La reserva funcional cardiovascular mejora después de trasplante renal

Megan Brooks

Conflictos de interés

24 de febrero de 2020

La reserva funcional cardiovascular mejora después de trasplante de riñón en pacientes con nefropatía en etapa terminal, aun cuando no haya alteraciones significativas en las características morfológicas del ventrículo izquierdo, según los resultados del estudio CAPER.[1]

El consumo máximo de oxígeno, medido utilizando índices de pruebas de ejercicio cardiopulmonar modernas, fue significativamente mejor a un año, en pacientes que recibieron trasplante renal que en quienes no lo recibieron.

La función del ventrículo izquierdo también mejoró con el trasplante, pero sin cambios en la masa del ventrículo izquierdo.

"Los índices de pruebas de ejercicio cardiopulmonar modernas, sobre todo consumo máximo de oxígeno, al parecer capturan los cambios ultraestructurales como resultado de la resolución del medio urémico que conlleva el trasplante", comentó a Medscape Thomas F. Hiemstra, Ph. D., de Cambridge Clinical Trials Unit, Addenbrooke's Hospital, en Cambridge, Reino Unido.

"Las pruebas de ejercicio cardiopulmonar modernas pueden representar una herramienta sensible para evaluar la capacidad funcional cardiovascular en pacientes con nefropatía crónica, o de hecho, pueden constituir una variable sustitutiva sensible para los desenlaces cardiovasculares en estudios clínicos de pacientes con nefropatía crónica", destacó Hiemstra.

Los resultados del estudio CAPER fueron publicados en la versión electrónica de JAMA Cardiology.

Datos conflictivos

Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en pacientes con nefropatía crónica. Un nuevo riñón funcional reduce el riesgo cardiovascular asociado a nefropatía crónica avanzada, pero por qué y cómo, siguen siendo interrogantes no resueltas.

Los estudios que han tratado de aclarar los mecanismos que intervienen en una mejor sobrevida cardiovascular se han basado principalmente en medidas estáticas, como ecocardiografía o resonancia magnética, y han proporcionado resultados conflictivos hasta la fecha, señalaron los investigadores. En el estudio CAPER la reserva funcional cardiovascular se cuantificó de manera objetiva utilizando pruebas de ejercicio cardiopulmonar modernas, en paralelo con ecocardiografía transtorácica.

El equipo del estudio caracterizó cambios en la reserva cardiovascular antes y después del trasplante renal en 81 pacientes con nefropatía en etapa terminal que se sometieron a trasplante renal, y los comparó con los observados en 85 pacientes de control en lista de espera con nefropatía en etapa terminal que no se sometieron a trasplante, y 87 sujetos de control con hipertensión y conservación de la función renal (grupo HTC).

El trasplante también se asoció a restablecimiento de la tasa de filtrado glomerular estimada a los 2 meses (55,3 ml/min por 1,73 m2) y 12 meses (59,1 ml/min por 1,73 m2).

Al inicio el consumo máximo de oxígeno promedio fue más bajo de manera estadísticamente significativa (p < 0,001) y el índice de masa del ventrículo izquierdo promedio fue más alto de manera estadísticamente significativa (p < 0,001) en los grupos con nefropatía en etapa terminal que en el grupo HTC de control. La fracción de eyección del ventrículo en promedio también fue más baja de manera estadísticamente significativa en los grupos con nefropatía en etapa terminal que en el grupo HTC (p < 0,001).

A un año, el trasplante renal se asoció a mejora de manera estadísticamente significativa del consumo máximo de oxígeno (20,7 a 22,5 ml.min-1.kg-1; p < 0,001), pero el valor no alcanzó el consumo máximo de oxígeno en el grupo HTC (24,9 al inicio y 26,0 ml.min-1.kg-1 a 1 año). En el grupo de pacientes con nefropatía en etapa terminal que no se sometieron a trasplante, el consumo máximo de oxígeno disminuyó a 1 año, en comparación con el inicio (18,9 a 17,7 ml.min-1.kg-1; p < 0,001).

Las mejoras relacionadas con el trasplante que se observaron en el curso del tiempo en los índices de reserva cardiovascular, como consumo máximo de oxígeno y consumo de oxígeno al alcanzar el umbral anaeróbico, así como el pulso de oxígeno (medida del consumo de oxígeno por latido cardiaco) con ejercicio máximo, carga de trabajo tolerada y tiempo de resistencia, fueron significativamente uniformes después del ajuste con respecto a edad, índice de masa corporal, género, tabaquismo, diabetes, enfermedades cardiovasculares, duración del tratamiento antihipertensivo, uso de beta-bloqueantes, cifras de hemoglobina y tiempo durante el que los pacientes recibían diálisis, informaron los investigadores.

Con el trasplante renal, la fracción de eyección del ventrículo izquierdo también mejoró de manera estadísticamente significativa a un año (60,0% a 63,2%; p = 0,02), pero no ocurrió cambio significativo en el índice de masa del ventrículo izquierdo.

"Considerados en conjunto, los cambios notables en los parámetros de reserva cardiovascular funcional y la diferencia sutil en la fracción de eyección del ventrículo izquierdo sin otros cambios ecocardiográficos estructurales importantes comunicados aquí indican que la reducción de la mortalidad cardiovascular asociada al trasplante renal puede explicarse por la mejor reserva funcional cardiovascular", afirmaron Hiemstra y sus colaboradores.

Hallazgos "interesantes"

Estos resultados son "interesantes", pues demuestran mejor reserva cardiovascular después del trasplante, pese a la falta de reducción de la masa del ventrículo izquierdo, escribieron en un comentario invitado en JAMA Cardiology el Dr. George L. Bakris y la Dra. Michelle A. Josephson, de la University of Chicago Medicine.[2]

Aunque varios factores probablemente contribuyen a este beneficio, la reducción de la inflamación y la carga de anemia probablemente "son elementos fundamentales asociados a este beneficio. Sin importar la causa, la mejora de la función renal después del trasplante puede asociarse a mejor reserva funcional cardiovascular, aun cuando no se modifique la masa del ventrículo izquierdo", agregaron el Dr. Bakris y la Dra. Josephson.

Sin embargo, recomendaron cautela en la interpretación de los resultados por tres motivos.

"En primer lugar, muchos de estos individuos recibieron riñones de donador viviente; en consecuencia, no está claro si estos resultados serían similares si se implantaran riñones de donador cadavérico", señalaron.

"En segundo lugar, aproximadamente un tercio se sometió a trasplante de manera preventiva y los restantes tuvieron una duración de diálisis relativamente corta (es decir, media de < 3 años). Este escenario no es típico del trasplante en Estados Unidos", señalaron.

"En tercer lugar, 81,5% del grupo con trasplante estudiado era caucásico. En consecuencia, no está claro si esos hallazgos serían transferibles a una cohorte de trasplante más típica", concluyeron.

El estudio CAPER fue financiado por una beca de la British Heart Foundation. La familia Reading y el University Hospital Coventry y la Warwickshire National Health Service Trust Charity financiaron la máquina de pruebas de ejercicio cardiopulmonar modernas utilizada en este estudio. Hiemstra ha recibido becas de National Institute of Health Research, Kidney Research UK, AstraZeneca y ViforPharma. El Dr. Bakris ha recibido honorarios personales de Merck y Relypsa. La Dra. Josephson ha declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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