Alimentos y bebidas ultraprocesados se vinculan a cardiopatía y muerte más temprana

Marlene Busko

Conflictos de interés

7 de junio de 2019

Adultos cuya dieta incluía más alimentos y bebidas ultraprocesados, como helado, refresco y hamburguesas, tuvieron más probabilidades de desarrollar enfermedad cardiovascular o morir más pronto que otros que habían tenido una alimentación más integral, en dos grandes cohortes europeas.[1]

En el estudio NutriNet-Santé de adultos en Francia, los que tenían una ingesta de alimentos y bebidas ultraprocesados 10% más alta mostraron un incremento de 11% a 13% en la tasa de enfermedad cardiovascular, cardiopatía isquémica y enfermedad cerebrovascular en el curso de aproximadamente 5 años.

En el estudio SUN (Seguimiento Universidad de Navarra) de graduados universitarios de la Universidad de Navarra, España, quienes consumían más de cuatro raciones de bebidas y alimentos ultraprocesados al día tuvieron 62% más probabilidades de morir por todas las causas durante el curso aproximado de una década, que aquellos que consumían menos de dos raciones por día.

Los estudios dirigidos por Bernard Srour, doctor en farmacia, Ph. D., maestro en salud pública, becario, Université de Paris, en Francia, y Anais Rico-Campà, doctora en farmacia, de la Universidad de Navarra, en Pamplona, España, fueron publicados el 29 de mayo en la versión electrónica de British Medical Journal.

"Estos hallazgos se suman a evidencia creciente de una relación entre alimento ultraprocesado y desenlaces adversos en la salud, que tienen implicaciones importantes para consejos sobre alimentación y políticas relacionadas con alimentos", comentan en un editorial adjunto Mark A. Lawrence, Ph. D., y Phillip I. Baker, Ph. D., Deakin University, en Geelong, Australia.[2]

"El consejo dietético es relativamente simple: comer menos alimento ultraprocesado y más alimento mínimamente procesado o sin procesar", resaltan.

Aleccionar sobre los riesgos de productos ultraprocesados y promover alimentos integrales

Los investigadores y editorialistas instan a los gobiernos a desarrollar políticas de salud para abordar este riesgo.

"Por tanto, es importante informar a consumidores sobre estas asociaciones", concluyen Srour y sus colaboradores, "e implementar acciones dirigidas a reformulación de productos (por ejemplo, mejorar la calidad nutricional y reducir el uso de aditivos innecesarios), gravamen y comunicación para limitar la proporción de alimentos ultraprocesados en la dieta, y en cambio, promover el consumo de alimentos mínimamente procesados o sin procesar".

Asimismo, Rico-Campà y sus colaboradores concluyen que "desalentar el consumo de alimentos ultraprocesados, centrarse en productos, gravamen y restricciones a la comercialización de productos ultraprocesados, y promover alimentos frescos o mínimamente procesados, deberían considerarse parte de la política sanitaria para mejorar la salud pública global".

Lawrence y Baker hicieron eco de estas palabras, pero también sostienen que la reformulación de alimentos altamente procesados no es la solución.

"Las autoridades deberían cambiar sus prioridades y alejarlas de la reformulación de alimentos, que conlleva riesgos de ubicar los alimentos ultraprocesados como una solución a los problemas dietéticos, y hacer más énfasis en promover disponibilidad, asequibilidad y accesibilidad de alimentos no procesados o mínimamente procesados", escriben.

Y se está acumulando evidencia de que los daños de alimentos ultraprocesados pudieran estar relacionados con cambios en el microbioma intestinal, puntualizan.

La ingesta se ha triplicado en 20 años, pero ¿a qué costo para la salud?

Los alimentos ultraprocesados, es decir, alimentos con muchos ingredientes que se han añadido para permitir un periodo de conservación más prolongado, para que sean más degustables o seguros para el tiempo de preparación de los alimentos, son una parte creciente de la dieta en muchos países.

Entre 1990 y 2010, el consumo de alimento ultraprocesado casi se incrementó al triple, de 11% a 32% de calorías diarias, escriben Rico-Campà y sus colaboradores.

Estos alimentos y bebidas a menudo contienen más lípidos saturados y lípidos totales, azúcar y sal añadidos, y menos fibras y vitaminas, hacen notar Srour y sus colaboradores.

También contienen aditivos como glutamatos, emulsificantes, sulfitos y carragenanos o contaminantes formados durante el procesamiento térmico o en las cubiertas de empaque.

Estudios previos han vinculado el consumo de alimentos ultraprocesados con aumento en los riesgos de cáncer, obesidad, hipertensión, dislipidemia, síndrome de intestino irritable y mortalidad por todas las causas.

Los grupos de investigación examinaron cómo el consumo de alimentos y bebidas altamente procesados se relacionaban con enfermedad cardiovascular en la cohorte de NutriNet-Santé y con la mortalidad por todas las causas en la cohorte de SUN.

Riesgo de enfermedad cardiovascular en el estudio NutriNet-Santé

En el estudio NutriNet-Santé que se está realizando y que se inició en 2009, adultos en Francia fueron invitados a llenar cuestionarios basados en internet, en los cuales registraban todos los alimentos y bebidas que consumían en las 24 horas previas e indicaban tamaños de porciones basándose en fotografías de alimentos comunes.[1]

Srour y sus colaboradores analizaron datos de 83.247 mujeres (79%) y 21.912 hombres que tenían en promedio 43 años de edad cuando ingresaron en el estudio y realizaron 5,7 encuestas de alimentos durante dos años.

Dividieron a los participantes en cuartiles con base en el consumo de alimentos y bebidas muy procesados.

En comparación con participantes con la ingesta más baja de alimentos y bebidas ultraprocesados, los que tenían máximo consumo eran más jóvenes (36 frente a 48 años) y más probabilidades de ser menos activos, fumadores activos y consumir menos fruta, verdura y fibra alimentaria.

En promedio, los alimentos ultraprocesados representaron 17,6% de la dieta general en hombres, y 17,3% de la dieta general en mujeres.

Los alimentos y bebidas ultraprocesados en la dieta provenían principalmente de productos azucarados como dulce, helado y repostería (28% de productos ultraprocesados), frutas y verduras procesadas como sopas o fruta enlatada (18%), bebidas como refrescos (16%), cereales para desayuno y alimentos con almidón, como pan o alimentos de pasta preparados (12%) y productos cárnicos y de pescado, como trozos de pollo empanados (nuggets), o barritas de pescado (11%).

Los otros alimentos muy procesados fueron productos lácteos (8%), grasas y salsas (5%), y bocadillos salados (2%).

La mayor parte de los productos (85%) correspondía a la categoría de calidad nutricional más baja.
Después de ajustar con respecto a múltiples factores de confusión, en comparación con participantes en el cuartil más bajo de consumo de alimentos y bebidas ultraprocesados, los del cuartil más alto tuvieron más probabilidades de manera estadísticamente significativa de desarrollar enfermedad cardiovascular (hazard ratio [HR]: 1,12), cardiopatía isquémica (HR: 1,12) y enfermedades cerebrovasculares (HR: 1,11) en una mediana de seguimiento de 5,2 años.

¿Aumenta el riesgo la ingesta más baja de alimentos o aditivos menos procesados?

"Parte de la asociación entre la ingesta de alimento ultraprocesado y el riesgo de enfermedad cardiovascular puede provenir del consumo simultáneo más bajo de alimentos no ultraprocesados", señalan los autores.

"Una segunda interpretación" puede ser que los aditivos que contienen los alimentos ultraprocesados aumenten el riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular.

"Aunque los niveles máximos autorizados normalmente protegen a los consumidores contra efectos adversos de sustancias individuales en determinados productos alimentarios, en gran parte se desconoce el efecto de la ingesta acumulada de todos los alimentos ingeridos sobre la salud y los efectos potenciales de la combinación o la interacción", señalan.

Y el tratamiento con temperatura para fabricar estos productos "genera contaminantes neoformados, como la acrilamida en papas fritas, bollos, pan o café, y acroleína en embutidos asados y dulces de caramelo", escriben.

Además, "los alimentos ultraprocesados pueden contaminarse con materiales de contacto (los que se sospecha se desprenden del empaque), entre los cuales está bisfenol A en algunos empaques de plástico".

Y puede haber un efecto sinérgico perjudicial entre, por ejemplo, edulcorantes artificiales ingeridos en bebidas y conservadores de alimentos listos para consumir.

Por tanto, se necesitan más estudios para investigar la repercusión relativa de la composición nutricional, los aditivos de alimentos, los materiales de contacto y los contaminantes neoformados sobre la asociación entre alimentos altamente procesados y el riesgo de enfermedad cardiovascular.

"En la actualidad, nuestro equipo de investigación está iniciando un programa a gran escala sobre exposición crónica a aditivos alimentarios (sustancias simples y ‘cocteles’ multiexposición) y la salud", destacan los investigadores.

Riesgo de muerte por todas las causas durante una década en el estudio SUN

Mientras tanto, Rico-Campà y sus colaboradores analizaron datos de 7.786 hombres y 12.113 mujeres de 20 a 91 años de edad (media de edad 37 años) que llenaron un cuestionario de alimentos de 136 apartados en 1999 - 2014.

Durante una mediana de seguimiento de 10,4 años fallecieron 335 personas.

En promedio, los participantes en el cuartil más alto de consumo de alimentos ultraprocesados consumían más comida rápida, alimentos fritos, carnes procesadas y bebidas endulzadas con azúcar, en comparación a participantes en los otros cuartiles, y tenían la ingesta más baja de verduras, frutas, aceite de oliva, alcohol y fibra, y se apegaban menos a una dieta de tipo mediterráneo.

Los alimentos y bebidas ultraprocesados fueron principalmente carnes procesadas, como hamburguesas y embutidos (15%), bebidas endulzadas con azúcar (15%), productos lácteos, como helado (12%), papas fritas (11%), y repostería, como donas, pastelillos y cruasanes (10%).

Los alimentos y bebidas ultraprocesados restantes eran galletas (8%), sopas (6%), alimentos fritos (6%), bebidas artificialmente endulzadas (5%), cereales para desayuno (3%), pizza (2%), licor (2%), margarina (1%), y mayonesa (1%).

En comparación con participantes que consumían menos de dos raciones al día de alimentos y bebidas ultraprocesados (cuartil más bajo), los que consumían más de cuatro raciones al día (cuartil más alto) tenían un incremento de manera estadísticamente significativa en el riesgo de mortalidad por todas las causas (HR: 1,62) después del ajuste con respecto a múltiples factores de confusión, durante una mediana de seguimiento de 10,4 años.

Por cada ración adicional de alimentos ultraprocesados, el riesgo de mortalidad por todas las causas aumentó 18% (HR: 1,18).

Sin embargo, en los criterios secundarios de valoración, en comparación con participantes en el cuartil más bajo, los de cuartil más alto de consumo de alimentos ultraprocesados no tuvieron un riesgo mayor de manera estadísticamente significativa de muerte por causas cardiovasculares (HR: 2,16; IC 95%: 0,92 - 5,06) o muertes por cáncer (HR: 1,22; IC 95%: 0,70 - 2,12).

"Nuestros hallazgos refuerzan la evidencia existente sobre el efecto negativo de alimentos ultraprocesados en la frecuencia global de enfermedades crónicas y mortalidad por todas las causas. En conjunto, estos resultados apoyan los efectos no beneficiosos de los alimentos ultraprocesados, que en la actualidad representan una porción importante de las calorías que se consumen en muchos países", concluyen los investigadores.

Los investigadores y editorialistas han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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