Atacar la autoinmunidad a través del intestino: ¿insensatez o ciencia?

Kate Johnson

Conflictos de interés

12 de noviembre de 2019

Paul McDougall abrió su refrigerador para mostrar su reserva completa de provisiones para una familia con dos niños pequeños que se preocupa por la salud. "He vuelto a comer pan y algunos otros alimentos restringidos, ya que en su mayor parte el padecimiento está controlado", señaló un productor de TV de 46 años que reside en Toronto, a quien se le diagnosticó tiroiditis de Hashimoto hace cuatro años.

El diagnóstico explicaba mucho a Paul, cuya esposa, María, dijo que estaba en una "montaña rusa emocional" de fatiga y depresión.

"Cuando me dijeron el diagnóstico estaba aturdido", señaló. "Para un productor de televisión en vivo esto es perjudicial. Nos preparábamos para los Juegos Olímpicos y llegué a un punto en que no podía comprender lo que estaba pasando. Sentía como si me hubiera golpeado la cabeza y tuviera una conmoción".

"El sufrimiento emocional y la carga eran tan nefastos que nos preguntábamos si podría continuar con el trabajo", recordó María, añadiendo que "lo más preocupante era cuando simplemente empezaba a llorar".

En vez de elegir el tratamiento médico estándar para su trastorno autoinmunitario, Paul optó por el camino inusual al restablecimiento: una dieta de eliminación más suplementos.

La medicina alternativa ha adoptado los tratamientos no farmacológicos para la enfermedad autoinmunitaria de tiroides. Una de las prescripciones dietéticas más populares es la Autoimmune Protocol Diet (dieta AIP), una versión aún más estricta de la dieta paleo, o "ancestral", carente de cereales.

La American Association of Clinical Endocrinologists y la American Thyroid Association no aprueban la dieta AIP. Entonces ¿qué podemos decir los médicos a los pacientes si quieren intentarla, sea porque no desean tomar fármacos o porque los toman, pero continúan con síntomas?

¿Insensatez o ciencia?

La teoría en que se basa la dieta AIP es que los síntomas autoinmunitarios (y posiblemente incluso los anticuerpos) se pueden reducir si se eliminan determinados elementos de la dieta. El objetivo es mitigar la inflamación, que se reconoce como el mecanismo patológico fundamental de la autoinmunidad.[1]

Pero la dieta no es fácil. La lista de alimentos que se deben evitar es larga: todos los cereales, legumbres, solanáceas, lácteos, huevos, café, alcohol, frutos secos, semillas, azúcares refinados/procesados y aceites, así como aditivos de alimentos.

Por tanto, ¿es una insensatez que los pacientes se enfrasquen en una dieta tan épica que no tiene el apoyo de los expertos? He aquí un vistazo a los fundamentos científicos de la dieta AIP.

Esta dieta está fundamentada en la teoría de que la disfunción de la barrera intestinal o intestino permeable permite la entrada de toxinas al sistema, desencadenando inflamación y autoinmunidad. Aunque en un tiempo se veía con escepticismo, "la disfunción de la barrera intestinal" ha sido objeto de interés creciente en el mundo médico.

De hecho, una búsqueda de este término en PubMed revela cerca de 450 publicaciones; la primera apareció en 1993. Una serie creciente de investigaciones vincula la permeabilidad intestinal con una variedad excesivamente amplia de trastornos, tales como enfermedad intestinal infamatoria, esclerosis múltiple, diabetes, enfermedad cardiovascular, autismo, depresión, enfermedad de Parkinson, y demencia.[2,3,4,5,6,7,8,9]

Pese al reconocimiento creciente de que el intestino permeable desencadena muchas enfermedades, incluida la autoinmunidad, son sorprendentemente escasos los conocimientos sobre cómo contener la situación.[10] Si bien se considera clave restablecer la microbiota intestinal saludable, los médicos tradicionales debaten acerca de la mejor forma de lograrlo.[11]

Aparecen los "médicos no tradicionales", cuya solución es la dieta AIP.

Médicos autores de éxitos editoriales han defendido diversas versiones de la dieta AIP, y muchos de ellos tienen anécdotas personales de enfermedades autoinmunitarias que no respondían a la medicina tradicional.

La Dra. Amy Myers, médica de urgencias, es una. La Dra. Cynthia Li, una internista, es otra. Las dos profesionales se apartaron de los preceptos de la medicina tradicional a causa de la enfermedad autoinmunitaria de tiroides que no respondía al tratamiento médico.

La Dra. Myrto Ashe, maestra en salud pública, especialista en medicina familiar con sede en California, siguió una trayectoria similar cuando el trastorno de su hijo no mejoraba.

"Para los que somos médicos tradicionales que 'nos hemos cruzado al otro lado', por lo general esto se ha debido a que nosotros o algún miembro de nuestra familia tenía un problema médico que no se podía resolver con las herramientas con las que ya estamos familiarizados", destacó.

La piedra angular de la dieta AIP es la eliminación la gliadina, un componente notoriamente no digerible del gluten que se encuentra en trigo, centeno, cebada y triticale y está oculta en incontables alimentos procesados.

"El gluten daña al intestino cada vez que lo comes", explicó Ashe, citando una serie de estudios que vinculan la liberación de zonulina inducida por gliadina con la disfunción de la barrera intestinal.[12] El daño intestinal inducido por el gluten es bien reconocido en personas con celiaquía, aunque hay evidencia de que produce daño transitorio en personas sin celiaquía, añadió.[13,14]

"Esto se debe en gran parte a que tenemos una dieta más deficiente y, por tanto, menos bacterias beneficiosas que las que solíamos tener", explicó. "Así que hace sentido que aunque nuestros ancestros podían consumir mucho gluten con impunidad, nosotros no podemos".

Mucho de lo que se sabe sobre el gluten y el intestino proviene del Dr. Alessio Fasano, de la Harvard Medical School, quien considera que algunas personas con autoinmunidad se podrían beneficiar de la eliminación del gluten.

"Estoy convencido, con base en datos publicados, de que existen subgrupos de personas afectadas por enfermedades autoinmunitarias, como diabetes de tipo 1, esclerosis múltiple, artritis reumatoide, etc., en quienes el gluten puede desempeñar un papel patogénico al inducir la liberación de zonulina, la molécula que aumenta la permeabilidad intestinal", señaló.

"Sin embargo, contrario a los pacientes con celiaquía, 100% de los cuales se benefician de una dieta sin gluten, solo un porcentaje de las personas con autoinmunidad se pueden beneficiar de la dieta. No contamos con biomarcadores validados para la sensibilidad al gluten de origen no celiaco, de manera que es imposible identificar el subgrupo que se beneficiaría de la dieta", añadió.

La Dra. Ashe y otros proponentes de la dieta AIP consideran que al cicatrizar el intestino y restaurar la microbiota saludable, la dieta puede ayudar a muchos pacientes con trastornos autoinmunitarios a reducir sus fármacos o abandonarlos del todo.

El Dr. Fasano tiende a estar de acuerdo. "Los resultados son principalmente anecdóticos, pero se ha descrito la mejoría de los síntomas, la disminución de los títulos de autoanticuerpos y una ralentización de la progresión del proceso autoinmunitario", señaló.

No obstante, la Dra. Ashe considera que la dieta no debería ser la única estrategia.

"Para pacientes con enfermedad de Hashimoto sintomática comenzaría con medicación ―levotiroxina o posiblemente tiroides de cerdo desecado natural―; luego les administraría durante algunos meses un programa de medicina funcional exhaustivo (que incluya dieta, estilo de vida y suplementos), y después volvería a valorar qué hacer con la dosis de la medicación a medida que pasa el tiempo. El otro día traté a un paciente que veía cómo se desvanecían sus niveles de peroxidasa tiroidea".

Los médicos tradicionales se mantienen escépticos

Los médicos especialistas en tiroides más tradicionales titubean en aceptar totalmente la dieta AIP, afirmando que no hay evidencia de que mejoren las cifras de hormona estimulante de la tiroides y anticuerpo tiroideo.

La American Thyroid Association declaró: "En la actualidad no hay un estudio controlado publicado que muestre que la 'dieta de protocolo autoinmunitario' pueda producir remisión de la enfermedad de Hashimoto".

El Dr. John Sistrunk, presidente de la red estatal de enfermedad tiroidea para la American Association of Clinical Endocrinologists, tiene una opinión similar. "Aunque la evidencia científica actual no respalda el apego estricto a una dieta de 'protocolo autoinmunitario' para mejorar la tiroiditis de Hashimoto, desde el punto de vista clínico, mejorar los hábitos alimentarios ha demostrado efectos sobre otros procesos patológicos, incluso en la calidad de vida", destacó.

El Dr. Karl Nadolsky, presidente de la red estatal de obesidad y enfermedades nutricionales de la American Association of Clinical Endocrinologists, indicó que aunque ha visto pacientes con tiroiditis autoinmunitaria de Hashimoto e hipotiroidismo que han llegado "al extremo" de apegarse a la dieta AIP, "ni yo ni alguno de mis colegas hemos tenido algún paciente que tenga éxito en reducir los niveles de anticuerpo a un grado clínicamente importante o que no necesite restitución de hormona tiroidea si ya la está recibiendo".

"Dicho esto, ciertamente alentamos a mejorar los hábitos alimentarios, lo que incluye más verduras, frutas, legumbres, leguminosas, frutos secos, semillas, pescado, pollo y carnes no procesadas, además de ejercicio, higiene del sueño y reducción del estrés, pues estos son tratamientos definitivamente basados en evidencia que son útiles para todos, incluidas las personas con enfermedad de Hashimoto", puntualizó.

Pese a su escepticismo sobre la dieta AIP, los dos grupos reconocen con cautela que la eliminación del gluten puede tener algún beneficio tiroideo. "Algunos datos demuestran que en el pequeño subgrupo de personas con celiaquía y enfermedad de Hashimoto, la dieta libre de gluten mejorará los niveles de anticuerpo tiroideo", añadió Nadolsky, reconociendo que esto requiere más investigación.

Mientras Paul y su familia se sientan a cenar, la mesa muestra una mezcla de vegetales, carne y platillos de pescado, así como un poco de gluten. Aunque comenzó con una dieta estrictamente libre de gluten cuando se le estableció el diagnóstico, admite que no la ha cumplido del todo porque se siente mejor. La comida es combustible que energiza su estilo de vida físicamente atareado y su torbellino de actividad profesional acelerada, todo lo cual se paralizó durante el apogeo de sus problemas tiroideos.

Tanto él como María reconocen que en el futuro tal vez se necesite medicación para su enfermedad de Hashimoto. "El endocrinólogo dice que llegará el momento. Siempre estoy teniendo lentamente un poco de daño, el cual no es recuperable. Es como un automóvil con el motor averiado".

Mientras tanto, ha regresado a utilizar la bicicleta, a correr y a hacer malabarismos con una gran promoción de trabajo, y se siente excelente.

Kate Johnson es escritora independiente con sede en Montreal, Quebec, Canadá.

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