Los hábitos saludables decaen después de iniciar estatinas o antihipertensivos

Patrice Wendling

Conflictos de interés

25 de febrero de 2020

Aunque los hábitos saludables para el corazón son una medicina potente para el control del riesgo cardiovascular, un estudio finlandés a gran escala revela que muchos pacientes, si no es que todos, se abstienen de hábitos sanos tras comenzar una estatina o un antihipertensivo.[1]

Investigadores estudiaron a 41.225 trabajadores del sector público sin enfermedad cardiovascular al inicio, que respondieron a por lo menos dos encuestas realizadas a intervalos de 4 años de 2000 a 2013.

Los resultados muestran que el índice de masa corporal aumentó en todos los participantes, pero el incremento promedio fue más alto entre quienes comenzaron un antihipertensivo o una estatina (diferencia ajustada: 0,19; IC 95%: 0,16 - 0,22).

Los participantes que iniciaron el uso de fármacos tuvieron 82% más probabilidades de presentar obesidad (odds ratio [OR] ajustado: 1,82; IC 95%: 1,63 - 2,03).

Los que iniciaron la medicación también tuvieron más probabilidades de reducir la actividad física (diferencia ajustada: -0,09 MET horas/día), y tuvieron 8% más probabilidades de volverse físicamente inactivos (OR ajustado: 1,08; IC 95%: 1,01 - 1,17), independientemente de su actividad inicial.

"Mi inquietud cuando comencé este estudio era que las personas pensaran: 'Ya no necesito preocuparme por mis hábitos, pues ahora la medicación hará todo el trabajo por mí'. Nuestro estudio respalda esa idea", comentó la autora principal, Maarit J. Korhonen, Ph. D., investigadora sénior en la University of Turku, en Finlandia.

El estudio es mejor que muchos que se han realizado antes porque se analizan los cambios de los hábitos en el curso del tiempo, pero lamentablemente los resultados no son tan sorprendentes, comentó a Medscape el Dr. Russell Luepker, Profesor Mayo de Epidemiología y Salud Comunitaria en la University of Minnesota en Mineápolis, Estados Unidos.

"Las personas que comienzan a utilizar fármacos por su mayor riesgo cardiovascular pueden dejar de lado otras cosas. Vivimos en una cultura de píldoras", añadió.

El estudio se publicó en Journal of the American Heart Association.

En definitiva, la divergencia no hace ninguna diferencia

Aunque los datos brindan más apoyo a la creencia de que el inicio de medicación preventiva tiene más probabilidades de sustituir que complementar un estilo de vida saludable, hubo algunos signos positivos.

Los fumadores iniciales que comenzaron estatina o tratamiento antihipertensivo tuvieron 26% más probabilidades de dejar de fumar que los que permanecieron sin tratamiento (OR ajustado: 0,74; IC 95%: 0,64 - 0,85).

El consumo promedio de alcohol por semana disminuyó más entre quienes iniciaron medicación que en los que no la iniciaron (-1,85 g/semana; IC 95%: - 3,67 a -0,14), aunque las probabilidades de un consumo intenso fueron similares en los dos grupos, informaron los autores.

Korhonen trató de explicar por qué se adoptaron algunos hábitos y otros se omitieron. Aunque el cese del tabaquismo a menudo da lugar a aumento de peso, esto no explicó el hallazgo del índice de masa corporal elevado. Los fumadores que tomaron fármacos y que dejaron de fumar aumentaron más de peso que los fumadores que dejaron el hábito, pero que no se trataron.

Durante el periodo de investigación, en Finlandia tuvo lugar una iniciativa nacional intensiva de salud pública dirigida a concientizar sobre la diabetes sacarina y sus factores de riesgo, incluidos los mismos factores de hábitos considerados en el estudio.

"Las personas finlandesas con hipertensión también han recibido información sobre todos esos cambios en los hábitos, y de todas maneras parece que hay una divergencia", agregó Korhonen. "Así que en verdad no tengo una explicación clara para eso".

Aunque frustrante para los médicos, la divergencia "probablemente no hace ninguna diferencia", añadió el Dr. Luepker. "Creo que en los estudios de las estatinas a gran escala algo de esto ocurre, pero los fármacos son más potentes".

"Esto me confirma que somos buenos para prescribir fármacos, pero no muy buenos para lograr que las personas modifiquen sus conductas relacionadas con la salud, y estos aspectos complementan a los fármacos".

Mejores mensajes

Dicho esto, el Dr. Luepker observó que las consultas médicas de 15 minutos no se prestan para charlas detalladas acerca de hábitos, y que se necesita más personal de apoyo y rembolso de seguros si se quiere mejorar el asesoramiento para modificar el estilo de vida.

No se sabe si los participantes en el estudio recibieron información o consejos sobre hábitos sanos, pero en general se recomienda que los pacientes vean con regularidad a una enfermera "tal vez una vez al año" después que se les prescriban estatinas o antihipertensivos, destacó Korhonen.

"Creo que con lo que se acaba de señalar en la nueva guía estadounidense para prevención primaria, que está en congruencia con las europeas, se han de encontrar y utilizar algunos nuevos enfoques: estrategias cognitivo-conductuales y también este enfoque multidisciplinario", agregó. "Necesitamos nuevas formas de hacer llegar el mensaje y brindar apoyo a los pacientes".

Dicho mensaje también debe tomar en cuenta la educación del paciente sobre salud, manifestó a Medscape la Dra. Nieca Goldberg, directora médica del NYU Women's Heart Program, en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos.

"Cuando hablamos con pacientes necesitamos descifrar lo que comprende el individuo. No todas las personas son iguales, y todo paciente que se atiende tiene un nivel diferente de educación sobre salud. Así que realmente necesitamos ajustar nuestro mensaje al paciente individual para tratar de descifrar qué lo motivará", puntualizó.

La Dra. Goldberg dijo que al prescribir estatinas resalta la importancia de la dieta y el ejercicio para reducir más el colesterol y el riesgo cardiovascular, pero la dosis de la medicación también puede ser un motivador potente para algunos.

"Solo puedo compartir lo que digo a mis pacientes y obtengo un cumplimiento relativamente satisfactorio: les digo que hacer esos cambios en el estilo de vida les ayudará a mantener la misma dosis del fármaco. Eso parece ser útil, pues las personas tienen la idea de que aumentar una dosis es algo malo", señaló.

Los investigadores utilizaron datos de reclamaciones de farmacia para determinar el uso de medicación, pero no contaron con información sobre dieta, presión arterial y niveles de colesterol de los participantes. Otras limitaciones son la posibilidad de generalizar los resultados fuera de la muestra relativamente homogénea de trabajadores, principalmente caucásicos y mujeres (84%; media de edad 52 años), dijo Korhonen.

Señaló que los resultados son congruentes con datos previos que provienen de la mayor parte de los estudios transversales que analizan solo estatinas o solo fármacos antihipertensivos, pero que probablemente este es el estudio más grande que se haya realizado hasta ahora sobre el tema, en que se analizan los dos tipos de fármacos, y también es longitudinal.

Los principales resultados no modificaron ostensiblemente los análisis de sensibilidad y de subgrupos, aunque dichos análisis demostraron que los aumentos del índice de masa corporal fueron más acentuados entre las personas de 40 a 49 años que tomaban fármacos.

Participantes que ya tenían tres o cuatro conductas no saludables al inicio (n = 1.231) también tuvieron un riesgo particular. Los que tomaban fármacos preventivos presentaron mayores incrementos del índice de masa corporal y disminuciones de MET hora/día que los que no iniciaron los fármacos, sin que se observaran diferencias significativas en el cambio en el consumo promedio de alcohol o en las probabilidades de tabaquismo activo.

"A los individuos que comenzaron a utilizar esos fármacos les diría que deben hacer lo posible por continuar controlando su peso, realizar actividades físicas, mantener moderado el consumo de alcohol y dejar de fumar, pues todos estos cambios les ayudan a disminuir su riesgo cardiovascular, y también a tener una vida más sana en general", finalizó Korhonen.

El estudio fue financiado por la Academia de Finlandia. Korhonen recibió apoyo de beca del Hospital de Distrito del Sudeste de Finlandia. El Dr. Luepker y la Dra. Goldberg han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente. 

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