Iberoamérica frente a la COVID-19: ¿cómo siguen las curvas?

Matías A. Loewy; Pablo Hernández Mares; Carla Nieto Martínez; Roxana Tabakman

20 de abril de 2020

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Argentina

¿Cuándo se reportó el primer caso?

El primer paciente con diagnóstico de COVID-19 en Argentina se reportó el 3 de marzo: un hombre de 43 años, de Buenos Aires, que acababa de regresar de vacaciones de la región de Lombardía, en Italia, y presentó un cuadro leve. Para entonces, en Latinoamérica ya se habían informado casos en Brasil (2), Ecuador (5), México (5) y República Dominicana (1).

¿Cómo va la curva de casos?

Según el reporte oficial vespertino del 14 de abril, en el país habían 2.443 casos positivos, 166 más que el día anterior. Del total se clasificaron 833 (34,3%) como importados; 857 (35,2%) como contactos estrechos de casos confirmados; 393 (15,2%) como casos de circulación comunitaria, y el resto en una etapa de investigación epidemiológica.

Solo tres de las 24 provincias y distritos del país no presentaban casos. Los datos incluyen 11 casos de las Islas Malvinas, aunque el Ministerio de Salud informó que el dato surge de informes periodísticos debido a que, por la ocupación ilegal del Reino Unido, Gran Bretaña, e Irlanda del Norte, no es posible contar con información propia sobre el impacto de COVID-19 en esa parte del territorio argentino. La tasa nacional de incidencia acumulada es de 5,5 casos por cada 100.000 habitantes.

Dr. Lautaro de Vedia

La pandemia se expande, pero de una manera relativamente lenta. "Lo que se está viendo es que cada día se suman entre 3% y 7% - 8% de casos respecto de los acumulados al día anterior", señaló a Medscape en español el Dr. Lautaro de Vedia, del Hospital de Infeccionas Muñiz, en la Ciudad de Buenos Aires, y expresidente de la Sociedad Argentina de Infectología.

Los muertos sumaban 105 para esa fecha, con una letalidad aproximada de 4,3%, más alta que en Uruguay, Colombia, Perú, Chile y Estados Unidos, de acuerdo a una estadística que presentó el presidente argentino, Alberto Fernández, el viernes 9. Sin embargo, según gráficos que se viralizaron en redes sociales, el número de fallecidos por millón de habitantes en el país (2,52) es inferiores a los números de Chile (5,0), Brasil (8,3), Perú (7,94), Ecuador (22,7), y Estados Unidos (85,2). Claramente tenemos menos muertes por millón de habitantes que muchos otros países de la región, declaró el Dr. Omar Sued, presidente de la Sociedad Argentina de Infectología y miembro del consejo técnico que asesora a Fernández.

¿Cuáles son las medidas que se implementaron para controlar la pandemia?

Al comienzo de la pandemia, cuando el brote estaba circunscrito a China, las autoridades minimizaron el riesgo, entre otras razones, porque no hay vuelos directos entre ambos países. "Me preocupa más el dengue que el coronavirus, ya que hay muy baja probabilidad de que llegue al país", declaró el 5 de febrero el ministro de Salud, Dr. Ginés González García, médico sanitarista.

Con el correr de las semanas, y en especial a partir de que estallaron los casos en el norte de Italia, creció el estado de alerta. A partir del 25 de febrero se empezó a solicitar una declaración jurada de síntomas a todos los pasajeros de los 12 vuelos diarios procedentes de Italia, medida a la que luego se agregaron aquellos con origen en países con circulación comunitaria, como España, Estados Unidos y Brasil.

También en marzo empezaron a utilizarse cámaras térmicas en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza para controlar la temperatura de quienes arriben, pese a que los funcionarios de salud habían insistido en que se trataba de una medida inútil, porque cualquier pasajero puede tomar un antitérmico una hora antes de bajar, y además podía dar muchos falsos positivos.

El 12 de marzo, el presidente Fernández declaró la emergencia sanitaria y suspendió por 30 días los vuelos procedentes de Europa y Estados Unidos. También anunció que tras un lapso de cinco días, los únicos vuelos permitidos serían especiales de Aerolíneas Argentinas para la repatriación de argentinos (en la práctica, por los miles de connacionales varados en el exterior y los turistas extranjeros en Argentina que querían regresar a sus países, otras compañías internacionales también pudieron operar de manera ocasional fuera de ese plazo). Pocos días después anunció la suspensión de clases en todos los niveles, el cierre de las fronteras, y el licenciamiento de todos los mayores de 60 años.

Finalmente, el 20 de marzo Fernández impuso, mediante un decreto de necesidad y urgencia, el aislamiento social, preventivo y obligatorio, o cuarentena, en todo el país, medida que ha prorrogado en dos ocasiones y que ahora rige (en principio) hasta el próximo 26 de abril. La medida supone que con la excepción de aquellos que realicen actividades consideradas esenciales, las personas solo pueden salir de sus domicilios para realizar compras de alimentos en comercios de cercanía, ir a la farmacia, asistir a alguna persona que lo requiera, o pasear al perro.

Las fuerzas federales y provinciales patrullan las calles y detienen a quienes circulen sin la justificación o el permiso necesario.

En la última semana distintas provincias y la Ciudad de Buenos Aires también empezaron a exigir el uso de barbijos caseros o tapabocas en las calles o para quienes ingresen a comercios o usen el transporte público, que sigue circulando (con excepción del de larga distancia), aunque con una ocupación promedio inferior a 10% del que se registraba en días normales. Asimismo, a partir del lunes 20, la Ciudad de Buenos Aires anunció que los mayores de 70 años deberán solicitar un polémico permiso diario para salir de sus domicilios.

¿Cuál ha sido hasta ahora la respuesta del sistema sanitario?

Del mismo modo que en el resto de los países, los esfuerzos del gobierno y también del sector privado de la salud se enfocaron a instaurar protocolos de atención de pacientes sospechosos de COVID-19 y suspender intervenciones programadas, a modo de liberar camas de cuidados críticos para la atención de pacientes.

El gobierno nacional anunció la construcción de ocho hospitales modulares de emergencia, con capacidad de 560 camas, mientras que el Ejército instaló un hospital de campaña en el Gran Buenos Aires. En la Ciudad de Buenos Aires se anunció la incorporación temporaria de 300 a 500 médicos, así como el retorno de aproximadamente 200 enfermeros jubilados o con licencia.

Nadie sabe si alcanzará para cuando se produzca el pico de casos, pero, por el momento, el sistema no parece estár bajo presión. Un hospital público en Buenos Aires que había dispuesto un par de decenas de camas de terapia intensiva para COVID-19, por ejemplo, solo tenía una de ellas ocupada el miércoles 15. Sin embargo, crecieron las consultas por síntomas compatibles y la proporción de personal sanitario entre los casos confirmados de COVID-19 llega a 14%, resurgiendo reclamos por falta de equipos de protección.

¿Cuáles han sido las políticas de testeo?

Con el avance de la pandemia, el Gobierno nacional, que concentraba las pruebas de reacción en cadena de la polimerasa en un solo instituto de referencia, descentralizó su realización en decenas de centros a lo largo del país, siempre limitado a quienes encuadraban como caso sospechoso. Sin embargo, se han levantado voces críticas que reclaman testeos más masivos, a fin de obtener un panorama real de la diseminación de la pandemia en el país.

Para el Dr. Pedro Cahn, director científico de la Fundación Huésped, e infectólogo que integra el comité asesor del presidente en esta pandemia, las críticas son infundadas. Los testeos se realizan según la definición de caso que brinda el Ministerio de Salud y que se va actualizando conforme pasa el tiempo y de acuerdo con el momento particular de la epidemia, destacó en un comunicado.

Hasta el 14 de abril en el país se habían realizado 24.374 pruebas diagnósticas desde el comienzo del brote, lo que equivale a 537,1 muestras por millón de habitantes. ¿Es suficiente? Juan Andrés Freire, Ph. D., científico de datos de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina, comentó a Medscape en español que la tasa de positividad (porcentaje de resultados positivos sobre el total de pruebas efectuadas) esta semana se encuentra por debajo de 10%, lo que, según estándares internacionales, sugiere que el nivel de testeo es correcto.

Quizá estamos testeando un poco menos de lo deseado, lo que puede hacer pensar que hay personas asintomáticas en la calle, comentó a Medscape en español el Dr. De Vedia. "No tengo elementos para aventurar cuántos más, al menos, hasta que no se hagan pruebas serológicas. Pero eso no necesariamente es malo, porque puede contribuir a la inmunidad de rebaño".

¿Cuál ha sido la aceptación y eficacia preliminar de las medidas?

En líneas generales, el cumplimiento de las medidas de distanciamiento social ha sido muy alto, con algo más de dificultades en asentamientos precarios y excepciones puntuales, como cuando miles de jubilados hicieron cola en los bancos al reabrir después de más de una semana. El viernes 9, cuando anunció la prolongación del periodo del aislamiento social, el presidente Fernández afirmó: "La cuarentena tiene sentido, hemos logrado acotar la velocidad de contagio, ganamos muchas vidas humanas".

Para respaldarlo, el mandatario informó que antes de implementarse esa medida, un escenario pesimista proyectaba que al 10 de abril el número de infectados podría llegar a 45.000, con una ocupación de 83% de las camas de terapia intensiva del sistema público de salud. En realidad, para esa fecha había poco menos de 1.900 diagnósticos positivos en todo el país, y apenas 3,9% de camas ocupadas. Si teníamos 45.000 infectados, no quiero ni pensar en cuantas personas hubieran muerto, afirmó.

Fernández también explicó que el tiempo de duplicación de casos subió de 3,3 a 10,3 días, lo que denota un aplanamiento de la velocidad de contagio.

Cada día que pasa demuestra que la cuarentena funciona, aseguró el Dr. Sued a una radio de Santa Fe. "En otros países las cifras se multiplican todos los días, y en Argentina los contagios se mantienen estables, con este esfuerzo tan grande que estamos haciendo".

¿Qué se espera para las próximas semanas?

El presidente Fernández ya comentó que no va a haber un final de la cuarentena, sino una fase de cuarentena administrada, con flexibilización del confinamiento y restablecimiento gradual de ciertas actividades en determinadas jurisdicciones, aunque en conjunto con medidas que preserven el distanciamiento. El problema es que a diferencia de la situación de países como España o Italia, Argentina todavía no alcanza el pico de casos, que según el Dr. De Vedia "podría llegar para fines de mayo o junio, de acuerdo con los epidemiólogos", con el agravante de que va a coincidir con el aumento de la influenza estacional, y no está prohibido contraer ambas infecciones aunque existe esperanza de que la vacunación antigripal sea masiva y ayude a contener los casos.

"Todavía en el mundo no tuvimos la oportunidad de observar cómo se comporta el virus en el periodo de un año. En el hemisferio norte la epidemia llegó en invierno y en nuestro país los primeros casos se dieron con clima cálido. Recién comienza la temporada otoñal, por lo cual no se puede determinar en qué momento va a suceder el pico máximo. Por eso, las medidas que se están aplicando ayudan a espaciar las nuevas infecciones en el tiempo", señaló el Dr. Cahn.

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