Duelo y pérdida en medicina: "los médicos se tienen que desprender de su armadura"

Shelly Reese

Conflictos de interés

2 de agosto de 2019

La Dra. Whitney You miraba a la bebé postrada en la incubadora en la unidad de cuidados intensivos neonatales.

"Ya no estaba viva y yo simplemente no podía dejar de llorar", señaló. Por primera y única vez en su carrera, la Dra. You, profesora asistente de obstetricia en la Northwestern University's Feinberg School of Medicine, no pudo hacer sus rondas.

Aunque antes se le habían muerto bebés y la experiencia siempre fue dolorosa, esta pérdida la sintió más profunda y personal. La Dra. You había llegado a estimar a la familia durante el embarazo de alto riesgo de la madre y recientemente ella misma había dado a luz. Comprendía las esperanzas y los sueños perdidos de la familia y su tremendo dolor. "Una trabajadora social se acercó y me dijo: 'creo que esto la ha conmovido mucho en este momento'", recordó la Dra. You.

La sociedad tiene palabras para las personas que han perdido a sus familiares. Se convierten en viudas o viudos, o huérfanos. "Sin embargo, la sociedad no habla de los bebés que fallecen. No hay un término para un padre que pierde a un hijo", comentó la especialista.

Se podría afirmar que hay un vacío lingüístico similar para describir lo que experimenta un médico tras la muerte de un paciente.

A medida que crecen las inquietudes en torno al desgaste profesional del médico, está atrayendo más atención la experiencia de la pérdida y el duelo de un médico. Los expertos indican que la investigación y recursos son bienvenidos y por mucho tiempo han faltado, pero pronto señalan: para que los médicos sanen se tienen que desprender de su armadura.

Desapego y su precio

La mayoría de los médicos comenta que su formación médica no los preparó para enfrentar la muerte de un paciente.

"El lema en la facultad de medicina era: 'Ver uno, hacer uno, enseñar uno'. Es como se nos enseña a abordar los procedimientos y también la muerte", señaló el Dr. Prateek Mendirata, oncólogo y profesor asistente en la Case Western Reserve University School of Medicine. "Observamos a intensivistas lidiar con charlas en torno a la muerte y terminación de la vida, y tuvimos que aprender a acudir al trabajo al día siguiente".

La experiencia del Dr. Mendirata dista mucho de ser única. Los médicos por mucho tiempo han hablado sobre la necesidad de límites emocionales en medicina. En un estudio de 20 oncólogos canadienses realizado en 2010 y 2011, Leeat Granek, Ph. D., profesor asociado en la York University's School of Health Policy and Management, en Toronto, Canadá, junto con un equipo de investigadores, encontró que los médicos tenían dificultades con los sentimientos de duelo, pero encubrían sus emociones para no parecer débiles o no profesionales.[1]

Sin embargo, este estoicismo proporciona a los médicos mucha menos protección de lo que piensan: más de la mitad de los participantes en el estudio informó sentimientos de fracaso, dudas de sí mismos, tristeza y desesperanza, y una tercera parte informó sentirse culpable, no poder dormir, y llorar.[1]

El estoicismo también puede repercutir negativamente en la capacidad de un médico para tratar a un paciente e interactuar con la familia del paciente. Algunos oncólogos en el estudio realizado por Granek y sus colaboradores dijeron que sus sentimientos los distraían o los volvían más o menos agresivos al tratar a otros pacientes.[1] La mitad dijo que sus sentimientos hacían que se distanciaran de pacientes agonizantes.

En otro estudio de 535 médicos oncólogos canadienses, oncólogos radioterapeutas y médicos especializados en cuidados terminales, publicado en Archives of Internal Medicine, los médicos que informaron una sensación de frustración tras la muerte de un paciente y los que preferían no mostrar emociones tuvieron menos probabilidades de acudir al funeral de un paciente, redactar una nota o llamar a la familia tras el fallecimiento.[2]

La Dra. Evangeline Andarsio, directora nacional de The Healer's Art, un programa desarrollado por la Dra. Rachel Naomi Remen para los estudiantes de primero y segundo año de medicina que explora la dimensión humana de la medicina, comentó que el problema radica en que demasiados médicos interpretan que "profesionalismo" y "compartimentalización" significan poner sus emociones en una pequeña caja negra en un estante.

    Somos humanos y testigos de mucho sufrimiento y muerte en nuestra profesión, y debe haber formas de procesarla en momentos adecuados.

"Hay una actitud entre los médicos de que se puede controlar cualquier cosa. Casi te hace pensar que John Wayne fue el padre de la medicina. Pero lo fundamental es que somos humanos y testigos de mucho sufrimiento y muerte en nuestra profesión, y debe haber formas de procesarlos en momentos adecuados. Efectivamente, existe una necesidad de compartimentalización, pero se debe reconocer que el duelo está ahí y hay que hacerle frente. Se puede poner en una caja de manera temporal, pero hay que sacarlo y enfrentarlo", puntualizó.

Los médicos que esconden un duelo no resuelto tienen más probabilidades de sufrir desgaste profesional o recurrir a estrategias de adaptación disfuncionales, como evitación, negación, ira, drogas o alcohol, que de acuerdo con la Dra. Andarsio, "pueden anestesiar temporalmente el dolor, pero esto no sanará la pérdida".

Alan Wolfelt, Ph. D., fundador y director del Center for Loss & Life Transition y miembro del profesorado del Department of Family Medicine en la University of Colorado Medical School, indicó que el duelo es una respuesta emocional interna a la pérdida, pero si los médicos no encuentran una forma de expresar estas emociones, se arriesgan a convertirse en "funcionarios médicos", sin poder involucrarse plenamente con los pacientes y sus familias.

Caminando por el filo de la navaja

Esto no quiere decir que los médicos necesiten llevar sus emociones a flor de piel. Wolfelt señaló que algunos médicos pueden querer expresar su duelo en forma privada observando algunos momentos de silencio y reflexión, escribiendo un diario o prendiendo una vela. De acuerdo con la Dra. Andarsio, otros pueden necesitar más apoyo psicosocial, sobre todo cuando su duelo es complicado por el temor de una demanda legal, están lastimados por la ira de una familia o se sienten culpables de haber fallado de alguna manera.

"El duelo y la pérdida no son una experiencia igual para todos", destacó Granek. "Los individuos son diferentes en lo que quieren y en los tipos de intervenciones que consideran útiles. Algunos desean más aleccionamiento que los ayude a lidiar con sus emociones, otros desean más vacaciones y periodos sabáticos para restablecerse y muchos solo desean validación de que el duelo está íntimamente ligado a su trabajo".

Los médicos caminan por el "filo de la navaja entre la vida y la muerte", añadió la Dra. You, y el sistema de atención a la salud apenas está comenzando a explorar formas de ayudarlos a mantener su equilibrio.

Por ejemplo, en muchas facultades de medicina se han incorporado asignaturas optativas como The Healer's Art en sus programas académicos, y los médicos que ejercen tienen acceso a sesiones de aleccionamiento para el duelo, como las que dirige Wolfelt. Algunas asociaciones profesionales, como la American Academy of Pediatrics, que lanzó su Resilience in the Face of Grief and Loss Curriculum (Programa de resiliencia ante el duelo y la muerte) en 2016, han introducido programas que ayudan a sus miembros.[3]

Los hospitales y sistemas de salud están adoptando más iniciativas y ofreciendo servicios de apoyo, celebrando reuniones en determinadas circunstancias y celebrando ceremonias conmemorativas periódicas.

Muchos médicos se han dado a la tarea de explorar el problema de manera independiente. La Dra. You dijo que leer el libro de la Dra. Remen, Kitchen Table Wisdom: Stories That Heal, le ayudó a entender algunos aspectos, y ahora incorpora ejercicios de redacción y "momentos de humanidad" en su trabajo con estudiantes y residentes de medicina para ayudarlos a abordar los aspectos emocionales de la medicina.

El Dr. Mendiratta estableció un club del libro en su hospital. El grupo recientemente leyó When Breath Becomes Air, la autobiografía del neurocirujano Paul Kalanithi en torno a su batalla con cáncer terminal, y utilizado como una plataforma para describir sus propias experiencias. Hasta ahora "solo han acudido las enfermeras. Se conectan con estos pacientes. Una enfermera se me acercó y me dijo que era realmente útil. Creo que los médicos también se beneficiarían, si pudieran desprenderse de su armadura", destacó.

Encontrando su camino

Pese al surgimiento de programas formales, muchos médicos dicen que las enseñanzas más valiosas que han aprendido han sido de manera informal de gente a su alrededor.

"Me incliné por la oncología porque vi médicos de guardia en verdad increíbles a la cabecera del enfermo que mostraban gran compasión a los pacientes agonizantes", recuerda el Dr. Mendiratta. "Aprendía de ellos y les preguntaba, '¿Qué hace por la noche? ¿Cómo lo sobrelleva?'".

En torno a una taza de café, un médico de guardia dijo simplemente al Dr. Mendiratta: "Me siento y lloro. Esto es humano". Otro le dijo: "Vas a tu casa y abrazas a tus hijos y pones tu vida en perspectiva".

Un tercero dijo que se metía a una habitación tranquila, apagaba la luz y reflexionaba en una interacción positiva que había tenido con el paciente o la familia. "Nunca hay que tomar un atajo en ese momento", aconsejó.

El Dr. Mendiratta dice que la guía, el asesoramiento profesional, el ejercicio y la atención a los propios cuidados le han ayudado a procesar su duelo. Sin embargo, la enseñanza más importante le llegó hace pocos meses en su carrera médica cuando se le recordó que el verdadero cuidado no es necesariamente curativo.

"Estaba hablando con la hija de un paciente sobre quimioterapia adicional y estudios clínicos y preguntó: 'Doctor, ¿alguna vez ha hablado con mi padre de 84 años acerca de lo que realmente desea?'", indicó.

El Dr. Mendiratta quedó impresionado al darse cuenta de que no lo había hecho. "Me senté con el paciente y le pregunté qué era lo que más deseaba, de manera que pudiera tratar de ayudarlo a lograr tal objetivo. Dijo: “‘Me encanta pescar. Mi nieta tiene la edad suficiente. Quiero llegar al verano para poder irme de pesca con ella’. Si le hubiera dado más quimioterapia, hubiera estado demasiado débil para llevar a su nieta a pescar".

Las conversaciones vitales sientan las bases para que los pacientes establezcan sus metas personales, lo cual es esencial para su autonomía, de acuerdo con el Dr. Mendiratta. Sin embargo, también proporcionan socorro a los vivientes. Ayudar a los pacientes a lograr lo que es más importante para ellos permite a los cuidadores celebrar victorias y no soportar derrotas.

"El cuidado a los pacientes no termina cuando ya no podemos 'hacer algo' por ellos", señaló la Dra. You, quien acudió al funeral de la bebé que falleció en la unidad de cuidados intensivos neonatales y atendió años más tarde a la madre cuando dio a luz a un bebé sano. "Necesitamos hacer algo por ellos, no como pacientes, sino como personas. Es un privilegio acompañar por el camino a las familias en medio de desenlaces malos".

Morar en ese espacio privilegiado es difícil, señaló, y el duelo es una parte natural e inevitable de ello. Incluso para el médico.

"Algunas personas pueden sentirse culpables de sentir que este no es su duelo, pero es necesario no reprimir lo que se siente", concluyó.

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Comentario

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