COMENTARIO

Causas y efectos, una reflexión sobre el tiroteo en Torreón

Dr. José J. Mendoza Velásquez

Conflictos de interés

10 de enero de 2020

Mas allá de encontrar un responsable único, la historia puede mejorar a partir de entender que todos en una situación como la que ocurrió en Torreón, tenemos parte responsable.

En un ejercicio sencillo, haciendo algo similar a un análisis causa efecto podremos entender que las posibilidades relacionadas al problema, como causa, pueden ser muchas.

¿Cuales podrían ser las causas?

¿Una sociedad llena de violencia?

¿Las narco series?

¿Las estructuras familiares actuales?

¿La necesidad de trabajar largas jornadas que impiden realizar adecuadamente la crianza?

¿Los estímulos del medio?

¿El consumo de sustancias?

¿La psicopatología?

¿La genética, la epigenética, la dieta, la contaminación?

Todas en diferente orden. Todas conforme al caso en el que estemos trabajando.

El tiroteo registrado esta mañana de viernes en un colegio de la ciudad de Torreón, en Coahuila, México, nos recuerda que este año se cumplirán 21 años de la masacre provocada por los estudiantes Eric Harris y Dylan Klebold en la Columbine High School en Colorado, Estados Unidos, en abril de 1999.

La mañana del 10 de enero de 2020 un estudiante de 12 años de edad disparó a su maestra, a quien asesinó, a sus compañeros, a quienes hirió, y posteriormente se suicidó.

Múltiples causas no relacionadas a la salud mental pueden estar involucradas en el proceso.

La normalización de la violencia y la exposición a la violencia en medios termina por generar conflictos relacionados.

En la publicación de agosto de 2019, hablábamos de la normalización de la violencia y la subsecuente modificación en el desarrollo psicopatológico. Las posibilidades de estar expuestos a la violencia son cada vez más altas.

    Más que considerar la enfermedad mental o un acto violento como resultado de una sola causa, debemos reconocer que socialmente los factores que favorecen el comportamiento violento aumentan con los años.

La violencia puede vivirse en la familia, en la escuela, en la sociedad, en los medios, en los videojuegos y todas afectan en mayor o menor manera a las personas. Por lo tanto, de unirse los factores predisponentes, las posibilidades de un comportamiento agresivo aumentan.

Más que considerar la enfermedad mental o un acto violento como resultado de una sola causa, debemos reconocer que socialmente los factores que favorecen el comportamiento violento aumentan con los años.

No creo que existan dudas sobre el impacto que tiene la violencia vivida en forma personal en el desarrollo de la psicopatología. Sin embargo, todos poseemos un marco distinto para desarrollar o inhibir conductas psicopatológicas, dentro de estas muchas van cambiando con la edad, siendo notablemente más vulnerables los individuos en desarrollo.

El desarrollo de las conductas y la influencia de la moral, la exposición a factores de riesgo, la estimulación y la educación podrán ser determinantes en el desarrollo o el no desarrollo de la conducta psicopatológica.

En el caso particular de los videojuegos, especialmente Natural Selection, han sido objeto de controversia. Según el modelo general de agresión, los videojuegos violentos pueden originar que los adolescentes adquieran, repitan y refuercen las estructuras de conocimiento relacionadas con la agresión, incluidas creencias y actitudes agresivas, esquemas de percepción agresivos, esquemas de expectativas agresivas, guiones de comportamiento agresivo y desensibilización a la agresión. Por tanto, se promueve la conducta agresiva en la personalidad, lo que aumenta la posibilidad de un comportamiento agresivo.

Una vez más, no se trata de encontrar culpables.

Es más el riesgo debido a tener un arma en casa que a percibir la violencia en medios. Es más el riesgo en un adolescente vulnerable, que en un adulto.

La frecuencia de estos ataques se ha incrementado considerablemente con los años, sin dejar de mencionar el aumento en el suicidio y la violencia no letal en nuestro país.

Es necesario realizar análisis específicos sobre los eventos y promover intervenciones definidas específicas para mejorar las habilidades pro sociales, la empatía, y el control inhibitorio de actos dentro de los planes de la salud publica de nuestro país.

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