COMENTARIO

La guardia de Nochebuena y Navidad

Celebrar, compartir y regalar

Dr. Hugo Radillo

Conflictos de interés

23 de diciembre de 2019

Si hay guardias que nadie quiere, sin duda son las de Nochebuena y Navidad. Son nefastas, ya que además de ser guardias y periodos de exclusión temporal, nos ausentan de situaciones donde nuestra falta es notoria. Nos alejan del convivio con nuestros familiares y amigos, y nos exentan de ser indulgentes con ciertos gustos y excesos de la temporada. Sumado a todo, entran agravantes adicionales de las fechas: déficit de personal y escasez de ciertos recursos, que sin duda precipitan el caos.

La permanencia en estas guardias varía según la jerarquía del médico, de modo que es frecuente ver internos circulando en cantidad dependiente de las necesidades del hospital; residentes a permanencia estricta, y adscritos en estancia intermitente, expidiendo algún placebo mental a sus subordinados con frases como: "enseguida regreso", "si pasa algo me avisas", o cualquier sinónimo de estas.

En estas guardias pasa de todo. Las experiencias colectivas de distintos médicos polarizarían la respuesta a la interrogante: "¿Cómo te fue en la guardia?". Un obstetra podría atender 20 partos en su transcurso, mientras que un internista solo podría valorar un par de aberraciones metabólicas. Un residente en la unidad de cuidados intensivos pediátricos podría solo haber hecho una nota de evolución, mientras que el residente de urgencias pasó 16 horas de ayuno por atender víctimas de la pirotecnia.

Y si ante esta exposición se observa cierto patrón, pareciera que las vísperas navideñas permiten predecir ciertas entidades patológicas que repuntarán diagnósticos que dan la impresión de haber sido traídos por papá Noel.

Los cirujanos estarán particularmente ocupados desalojando esquirlas y proyectiles de las víctimas desafortunadas de las "balas perdidas" que se disparan al aire durante las festividades.

Los pediatras curando las manos quemadas de hijos de padres ineptos que consideraron prudente la diversión con explosivos.

Médicos de las unidades neuroquirúrgicas y traumatólogos invertirán la madrugada salvando las vidas de los accidentados en automotores, en donde el alcohol fue el catalizador de la desgracia.

Y dentro de la ecuación uno pensaría que los médicos encargados de discriminar las urgencias en las unidades de primer contacto estarían colmados con trabajo, sin embargo, esta guardia en particular permite identificar lo que su servidor ha denominado "triage festivo".

El triage festivo consiste en una suerte rara de procrastinación, en donde un individuo no atenderá una valoración médica si no es por el más grave de los motivos. No pospondrá el placer de las celebraciones decembrinas, de no ser por alteraciones en la función o forma de alguna extremidad, tos que no sea tísica, cambios en el estado de consciencia no atribuidos a los propios de la intoxicación por alcohol, dolores en el tórax asociados a disnea, y desde luego, quejas abdominales que además de intensas no puedan ser explicadas por los excesos de comida y bebida ingeridas en las celebraciones.

Las cefaleas, disurias, diarreas, catarros, fiebres, edemas y abotagamientos, dermatitis, disestesias y aturdimientos tendrán que esperar a que termine la fiesta, según el criterio de quien los padece.

Parecería que quien escapa a este triage festivo es la mujer embarazada. La gestación impone, hasta cierto punto, un estado de ansiedad etéreo. En este estado, la menor provocación alertará al sistema simpático de la gestante (y con frecuencia al que se identifique como padre de quien se hospeda en ese útero), obligándola a acudir a una valoración médica, sin importar que la molestia sea por contracciones de Braxton Hicks o por la salida de sangre a través de sus genitales.

Desde mi experiencia les comparto la estructura general de una guardia en estas fechas con las siguientes líneas:

Uno se dirige al hospital y procura disfrutar el camino, dado el hecho de que temprano y en víspera navideña las calles están relativamente vacías. Esta comodidad transitoria es interrumpida por el gradiente de temperatura que se siente al llegar al nosocomio. La guardia inicia generalmente en el pase de visita matutino, en donde se recorrerán camas ocupadas por enfermos, que definitivamente tampoco quieren estar ahí ese día. El resumen de cada paciente terminará con alguno de los médicos deseando al paciente y sus familiares que le acompañen, una feliz: Navidad, Hanukkah, Kwanzaa o cualquiera que se conmemore ese día. Terminando el pase de visita, el equipo médico romperá el ayuno con el que pueda ser el primero y último alimento de la guardia. Las calorías ingeridas se invertirán en las siguientes horas "haciendo pendientes".

Lo anterior incluye una serie de papeleo, como redactar notas con la evolución del paciente, indicaciones médicas para los pacientes hospitalizados, prescripción de recetas, peticiones de consulta para el apoyo de otros servicios, llenar consentimiento de informados para realizar procedimientos, y cuando estos procedimientos se realicen, elaborar un documento describiendo los pormenores y haciendo constar las eventualidades durante el mismo.

Conforme progresa el día se requerirá de la toma de muestras sanguíneas, biopsias y colección de toda secreción que pueda ser analizada con fines de diagnóstico, seguimiento y pronóstico. Eventualmente, y dependiendo de lo indulgente del triage festivo, se solicitará la intervención de uno para valorar a un paciente en cualquier área del hospital.

Si el paciente debe ser ingresado a cargo propio se hará no sin antes elaborar el papeleo necesario. No faltará el llamado a la acción, propiciado por los pacientes cuya salud se deteriore gravemente. Estas guardias no están exentas de intubaciones, colocaciones de accesos vasculares, pleurostomías y demás procedimientos, como atención de partos, cirugías urgentes, cateterismos, etcétera.

El resto de la guardia constará de permutaciones de la secuencia ya descrita, agotando nuestra energía como cualquier guardia en otra fecha lo podría hacer. Sin embargo, esta guardia no es como cualquier otra. Entre tanta actividad y tantas guardias acumuladas parece que se nos olvida tomar en cuenta que en estas guardias, con cada compañero que nos cruzamos en los pasillos del hospital hay un "feliz Navidad", "felices fiestas", un fuerte saludo, y a veces hasta una charla casual que si bien no dura tanto, es lo suficiente para recordarte lo agradable de tener alguien con quien hablar ese día.

En estas guardias realmente estamos con familia y amigos que comparten el privilegio de poder calmar el dolor del que se queja.

Compartes la Navidad con tu hermana cirujana que acaba de hacer una apendicectomía urgente. Pasas la Nochebuena con tu amigo, el interno que te ayuda a dar compresiones torácicas en el paciente que cayó en parada cardiaca.

Puedes tomar un café para mitigar el frío con tu amiga imagenóloga que te ayudó con la interpretación de una tomografía.

En esta guardia uno puede, más que en ninguna otra, desear lo mejor a sus pacientes y regalarles, aunque sea en abonos, la rehabilitación de una facultad perdida, el alivio a un dolor pesante o la tranquilidad que la enfermedad les quitó.

    En esta guardia uno puede, más que en ninguna otra, desear lo mejor a sus pacientes y regalarles, aunque sea en abonos, la rehabilitación de una facultad perdida, el alivio a un dolor pesante o la tranquilidad que la enfermedad les quitó.

Si estás de guardia en estas fechas y te han colmado la amargura y el berrinche, recuerda que en el hospital estarás rodeado de familiares no vinculados por genes, y de amigos que comparten tu vocación. Estarás de guardia celebrando las vidas que cuidas, compartiendo tus habilidades y conocimientos con quienes lo imperen y regalando alivio al que enferma.

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