La pandemia de COVID-19 creará problemas para la salud de los niños

Dra. Veronica Hackethal

Conflictos de interés

8 de mayo de 2020

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Aunque la prioridad número uno radica en controlar la propagación de COVID-19, los investigadores en salud pública están llamando la atención sobre las repercusiones que a largo plazo tiene la pandemia en la salud de los niños.[1]

Los cierres de escuelas notablemente podrían agravar la epidemia de obesidad infantil que ya amenaza a muchos niños en Estados Unidos, señalan Andrew G. Rundle, doctor en salud pública, y sus colaboradores de la Columbia University Mailman School of Public Health, en Nueva York, en una perspectiva publicada el 30 de marzo en la versión electrónica de Obesity. 

"En parte, escribimos el artículo de perspectiva para recordar a las personas que el aumento de peso no sano durante el verano parece acumularse año con año", indicó a Medscape Noticias Médicas.

Rundle y sus colaboradores estiman que el tiempo sin asistir a las escuelas se duplicará este año a causa del cierre de escuelas por COVID-19. Esto junto con las órdenes de quedarse en casa, planteará retos para las actividades físicas y la alimentación sana de los niños.

Asimismo, se han cerrado los parques infantiles en muchos lugares, e incluso donde estos se mantienen abiertos, el distanciamiento social disminuye las oportunidades para hacer ejercicio. Los deportes en equipo están suspendidos, y al suspenderse la educación física en las escuelas, muchos niños no tendrán los juegos activos en exteriores que son necesarios.

Esto aplica sobre todo a niños de zonas urbanas, a quienes les puede resultar más difícil hacer ejercicio dentro de apartamentos estrechos, añadieron.

En consecuencia, mayor número de niños puede recurrir a actividades sedentarias, y el aumento de tiempo ante pantalla va de la mano con el sobrepeso y la obesidad en la infancia, no solo por la falta de ejercicio, sino por el consumo de refrigerios y alimentos no sanos mientras se enfrascan en la pantalla.

"Esperábamos difundir información sobre este problema, dar algún aleccionamiento o recordatorio, y por lo menos hacer que las personas sepan que deben vigilar esto, entre muchas otras cosas", añadió Rundle.

Consumo excesivo de alimentos a causa de estrés y aburrimiento

La Dra. Jessica Sparks Lilley, directora del Programa Pediátrico de Diabetes y Lípidos en el Mississippi Center for Advanced Medicine en Madison, Estados Unidos, está de acuerdo en que es crucial abordar estos problemas.

"Al igual que los adultos, los niños comen en respuesta a emociones, tales como estrés y hastío; y los niveles de estrés son considerables en estos tiempos de incertidumbre", comentó a Medscape Noticias Médicas.

Aunque Randle y la Dra. Sparks Lilley reconocieron las dificultades de encontrar buenas soluciones en esta época, ofrecieron algunos consejos.

Las escuelas deben dar prioridad a la educación física y el ejercicio en el domicilio junto con otras enseñanzas a distancia. Los maestros de educación física podrían transmitir clases por internet a los niños en su domicilio.

Incluso el simple hecho de caminar en el parque mientras se mantiene el distanciamiento social podría ser mejor que nada, y un paseo con paso enérgico probablemente es mejor.

Dependiendo de la edad del niño, el yoga por internet también puede ser útil; aun cuando quema relativamente pocas calorías, incorpora ejercicios de atención plena (mindfulness) que pueden ser útiles.

"Considero que es importante centrarse en promover el consumo consciente de alimentos, en comparación con el consumo distraído. Incluso en las mejores circunstancias es difícil hacer suficiente ejercicio para quemar calorías de refrigerios con alta energía", agregó Rundle.

Factores estresantes adicionales por la pobreza: las escuelas pueden ayudar con comidas

Los niños de familias de escasos recursos, que ya son los más vulnerables a la obesidad y los problemas de salud relacionados, tienen factores estresantes adicionales, añadieron los dos expertos.

"A medida que más estadounidenses pierden sus trabajos, la pobreza se convierte en una verdadera amenaza para muchos niños que atiendo. Familias que viven en la pobreza a menudo dependen de alimentos procesados, ricos en calorías y bajos en nutrientes para sobrevivir, pues son económicos y de vida perdurable", añadió la Dra. Sparks Lilley.

Rundle y sus colaboradores estuvieron de acuerdo: "Nuestras propias experiencias en los supermercados muestran que anaqueles que tenían galletas, papas fritas, tallarines instantáneos, refrescos, cereales azucarados y alimentos procesados listos para comer, están completamente vacíos. Prevemos que muchos niños tendrán dietas más ricas en calorías durante la respuesta a la pandemia".

De modo similar a cómo abordan la inseguridad alimentaria durante las vacaciones de verano, los distritos escolares han respondido ofreciendo comidas preparadas, señalaron Rundle y sus colaboradores.

Con el fin de mantener el distanciamiento social para las personas con familiares vulnerables, algunos distritos escolares también han comenzado a distribuir alimentos utilizando los autobuses escolares que siguen su recorrido habitual por las rutas programadas.

Rundle también hace hincapié en que los mercados de granjeros, que a menudo proporcionan alimentos atractivos para comunidades de inmigrantes y grupos étnicos, deben considerarse parte de los servicios de alimentos esenciales.

Por consiguiente, para ellos se deberían establecer protocolos de distanciamiento social, y permitir que se mantengan abiertos.

"La seguridad de los niños estadounidenses está en juego de muchas formas. El riesgo de que contraigan COVID-19 ellos o sus cuidadores es, con razón, una de nuestras principales inquietudes", resaltó la Dra. Sparks Lilley.

"Sin embargo, hay que tomar en cuenta otras repercusiones. Hemos visto claramente la necesidad de medidas de salud pública y medicina preventiva, y no podemos dejar que los niños vulnerables queden en el olvido", puntualizó.

Rundle manifestó su acuerdo. Aunque es una prioridad mitigar la repercusión inmediata de la COVID-19, es importante tomar en cuenta formas de prevenir sus efectos a largo plazo, incluidos nuevos riesgos de obesidad infantil.

Rundle y sus coautores, al igual que la Dra. Sparks Lilley, han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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