Violencia en hospitales: buscan reducir ataques de pacientes a profesionales de la salud

Heidi de Marco

18 de diciembre de 2019

SAN DIEGO, USA. Cuando Mary Prehoden se viste para ir a trabajar cada mañana, sus ojos se clavan en la cicatriz en forma de mordisco que tiene en el pecho.

Prehoden muestra la marca de la mordida que le desgarró la piel. (Imagen cortesía de Heidi de Marco/KHN).

Es un duro recordatorio de uno de los peores días de su vida.

El año pasado, Prehoden, supervisora de enfermería del Scripps Mercy Hospital, en San Diego, Estados Unidos, sufrió el brutal ataque de un paciente con esquizofrenia que había dejado de tomar sus fármacos. El paciente se abalanzó sobre ella, la arrojó al suelo, la golpeó y pateó repetidamente, y la mordió con tanta fuerza que sus dientes penetraron la piel y la dejaron sangrando.

Mary Prehoden, supervisora de enfermeras en el Scripps Mercy Hospital de San Diego, sufrió el brutal ataque de un paciente con esquizofrenia que había dejado de tomar sus fármacos. (Imagen cortesía de Heidi de Marco/KHN)

El incidente duró unos 90 segundos, pero el daño persiste. "Incluso si no tuviera una cicatriz, la cicatriz está en mi cabeza", comentó Prehoden, de 58 años. "Está contigo por el resto de tu vida". La violencia contra los trabajadores de la salud es común, y algunos dicen que va en aumento.

Según la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional de Estados Unidos, la violencia en el lugar de trabajo es cuatro veces más común en entornos de atención médica que en la industria privada en promedio, pero aún no se denuncia lo suficiente. Los pacientes representan aproximadamente 80% de los incidentes violentos graves denunciados, pero a veces los agresores son familiares y amigos frustrados o estresados. Compañeros de trabajo y estudiantes causaron 6% de los incidentes.

En una encuesta realizada en 2018 entre aproximadamente 3.500 médicos de emergencias, todos miembros del American College of Emergency Physicians, casi 70% dijo haber observado un aumento de la violencia en las salas de emergencias en los últimos cinco años.[1,2]

Alrededor de 40% de los médicos expresó creer que la mayoría de las agresiones fue cometida por pacientes psiquiátricos, y en muchas de las situaciones violentas los atacantes eran personas que buscaban drogas, o estaban drogadas o ebrias.

En California, una ley estatal requiere que los hospitales adopten planes de prevención de violencia en el lugar de trabajo, e informen la cantidad y los tipos de ataques al estado. El estado compila estos datos en informes anuales.

En el primer informe completo sobre este tema, 365 hospitales registraron 9.436 incidentes violentos durante un periodo de 12 meses, que terminó el 30 de septiembre de 2018. Estos incidentes fueron desde rasguños hasta apuñalamientos. En un tercio de los asaltos, a los trabajadores se les golpeó, o abofeteó, y 7% recibió mordidas.

"No sé si alguna vez esperas tener que defenderte en tu lugar de trabajo", señaló Prehoden. "No es algo para lo que estás preparado".

Los funcionarios del Scripps Mercy Hospital han realizado una serie de cambios para ayudar a proteger a los empleados de lo que llaman "epidemia de violencia". Han lanzado un equipo de "respuesta rápida" formado por miembros del personal, que intenta prevenir situaciones potencialmente violentas. Y el hospital ha introducido una herramienta de evaluación del comportamiento para ayudar a identificar a los pacientes propensos a la violencia. Cuando un paciente tiene esta propensión, deben usar una pulsera verde, y se coloca un símbolo de la paz del mismo color en la puerta de su habitación.

Ryan Sommer, gerente de seguridad en el Scripps Memorial Hospital, enseñó a los trabajadores de la salud cómo zafarse de un atacante. La violencia en el lugar de trabajo es cuatro veces mayor en ámbitos de salud que en la industria privada. (Imagen cortesía de Heidi de Marco/KHN)

Ryan Sommer, jefe de seguridad en el Scripps Mercy Hospital, dirige la capacitación de reducción de violencia para el personal de Scripps en diferentes lugares del condado de San Diego.

En una mañana reciente, unos 20 empleados en las instalaciones de Encinitas aprendieron cómo disuadir a un paciente agitado y combativo. Un consejo que Sommer compartió: "El comportamiento que tengas influye en el comportamiento del paciente, así que escucha con empatía y establece una relación personal. Y no pierdas la calma: el objetivo es lograr que los pacientes alterados se calmen".

Sommer también enseñó tácticas de defensa personal, en caso de que la situación empeore. En grupos de dos, los empleados practicaron cómo zafarse si los tienen atrapados, y cómo bloquear los ataques.

"¿Cuántos de ustedes han sufrido ataques en el trabajo?", preguntó Sommer. Casi todos los participantes levantaron la mano.

"Esto sucede a diario. Los golpean, los arañan, los escupen y les gritan", dijo más tarde.

Sommer agregó que el número de incidentes violentos en los hospitales de Scripps está aumentando y las lesiones son cada vez más graves.

En el Scripps Mercy Hospital, guardias de seguridad portan armas paralizantes y usan chalecos antipuñaladas para enfrentar lo que el sistema de salud llama "epidemia de violencia". (Imagen cortesía de Heidi de Marco/KHN)

Desde principios de este año, los guardias de seguridad en todos los hospitales de Scripps están armados con pistolas paralizantes, comentó Janice Collins, vocera de Scripps Health. Llevan chalecos a prueba de puñaladas y están ubicados estratégicamente alrededor de las instalaciones. Las pistolas se usan cuando los guardias de seguridad creen que son necesarias para proteger la vida.

La situación violenta que vivió Prehoden habría cumplido con ese criterio, señaló.

Los hospitales de California están tomando medidas similares con la esperanza de reducir las confrontaciones violentas, destacó Gail Blanchard-Saiger, vicepresidente de trabajo y empleo de la Asociación de Hospitales de California.

Algunos sitios usan botones de pánico, detectores de metales, perros entrenados, mayor presencia policial y cámaras de seguridad, además del entrenamiento para reducir el riesgo.

Los esfuerzos varían según la ubicación y el riesgo, puntualizó Blanchard-Saiger.

El apoyo adicional de la policía local marcaría la diferencia. "Pero desafortunadamente, he escuchado muchas historias en las que ni siquiera vienen al hospital", dijo. "Tienen poco personal, fondos insuficientes. Y priorizan".

Prehoden ha asistido al entrenamiento de reducción del riesgo, y ahora está en el equipo de respuesta rápida en el Scripps Mercy Hospital.

Le tomó tres semanas volver a trabajar después que la atacaran en agosto de 2018. Enfermera durante casi 40 años, admite que ahora está un poco nerviosa y siente que su atacante le robó su confianza. El paciente estuvo seis meses en la cárcel por el ataque.

"Esta no puede ser la nueva cara de la enfermería. No podemos permitirnos perder a nuestro personal porque alguien decide no tomar su fármaco", puntualizó Prehoden.

Esta historia es parte de una asociación que incluye KCUR, NPR y Kaiser Health News.

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