COMENTARIO

El amor dentro de las neuronas

Dr. José J. Mendoza Velásquez

Conflictos de interés

13 de febrero de 2020

Una de las experiencias más descritas en la literatura y ahora cada vez más en la ciencia, es el amor. Sin embargo, más allá de detallar desde el punto de vista filosófico el amor, hacia últimas fechas existe la continua y particular descripción desde diversos puntos de vista del amor romántico. Para este comentario me referiré a esta fase de la relación de apareamiento.

Hace más de 20 años la antropóloga Helen Fisher estudió 166 sociedades y encontró en 147 de ellas evidencia de amor romántico, de ese tipo de amor que te deja sin aliento y te convierte en un sistema eufórico. El amor romántico es necesario para la sobrevida del ser humano como especie.

Tanto la lujuria, como el apego y la atracción, son procesos diferentes confundidos en el amor y cada uno mediado por sus propios neurotransmisores y circuitos, pero en el cerebro se interrelacionan.

En general intervienen en estos procesos las hormonas sexuales promotoras del deseo, las hormonas del estrés y la recompensa, como dopamina, cortisol norepinefrina y el sistema serotoninérgico en la atracción. Al final, el amor es una propiedad emergente de un antiguo coctel de neuropéptidos y neurotransmisores.

La fase temprana del amor, el amor romántico, representa un estado neurobiológico extremo, algo contradictorio en un sentido fisiológico de las fases y estados posteriores. El estrés parece ser el desencadenante de una búsqueda de placer, proximidad y cercanía. Sabemos que, como norma, el estrés moderado fomenta la interacción social.

Dentro de un rango homeostático, los procesos fisiológicos relacionados con el estrés, incluidas las hormonas del eje adrenal hipotálamo-hipofisario, pueden ayudar a desarrollar y promover el vínculo social. Es la razón por la que establecemos diferencias en nuestras preferencias y establecemos nuestros patrones de búsqueda.[1]

El amor romántico podría considerarse como una colección de actividades asociadas con la adquisición y retención de las emociones necesarias para sobrevivir y reproducirse. Estas emociones cambian las estrategias de comportamiento del individuo de una manera que aumentará la probabilidad de alcanzar estos objetivos.[2]

El amor puede definirse como una propiedad emergente de un antiguo coctel de neuropéptidos y neurotransmisores.[2]

El amor es la enfermedad y la recompensa. 

En un estudio realizado por Fisher, sobre 2.500 imágenes cerebrales funcionales de estudiantes enamorados y su respuesta al observar la fotografía de su amante, en comparación con observar desconocidos, se encontró incremento en la actividad de las regiones ricas en dopamina, y particularmente esta actividad se encontró incrementada en dos de las regiones del cerebro, el núcleo caudado relacionado con la recompensa y el área tegmental ventral relacionado al placer, la motivación por la recompensa y la atención dirigida. Algunas de las otras estructuras que contribuyen al circuito de recompensa, la amígdala, el hipocampo y la corteza prefrontal, son excepcionalmente sensibles al  comportamiento (y lo refuerzan) que induce el placer, como el sexo, el consumo de alimentos y el consumo de drogas.[3]

De hecho, algunos de los signos comúnmente asociados con las palpitaciones de amor-ansiedad y el aumento de la peristalsis son manifestaciones de la respuesta al estrés (aunque de una manera placentera). e hecho, los sujetos enamorados muestran niveles más altos de cortisol, en comparación con los controles.

Esta "hipercortisolemia inducida por el amor" puede representar una respuesta de estrés no específico al cambio que caracteriza las fases tempranas de las relaciones o un estado fisiológico de alerta que puede ayudar a superar la neofobia. Independientemente, esta respuesta al estrés parece ser importante en la formación del contacto social y el apego.[4]

Al final de todo, el enamoramiento es un ritual propio del apareamiento humano. Esta unión por pares es un término científico muy suave para las relaciones románticas de apegos duraderos, pero son percibidas en más de 5% de las especies de mamíferos.

Las relaciones románticas y su persistencia son una necesidad evolutiva en especies en las que el cuidado biparental de la descendencia es crítico.

El amor romántico en etapa temprana se caracteriza por algunas características de la adicción, que desaparecen gradualmente a medida que avanza la relación. Existen muchas similitudes entre la etapa temprana del amor romántico y la adicción a las drogas. Esta etapa del amor conocida como amor romántico se considera una adicción dentro del comportamiento.

Las comparaciones de neuroimágenes sugieren que el amor romántico y la adicción a las drogas generan incremento funcional en la red de regulación de la recompensa y la emoción. Como particular diferencia, el amor romántico muestra una mejora de la función especial en la red de cognición social, mientras que la adicción a las drogas muestra una disfunción especial en la red de control cognitivo.

Las comparaciones a nivel neuroquímico muestran que hay muchas similitudes en como ambas situaciones afectan en forma similar los sistemas de dopamina, mientras que hay diferencias significativas en el sistema de oxitocina. Las alteraciones funcionales en el circuito de la recompensa y la emoción y el sistema de dopamina pueden ser la base neurofisiológica del amor romántico como una adicción conductual, y las alteraciones funcionales en la cognición social y el sistema de oxitocina pueden ser la base neurofisiológica del amor romántico como un comportamiento prosocial.[5]

Cuando nos enamoramos, las sustancias químicas asociadas con el circuito de recompensa inundan nuestro cerebro como una tormenta, produciendo una variedad de respuestas físicas y emocionales usualmente identificadas con el amor ,como taquicardia, hiperhidrosis palmar, rubor, ansiedad y deseo. Los niveles de cortisol aumentan durante la fase inicial del amor romántico, enfrentando la crisis del amor.

Conforme aumenta el cortisol, la serotonina se agota precipitando pensamientos, esperanzas, terrores, pensamientos intrusivos usualmente desconcertantes de la primera fase del amor y que obsesionan y usualmente encaprichan.[3]

El hecho al llegar a entrar en contacto con la corteza libera altos niveles de dopamina, activando el circuito de recompensa, devolviendo de esta una experiencia placentera similar a la euforia del estadio inicial de la intoxicación por alcohol o a la intoxicación por cocaína. Esto igualmente se relaciona con el hecho de que ante un rechazo amoroso, el centro de recompensa activa conductas sustitutas como el incrementar el consumo de alcohol, esto descrito en un estudio en Science de la Universidad de California en 2012, en que al observar a las moscas de la fruta que habían sido rechazadas sexualmente consumían cuatro veces más alcohol.[6]

Otras sustancias químicas que intervienen durante el amor romántico son oxitocina y vasopresina, hormonas que tienen un papel en el embarazo, la lactancia y el apego madre-hijo. Durante el sexo se libera oxitocina y aumenta con el contacto de la piel con la piel, aumentando los sentimientos de apego y haciendo que las parejas se sientan más cerca unas de otras después de tener relaciones sexuales.

Oxitocina, también conocida como la hormona del amor, provoca sentimientos de satisfacción, calma y seguridad, que a menudo se asocian con la unión de pareja. Vasopresina está vinculada al comportamiento que produce relaciones monógamas a largo plazo. Las diferencias en el comportamiento asociado con las acciones de las dos hormonas pueden explicar por qué el amor apasionado se desvanece a medida que crece el apego.

Vasopresina, oxitocina y dopamina son importantes para regular el comportamiento sexual, la agresión y la atención materna.

Oxitocina es considerada como una hormona que mejora el comportamiento de confianza. Sin embargo, la respuesta a la terapia con oxitocina y otros péptidos parece estar condicionada a las diferencias en el individuo.[5]

Un aspecto importante del enamoramiento es que además de los sentimientos positivos que trae el romance, el amor también desactiva las vías neuronales responsables de las emociones negativas, como el miedo y el juicio social. Estos sentimientos positivos y negativos involucran dos vías neurológicas. La relacionada con las emociones positivas conecta la corteza prefrontal con el núcleo accumbens, mientras que la otra, que está vinculada con las emociones negativas, conecta el núcleo accumbens con la amígdala.

Cuando estamos enamorados, la parte del cerebro responsable de hacer evaluaciones críticas de otras personas, incluidas las evaluaciones de aquellos con quienes estamos involucrados románticamente, se apaga mientras el resto se encuentra inundado en dopamina, como en la intoxicación por cocaína.

Al final, al referirnos al amor no nos referimos a un solo momento o a un solo hecho. La confusión parte del creer que el amor se refiere a la fase del enamoramiento inicial y a la idealización de dicho momento. El concepto que generalmente conocemos como amor, es una construcción social compuesta de diferentes reacciones dentro de diversas áreas de nuestro cerebro que se conjugan en diversas experiencias placenteras y dolorosas y que usualmente llevan a estados similares a los que otras experiencias debidas a sustancias generan, particularmente el enamoramiento en sus fases iniciales. El amor verdadero no tiene una definición real que pueda evaluarse en forma transversal. El amor es una experiencia biográfica.

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