Se identifica principal factor de riesgo para trastornos mentales

Pauline Anderson

Conflictos de interés

17 de febrero de 2020

La adversidad a una edad temprana, que incluye negligencia y abuso físico, emocional y sexual, es el principal factor de riesgo individual para trastornos psiquiátricos, señala nueva investigación.[1]

En lo que se ha descrito como un análisis crucial, investigadores de la Dell Medical School, en Austin, Estados Unidos, concluyen que el maltrato en la infancia es, "con mucho", el factor contribuyente más importante que conduce a alteración de la salud en adultos.

Dr. Charles Nemeroff, Ph. D.

Desde el punto de vista físico, el abuso temprano conlleva una reducción de la esperanza de vida a consecuencia del aumento del riesgo de cardiopatías, ictus, obesidad, diabetes y ciertas formas de cáncer, comentó a Medscape Noticias Médicas el coautor del estudio, Dr. Charles Nemeroff, Ph. D., profesor y presidente del departamento de psiquiatría de la Dell's Mulva Clinic for the Neurosciences, y director de su Institute for Early Life Adversity Research.

Por lo que respecta a la repercusión psiquiátrica, "el maltrato aumenta el riesgo de depresión, abuso de drogas, suicidio, abuso de alcohol, y también empeora el curso de todos los trastornos psiquiátricos que se han analizado", agregó el Dr. Nemeroff.

El estudio fue publicado en American Journal of Psychiatry.

¿Se subestiman las tasas elevadas de maltrato?

Sorprendentemente, las estimaciones demuestran que aproximadamente uno de cada cuatro niños sufrirá abuso o descuido, aunque esto bien podría ser una subestimación, pues en general los casos de maltrato no se notifican.

"Esto es cierto en especial para determinados tipos de maltrato en la infancia (notablemente abuso emocional y negligencia), los cuales es posible que nunca sean objeto de atención clínica, pero tienen consecuencias devastadoras en la salud, independientemente del abuso físico y la negligencia o el abuso sexual", afirmaron el Dr. Nemeroff y su coautora, Elizabeth Lippard, Ph. D.

Haciendo referencia a un metanálisis reciente que muestra que 46% de los pacientes con depresión experimentó maltrato en la infancia, los autores también señalaron que hasta 57% de aquellos con trastorno bipolar también refieren altos grados de abuso o negligencia en la infancia.

Asimismo, la investigación indica que el maltrato infantil se asocia a resultados insatisfactorios de tratamiento en pacientes con depresión, trastorno por estrés postraumático o trastorno bipolar.

Esos hallazgos subrayan la necesidad de que los médicos lleven a cabo evaluaciones detalladas de los antecedentes de trauma, destacó el Dr. Nemeroff.

"Es muy importante que los médicos realicen un interrogatorio detallado sobre los antecedentes de trauma en la infancia de un paciente, para que sepan lo que están enfrentando. Muchos pacientes no refieren voluntariamente información, sobre todo en la primera consulta, con respecto a si han tenido alguna experiencia adversa en la infancia temprana", agregó.

"Necesitamos tratar de comprender cómo tratar mejor a esos pacientes, pues no responden bien a tratamientos habituales, medicación o psicoterapia", puntualizó el Dr. Nemeroff.

Está surgiendo investigación en que se analizan periodos, duración y gravedad del maltrato en la infancia. Algunos estudios indican que el maltrato a una edad más temprana que continúa por un periodo más prolongado conlleva peores resultados. Sin embargo, los autores resaltaron que la exposición al maltrato en cualquier momento durante la infancia aumenta significativamente el riesgo de trastornos afectivos.

El análisis también incluye estudios de las consecuencias negativas del acoso. Si bien hay algunos indicios que indican que el ciberacoso suele desencadenar suicidio y que al parecer esto ocurre con más frecuencia en mujeres que en hombres, gran parte de los datos en este campo es "anecdótica", indicó el Dr. Nemeroff.

Más prevalentes y menos estudiados

En lo que respecta a subtipos de maltrato en la infancia, los autores señalaron que el abuso emocional y la negligencia son probablemente más frecuentes en poblaciones psiquiátricas, pero son las menos estudiadas.

Esto se debe en parte a que los pacientes que sufren este tipo de abuso son los que tienen menos probabilidades de recibir atención clínica, en comparación con quienes son objeto de abuso físico y sexual, que a menudo da lugar a lesiones físicas.

"En muchos estudios la negligencia tiene las consecuencias más devastadoras en lo que respecta a trastornos por ansiedad y afectivos", señaló el Dr. Nemeroff. Sin embargo, pocos individuos sufren un solo tipo de abuso.

"Muy a menudo son víctimas de formas combinadas de abuso, como abuso físico y sexual, y abuso emocional".

Nuevos datos indican que el maltrato en la infancia puede aumentar el riesgo de trastornos afectivos y progresión de la enfermedad a través de la inflamación, según indican parámetros como proteína C reactiva y citocinas inflamatorias, como el factor de necrosis tumoral alfa y la interleucina-6.

Los antiinflamatorios son una nueva estrategia terapéutica promisoria en pacientes deprimidos con elevación de los marcadores inflamatorios. Sin embargo, estos datos todavía son preliminares, señalaron los autores.

Otro posible mecanismo es a través de alteraciones del eje hipotalámico-hipofisario-suprarrenal y los circuitos de factor liberador de corticotropina que regulan las respuestas endocrinas, conductuales, inmunitarias y autonómicas al estrés.

La predisposición genética probablemente desempeña un papel en la patogenia de los trastornos afectivos después del estrés a una edad temprana. Solo 35% a 40% de los individuos expuestos a sucesos traumáticos desarrollará trastorno por estrés postraumático, destacó el Dr. Nemeroff. "Esto probablemente está determinado en gran parte por factores genéticos".

Estimó que podría haber alrededor de una docena de genes, cada uno de los cuales confiere un pequeño grado de vulnerabilidad a trastornos psiquiátricos después de la exposición al trauma.

Trauma genético intergeneracional

Los autores también hicieron referencia a nueva investigación en el área compleja de la transmisión intergeneracional del trauma y los trastornos mentales, fenómeno que se ha estudiado en víctimas del holocausto.

"Resulta que cuando un individuo es traumatizado, los óvulos, en el caso de las mujeres, y las células espermáticas, en el caso de los hombres, pueden cambiar por mecanismos epigenéticos", destacó el Dr. Nemeroff. "De esta manera, el niño que es producto de dichos gametos, puede portar con ellos un efecto del trauma de generaciones previas".

Los investigadores también señalaron que el maltrato en la infancia puede dar lugar a cambios estructurales y funcionales en las imágenes del cerebro. Algunos datos han vinculado el abuso a una edad temprana con volúmenes más bajos de sustancia gris y espesor de la corteza prefrontal ventral y dorsal, que abarca cortezas orbitofrontal y cingulada anterior, hipocampo, ínsula y cuerpo estriado.

Estudios más recientes también indican asociación con disminución de la integridad estructural de la sustancia blanca en esas regiones y entre ellas.

"Diferentes tipos de abuso y negligencia dan lugar a diversos cambios en el cerebro. Esto probablemente depende en parte de la edad del niño en el momento de la agresión", indicó el Dr. Nemeroff.

Los investigadores avanzan en comprender por qué no todas las personas expuestas a trauma en la infancia desarrollan un trastorno afectivo. Los factores ambientales, así como los genes, pueden mediar la relación entre el abuso en la infancia y los trastornos afectivos, comentaron los autores del análisis.

Los estudios también muestran que el apoyo social y los apegos seguros pueden amortiguar el riesgo de depresión.

El Dr. Nemeroff consideró que existen tres áreas críticas para investigación adicional, que consisten en determinar si los cambios en el cerebro y el cuerpo que ocurren a causa del abuso y la negligencia en la infancia son reversibles. Añadió que se necesita más investigación sobre tratamientos óptimos para esta población de pacientes, y mejores métodos para identificar a los que tienen riesgo de exposición a la adversidad a una edad temprana.

"No falta mucho tiempo para que la detección de todo el genoma se convierta en parte del registro médico electrónico", señaló el Dr. Nemeroff. "Siempre efectuamos detección de enfermedades genéticas en otras áreas; ¿por qué no lo haríamos para esto?".

Además, al identificar a pacientes con riesgo, las intervenciones podrían centrarse en la unidad de la familia, padres solteros, familias que viven en pobreza, y padres que tienen dos trabajos.

También es importante educar a asesores de guía, maestros y enfermeras, pero es muy importante capacitar a los médicos en torno a cómo llevar a cabo evaluaciones adecuadas.

Fortalezas y limitaciones

En su comentario a Medscape Noticias Médicas, el Dr. David Fassler, profesor clínico de psiquiatría de Larner College of Medicine, University of Vermont, en Burlington, Estados Unidos, describió el análisis como "exhaustivo".

Los autores "demuestran que la investigación disponible apoya sistemáticamente el hallazgo de que el maltrato en la infancia aumenta el riesgo de trastornos afectivos", agregó el Dr. Fassler.

"También abordan en forma adecuada las limitaciones de su análisis, tales como las definiciones variables de maltrato y el uso de diferentes instrumentos de evaluación en los estudios", puntualizó.

Dada la prevalencia del maltrato en la infancia, el análisis "subraya también la importancia de iniciativas exhaustivas ideadas para proteger a niños y adolescentes de tales experiencias traumáticas y nocivas.

Cabe esperar que los hallazgos también fundamenten la investigación futura sobre el tratamiento y la prevención de los trastornos afectivos del adulto", agregó el Dr. Fassler.

La investigación fue patrocinada por las becas K01AA027573, MH117293 y AA024933 del National Institutes of Health. El Dr. Nemeroff informó consultorías para Bracket (Clintara), Fortress Biotech, EMA Wellness, Gerson Lehrman Group, Intra-Cellular Therapies, Janssen Research and Development, Magstim, Navitor Pharmaceuticals, Sunovion Pharmaceuticals, Taisho Pharmaceutical, Takeda, TC MSO y Whale; tener acciones en AbbVie, Antares, BI Gen Holdings, Celgene, Corcept Therapeutics Pharmaceuticals Company, EMA Wellness, OPKO Health, Seattle Genetics, TC MSO, Trends in Pharma Development y Shale; ser miembro de las juntas de asesores científicos de la Anxiety Disorder Association of America, la Anxiety Disorder Association of America , Bracket (Clintara, la Brain and Behavior Research Foundation, el Laureate Institute for Brain Research, Skyland Trail y Shale y en las juntas de directores de Anxiety Disorder Association of America, Anxiety Disorder Association of America, Gratitude America y Shale Smart; recibir ingresos o capital por 10.000 dólares o más de American Psychiatric Publishing, Bracket (Clintara), CME Outfitters, ELA Wellness, Intra-Cellular Therapies, Magstim, Takeda, TC-MSO y Xhale, y poseer patentes sobre un método y dispositivos para la administración transdérmica de litio, un método de evaluación de farmacoterapia antidepresiva a través de la inhibición del transporte del neurotransmisor monoamina mediante análisis ex vivo, y compuestos, composiciones, métodos de síntesis y métodos de tratamiento (ligando de unión a receptor de CRF). El Dr. Fassler ha declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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