Sobreexigencia, miedo a contagiar, y ansiedad: efectos emocionales de la COVID-19 en médicos españoles

Carla Nieto Martínez

9 de abril de 2020

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MADRID, ESP. Además del elevado número de profesionales contagiados (23.609 hasta el 9 de abril), el colectivo sanitario español en general, y los médicos en particular, hace frente a un escenario atípico y estresante. A nivel personal, esto está favoreciendo la aparición de situaciones emocionales derivadas de la incertidumbre y la intensa carga laboral que están soportando.

Y en el ámbito asistencial los está obligando a abordar cuadros cada vez más frecuentes entre los pacientes, como los efectos negativos derivados del confinamiento o la gestión de los muchos (y atípicos) duelos que sufre gran parte de la población (la cifra de fallecidos sigue aumentando, con un total acumulado de 15.238 decesos al 9 de abril).

Desde el punto de vista de la salud mental, todos estos factores dibujan un panorama postraumático que augura un importante repunte de problemas de estrés, ansiedad y depresión en los próximos meses.

Estas son algunas conclusiones arrojadas por el encuentro SEMERGENVIVO, organizado por la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen) con el objetivo de actualizar los últimos datos e informar a los profesionales sanitarios sobre las consecuencias que la actual situación de confinamiento derivada de la COVID-19 está produciendo en la salud mental.

Dr. Vicente Gasull

La COVID-19 nos ha obligado a hacer frente a una circunstancia desconocida e inesperada, que está resultando muy complicada. Tanto los médicos de atención primaria como el resto de los profesionales sanitarios trabajan en condiciones muy especiales, muchos de ellos en hospitales de campaña, con unos medios a menudo insuficientes, en un entorno muy distinto al habitual, y con la incertidumbre que genera el control de una enfermedad a la que nunca antes nos habíamos tenido que enfrentar", comentó el Dr. Vicente Gasull, coordinador del Grupo de Trabajo de Salud Mental de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria, quien analizó los riesgos derivados de esta realidad a la que está expuesto el personal sanitario, siendo el principal, el alto número de contagios.

"Esto hace que muchos profesionales tengan que estar en aislamiento y, por tanto, alejados de sus familiares, con el costo emocional que esto conlleva. También se presentan niveles elevados de autoexigencia —es habitual sentir la necesidad de ‘querer solucionarlo todo’— ante las demandas que produce la pandemia, lo que a su vez favorece la aparición de cuadros de ansiedad y de mayor vulnerabilidad", resaltó el clínico.

A todo esto hay que unir el cansancio físico y psíquico, así como otras situaciones estresantes que ya empiezan a acusar muchos profesionales; "concretamente, los médicos que trabajan en centros de salud, que a diario tratan pacientes con COVID-19, están desarrollando el miedo a contagiar —a pesar de adoptar todas las medidas protectoras—, sentimiento que los lleva a evitar el contacto con sus familiares y a permanecer en continuo estado de alerta, lo que genera estrés y ansiedad", comentó el Dr. Gasull.

Pese a que aún no hay estadísticas ni datos sobre el impacto emocional que estas situaciones producen en los sanitarios españoles, el Dr. Gasull apuntó que es de esperar un aumento de problemas de salud mental en este grupo, teniendo como referencia los resultados de un estudio llevado a cabo en un total de 34 hospitales de China, en el que participaron 1.257 sanitarios que habían tratado a pacientes con COVID-19.[1]

"Según el estudio, 50,4% de estos profesionales presentó depresión; 45% sufría ansiedad, y 35% reportaba problemas de insomnio".

El día después: posible epidemia de casos de ansiedad y depresión

Dr. José Ángel Arbesú

Al respecto, el Dr. José Ángel Arbesú, miembro del Comité de Redacción y Seguimiento de la Estrategia Nacional de Salud Mental del Ministerio de Sanidad, y moderador del encuentro, destacó la puesta en marcha de numerosas unidades, servicios e iniciativas con el objetivo específico de prestar apoyo psicológico a los profesionales sanitarios.

"Es un recurso prestado por psicólogos clínicos, psiquiatras y médicos de familia especializados en salud mental, muy necesario para sobrellevar la carga de trabajo actual, y también para preparar al personal médico de cara a las demandas asistenciales que les esperan las próximas semanas. Por tanto, es prioritario reducir el elevado número de sanitarios infectados, ya que eso implica que muchos de ellos estén en cuarentena, en detrimento tanto de los pacientes como de los propios facultativos".

En cuanto a la repercusión de todos estos factores en la salud mental de la población, el Dr. Gasull afirmó que al igual que en los profesionales médicos, lo que más está afectando es la incertidumbre, la desconfianza y el miedo a lo desconocido.

"Este virus nos ha roto todos los esquemas; creíamos que vivíamos en una sociedad potente y que teníamos una estructura sanitaria preparada para cualquier eventualidad, y la realidad nos ha llevado a dudar de todo. Si trasladamos este contexto a un paciente depresivo, la ansiedad inherente al temor a lo desconocido puede convertirse en un auténtico tóxico para su salud mental".

Dr. José Manuel Montes

Por su parte el Dr. José Manuel Montes, jefe de la sección de psiquiatría del Hospital Ramón y Cajal, de Madrid, coincidió en que la gestión de la incertidumbre es la circunstancia más difícil de manejar en estos momentos, y sobre los efectos del aislamiento y el confinamiento, afirmó que se deben distinguir dos situaciones respecto a su nivel de afectación: las personas sanas, o que están superando la enfermedad en sus domicilios, y aquellas que están hospitalizadas. La situación que viven los miles de pacientes ingresados puede ser terrible desde el punto de vista emocional (y más aún en el caso de los adultos de edad avanzada que se encuentran en las residencias), ya que a la incertidumbre generada por la COVID-19 se une la falta de contacto con sus familiares. En todos los hospitales se realizan esfuerzos por ofrecer apoyo psicológico en estos casos.

Estableciendo un paralelismo con situaciones sanitarias similares del pasado, el Dr. Montes comentó que en circunstancias de este tipo (tras una epidemia o episodio de sufrimiento social), las evidencias demuestran un elevado incremento posterior de las patologías relacionadas con la salud mental: "Los casos de ansiedad y depresión prácticamente se multiplican por dos, y también se duplican los trastornos mentales".

Asimismo, el Dr Montes indicó que actualmente se está dando una serie de factores de riesgo que hace prácticamente inevitable esta epidemia de trastornos mentales, tanto comunes (ansiedad, depresión) como graves, en los próximos meses.

"El aislamiento social, que puede suponer un problema en mayor o menor medida, dependiendo de la persona, y sobre todo el temor, tanto a la enfermedad como a las pérdidas derivadas de la situación actual —económicas y laborales—, son los elementos más habituales. A ello hay que unir, en el caso de las personas que padecen alguna patología relacionada con la salud mental, el miedo a no poder conseguir la medicación —situación que ya se está dando—, y también estamos viendo personas que manifiestan gran preocupación por la posibilidad de que su médico pueda enfermar de la COVID-19, y que debido a ello no puedan contactarlo".

El reto de la gestión de los duelos

Dos participantes más en el encuentro corroboraron esta previsión respecto al incremento o rebrote de patología mental a corto plazo. "Ahora estamos centrando todos los esfuerzos en la salud física de la población, pero ya nos enfrentamos a una serie de trastornos de tipo adaptativo derivados de esta situación", apuntó el Dr. Arbesú.

Concretamente, la gestión de los distintos tipos de duelo, no solo a causa de los fallecimientos, sino también motivados por la pérdida del empleo o de la posición económica, se vislumbra como el principal problema al que tendrán que enfrentarse los médicos, sobre todo los de atención primaria.

En este sentido, según los expertos, la realidad que están viviendo muchas familias españolas hará más difícil de lo habitual asumir la pérdida de un ser querido sin que el proceso tenga un costo a nivel de salud mental, ya que tanto las limitaciones estipuladas por la situación de alarma decretada, como las medidas adoptadas en los hospitales para evitar los contagios, están dando lugar a que muchas personas no se puedan despedir de sus seres queridos, y en no pocos casos, ni siquiera asistir a su entierro o cremación.

El Dr. Gasull comentó que están aumentando las consultas de personas con alteraciones anímicas, debido a que su cónyuge ha fallecido y no han podido estar a su lado en los últimos momentos, algo que está siendo frecuente y que va a dificultar mucho el duelo.

Añadió que también se están viendo casos de personas que han desarrollado síntomas de la enfermedad y no acuden al médico, bien porque se tienen que hacer cargo de otros familiares, o porque han desarrollado una sensación de miedo a ingresar en un hospital. Por el lado contrario, hay consultas de personas que están cayendo en actitudes repetitivas que pueden llegar a ser obsesivas, tales como lavado compulsivo de manos, toma constante de la temperatura a pesar de no tener síntomas, o desinfección con lejía de todas las superficies del hogar.

El especialista también señaló que reconducir estas actitudes y emociones no será fácil, y que va a suponer un reto asistencial importante una vez se haya superado la pandemia.

La importancia de manejar (y dosificar) la información sobre la pandemia

El Dr. Montes ofreció una serie de pautas para prevenir o minimizar todos estos posibles efectos en la salud mental tanto de los médicos como de la población en general: "Es muy importante establecer una rutina —y mantenerla— que incluya tanto cuestiones laborales como aspectos relacionados con el ocio y el autocuidado; respetar horarios más o menos fijos de sueño y alimentación —los cambios de ritmos cronobiológicos afectan negativamente a las personas con patología mental previa —, y mantener el contacto con familiares y amigos, de ser posible, cara a cara — recurriendo a las posibilidades que ofrecen las plataformas digitales—. Esta forma de socialización, adaptada a las circunstancias, es muy eficaz para canalizar la ansiedad".

En cuanto a la exposición continua a la información sobre la pandemia, el Dr. Montes señaló que es importante saber qué pasa, pero en la dosis justa, y buscando siempre fuentes fiables, ya que estar excesivamente pendiente del reporte diario de contagios y fallecimientos, o buscar continuamente la última hora sobre el tema en las redes sociales, propicia un estado de ansiedad y una sensación de alarma constantes.

Los médicos deben hacer labor de medicina preventiva en este sentido, enseñando a los pacientes a contextualizar toda la información, de manera que solo absorban aquella que les resultará más útil.

Finalmente, y en el caso concreto de los médicos, el Dr. Gasull hizo hincapié en la necesidad de desconectarse de la situación cuando no estén trabajando, y poner en marcha una "fórmula" cuando se encuentren en la primera línea asistencial: afrontamiento de la situación, trabajo, profesionalismo y apoyo entre compañeros.

"Nos enfrentamos a la fase aguda de la infección, y debemos estar preparados para las repercusiones posteriores, así que lo mejor es encarar esta situación como una carrera, no como un sprint, intentando mantener, en la medida de lo posible, una actitud positiva y pidiendo ayuda cuando sea necesario. Debemos cuidar nuestra salud física, y sobre todo, la mental", concluyó el especialista.

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