Sobreviviente dice que el accidente aéreo en los Andes fue para él un llamado a salvar vidas

Entrevistadora: Tricia Ward; entrevistado: Dr. Roberto Canessa

Conflictos de interés

30 de mayo de 2019

El viernes 13 de octubre de 1972 un avión de la Fuerza Aérea Uruguaya fletado por un equipo de rugby aficionado se estrelló en las montañas de los Andes al dirigirse a Santiago de Chile para un partido. El 29 de diciembre, dos sobrevivientes demacrados, incluido el estudiante de medicina de 19 años de edad, Roberto Canessa, aparecieron en Los Maitenes después de caminar casi 71 kilómetros y escalar picos de más de 3.650 metros de altura. Durante los dos días siguientes, los 14 sobrevivientes restantes atrapados en los Andes fueron evacuados.

El calvario del grupo se inmortalizó en el libro Viven y la película de Hollywood del mismo nombre.[1] Canessa se convirtió en un cardiólogo pediatra renombrado y fue el ponente principal Simon Dack en el congreso de 2019 del American College of Cardiology, donde habló con Medscape.[2]


Canessa en 2019 (izquierda) y el día después de su rescate (derecha).

Tricia Ward: Los pasajeros eran sus compañeros del equipo de rugby o del mismo pueblo que usted en Uruguay. ¿Considera que esto les ayudó a sobrevivir, en comparación al hecho de que hubiera sido un accidente de aerolínea comercial con completos extraños?

Dr. Roberto Canessa: Ayudó porque si alguien había tenido un mal día y estaba muy estresado, sabíamos que era realmente un buen camarada que solo estaba teniendo un mal momento, así que lo calmaríamos. Tener la misma educación y las mismas creencias religiosas ayudó mucho.

Tricia Ward: Usted era un estudiante de medicina de segundo año cuando ocurrió el accidente, ¿eso fue una ventaja?

Dr. Roberto Canessa: Sí, pues tenía algunos conocimientos de medicina. Al jugar rugby te lesionas mucho, y además de eso, mi padre era médico. Así que ya estaba orientado a ayudar a las personas.

Diez días después del accidente, los 25 sobrevivientes restantes de los 45 pasajeros originales escucharon a través de un radio de transistores que se había suspendido su búsqueda y que se les había declarado presuntamente muertos. Seis días después les cayó una avalancha que mató a ocho más y casi asfixió a Canessa antes de que un compañero de equipo escarbara un agujero en la nieve para permitirle respirar. Dijo que el alud le enseñó que no importa cuán mala sea la vida, siempre puede empeorar.

Para entonces, el grupo había recurrido a la necrofagia, utilizando los cadáveres como alimento. Escribiendo sobre la experiencia 44 años después en su libroTenía que sobrevivir,Canessa explica: "Pensamos que nos habíamos vuelto locos y que nos habíamos convertido en salvajes. Pero más tarde nos percatamos de que era la única cosa sana que podíamos hacer".[3]

Tricia Ward: ¿Ayudaron sus estudios de medicina a la decisión de utilizar los cuerpos como alimento?

Dr. Roberto Canessa: Desde luego. Sabía que el cuerpo era una fuente de proteína y grasa. Había memorizado el ciclo de Krebs. Era lo que había estudiado en la escuela de medicina.

Tricia Ward: ¿Qué sintió al pasar rápidamente de ser considerados como héroes a ser estigmatizados como, a falta de una mejor palabra, ‘villanos’, dados los encabezados sensacionalistas sobre canibalismo?

Dr. Roberto Canessa: Realmente no me importaba lo que pensaran. Es decir, nos habían dado por muertos y luego querían juzgarnos. Acepto plenamente que algunas personas preferirían morir antes de hacer lo que hicimos. Desde luego esa no es mi postura. Mi única preocupación eran los padres de quienes habían fallecido. Quería contarles la verdad.

Hicimos un pacto de que si alguno de nosotros fallecía, los otros podrían utilizarnos como alimento.

Tricia Ward: ¿Se consideró en algún momento mentir al respecto?

Dr. Roberto Canessa: No, no. Lo que queríamos hacer era dar las noticias de la mejor manera. Es algo muy delicado, muy íntimo. Yo quería que los padres de los muertos lo escucharan primero. Y quería ir a sus casas y contarles. Pensé que tenían el derecho a escucharlo de nosotros, y no podíamos simplemente lavarnos las manos de esa responsabilidad y ponerlo en las publicaciones sensacionalistas.


Rueda de prensa, 26 de diciembre de 1972; Montevideo, Uruguay.

Después del revuelo mediático, los sobrevivientes de los Andes convocaron a una rueda de prensa donde Alfredo "Pancho" Delgado equiparó la necrofagia con la historia bíblica de Jesús en la Última Cena, dando su cuerpo y sangre a los apóstoles. Esto cambió la reacción del público.

Tricia Ward: ¿Comparar el ritual de comer los cuerpos con el sacramento católico de la comunión ayudó a las personas a comprenderlo?

Dr. Roberto Canessa: A algunas personas, sí. Todos teníamos diferentes motivos. En mi caso, sabía que si hubiera muerto me habría encantado haber sido parte del proyecto de sobrevida.

Tricia Ward: Usted dijo que a veces envidiaba a los muertos. Cuando casi se asfixia en la avalancha sintió paz. ¿No tiene temor a la muerte?

Dr. Roberto Canessa: Pensé que morir no era tan malo. Realmente no tengo temor a morir. Cuando era más joven, desde luego, me preocupaban mis hijos porque dependían de mí. Pero ahora han crecido y tienen sus propias vidas. Siento dolor en mi cuerpo y he vivido una vida.

Hay momentos en la vida en que sientes que estás sufriendo tanto que mejor sería que estuvieras muerto, y comprendo esto. Algunas personas cometen suicidio porque su vida es completamente insoportable.

Respeto eso, pero deberíamos tratar de hacerlos sentir mejor para que la muerte no sea una opción.

Al darse cuenta de que finalmente morirían si se quedaban en el mismo sitio, Canessa, Fernando "Nando" Parrado y Antonio "Tintin" Vizintin estuvieron de acuerdo en caminar para buscar ayuda. Se les dieron más raciones de alimento, los mejores lugares para dormir y las ropas más tibias a fin de que se prepararan para su jornada épica. Parrado, cuya madre y hermana habían perecido en el accidente, estaba ansioso por escapar, pero antes de partir dio permiso a los que se quedaron para que utilizaran sus cuerpos como alimento.

Tardaron 3 días en llegar a la cumbre, y en vez de signos de vida encontraron picos nevados hasta donde les alcanzaba la vista. Vizintin regresó al sitio del accidente para informar a los demás, mientras Canessa y Parrado perseveraron en su camino hacia el sur. En el día 9 de su viaje vieron a un pastor, Sergio Catalán, al otro lado de un estruendoso río. Catalán les arrojó una pluma y papel y le devolvieron una nota que comenzaba: "Vengo de un avión que se estrelló en las montañas". Él regresó con ayuda. En el documental de 2019 Stranded, Catalán recuerda: "Olían a tumba; ningún animal se les acercaba".[4]

Parrado, Catalán y Canessa (de izquierda a derecha).

Tricia Ward: Poco después usted y Fernando Parrado fueron salvados, pero antes de que los demás sobrevivientes fueran rescatados, lo entrevistó la British Broadcasting Corporation. Esto debió ser extraño.

Dr. Roberto Canessa: Fue la mañana después de que nos encontraron. El entrevistador me dijo que había regresado de los muertos. Pero nunca morí. Hubo una dicotomía entre lo que el mundo decía de nosotros y lo que experimentamos.

Algunas personas piensan que sobrevivimos porque comimos los cadáveres, pero en realidad sobrevivimos porque éramos un equipo, porque trabajamos en conjunto y porque caminamos para salir de los Andes. Esta es la verdadera razón de que sobreviviéramos.

Tricia Ward: Usted se volvió famoso por la cobertura informativa y por la película Viven, pero nunca le atrajeron los encantos de la fama y la celebridad. ¿Por qué?

Dr. Roberto Canessa: Es realmente banal. Solía pensar que terminaría como una actriz que después de ser una belleza envejece y toma pastillas porque echa de menos su vida antigua. Después de lo que ocurrió tenía que ponerme al día en mi vida real, y no estaba destinado a ser una celebridad.

Tricia Ward: Después de que regresó a la civilización, ¿por qué piensa que escapó a gran parte del trauma psicológico que ha atormentado a sobrevivientes de otros desastres?

Dr. Roberto Canessa: Nosotros no escogimos estar ahí. No estábamos en una guerra. Solamente estábamos tratando de sobrevivir y era el infierno. Una vez que salí de ahí, estaba fuera del infierno.

Cuando salí, mi única preocupación eran las familias de los que habían fallecido. Fui a visitarlas y les dije lo que había ocurrido. Nos apoyaron mucho. A pesar de su tristeza, nos ayudaron mucho a nuestra recuperación.

Tricia Ward: ¿Ayudó haber regresado a la medicina, una profesión en la que está retribuyendo y ayudando a las personas, en comparación con, digamos, un trabajo de oficina ordinario?

Dr. Roberto Canessa: Cuando quedamos abandonados a nuestra suerte en las montañas, simplemente queríamos regresar a nuestras vidas. Las echábamos mucho de menos. Cuando Nando y yo salimos, la British Broadcasting Corporation nos decía: "Son famosos, son héroes". No me gustaba esa vida. Quería regresar a la medicina.

Mi objetivo era regresar a la vida que tanto echaba de menos.

En 2016 Canessa publicó su biografía.

Tricia Ward: Usted escribió que la experiencia en los Andes lo condujo a la cardiología pediátrica. Su padre era cardiólogo, así que ¿no habría terminado en cardiología de cualquier manera?

Dr. Roberto Canessa: Mi padre fue profesor de cardiología, pero cuando estaba haciendo cateterismo cardiaco, un profesor de cardiología pediátrica comenzó a trabajar en el mismo hospital. Me interesaron mucho las cardiopatías congénitas y, en esa época, la ecocardiografía comenzaba a utilizarse como una gran herramienta para visualizar las malformaciones cardiacas congénitas, así que me metí en ese campo.

Trabajar con tu padre puede ser muy difícil. En una ocasión estaba tratando de colocar un marcapasos y era el momento de colocar el electrodo en la vena. Mi padre me dijo que siguiera avanzando, donde es más gruesa y no estuve de acuerdo. Dijo: "¡Maldita sea, pónlo donde te digo!", y el paciente pidió: "Por favor no peleen".

Mi hijo también es cardiólogo, pero él estudiará cardiología de adultos y yo permaneceré en cardiología pediátrica. Creo que es mejor que padres e hijos trabajen en diferentes subespecialidades.

Tricia Ward: ¿Cómo equilibra dar esperanza frente a ser realista cuando habla con los padres de lactantes con malformaciones cardiacas congénitas graves?

Dr. Roberto Canessa: Provengo de una experiencia en la que había muy poca esperanza y lo logramos. En los Andes, una de las cosas que siempre dijimos fue: "Mientras haya vida, hay esperanza" y "tal vez, mañana".

Esto es lo que les digo a las madres. También les enseño a aceptar que acaso las cosas no marchen bien. No comprendemos la lógica de Dios.

El día después del accidente aéreo, cuando la mayoría de los lesionados falleció, ya no estaban sufriendo. Puede ser un tipo similar de alivio cuando un niño muere y ya no tiene que estar pegado a agujas.

Tricia Ward: Escribió que se puede identificar con el sufrimiento de los lactantes con cardiopatía congénita a causa de su experiencia en los Andes.

Dr. Roberto Canessa: Ver la felicidad de una madre cuyo niño está evolucionando bien es una recompensa increíble. Es como tener la magia de la felicidad en tus manos, y trabajar en ese tipo de proyecto es formidable. Se nos ha dado el don de la oportunidad de ayudar a las personas.

Tengo un amigo que trabaja para acabar con la pornografía infantil. Ese es un trabajo muy deprimente. Tenemos un trabajo maravilloso. Desde luego no somos dioses; algunos de nuestros pacientes van a morir; aun cuando se intente hacer lo mejor, pueden sucumbir.

Tricia Ward: Usted ha dicho que es una persona que toma riesgos. ¿Esto es aplicable a su profesión médica?

Dr. Roberto Canessa: Un niño con cardiopatía congénita que morirá sin intervención debería arriesgarse. Es más difícil cuando el niño está bien, por ejemplo, en casos de intercomunicaciones auriculares.

Digo a los padres que es una decisión muy difícil hacer una cirugía a corazón abierto en un niño que se está sintiendo bien. Si el niño está teniendo problemas, la elección es más clara.

Siempre tengo un plan B. Si no funciona el plan A, tenemos el plan B.

Tricia Ward: Su libro contiene entrevistas con las familias de sus pacientes. Una de las madres dijo que le preguntó sobre las probabilidades de sobrevida de su niño, pero usted no es muy dado a tales estadísticas.

Dr. Roberto Canessa: Si estás en un estadio y el excremento de una paloma te cae en la cabeza, eso es 100% para ti. No importa cuán improbable era que ocurriera. Todos tienen sus propias probabilidades y, cuando no hay alternativa, debes arriesgarte.

Tricia Ward: ¿Por qué le tomó tanto tiempo escribir su libro Tenía que sobrevivir?

Dr. Roberto Canessa: Porque tenía que vivir mi vida. Las personas preguntan: "¿Qué ocurrió después del accidente del avión?". Esto es lo que ocurrió. No lo pude haber escrito antes.

Tricia Ward: El accidente del avión fue resultado de un error humano. ¿Es usted más o menos tolerante de errores cometidos en medicina?

Dr. Roberto Canessa: El piloto murió por su error. No es como si el cirujano muriera si comete un error. Aunque esto solía ocurrir; si la realeza moría durante un procedimiento, mataban al médico.

Tricia Ward: Usted es escéptico de expertos, ¿correcto?

Dr. Roberto Canessa: Lo que he dicho es que los expertos pueden cometer errores. No son infalibles. Y la medicina no es mágica. Si tienes un experto que comete un error, deberías cambiar de experto.

Tricia Ward: ¿Considera que su participación en los deportes ayudó en medicina?

Dr. Roberto Canessa: Sí. Los deportes son muy importantes para la medicina y para la vida. Todavía juego algo de tenis y trato de caminar todos los días.

De los tres que comenzamos a subir sobre las montañas, ninguno de nosotros fumaba y los dos que continuamos todo el camino éramos jugadores de rugby.

Tricia Ward: ¿Formar parte de un equipo ayuda a la disciplina?

Dr. Roberto Canessa: Sí. Soy muy individualista. Mi capitán solía decirme: "Mira, Roberto, soy el capitán. No soy el más inteligente, tal vez mañana tú seas el capitán. Pero debo decir a otras personas lo que hay que hacer. Así que me debes obedecer". Ese fue un gran consejo. Cuando formas parte de un grupo tienes que trabajar en equipo.

Diría que el rugby y los deportes tienen que ver con júbilo. Pero mi vida como médico también tiene que ver con júbilo. Me gusta bromear con mis pacientes. Creo que es muy importante tener sentido del humor. Incluso en los Andes teníamos sentido del humor. Ayudó a aliviar el estrés.

Tricia Ward: ¿Cuál es su consejo para nuestra audiencia de médicos, enfermeras y otros profesionales de atención a la salud?

Dr. Roberto Canessa: La ecuación es conocimiento más perseverancia multiplicados por actitud. La actitud es lo más importante. En las montañas aprendí que las personas que sobrevivían no eran las más valientes ni las más inteligentes; eran aquellas que podían tener una sonrisa en su rostro cada mañana.

Tricia Ward: ¿Quiere decir que tenían una actitud positiva?

Dr. Roberto Canessa: Sonreír ante el fracaso, sonreír ante el éxito. Tratarlos a los dos de la misma manera. El fracaso es un costo operativo del éxito. Van de la mano.

Tricia Ward: Usted dijo que aprender a hacer algo difícil requiere un esfuerzo increíble y hacer lo imposible requiere solo un poco más.

Dr. Roberto Canessa: Creo que primero debes hacer lo que es necesario. Luego lo que es posible. Y después puedes tratar de hacer cosas imposibles.


Canessa con su esposa Laurie (extremo a la izquierda) y sus tres hijos en la tumba de las víctimas del accidente, El Valle de Lágrimas, 2001. Laurie fue su novia antes del accidente.

Tricia Ward: Usted regresa a menudo al sitio del accidente. ¿Por qué?

Dr. Roberto Canessa: Voy allí y puedo ver a mis amigos vacilándome. "Mírate, Roberto. Mira la panza que tienes. Eres un hombre mayor ahora, pero nosotros todavía estamos jóvenes".

Llevé a mi hija allí cuando tenía 15 años y dijo que no le gustaba ese lugar porque era muy triste. Pero para mí tiene mucha energía.

Tricia Ward: Después de sobrevivir la prueba de los Andes, ¿se sintió presionado para realmente hacer algo de su vida?

Dr. Roberto Canessa: Nunca querría que las madres de mis amigos que fallecieron dijeran: "¿Por qué esta persona perezosa y malvada sobrevivió y mi hijo no lo logró?". Por respeto a ellas sentí que debía vivir una vida decente. Y esa fue la promesa que hice: si salgo de ahí, viviré una buena vida.

Tricia Ward: Parece que lo hizo.

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