COMENTARIO

Los niños, la actividad física y el confinamiento durante la pandemia

Dr. Jesús Hernández Tiscareño

Conflictos de interés

3 de junio de 2020

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La Organización Mundial de la Salud declaró a la COVID-19 como pandemia el 29 de enero; desde ese día hasta el 21 de mayo se habían reportado 4’864.881 casos a nivel global, con 321.818 decesos. En el transcurso de la pandemia la propagación mundial del virus ha desbordado los sistemas sanitarios provocando amplia perturbación social y económica. Además, en muchos países se han introducido medidas generalizadas de distanciamiento físico a nivel de la población y restricciones de movimiento para frenar la propagación y poner en marcha otras medidas de control.

Actividad en el confinamiento

Estas medidas, que a menudo se denominan confinamientos, tienen el objetivo de frenar la transmisión de la COVID‑19 al limitar el contacto entre personas. Sin embargo, pueden tener profundo impacto negativo en individuos, comunidades y sociedades al detener casi por completo la vida social y económica.

Dentro de estos métodos de prevención, la mayoría de los gobiernos del mundo ha cerrado temporalmente las instituciones educativas en un intento para evitar que el número de contagios crezca.

A nivel mundial, estos cierres afectan a más de 73% de la población de alumnos matriculados en 186 países. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura considera que aproximadamente 1.300 millones de estudiantes se encuentran sin asistir a la escuela en todo el mundo; en México se calcula que 37 millones de estudiantes de educación preescolar, primaria, secundaria, educación media superior, y superior, están siendo afectados con el cierre de escuelas, lo que provoca altos costos sociales y económicos.[1,2]

Este problema incluye a todas las comunidades, y las consecuencias son graves, particularmente para los niños desfavorecidos y sus familias. Las interrupciones en el tiempo de instrucción en el aula pueden tener un impacto severo en la capacidad de aprendizaje de un niño. Asimismo, la evidencia sugiere que cuando los menores no van a la escuela (por ejemplo, fines de semana y vacaciones de verano), son físicamente menos activos, tienen mucho más tiempo frente a la pantalla, patrones de sueño irregulares y dietas menos favorables, lo que resulta en aumento de peso y pérdida de la aptitud cardiorrespiratoria.[3]

La Organización Mundial de la Salud recomienda actividad física a los niños de 5 a 17 años, la cual consiste en juegos, deportes, desplazamientos, actividades recreativas, educación física o ejercicios programados en el contexto de la familia, la escuela o las actividades comunitarias.

Algunas recomendaciones para mejorar las funciones cardiorrespiratorias y musculares:

  • Los niños y jóvenes de 5 a 17 años deberían acumular un mínimo de 60 minutos diarios de actividad física moderada o vigorosa.

  • La actividad física por un tiempo superior a 60 minutos diarios reportará mayor beneficio para la salud.

  • La actividad física diaria debería ser, en su mayor parte, aeróbica, como mínimo tres veces por semana, actividades vigorosas que particularmente refuercen músculos y huesos.

Sin embargo, los niños que se encuentran en confinamiento en el hogar tendrán dificultad para alcanzar las pautas de movimiento, lo que pone en peligro no solo el bienestar mental y el estado de peso saludable de los jóvenes, sino que también aumenta el riesgo de establecer hábitos peligrosos, como mayor tiempo de pantalla, y refrigerios que pueden dañar la salud cardiovascular y musculoesquelética futura.

Recomendaciones sobre la actividad en la pandemia

Organizaciones en varios países han alertado sobre esta situación, por lo que se han formulado recomendaciones para promover un comportamiento adecuado durante el confinamiento.

Guan y sus colaboradores, miembros del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), publicaron un artículo en The Lancet el 29 abril para la promoción de comportamientos saludables entre los niños durante la pandemia de la COVID-19 en el cual emiten diversas recomendaciones:[4]

  • Padres y cuidadores: deben incorporar la actividad física en la rutina diaria de los niños (incluido el uso de medios electrónicos para facilitar la participación), y alentar a toda la familia a unirse mientras se adhieren a las regulaciones sobre distanciamiento físico y acceso a espacios al aire libre. 

    • Los periodos prolongados de sesión física se deben dividir cada 30 - 60 minutos.

    • Deben seguir las recomendaciones sedentarias de tiempo de pantalla recreativo y fomentar la visualización conjunta y las interacciones y experiencias sociales positivas. 

    • Para ayudar a los niños a dormir lo suficiente, mantener los horarios de cama y vigilia constantes, las pantallas fuera de la habitación donde duermen los niños, y evitar usarlas antes de acostarse.

  • Educadores y maestros: deben conocer y promover las pautas de comportamiento del movimiento, y aprovechar las oportunidades para incorporar mensajes, prácticas y políticas de movimiento saludables en las rutinas y lecciones diarias de la escuela en el hogar, por ejemplo, al programar lecciones en línea, limitar la sesión prolongada y fomentar cambios en la postura, como pararse, estirarse, o moverse regularmente en el lugar.

  • Profesionales de la salud: deben comprender y recomendar las pautas actuales a los padres, familiares y cuidadores, y reforzar su asociación positiva con la salud de los niños durante todas las visitas, incluidos los contactos remotos y la telemedicina.

  • Gobiernos: deberían promover comportamientos saludables de movimiento en los niños como parte de las estrategias de respuesta y mensajes públicos, así como involucrar a personas influyentes en la promoción de dichos mensajes.

  • Medios de comunicación: deben proporcionar mensajes regulares para promover la actividad física y romper periodos prolongados de estar sentado.

  • Niños: deben hablar y abogar por su derecho a una vida sana y activa, mientras observan cuidadosamente las restricciones de la pandemia. La formación de grupos de pares puede ayudar a mantener patrones de comportamiento de movimiento saludables.

Por otra parte, la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) publicó recomendaciones sobre alimentación, ocio, actividad física, higiene, sueño, y salud mental, para que los niños lleven mejor el confinamiento; en lo referente a la actividad física sugiere:[5]

  • Realizar tareas domésticas adaptadas a la edad del niño. Cuantas más oportunidades demos al niño de realizar una actividad de forma independiente, más fomentamos su autonomía, y si lo consigue, además fomentamos su autoestima. Proporcionan algunas ideas:

  • 2 - 5 años: ordenar su cuarto, recoger los platos, doblar la ropa sencilla, poner y quitar la mesa, regar las plantas.

  • 6 - 10 años: recoger la basura, preparar sencillos platos de cocina, doblar ropa, pasar aspiradora.

  • > 11 años: comenzar a planchar la ropa, limpiar el baño, costura, limpiar cristales.

  • Fomentar la actividad mediante el juego. Intentar crear un espacio amplio, incluso moviendo muebles, para evitar accidentes.

  • Con los más pequeños: jugar a la carretilla, saltos, hacer juegos escondiendo pruebas y premios, gallinita ciega, circuito de obstáculos, pompas de jabón, escondite, coreografías con sus canciones favoritas, estatuas musicales, voleibol con un globo, circuitos de coches, etcétera.

  • Con los mayores se pueden establecer rutinas de ejercicio. Deben seguir las recomendaciones de los profesores de educación física de la escuela (sentadillas, videojuegos interactivos, coreografías, simuladores de deportes), aprovechar la información gratuita de diversos profesionales de la actividad física y deporte que en estos últimos días están utilizando las redes sociales (Instagram, Pinterest) para hacer llegar a nuestros hogares pautas de ejercicio (esto les gusta mucho a los adolescentes).

En conclusión, acudir a la escuela de forma presencial en su conjunto desempeña un papel protector contra el inicio de resultados de salud desfavorables, como comportamientos que facilitan el sedentarismo y, por tanto, la obesidad, por lo que es importante como pediatras y médicos de primera atención, asesorar a los padres de los riesgos que implica el confinamiento en el hogar sobre la pautas de movimiento, estimulando la realización de actividad física.

Asimismo, es importante limitar el tiempo en uso de pantallas como televisión, internet y videojuegos, aunque en estos días podría ser más flexible con los horarios, sin descuidar la actividad física, estableciendo rutinas para llevar mejor el confinamiento.

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