COMENTARIO

Goop aborda lagunas en la atención al paciente

Dr. F. Perry Wilson

Conflictos de interés

6 de febrero de 2020

Bienvenidos a Factor de impacto, su dosis semanal de comentarios sobre un nuevo estudio de medicina. Soy el Dr. F. Perry Wilson.

Esta semana estamos haciendo una pausa en nuestra programación habitual para hablar sobre Goop.

No, no este adhesivo de plomería.

Tampoco esta sustancia viscosa (goop).

Sino esta Goop. 

Goop, la marca de estilo de vida de Gwyneth Paltrow, está llegando a su sala de estar a través de Netflix con The Goop Lab, en que Gwyneth y su "superequipo" analizan diversos temas sobre bienestar.[1]

Quiero aclarar que me gusta Gwyneth Paltrow. Si Gwyneth quiere invitarme a los Oscar, me apunto. ¿Fiesta en su residencia en Brentwood? Anótenme.

Pero Goop…. Verán, Goop me molesta un poco. Y les diré por qué.

Goop no es la marca de estilo de vida típica que mercadea el maquillaje y 10 consejos para lograr que el sexo sea extraordinario. Quiero decir que sí lo es. Sin embargo, gran parte de su modelo de negocios se basa en la venta de productos con afirmaciones dudosas relacionadas con la salud. Tal vez recuerden la controversia que resultó de los "huevos vaginales de jade" de Goop, comercializados para mejorar el funcionamiento sexual.[2]

En la actualidad, en el sitio se venden diversos remedios herbarios en envolturas muy elegantes, de apariencia médica. Aquí está el suplemento Perfect Attendance, de Goop, que supuestamente ofrece "apoyo inmunitario". Obsérvese cómo se evitan con cuidado los términos que implicarían que su propósito es tratar, curar o prevenir alguna enfermedad, lo cual sujetaría la sustancia al escrutinio de la Food and Drug Administration.

Goop es parte de un mercado de medicina complementaria y alternativa de casi 200.000 millones de dólares.[3]

Honestamente, el tamaño de ese mercado es una acusación contra la industria médica tradicional. Para muchos trastornos, me refiero a ti, lumbalgia, el tratamiento habitual es limitado, costoso, o tiene efectos secundarios importantes. Los médicos no tienen tiempo suficiente para realmente llegar a conocer a sus pacientes, comprender lo que está por debajo de la superficie. Los proveedores de medicina complementaria y alternativa ofrecen más que lociones raras y manipulación de la energía; escuchan con atención, ofrecen esperanza y comprensión.

Y efectivamente, algunos pacientes escuchan el canto de sirenas de la medicina complementaria y alternativa (tratamientos curativos sin efectos secundarios) y renuncian al tratamiento habitual. Esto es un problema.

En un estudio publicado en JAMA Oncology se equiparó a 258 pacientes con cáncer que utilizaban medicina complementaria y alternativa con 1.032 que no lo hacían.[4] Siete de cada cien del grupo de medicina complementaria y alternativa rechazaron el tratamiento quirúrgico; 34% se rehusó a quimioterapia, y 53% se rehusó a radioterapia. Tal vez no sea sorprendente que la sobrevida a 5 años fuera significativamente más baja en el grupo de medicina complementaria y alternativa.

Así que efectivamente, existen algunas personas que evitan el tratamiento necesario porque disponen de una modalidad asistencial que les resulta más segura, y pagan el precio por ello.

Los tratamientos de medicina complementaria y alternativa tienen otros efectos adversos.

En un estudio publicado en The New England Journal of Medicine se analizaron registros del servicio de urgencias y se determinó que cerca de 23.000 consultas en el servicio de urgencias por año se deben a efectos adversos de suplementos, a menudo a causa de los efectos cardiovasculares de productos para bajar de peso, o energéticos.[5]

Sin embargo, las personas terminan siempre en el servicio de urgencias también por problemas con los fármacos tradicionales. En realidad, la mayoría de las personas integra tratamientos herbarios y suplementos en el resto de su rutina médica sin efectos adversos.

Muchos pacientes no informan a sus médicos que utilizan productos herbarios y suplementos, lo cual es un problema que puede incrementar el riesgo de interacciones farmacológicas.[6] Desde luego, dado que un estudio en que se evaluaron suplementos de grandes cadenas comerciales encontró que 4 de 5 no contenían el producto que afirmaban, aun cuando los pacientes nos dijeran qué es lo que creen que están tomando, puede no ser de ayuda.[7]

Mejor regulación y vigilancia sería muy útil para volver más inocuos los suplementos. Pero francamente, esto no es lo que en realidad me molesta sobre las compañías cuyo negocio es la medicina complementaria y alternativa, compañías como Goop. Es algo un poco más profundo. Es que su modelo de negocio depende de sembrar dudas acerca del método científico sobre el que hemos construido la medicina moderna. Sustituyen lo anecdótico por el análisis. Apelan al uso de un producto a través de la historia como evidencia adecuada de su inocuidad y eficacia.[8]

Doy gracias porque nos hemos alejado de este enfoque, pues de lo contrario, los cubiertos de plomo que preferían los romanos todavía estarían en nuestros comedores.

En parte somos culpables del crecimiento de compañías como Goop. Hemos flaqueado y nos hemos olvidado de las necesidades emocionales y psicológicas de nuestros pacientes en aras de nuestra necesidad de ver 50 pacientes al día para llegar a fin de mes. En el vacío que hemos creado entra toda clase de personas, desde los verdaderos creyentes hasta los farsantes cínicos.

No obstante, incluso en las mejores circunstancias, las compañías cuyo negocio es la medicina complementaria y alternativa también tienen algo de culpa. Prosperan cuando los pacientes confían menos en sus médicos. Aprovechan el medioambiente anticonocimiento y antiintelectual en que nos hemos basado, y describen a los médicos tradicionales como yo, como cómplices de las compañías farmacéuticas, en el mejor de los casos, o como sociópatas homicidas de masas, en el peor de los escenarios.

No obstante, sigo firmemente convencido de que si podemos recapturar el espíritu de comunidad con nuestros pacientes; si invertimos más tiempo atendiéndolos y menos en la pantalla de la computadora; más tiempo escuchándolos y menos tiempo facturando, regresarán a nosotros, aunque el motivo sea solamente porque nuestros fármacos funcionan.

El Dr. F. Perry Wilson, M.S.C.E., es profesor titular de medicina y director del Yale's Program of Applied Translational Research. Su trabajo de comunicación científica puede encontrarse en el Huffington Post o NPR, y aquí en Medscape. Twitea con la cuenta @methodsmanmd y es anfitrión de un repositorio con su trabajo de comunicación en www.methodsman.com .

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