Familiares tienen más alto riesgo de cánceres sanguíneos

Pam Harrison

Conflictos de interés

17 de septiembre de 2019

Individuos con un familiar en primer grado (padres, hermano o hijo) con cáncer sanguíneo tienen más probabilidades de que se les diagnostique la enfermedad, y este riesgo es más alto que para algunos tumores sólidos.

Un nuevo estudio, descrito por los autores como el más grande y exhaustivo hasta la fecha, mostró un vínculo familiar en 4,1% de todos los diagnósticos de cáncer sanguíneo.

Esta tasa es más alta que la de cánceres de sistema nervioso central (1,8%), cáncer renal (2,8%) y cáncer pancreático (3%), pero es más baja para cánceres de mama (8,5), colorrectales (10,1%) y de próstata (15,3%).

"Esperamos que estos datos robustos se utilicen para fundamentar guías para pruebas genéticas y cribado. Ciertamente existen individuos, como los que tienen un familiar con diagnóstico a una edad joven o con más de un familiar en primer grado afectado, en quienes son apropiadas la asesoría, las pruebas genéticas y la vigilancia", comentó el autor principal, Dr. Amit Sud, Ph. D., del Institute of Cancer Research London, en Reino Unido.

"Tras comentar con una gran cantidad de médicos de todo el país, muchos de ellos refieren que algunos pacientes tienen el mismo cáncer hematológico o uno similar al de otro familiar, pero siempre ha sido difícil saber si esto es algo fortuito o no", señaló el Dr. Sud a Medscape Noticias Médicas.

"Así que es un poco sorprendente que encontráramos que hay tumores que se consideraban derivados de diferentes linajes dentro del sistema hematopoyético, pero en realidad nuestros resultados indican que hay factores etiológicos compartidos subyacentes a estos tumores, y esta información mejora nuestra comprensión de las causas y de la predisposición potencialmente heredada para cánceres sanguíneos", añadió.

El estudio fue publicado el 8 de agosto en la versión digital de la revista científica Blood.[1]

El Dr. Sud y sus colaboradores utilizaron la Swedish Family-Cancer Database para estimar los riesgos relativos familiares de los principales cánceres hematológicos de un total de más de 16,1 millones de individuos.

"Consideramos todos los nuevos casos de malignidades hematológicas diagnosticados entre 1958 y 2015", explicaron los investigadores.

De esta considerable cohorte, 153.115 pacientes tuvieron un cáncer hematológico primario entre el inicio y el final del estudio.

"Casi todos los canceres hematológicos mostraron un aumento de manera estadísticamente significativa en los riesgos familiares para el mismo tipo de tumor", señalaron los autores.

El equipo cuantificó luego riesgos relativos familiares para cada cáncer hematológico calculando los cocientes de incidencia estandarizados en sus 391.131 familiares en primer grado.

Los riesgos relativos familiares para que pacientes en primer grado desarrollen el mismo cáncer se incrementaron 1,5 tantos para leucemia mieloide aguda; 6,8 tantos para trombocitemia esencial; 6,9 tantos para síndrome mielodisplásico; y 7,7 tantos para policitemia vera.

En el caso de los tumores de célula B hubo un incremento de dos tantos en el riesgo relativo familiar para linfoma de célula B grande difuso, linfoma folicular y mieloma múltiple.

El riesgo relativo familiar aumentó 5,6 tantos para leucemia linfocítica crónica; 8,3 para leucemia de células vellosas; 9,8 tantos para linfoma de Hodgkin con esclerosis nodular; 13,3 para linfoma de células del manto; 15,8 tantos para linfoma linfoplasmacítico y macroglobulinemia de Waldenström, y 16,7 para linfoma de Hodgkin de celularidad mixta.

Los riesgos relativos familiares más potentes por lo general fueron específicos de enfermedad, señalaron los autores.

Sin embargo, también identificaron patrones distintivos de riesgo familiar, predominantemente específicos de linaje celular.

Por ejemplo, la leucemia linfocítica crónica compartió riesgo familiar con casi todos los tumores de célula B, observaron los investigadores.

También se identificaron riesgos familiares en el linaje celular con linfoma de Hodgkin, linfoma de célula B grande difuso, linfoma de células del manto, leucemia linfocítica crónica y mieloma múltiple, todos los cuales compartieron riesgo con diversos cánceres mieloides, puntualizaron.

Riesgo acumulado en el curso de la vida

En la población sueca general, los riesgos acumulados en el curso de la vida para todos los cánceres hematológicos primarios, linfoma no Hodgkin y leucemia linfocítica crónica son 3,4%, 1,3% y 0,4%, respectivamente.

Estos riesgos aumentaron significativamente para familiares en primer grado de pacientes con diagnóstico de los mismos tres tipos de cáncer en 4,3%, 2,2 % y 2,3%, respectivamente.

Sin embargo, para los pacientes con dos o más parientes en primer grado afectados por todos los canceres hematológicos primarios, el riesgo acumulado elevado fue de 7,4% informaron los investigadores.

El mismo patrón de aumento de riesgo cuando dos o más familiares en primer grado estaban afectados se observó también para diferentes cánceres hematológicos.

Tabla. Riesgo acumulado con base en el número de familiares en primer grado afectados

  Población general 1 familiar en primer grado afectado > 2 familiares en primer grado afectados
Linfoma no Hodgkin 1,3% 2,1% 2,4%
Leucemia linfocítica crónica 0,4% 2,1% 8,6%
Cánceres mieloides 0,7% 1,4% 4,4%
Neoplasia mieloproliferativa 0,3% 1,2% 3,2%

El Dr. Sud y sus colaboradores destacaron que aun cuando los riesgos relativos familiares asociados a algunos cánceres hematológicos son altos en relación con los relacionados a algunos tumores sólidos, el riesgo absoluto en el curso de la vida de desarrollar un cáncer hematológico incluso en familiares de primer grado suele ser extremadamente bajo.

"Por ejemplo, dado que el riesgo de por vida en la población para leucemia linfocítica crónica es solo de 0,4%, el riesgo familiar se traduce en 2,2% para un familiar en primer grado de un paciente con leucemia linfocítica crónica", señalaron los investigadores.

Implicaciones para cribado

Este bajo nivel de riesgo incluso en familiares en primer grado tiene implicaciones para el cribado, expresó el Dr. Sud.

En primer lugar, el cribado solo es útil cuando hay una prueba viable para determinada enfermedad.

Los médicos también deben tener la facultad para ofrecer un tratamiento eficaz si se establece el diagnóstico en una etapa más temprana de la enfermedad porque esta se detectó con cribado.

Una enfermedad también debe ser aceptablemente frecuente en la población para que sea valioso un programa de cribado, destacó el Dr. Sud.

"Si aplicamos estos principios a los cánceres hematológicos, muchos de ellos no pasan estas pruebas, sobre todo porque estos cánceres son infrecuentes", resaltaron.

Una excepción a esta regla podrían ser los pacientes con diagnóstico de leucemia linfocítica crónica.

"La linfocitosis monoclonal B, precursora de la leucemia linfocítica crónica, se presenta en 3% a 4% de los adultos mayores de 40 años y en 14% a 18% de los familiares en primer grado de pacientes con leucemia linfocítica crónica", explicaron.

Esto podría volver relevante el cribado en este grupo específico de pacientes, puntualizó el Dr. Sud.

Conocer el riesgo acumulado de varios cánceres hematológicos en el curso de la vida también podría ser útil para los pacientes, añadió.

"En la clínica a menudo he visto pacientes que tienen un familiar en primer grado con un cáncer hematológico y su pregunta es: '¿Cuáles son los riesgos para mí?'", expuso el Dr. Sud.

"Así que es útil poder consultar este estudio y decir: 'este es su riesgo en el curso de la vida para este cáncer específico'", concluyó

Este estudio fue financiado por la German Cancer Aid, el Swedish Research Council, Region Skåne y Bloodwise. Los autores han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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