Bebés que estuvieron expuestos in utero al virus de Zika y que tienen aspecto normal al nacer pueden presentar problemas más tarde

Megan Brooks

Conflictos de interés

20 de enero de 2020

NUEVA YORK, USA. Recién nacidos expuestos al virus de Zika antes de nacer, pero sin síndrome de Zika congénito, tienen riesgo de presentar retrasos del neurodesarrollo a medida que crecen, muestra un nuevo estudio.[1]

"Este estudio respalda las recomendaciones de Centers for Disease Control and Prevention para llevar a cabo seguimiento a largo plazo de todos los lactantes expuestos al virus de Zika in utero, no solo a los que tienen manifestaciones de síndrome de Zika congénito al nacer", afirman la Dra. Sara Mulkey, del Children's National Hospital, en Washington, D.C., y sus colaboradores.

"Los retrasos del neurodesarrollo pueden ser leves y asintomáticos o pueden influir en múltiples aspectos del desarrollo. Sin una evaluación estandarizada no siempre se detectan las anomalías del desarrollo, y se pueden pasar por alto las oportunidades para optimizar la intervención en una fase temprana del desarrollo", señalan en JAMA Pediatrics.

Los investigadores informan los resultados en el neurodesarrollo hasta los 18 meses de edad en una cohorte de 70 lactantes colombianos con exposición al virus de Zika in utero confirmada mediante análisis de laboratorio, hallazgos normales en la resonancia magnética y ecografía fetal, y sin signos de síndrome de Zika congénito o microcefalia al nacer.

"Por tanto, se esperaba que dichos lactantes tuvieran bajo riesgo de disfunciones del neurodesarrollo subsiguientes, pero surgieron estas disfunciones en el primer año de vida y sin reducción del perímetro cefálico", informan la Dra. Mulkey y sus colaboradores.

Aunque muchos de los lactantes tuvieron puntuaciones iniciales del neurodesarrollo normales (a partir de los 4 meses de edad), las puntuaciones generales disminuyeron en algunos niños a medida que crecieron, y se observaron las reducciones más importantes en los dominios de movilidad y cognición social, lo cual podría indicar alteración del desarrollo neurocognitivo, observan.

Hallazgos inespecíficos en neuroimágenes posnatales que comprenden vasculopatía lenticuloestriada, quistes germinolíticos o subependimarios y quistes del plexo coroideo, se asociaron a puntuaciones más bajas en el dominio de la cognición social, y "pueden ser factores de riesgo potencial para peores desenlaces del neurodesarrollo temprano", señalan.

"En nuestra opinión, este estudio es el primero en demostrar que estos hallazgos inespecíficos en los estudios por imagen pueden indicar lesión sutil del cerebro que potencialmente se asocia a alteraciones del desarrollo neuromotor", añaden.

En un correo electrónico dirigido a Reuters Health, la Dra. Mulkey indica: "Los profesionales de la salud deben seguir preguntando a los pacientes sobre la exposición al zika y comentar el riesgo de anomalías del neurodesarrollo que tienen todos los lactantes y niños expuestos. Todo niño con exposición al virus de Zika in utero debe continuar con evaluaciones del neurodesarrollo hasta la edad escolar, aun cuando tenga aspecto normal y esté bien de salud. Continuamos aprendiendo sobre las consecuencias a largo plazo de la exposición in utero al virus de Zika en niños".

Los autores de un editorial adjunto dicen que los hallazgos en esta cohorte "se suman a los datos crecientes sobre la necesidad de seguimiento a largo plazo en todos los niños con exposición al virus de Zika in utero para garantizar que reciban las evaluaciones clínicas recomendadas, aun cuando no se identifiquen defectos estructurales al nacer".[2]

"Si bien todavía no está clara la importancia clínica de estos hallazgos inespecíficos, la importancia de los estudios por neuroimágenes posnatales para todos los niños con exposición in utero al virus de Zika estuvo extremadamente clara", comentan la Dra. Margaret Honein y su coautores de Centers for Disease Control and Prevention, en Atlanta, Estados Unidos.

"La evaluación de los lactantes solo al momento de nacer evidentemente no es adecuada, pues se dispone de datos crecientes de lactantes con valoraciones clínicamente normales que después desarrollaron problemas del neurodesarrollo, y lactantes con microcefalia documentada al nacer, cuya microcefalia se resolvió, y cuyos resultados de la evaluación del neurodesarrollo fueron normales en el seguimiento", concluyen.

El estudio no tuvo financiación comercial.

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