto de Vigilância em Saúde do Ministério da Saúde, justificó que Brasil está consiguiendo llegar a un cierto nivel de evaluación mediante pruebas diagnósticas, y aunque todavía no es la cifra ideal ni la necesaria para el tamaño del país, es mucho mejor que la de los meses previos. En marzo se hacía una media de 8.000 pruebas por semana, y ahora es de 46.000.

El Dr. Vecina afirmó que "son cifras muy bajas comparadas con la media de otros países. Brasil podría estar mejor preparado para la pandemia desde el punto de vista de las pruebas diagnósticas, uno de los puntos débiles de esta crisis".

Las dificultades para adquirir pruebas diagnósticas y la dependencia extrema de materias primas externas que dificultan la producción nacional son algunas de las principales razones del escaso número de pruebas realizadas. Durante la pandemia, el país se enfrentó a las dificultades impuestas por la carencia de un sector industrial que garantizara el abastecimiento mínimo del mercado interno en una situación de emergencia de salud pública. Se vio obligado a importar reactivos para hacer las pruebas diagnósticas, respiradores artificiales, y equipos de protección individual.

La previsión es que hasta septiembre el gobierno reciba 10 millones de pruebas diagnósticas fabricadas en el país por la Fundaçao Oswaldo Cruz y el resto del lote de 13,9 millones de pruebas de reacción en cadena de la polimerasa con transcriptasa inversa compradas a empresas extranjeras, de las que ya se han recibido 4,7 millones. A estas cifras se suman las pruebas compradas por los gobiernos de los distintos estados, San Pablo, que adquirió 1,3 millones de pruebas.

Si todo transcurre como está previsto, se calcula que la media de pruebas diagnósticas llegará a 70.000 diarias. El Dr. Vecina advirtió que llegado ese momento, el problema será la capacidad para interpretar las pruebas. Hasta hace muy poco tiempo el país tenía aparatos mucho más lentos y con baja capacidad de automatización.

A finales de marzo, de las 1.200 pruebas que llegaban diariamente al laboratorio público de referencia del Instituto Adolfo Lutz, en San Pablo, solo se procesaban 400, lo que provocó una acumulación de casi 20.000 pruebas y un tiempo de espera de 2 semanas o más, p problema que afectó a toda la red de laboratorios públicos del país, obligando a los estados a buscar soluciones propias. Por ejemplo, el estado de San Pablo coordinó una red de 17 laboratorios integrados con los centros de referencia para recoger el material, la denominada plataforma Butantan. La previsión era procesar 8.000 pruebas diarias hasta abril.

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