La obesidad puede trasladar la COVID-19 grave a grupos etarios más jóvenes

Maureen Salamon

Conflictos de interés

10 de junio de 2020

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Cuanto más joven es un paciente con COVID-19 grave en la unidad de cuidados intensivos, tanto más obesidad tiende a presentar, de acuerdo con un nuevo análisis publicado en The Lancet.[1]

"Por sí sola la obesidad parece ser un factor de riesgo suficiente para que las personas jóvenes sean ingresadas en la unidad de cuidados intensivos", señaló el autor principal del estudio, Dr. David Kass, profesor de cardiología y medicina en la Johns Hopkins University School of Medicine, en Baltimore, Estados Unidos.

"En ese sentido el mensaje es simple: si una persona tiene mucho sobrepeso, que no piense que por tener 35 años va a estar más segura por COVID-19 grave que su madre, sus abuelos u otras personas en sus 60 o 70 años", señaló el Dr. Kass a Medscape Noticias Médicas.

Los hallazgos, que el Dr. Kass describe como una instantánea de dos semanas de 265 pacientes (58% de género masculino) a finales de marzo y principios de abril en algunos hospitales universitarios en Estados Unidos, respaldan los de otra investigación reciente que indica que la obesidad es uno de los principales factores de riesgo para COVID-19 grave, sobre todo entre pacientes más jóvenes. Además, un extenso estudio británico demostró que después del ajuste con respecto a trastornos concomitantes, la obesidad era un factor de riesgo significativo relacionado con muerte intrahospitalaria en pacientes con COVID-19.

Pero hasta el momento este análisis se destaca como la única serie de datos que específicamente responde a la interrogante en relación con la edad: si la COVID-19 grave se correlaciona con el tratamiento en la unidad de cuidados intensivos.

La media de edad de esta población de pacientes de la unidad de cuidados intensivos del estudio fue de 55 años, añadió el Dr. Kass, "y esta es una edad joven, no lo que esperábamos".

"Incluso con los primeros 20 pacientes ya veíamos personas más jóvenes y definitivamente más corpulentas, y muchos pacientes tenían un índice de masa corporal de 35 kg/m2. La relación fue muy estrecha, con gran rapidez", añadió.

Simplemente no supongan que cualquiera de nosotros somos demasiado jóvenes para ser vulnerables si, de hecho, esta es una característica de nuestros cuerpos, destacó.

El Dr. Steven Heymsfield, expresidente y portavoz de The Obesity Society, estuvo de acuerdo con las conclusiones del Dr. Kass.

"Algo que hemos considerado es que el prototipo de una persona con la enfermedad es de edad más avanzada. Pero ahora, si tenemos a un paciente que está sintomático, de 40 años y con obesidad, no deberíamos suponer que padezca alguna otra enfermedad", agregó el Dr. Heymsfield a Medscape Noticias Médicas.

"Deberíamos considerarlos como una población susceptible", puntualizó.

El Dr. Kass y sus colaboradores estuvieron de acuerdo. "Dirigir mensajes públicos a adultos más jóvenes, reducir el umbral para las pruebas del virus en individuos con obesidad, y mantener mayor vigilancia en esta población en riesgo, deberían reducir la prevalencia de COVID-19 grave entre las personas con obesidad", afirmaron.

"Creo que es un ajuste mental desde un punto de vista de la asistencia sanitaria, que con suerte podría ayudar a dirigir la atención a personas que tengan más riesgo antes de que se metan en problemas", comentó el Dr. Kass a Medscape Noticias Médicas.

Tres mecanismos explican los riesgos adicionales de la obesidad para COVID-19

El Dr. Kass y sus coautores informaron que al analizar sus datos preveían resultados similares a los del estudio más grande de 1.591 pacientes hospitalizados en las unidades de cuidados intensivos de Italia, de los cuales solo 203 eran menores de 51 años.[2] Los trastornos concomitantes comunes en estos pacientes eran hipertensión, enfermedades cardiovasculares, y diabetes de tipo 2, siendo similares los datos notificados en China.

Cuando la epidemia de COVID-19 se aceleró en Estados Unidos, la edad avanzada también se identificó como factor de riesgo. Todavía no se había añadido la obesidad a esto, señaló el Dr. Kass. Sin embargo, después de charlas informales con colegas de otras unidades de cuidados intensivos del país, decidió investigar más si este era un factor de riesgo subestimado.

El Dr. Kass y sus colaboradores hicieron una evaluación rápida del vínculo entre índice de masa corporal y edad de los pacientes con COVID-19 ingresados en las unidades de cuidados intensivos de Johns Hopkins, University of Cincinnati, New York University, University of Washington, Florida Health y University of Pennsylvania.

La correlación inversa significativa entre edad e índice de masa corporal mostró que pacientes más jóvenes ingresados en las unidades de cuidados intensivos tenían más probabilidades de padecer obesidad, sin ninguna diferencia según su género.

La mediana de índice de masa corporal de los participantes en el estudio era de 29,3 Kg/m2, y solo una cuarta parte tenía índice de masa corporal inferior a 26 kg/m2; otro 25% tuvo índice de masa corporal superior a 34,7 kg/m2.

El Dr. Kass reconoció que con esta única serie de datos no era posible explicar cualesquiera otros factores de confusión potenciales, pero manifestó a Medscape Noticias Médicas que "aun cuando la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y la hipertensión, por ejemplo, pueden presentarse con obesidad, esto en general ocurre menos en poblaciones más jóvenes, pues se necesita tiempo para que aparezcan otros trastornos concomitantes".

Agregó que varios mecanismos podrían explicar por qué la obesidad predispone a pacientes con COVID-19 a la enfermedad grave.

En primer lugar, la obesidad impone presión adicional al diafragma en la posición de decúbito supino, lo que restringe la respiración.

"La obesidad mórbida en sí es proinflamatoria", continuó.

"Aquí tenemos una infección vírica donde los primeros estudios indican que las tormentas de citocinas y el procesamiento inmunitario inadecuado del virus son los motivos de que sea mucho más grave que otras formas de coronavirus que hemos visto antes. Por tanto, si una persona tiene un estado proinflamatorio subyacente de por sí, esto podría ser un motivo para que aumente su riesgo".

Además, el receptor de enzima convertidora de angiotensina-2, al cual se une el virus SARS-CoV-2 causante de COVID-19, se expresa en mayor cantidad en el tejido adiposo que en los pulmones, señaló el Dr. Kass.

"Este podría convertirse en una especie de depósito de replicación viral. Bien se podría estar cultivando más virus como un componente de la obesidad", indicó.

Es necesaria la sensatez en los mensajes al público sobre los riesgos, pero hay que efectuar pruebas más pronto

Con una tasa de obesidad de casi 40% en Estados Unidos, los resultados son muy relevantes para sus ciudadanos, destacaron el Dr. Kass y el Dr. Heymsfield, señalando que el cinturón de obesidad del país se extiende hasta el sur.

El Dr. Heymsfield, quien no intervino en el nuevo análisis, señaló que los mensajes al público en torno a los riesgos de COVID-19 grave para adultos más jóvenes con obesidad son complicados, en especial porque el virus "todavía es muy común en personas sin obesidad".

El Dr. Kass estuvo de acuerdo, señalando que "es difícil dirigirse a 40% de la población y decir: 'Ustedes deben estar en guardia'".

Pero los hallazgos crecientes de la investigación exigen vincular la obesidad con COVID-19 grave y tal vez efectuar pruebas para el virus más pronto en esta categoría, antes de que se agraven los síntomas.

Y cabe hacer notar que, puesto que la disnea es común en personas con obesidad, independientemente de la enfermedad, síntomas similares a COVID-19 podrían tomar a estos individuos desprevenidos, puntualizó el Dr. Heymsfield, quien también es profesor en el Metabolism and Body Composition Lab en Pennington Biomedical Research Center en la Louisiana State University en Baton Rouge, Estados Unidos.

"Pueden tener literalmente incapacidad para respirar, y la inquietud sería que esperen demasiado para acudir a tratamiento", destacó. Por lo general las personas pueden deteriorarse entre los días 7 y 10 del curso de la COVID-19.

Individuos con obesidad "deben informarse para que reconozcan las complicaciones graves de COVID-19 que a menudo aparecen bruscamente, aunque el virus a veces haya estado abriéndose camino en el cuerpo por mucho tiempo", concluyó.

Los doctores Kass y Heymsfield han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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