Aumentan tasas de autolesión, sobre todo en niñas y mujeres jóvenes

Batya Swift Yasgur

Conflictos de interés

19 de junio de 2019

Las tasas de autolesión no suicida están aumentando, sobre todo en niñas adolescentes y mujeres adultas jóvenes. Pocas de estas personas reciben ayuda médica o psicológica, señala nueva investigación.[1]

Investigadores analizaron datos relacionados con autolesión no suicida de una serie de encuestas entre adultos de 16 a 74 años que vivieron en Inglaterra durante 2000, 2007 y 2014. Encontraron que la prevalencia de autolesión no suicida en el curso de la vida de la población británica se triplicó durante ese periodo, aumentando de 2,4% en 2000, a 3,8% en 2007 y a 6,4% en 2014.

Aunque la prevalencia aumentó en los grupos de edad y entre personas de uno u otro género, el grupo más afectado fue el de mujeres y niñas de 16 a 24 años. En estas personas las tasas aumentaron cinco tantos, desde aproximadamente 2,5% en 2000 hasta casi 20% en 2014.

En 2000 y 2007, cerca de 51% de los participantes que habían incurrido en autolesión no suicida informó no recibir ayuda médica o psicológica. Este porcentaje aumentó a 59% en 2014.

"Observamos un incremento de casi tres tantos en autolesión no suicida en hombres lo mismo que en mujeres y en diferentes grupos de edad, pero las tasas más acentuadas fueron en mujeres jóvenes, donde casi una quinta parte informó incurrir en autolesión no suicida en algún momento de su vida", indicó a Medscape Noticias Médicas la autora principal, Sally McManus, maestra en ciencias, del National Center for Social Research, en Londres, Reino Unido.

"Algo que deseamos ver surgir de nuestro estudio es el énfasis positivo en atención médica, educación, servicios sociales y justicia penal para el desarrollo de la salud emocional y estrategias de adaptación positivas", señaló McManus.

El estudio fue publicado el 4 de junio en la versión electrónica de The Lancet Psychiatry.

Estudio temporal

En un número creciente de estudios se ha investigado autolesión no suicida, lo cual ha dado lugar a un "mejor reconocimiento y programas de prevención fundamentados", escribieron los autores.

Sin embargo, no está "claro" si la prevalencia o la naturaleza de la autolesión no suicida está cambiando, pues "estudios sobre las tendencias temporales son infrecuentes y sus hallazgos ambivalentes".

Para investigar la cuestión, los autores llevaron a cabo un análisis secundario de datos de las Encuestas de Morbilidad Psiquiátrica en Adultos de 2000, 2007 y 2014 en relación con individuos de 16 a 74 años (n = 7.243, 6.477 y 6.477, respectivamente).

La cantidad de datos faltantes fue "mínima", afirmaron los investigadores. En la encuesta de 2014 faltaban datos de 4,3% de los participantes que no proporcionaron respuestas en la sección de llenado por los mismos encuestados.

El componente de autollenado se llevó a cabo a través de una computadora portátil para mejorar la privacidad, mientras que la parte restante de la encuesta se efectuó mediante entrevistas personales.

Hubo un incremento global progresivo en la prevalencia de autolesión no suicida en el curso de la vida, desde 2,4 (intervalo de confianza de 95% [IC 95%]: 2,0 - 2,8 en 2000 a 3,8 (IC 95%: 3,3 - 4,3) en 2007 y a 6,4 (IC 95%: 5,8 - 7,2) en 2014.

Aunque las características de los participantes en las tres rondas se mantuvieron estables por lo que respecta a edad y género, disminuyó la proporción de informantes caucásicos. La prevalencia de autolesión no suicida no fue significativamente diferente entre grupos étnicos en cualquiera de las rondas.

Un factor que se mantuvo constante en las tres rondas fue que la autolesión no suicida fue más frecuente en los grupos de edad más joven y menos frecuente en los grupos de edad mayor.

Aunque la prevalencia fue similar entre participantes masculinos y femeninos en 2000 y 2007, fue más alta de manera estadísticamente significativa en mujeres y niñas (7,9%; IC 95%: 6,9 - 9,0) frente a hombres y niños en 2014 (5,0%; IC 95%: 4,0 - 6,1; p = 0,0002).

Además, aunque la prevalencia aumentó en uno y otro géneros y en todos los grupos de edad, el incremento en términos absolutos fue máximo en niñas y mujeres jóvenes: en 2014, 19,7% de las mujeres de 16 a 24 años de edad informó autolesión no suicida en las entrevistas en persona (IC 95%: 15,7 - 24,5), con respecto a 6,5% en 2000 (IC 95%: 4,2 - 10,0) y 11,7% en 2007 (IC 95%: 8,4 -16,0).

La prevalencia fue incluso mayor cuando se incluyeron los informes de autollenado: una cuarta parte (25,7%) de las niñas y mujeres de 16 a 24 años informó incurrir en autolesión no suicida.

Cambio de medios y motivos

En cada ronda de encuesta, alrededor de dos tercios de los participantes que informaron autolesión no suicida habían incurrido en infligirse heridas.

Sin embargo, a medida que se volvió más frecuente la autolesión no suicida, la prevalencia de autoheridas en la población general de 2000 a 2014 aumentó desde 1,5% (IC 95%: 1,2 - 1,8) hasta 3,9% (IC 95%: 3,5 - 4,5). El aumento de la prevalencia fue especialmente acentuado en mujeres y niñas.

En 2000 y 2007, la prevalencia de autoheridas no fue significativamente diferente según género, pero en 2014 fue más alta entre mujeres y niñas que entre hombres y niños (p < 0,0001).

Por otra parte, la prevalencia de autoquemaduras en hombres y niños aumentó un poco, desde 0,0% (IC 95%: 0,0 - 0,1) en 2000, hasta 0,6% (IC 95%: 0,4 - 1,1) en 2007 y 0,7% (IC 95%: 0,4 - 1,3) en 2014.

En ambos géneros, la proporción de la población que refirió incurrir en autolesión no suicida para aliviar emociones desagradables (enojo, tensión, ansiedad o depresión) triplicó aproximadamente su prevalencia de 2000 a 2014, desde 1,4% (IC 95%: 1,0 - 2,0) hasta 4,0% (IC 95%: 3,2 5,0) en hombres y niños, y de 2,1% (IC 95%: 1,6 - ,7) a 6,8% (IC 95%: 6,0 - 7,8) en mujeres y niñas.

En 2000 y 2007, la prevalencia de autolesión no suicida en respuesta a estas emociones no fue significativamente diferente según género, pero en 2014 fue más frecuente de manera estadísticamente significativa en mujeres y niñas que en hombres y niños, siendo la prevalencia más alta en mujeres y niñas de 16 a 24 años.

Cuando se incluyó a los que informaron autolesión no suicida en la sección de autollenado en 2014, cerca de una cuarta parte (22,4%) de las mujeres de 16 a 24 años informó incurrir en autolesión no suicida como un medio de adaptación.

La proporción de participantes que informaron haber incurrido en autolesión no suicida para modificar su situación aumentó en general, pero menos bruscamente que la proporción que utilizó autolesión no suicida como un mecanismo de adaptación, y la proporción no fue diferente según género en ninguna de las tres rondas.

La proporción de personas que incurrieron en autolesión no suicida y que informaron no recibir servicios médicos o psicológicos subsiguientes se mantuvo estable entre 2000 y 2007 (51,2%; IC 95%: 42,2 - 60,0, y 51,8%; IC 95%: 47,3 - 56,40, respectivamente), pero aumentó en grado no significativo en 2014 (59,4%; IC 95%: 54,7 - 63,9).

Bajas tasas de búsqueda de ayuda

Cuando se incluyó a los participantes en 2014 que refirieron autolesión no suicida solo en la sección de autollenado, una mayor proporción (62,6%; IC 95%: 58,9 - 66,1) informó no tener contacto con servicios médicos o psicológicos después de incurrir en autolesión no suicida.

En comparación con hombres y niños, las mujeres y niñas que incurrieron en autolesión no suicida tuvieron aproximadamente el doble de probabilidades de contactar servicios médicos o psicológicos.

El contacto con los servicios después de autolesión no suicida fue más frecuente en personas de 35 a 74 años que en las de 16 a 34 años.

Además, las probabilidades de informar contacto con los servicios después de incurrir en autolesión no suicida aumentaron en personas que ya habían tenido un intento de suicidio en algún momento.

"Estamos al tanto de que esta conducta puede adoptarse ampliamente, y no queremos que contribuya a normalizar la conducta de autolesión y que se vea como una manera de adaptación", señaló McManus.

"Más bien, queremos que los hallazgos alerten a las personas a buscar formas alternativas de adaptación que sean más positivas", dijo.

Señaló que el hecho de que el número de personas que buscan ayuda profesional sea bajo, podría ser atribuible a estigma.

Además, "es posible que la alta prevalencia de personas más jóvenes se deba a que se sienten menos habilitadas para tener acceso a tal apoyo", añadió.

A puerta cerrada

En su comentario sobre el estudio para Medscape Noticias Médicas, Rohan Borschmann, Ph. D., doctor en psicología clínica, psicólogo y becario de investigación sénior, de Melbourne School of Population and Global Health, en la University of Melbourne, en Melbourne, Australia, quien no intervino en el estudio, lo llamó "una grata adición a la literatura".

Elogió a los investigadores por incluir a informantes que no habían tenido contacto con servicios de salud mental, pues a menudo este subgrupo se excluye de los estudios de autolesión.

Borschmann, quien es coautor de un editorial complementario, señaló que la autolesión es típicamente una conducta muy privada y todavía conlleva un estigma considerable; a menudo se realiza a puerta cerrada y se mantiene oculta a otras personas, incluidos amigos cercanos y miembros de la familia.[2]

A menudo, "solo cuando una persona joven accidentalmente 'va demasiado lejos', es cuando se busca asistencia médica", observó.

Resaltó que la autolesión en personas jóvenes "puede ser un indicador de otras conductas de riesgo que plantean peligros considerables para el desarrollo social y emocional durante la edad adulta joven y más allá, y nunca debería considerarse solo como una fase transitoria".

En su comentario al estudio para Medscape Noticias Médicas, E. David Klonsky, Ph. D., profesor del Department of Psychology, University of British Columbia, en Canadá, quien no intervino en la investigación, lo consideró "un estudio bien realizado por un equipo experimentado y meticuloso".

Dado que el estudio distinguió entre autolesión no suicida y otras formas de autolesión con intento de suicidio, es "un paso en la dirección correcta hacia comprender el alcance de la autolesión con mayor especificidad", indicó.

Señaló que las tasas notificadas en el estudio son "más o menos congruentes con las tasas comunicadas en otros países occidentales, como Estados Unidos y Alemania".

Sin embargo, puntualizó que "en Estados Unidos es peculiar una tendencia a un incremento en las tasas de suicidio en los últimos 15 años".

Algunas reservas

El Dr. Igor Galynker, Ph. D., profesor de psiquiatría de Icahn School of Medicine, y director del MSBI Suicide Research Laboratory, en el Mount Sinai Beth Israel, en Nueva York, Estados Unidos, también comentó sobre el estudio, describiéndolo como "muy sólido desde el punto de vista metodológico".

Sin embargo, expresó sus reservas.

"Mi principal inquietud con el estudio es que la autolesión no suicida no es mortal y su principal relevancia en Estados Unidos en cuanto a la gravedad es en qué grado se relaciona con suicidio y conducta suicida", añadió el Dr. Galynker, quien no intervino en el estudio.

"Es interesante que en Inglaterra, aunque la autolesión no suicida aumentó tres a cinco tantos, la conducta suicida no se incrementó, lo cual es un hallazgo sorprendente", señaló.

Por otra parte, en Estados Unidos "la tasa de suicidio está aumentando (no solo intentos, sino también las tasas de suicidio consumado) sobre todo en adolescentes y niños menores de 15 años", puntualizó.

"El motivo evidente de este aumento es el acceso a armas de fuego en Estados Unidos, donde 50% de las personas se suicida utilizando armas de fuego, en comparación con 5% en Europa", señaló.

"Alguien en Estados Unidos que deseara aliviar un dolor mental terrible podría conseguir un arma y pegarse un tiro, pero cuando no tiene un arma, puede herirse a sí mismo, utilizando autolesión no suicida para sentirse mejor", comentó.

Agregó que en Estados Unidos, así como en Reino Unido, las personas que incurren en "autolesión no suicida no están obteniendo suficiente ayuda".

"Algunas personas sienten vergüenza, y otras no quieren obtener ayuda, pues es una forma de adaptación para ellas, de manera que muy a menudo se cortan en la parte interior o exterior de muslo, donde las heridas no son visibles", destacó.

Por otra parte, los medios sociales pueden ser culpables de la normalización de esta conducta.

McManus dijo que los profesionales clínicos que trabajan con personas jóvenes deben tener presente que la autolesión no suicida es frecuente, y reconocer que podría estar ocurriendo, pero deben hablar sobre ello de una manera que no la normalice.

Alentó a los profesionales clínicos a indagar si los pacientes están incurriendo en autolesión no suicida y "tener disponible, cuando se les pida, estrategias de adaptación alternativas que sean positivas para enfrentar el sufrimiento".

El English Department of Health and Social Care es el organismo financiador principal de las Encuestas de Morbilidad Psiquiátrica en Adultos, comisionadas por National Health Service Digital. Los análisis fueron financiados como investigación independiente por el National Institute for Health Research Policy Research Programme. Otras fuentes de financiación se enumeran en el artículo original. McManus y coautores, Borschmann y coautor, Klonsky y Galynker, han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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