Se desarrollan nuevas estrategias dirigidas al microbioma intestinal para prevención de enfermedad cardiovascular

Hallazgos recientes brindan una excelente oportunidad para desarrollar nuevas estrategias terapéuticas que se dirijan al microbioma intestinal para prevención y tratamiento de enfermedad cardiovascular, señala un análisis de este campo publicado en Journal of the American College of Cardiology.[1]

Estudios mecanicistas detallados han implicado fuertemente el papel clave que desempeña el microbioma intestinal en mediar procesos o factores de riesgo de enfermedad cardiovascular, pero la mayor parte de los estudios previos se ha centrado en caracterizar la composición microbiana en vez de sus alteraciones funcionales y consecuencias subsiguientes, indica el análisis.

"Aunque estudios previos se han centrado en los microorganismos específicos que están implicados, empezamos a notar que es su equilibrio del ecosistema dentro del cuerpo lo que crea un entorno que protege o promueve diversas enfermedades cardiovasculares", comenta a Medscape Noticias Médicas el autor principal, Dr. W.H. Wilson Tang, de la Cleveland Clinic, en Ohio, Estados Unidos.

"Por tanto, ha evolucionado un concepto más general basado en cómo las bacterias intestinales pueden generar metabolitos a partir de nutrientes ingeridos, y cómo estos pueden afectar diferentes órganos humanos", señala el Dr. Tang.

El especialista explica que en estudios previos se ha hipotetizado que bacterias específicas pueden promover directamente procesos fisiopatológicos, y que eliminarlas con antibióticos podría originar menos efectos adversos.

"Esta estrategia no ha funcionado, pues no se comprendían bien los mecanismos subyacentes, y hay la suposición de que 'existe una solución uniforme'", indica el Dr. Tang. "Ahora comprendemos que gran parte de nuestras bacterias intestinales probablemente es beneficiosa y su composición en nuestro intestino sano a menudo es difícil de alterar, pero su metabolismo se puede modular mediante exposiciones dietéticas que son singulares en los individuos".

El análisis señala que en estudios más recientes, investigadores han identificado nuevos mecanismos que pueden explicar por qué algunos metabolitos de bacterias intestinales derivados de nutrientes de la alimentación pueden ser potencialmente beneficiosos (como los ácidos grasos de cadena corta que modulan la presión arterial), mientras que otros pueden ser potencialmente dañinos, como trimetilamina N-óxido (TMAO), que puede afectar el metabolismo del colesterol, favorecer la aterosclerosis e incrementar los riesgos de trombosis.

Resultados conflictivos

El Dr. Tang indica que hasta ahora, estudios de los efectos de diversas dietas diferentes sobre el microbioma han producido resultados conflictivos.

"Lo que está claro es que los patrones de alimentación representan una de las exposiciones ambientales más importantes para nuestras bacterias intestinales, de manera que alterar la dieta puede desempeñar algún papel en reconfigurar el metabolismo microbiano de nuestro intestino y la salud en general. Sin embargo, el concepto de clasificar grupos de alimentos o dietas como 'buenos' o 'malos' para la salud es algo obsoleto, ya que depende en gran parte de cómo se digieren los nutrientes e interactúan con bacterias intestinales del cuerpo", destaca.

"Los individuos pueden tener composiciones de bacterias intestinales muy diferentes, de manera que el mismo alimento puede tener diferentes efectos a corto y a largo plazos en distintas personas", añade.

"Esto también se complica por el hecho de que todos tienen su propia respuesta fisiológica singular a nutrientes y metabolitos, independientemente del microbioma intestinal".

El Dr. Tang considera que esto puede explicar por qué muchos estudios tienen resultados contrastantes: no toman en cuenta la individualidad interpersonal que es dependiente de la función de las bacterias intestinales.

Estrategias futuras más promisorias pueden incluir intervenciones dietéticas personalizadas, probióticos o prebióticos, o inhibidores microbianos no letales que se dirijan a vías específicas una vez que se identifiquen, como la producción de trimetilamina N-óxido.

Inhibidores de trimetilamina N-óxido: un nuevo enfoque

El análisis señala que dos agentes dirigidos a la vía metabólica de trimetilamina N-óxido "se esperaría que tuvieran múltiples beneficios terapéuticos potenciales adicionales", entre ellos, reducir la progresión del deterioro funcional renal, la progresión de insuficiencia cardiaca y desenlaces adversos en múltiples cohortes con alto riesgo (aquellas con diabetes de tipo 2, nefropatía crónica e insuficiencia cardiaca).

"Sin embargo, se necesitan estudios de intervención prospectivos bien potenciados para validar esta nueva estrategia terapéutica", afirman los autores.

"El concepto de 'drogar' al microbioma para alterar un proceso patológico en vez de eliminar la bacteria allana el camino para una estrategia completamente nueva en la prevención de enfermedades", comenta el Dr. Tang. "De esta manera, enzimas específicas que elaboran metabolitos que pueden ser perjudiciales para el hospedador humano pueden inhibirse con fármacos de diseño sin destruir la bacteria en sí, limitando de esta forma efectos secundarios adversos para el hospedador humano. Este enfoque puede ser complementario a fármacos tradicionales y dar lugar a un mejor control del riesgo de enfermedad cardiovascular".

Aún no se ha determinado si las recomendaciones dietéticas actuales que favorecen la salud cardiovascular tienen efecto beneficioso potencial sobre el microbioma intestinal en general, o trimetilamina N-óxido específicamente, señala el análisis.

"Es importante reconocer que la mayor parte de los consejos de alimentación recomiendan métodos que se esperaría redujeran trimetilamina N-óxido, lo que incluye disminuir el consumo de calorías y lípidos", señalan los autores.

Los métodos que tratan de manipular el microbioma intestinal y sus vías metabólicas ofrecen perspectivas favorables, aunque aún no se han logrado llevar a la práctica clínica.

Asimismo, informan que se ha demostrado que un inhibidor de liasa de trietilamina (TMA), 3,3-dimetil-1-butanol, disminuye la producción de TMA/TMAO sin alterar la sobrevida de la célula microbiana, y se asoció a una disminución de la carga aterosclerótica, menos formación de célula espumosa derivada de macrófago y atenuación de la progresión de enfermedad cardiorrenal en ratones.

Se ha identificado esta sustancia en algunas muestras de aceite de oliva extravirgen sometido a presión en frío, un componente importante de la dieta mediterránea que se ha relacionado con mejora en la salud cardiovascular. Sin embargo, ha sido un poco ambivalente el efecto de la dieta mediterránea sobre los cambios en trimetilamina N-óxido.

Recientemente se ha informado que inhibidores de liasa de trietilamina de nueva generación son muy potentes y suprimen los niveles de trimetilamina N-óxido en modelos animales. Estos agentes también "han demostrado el potencial para actuar selectivamente y acumularse en la microbiota intestinal, lo que permite la inhibición sostenida de enzimas microbianas productoras de trietilamina con exposición sistémica limitada en el hospedador", señala el análisis.

Sin embargo, los autores resaltan que las enfermedades cardiometabólicas probablemente son resultado de varios metabolitos, los cuales pueden contribuir en grado variable en diferentes individuos con alta o baja susceptibilidad, y que probablemente trimetilamina N-óxido solo es la "punta del iceberg".

"La identificación futura de metabolitos producidos por microbios y la investigación sobre el hecho de que tengan una relación causal con enfermedad cardiometabólica proporcionará oportunidades novedosas para mejorar potencialmente la salud cardiovascular y la prevención", concluyen.

Al preguntar qué consejo deberían dar los médicos a los pacientes sobre dieta y probióticos con base en esta investigación, el Dr. Tang dijo que esto va más allá del alcance del análisis actual. Sin embargo, "la evidencia sobre probióticos para la salud cardiovascular es escasa. La American Heart Association continúa con recomendaciones generales sobre las elecciones de dieta saludable, y cuenta con datos de estudios clínicos que respaldan los beneficios cardiovasculares potenciales de una dieta mediterránea, independientemente de que no esté claro si están vinculados con la función del microbioma".

Este análisis fue financiado por apoyos económicos del National Institutes of Health, la Office of Dietary Supplements y la Fondation Leducq. El Dr. Tang ha prestado sus servicios como consultor para The Advisory Board Company. Entre los coautores están el fundador y un accionista de Metabogen AB (una compañía sueca que desarrolla tratamientos basados en el microbioma), y un coinventor en patentes propiedad de la Cleveland Clinic relacionadas con diagnóstico y terapéutica cardiovascular.

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