Protectores solares: por qué prevenir las quemaduras puede ser un arma de doble filo

Matías A. Loewy

15 de mayo de 2019

BUENOS AIRES, ARG. Personas que se aplican protectores para estar más tiempo al sol sin quemarse reducen el riesgo de melanoma, sin embargo, se exponen a desarrollar otros cánceres de piel más benignos, pero de mucha mayor incidencia.[1]

Así lo afirmó la Dra. Dedee Murrell, futura presidenta del International Congress of Dermatology, que se celebrará en 2021 en Melbourne, Australia, y expositora invitada de la XXXVII Reunión Anual de Dermatólogos Latinoamericanos (RADLA) de 2019, que convocó a 4.000 especialistas en esta ciudad, del 4 al 7 de mayo.

"La evidencia de que los protectores solares previenen el melanoma [el cáncer maligno de piel que produce más muertes] es más fuerte, debido a que protegen de las quemaduras solares", indicó a Medscape en Español la Dra. Murrell, dermatóloga en el St. George Hospital y profesora de dermatología en la University of New South Wales, en Sídney, Australia.

En la sesión "¿Previenen los protectores solares el cáncer de piel?",el Dr. Jaime Piquero Casals, dermatólogo venezolano de la clínica Dermik de Barcelona, en España, citó un estudio prospectivo australiano de 2011 que mostró que el uso diario de filtro solar en la cabeza y los brazos durante 5 años redujo a la mitad la incidencia de melanoma (y más aún los casos invasivos), en comparación con quienes se aplicaban esos productos a su propio juicio. "Creo que esto es contundente", afirmó.[1,2]

Sin embargo, los protectores solares "no serían tan buenos" para aquellas personas que los usan con el objeto de permanecer más tiempo bajo los rayos sin sufrir quemaduras, advirtió la Dra. Murrell, debido a que ese comportamiento aumenta el riesgo de los dos cánceres de piel más comunes: carcinoma basocelular y carcinoma de células escamosas, que en conjunto representan más de 95% de los casos de cáncer de piel.

En Estados Unidos, la American Cancer Society calcula que cada año se detectan cánceres de piel no melanoma en 3,3 millones de personas frente a menos de 100.000 diagnósticos de melanoma proyectados para 2019.[3]

La paradoja puede explicarse por los mecanismos que subyacen al desarrollo de ambos tumores. La Dra. Murrell señaló que la mayoría de los casos de carcinoma de células basales se desencadena por mutaciones inactivadoras en la vía de señalización Hedgehog y esas mutaciones pueden producirse por el daño "invisible" de la radiación ultravioleta del sol.

"Si el protector solar fuera capaz de proteger por completo de los rayos solares se podrían prevenir esas mutaciones. Pero la mayoría de los protectores solares no impide que 100% de los rayos del sol llegue a la piel", alertó la dermatóloga.

Por otra parte, la Dra. Murrell manifestó que estar al sol induce inmunosupresión y como se ha observado en pacientes trasplantados, esa situación promueve el desarrollo del carcinoma de células escamosas, que puede volverse metastásico.

"Ambos tumores no melanoma dependen del comportamiento de la gente. Si las personas usan el protector solar de manera adecuada para exponerse a periodos cortos al sol, podrían reducir el daño crónico de la radiación ultravioleta y, por tanto, el riesgo de cánceres de piel. Pero es difícil tener datos absolutos al respecto", afirmó.

La sospecha es que la mayoría de las personas se aplica mal el producto o se queda al aire libre más tiempo de lo aconsejable.

Una revisión Cochrane de 2016 concluyó que no existen suficientes evidencias para demostrar los beneficios preventivos de los protectores solares en los carcinomas basocelular y de células escamosas, aunque los autores principales advirtieron que "la falta de evidencia experimental de alta calidad no se debe equiparar con la evidencia de que protegerse frente al sol es eficaz, por lo que es importante que pacientes y consumidores no dejen de proteger su piel".[4,5]

Visiones encontradas

Pero no todos los dermatólogos comparten esta visión. El Dr. Juan Carlos Diez de Medina, director de la Fundación Piel Bolivia, y expresidente de la Sociedad Latinoamericana de Fotobiología y Fotodermatología, comentó a Medscape en Español que subsisten "ambigüedades" en la literatura respecto de los beneficios de la protección solar en melanoma.

Sin embargo, aseguró: "Ahora existe evidencia real y definitiva en poblaciones cerradas y grandes de que los protectores solares pueden prevenir el cáncer de piel no melanoma. Ya no hay dudas".

En su exposición, el Dr. Diez de Medina señaló que estudios realizados entre 2000 y 2007 muestran que los nuevos protectores solares, que no solo filtran la radiación ultravioleta B, sino también la ultravioleta A, reducen 25% el riesgo de carcinoma basocelular y 40% el de células escamosas o espinocelular.[6] También enfatizó su utilidad en enfermedades de la pigmentación y en la prevención del fotoenvejecimiento.

Asimismo, los especialistas recordaron que los protectores solares deben integrarse en el contexto de una estrategia de fotoprotección más amplia. "Los protectores solares son de utilidad si se acompañan de otras medidas adicionales y son bien aplicados", manifestó a Medscape en Español el Dr. Horacio Cabo, profesor de Dermatología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.

"La mayoría de la población no tiene acceso a protectores solares, que a medida que van mejorando, también tienen costos más elevados, por lo que gran parte de la estrategia de fotoprotección empieza en la vestimenta: sombreros, mangas largas, aunque no tengamos acceso a ropa certificada", señaló el Dr. Diez de Medina, que también presidió la Sociedad Boliviana de Dermatología.

Respecto de los atributos de un buen protector solar, la Dra. Murrell recomendó tener una cobertura total del espectro lumínico (full spectrum) y que el factor de protección solar sea superior a 50. También manifestó que "los bloqueadores físicos son probablemente más seguros, porque reducen la exposición a compuestos químicos".

Asimismo, la dermatóloga australiana señaló que la frecuencia de administración depende de la intensidad del sol, del fototipo de piel y del tiempo que la persona vaya a estar expuesta al aire libre.

"Especialmente las personas muy propensas a quemaduras deberían aplicarse el producto 20 minutos antes de salir y repetir la aplicación cada dos horas", dijo a Medscape en Español.

La Dra. Murrell sugirió ajustar los productos al gusto de las personas, como estrategia para mejorar la adherencia. "A los hombres no les gustan las cremas porque les dejan una sensación pegajosa en el cuerpo. En ellos serían mejor los geles. Y a las chicas muy jóvenes o mujeres proclives al acné no les gustan las cremas oclusivas porque les bloquea los poros".

"Hay que elegir la formulación correcta para el paciente correcto", concluyó la especialista.

La Dra. Murrell declaró haber recibido becas u honorarios de Principia Bio, GSK, Novartis, Lilly, DebRA, Immunepharma y Roche. Los médicos han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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