Cannabis médica para trastornos mentales es difícil de justificar

Pauline Anderson

Conflictos de interés

11 de noviembre de 2019

Se dispone de poca evidencia que respalde el uso de cannabinoides para tratar trastornos psiquiátricos como depresión, ansiedad, trastorno por estrés postraumático, y psicosis, señalan los resultados de un nuevo análisis sistemático y metanálisis.[1]

"Los pacientes que estén interesados en utilizar cannabinoides para trastornos mentales han de comprender que existe escasa evidencia que los respalde, y si optan por esta intervención, se deben vigilar para verificar que es útil y no está causando daño", comentó a Medscape Noticias Médicas la investigadora principal, Louisa Degenhardt, Ph. D., del National Drug and Alcohol Research Centre, en la University of New South Wales, en Sídney, Australia.

Hay muchos datos que muestran que el uso de cannabis puede acentuar la depresión, la ansiedad y los síntomas psicóticos, y dar por resultado dependencia, señaló.

"En muchos sentidos, sabemos más sobre los riesgos a largo plazo que conlleva el uso regular de cannabis que sobre sus beneficios para personas con trastornos mentales", agregó Degenhardt. Mientras tanto, la tendencia a la legalización de cannabis la ha convertido en una droga ampliamente disponible a nivel global.

El estudio fue publicado en la versión digital de The Lancet Psychiatry.

"Notable falta de evidencia"

Los investigadores puntualizaron que hay una "notable falta de evidencia de gran calidad en que los trastornos mentales sean el objetivo principal del tratamiento con cannabinoides".

En concreto, "se ha planteado que los cannabinoides medicinales, entre ellos, cannabis medicinal y cannabinoides farmacéuticos y sus derivados sintéticos, como tetrahidrocannabinol y cannabidiol, tienen utilidad terapéutica en determinados trastornos mentales", indicaron.

Sin embargo, aunado a la escasa base de datos empíricos, afirmaron los autores, "los países permiten cada vez más que los cannabinoides estén disponibles para fines médicos, incluso para trastornos mentales".

Con el fin de aclarar más la cuestión, los investigadores llevaron a cabo lo que describen como "el análisis sistemático y metanálisis más exhaustivo en analizar los datos empíricos disponibles sobre los cannabinoides medicinales en el tratamiento de trastornos y síntomas mentales".

Los investigadores realizaron una amplia búsqueda en la literatura de estudios publicados de enero de 1980 a abril de 2018 sobre cualquier tipo y formulación de cannabinoide medicinal, incluyendo tetrahidrocannabinol, cannabidiol, o una combinación de ambos, utilizados en diversos trastornos psiquiátricos. El análisis incluyó 40 estudios aleatorizados controlados y más de 3.000 participantes adultos.

Muchos de estos estudios fueron pequeños. Para algunos trastornos mentales solo hubo un estudio aleatorizado controlado. En algunos estudios el trastorno psiquiátrico fue la variable principal, pero en muchos casos fue una variable secundaria, "de manera que hay un gran margen para realizar más investigación", señaló Degenhardt.

Los autores clasificaron los productos derivados de cannabis en tetrahidrocannabinol de grado farmacéutico, cannabidiol de grado farmacéutico y "cannabis medicinal" (cualquier parte de la planta de cannabis o material de la planta, como brotes, hojas o extractos de la planta). Sintetizaron el efecto de los cannabinoides como cocientes de probabilidad (odds ratio) de remisión y diferencias de media estandarizadas (SMD) para el cambio sintomático.

Los investigadores evaluaron la calidad de la evidencia utilizando la herramienta de Riesgo de sesgo de la Cochrane Collaboration y el sistema GRADE (Gradación de Recomendaciones, Análisis, Desarrollo y Evaluación).

En el caso de la depresión, el análisis incluyó 23 estudios aleatorizados controlados y más de 2.500 participantes. Estos estudios se efectuaron en personas con depresión por dolor crónico.

La depresión es el principal motivo

Puesto que el motivo más frecuente de que los estadounidenses refieran el empleo de cannabinoides es para tratar la depresión, "nos sorprendió bastante que no hubiera un solo estudio publicado que se ocupara principalmente de analizar los cannabinoides en personas que tuvieran depresión", indicó Degenhardt.

En estos estudios, tetrahidrocannabinol farmacéutico, sea con o sin cannabidiol, no afectó los síntomas depresivos.

Se observó una reducción de los síntomas de ansiedad con tetrahidrocannabinol farmacéutico, con o sin cannabidiol, más considerable de manera estadísticamente significativa que con placebo entre individuos con otros trastornos médicos (SMD: - 0,25; intervalo de confianza de 95% [IC 95%]: -0,49 a -0,01), aunque la evidencia fue de muy baja calidad.

Sin embargo, la reducción de los síntomas de ansiedad pudo deberse a mejoras del trastorno médico principal, del dolor crónico no canceroso, o de la esclerosis múltiple, advirtieron los autores.

En un pequeño número de estudios no hubo evidencia de que algún tipo de cannabinoide mejorara significativamente los criterios principales de valoración consistentes en trastorno por déficit de atención con hiperactividad, síndrome de Tourette, trastorno por estrés postraumático, o psicosis.

De hecho, los resultados de un pequeño estudio de pacientes con esquizofrenia indicaron que tetrahidrocannabinol farmacéutico, con o sin cannabidiol, agravaba la psicosis, en comparación con placebo (SDM: 0,36; IC 95%: 0,10 - 0,62). Este estudio también demostró que tetrahidrocannabinol empeoraba el funcionamiento cognitivo, lo cual fue una variable secundaria.

En comparación con placebo y en todos los trastornos mentales, tetrahidrocannabinol farmacéutico con o sin cannabidiol aumentó el número de individuos con efectos adversos (odds ratio [OR]: 1,99; IC 95%: 1,20 a 3,29), y deserción del estudio a causa de ellos (OR: 2,78; IC 95%: 1,59 a 4,86).

Hasta ahora no ha habido mucha "motivación" para que las compañías farmacéuticas desarrollen cannabinoide de grado farmacéutico, excepto para trastornos como epilepsia, puntualizó Degenhardt. Sin embargo, es posible que esto cambie.

"Sospecho que algunas compañías pueden tener un interés creciente en examinar los cannabinoides", destacó.

Señaló que el desarrollo de cannabinoides potencialmente terapéuticos se debe efectuar mediante el empleo de "estudios aleatorizados controlados muy bien realizados".

Es esencial obtener esta evidencia para poder elaborar guías clínicas sobre el uso medicinal de cannabinoides para trastornos psiquiátricos, indicaron los investigadores.

Difícil de justificar

En un editorial complementario, el Dr. Deepak Cyril D'Souza, de la Yale University School of Medicine, en New Haven, Estados Unidos, manifestó que en vista de estos nuevos resultados, "por el momento sería difícil para los médicos justificar la recomendación de utilizar cannabinoides para trastornos psiquiátricos".[2]

Puntualizó que ya se dispone de fármacos aprobados, como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y los antipsicóticos, para trastornos psiquiátricos.

Aunque se podría argumentar que estos fármacos tienen escasa eficacia y se acompañan de efectos secundarios importantes, "Al menos fueron evaluados en estudios aleatorizados controlados a doble ciego, grandes y con potencia adecuada y luego se sometieron a un riguroso proceso de aprobación regulatoria", comentó.

Desde un punto de vista mecanicista, no se sabe a ciencia cierta de qué manera los cannabinoides pudieran ser eficaces para tratar trastornos tan diversos como depresión, trastorno por déficit de atención con hiperactividad, psicosis, ansiedad y trastorno por estrés postraumático, que no tienen una fisiopatología en común evidente, señaló el Dr. D'Souza.

Para que se puedan integrar los cannabinoides en el ejercicio clínico, es importante determinar las dosis óptimas para diversos trastornos, la frecuencia de administración, la duración del tratamiento y el cociente de tetrahidrocannabinol a cannabidiol, añadió.

Además, muchos trastornos psiquiátricos son crónicos y el consumo prolongado de cannabinoides puede dar por resultado tolerancia, dependencia y síndrome de abstinencia al suspenderlos, agregó el Dr. D'Souza.

"Estos factores habrán de tomarse en cuenta al considerar estos compuestos para el tratamiento de trastornos psiquiátricos crónicos a largo plazo", destacó.

Sin aprobación por la American Psychiatric Association

La American Psychiatric Association no aprueba cannabis para uso médico. En una declaración de postura aprobada antes este año, la American Psychiatric Association señaló que en la actualidad no se dispone de pruebas científicas que indiquen que cannabis sea útil de alguna manera para el tratamiento de algún trastorno psiquiátrico.[3]

"Al contrario, la evidencia actual respalda, como mínimo, una fuerte asociación entre el uso de cannabis y el inicio de trastornos psiquiátricos. Los adolescentes son muy vulnerables al daño, dados los efectos de cannabis sobre el desarrollo neurológico".

La American Psychiatric Association también señaló que el gobierno federal de Estados Unidos debería alentar y facilitar la investigación del empleo de sustancias derivadas de cannabis, como compuestos medicinales.

Los autores del estudio y el Dr. D'Souza han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

Para más contenido siga a Medscape en Facebook, Twitter, Instagram y YouTube.

Comentario

3090D553-9492-4563-8681-AD288FA52ACE
Los comentarios están sujetos a moderación. Por favor, consulte los Términos de Uso del foro

procesando....