Pocos adolescentes cumplen las recomendaciones de sueño, uso de pantalla y ejercicio

Jennifer Clopton

Conflictos de interés

11 de marzo de 2019

Kathy Ferony tiene cuatro hijos de entre 12 y 19 años de edad. Entre el recreo y el hecho de que todos son ávidos jugadores de béisbol, se siente satisfecha con el ejercicio que están haciendo. Y aun cuando son trasnochadores, dice que parecen felices y tienen buenas calificaciones con 6 y media a 8 horas de sueño por noche. Sin embargo, menciona que la verdadera dificultad en su familia es el tiempo ante pantalla.

"Su uso de pantallas me vuelve loca. Para lograr que estén sanos, tenemos que estar luchando con su afán de uso de pantallas", señala.

Pat Jesten dice que se siente cómodo con el tiempo ante pantalla de su hijo Chris. Es un nadador competitivo, de manera que sabe que hace suficiente ejercicio. Lo que le preocupa es el tiempo que duerme, el cual dice que está tan afectado por sus tareas escolares, que le hace seguimiento en su Apple Watch.

"Me pregunto si debería dejar algunas clases de honores para que tuviera menos tarea y pudiera dormir más. Creo que lo necesita para la universidad. Sin embargo, sé que dormir es saludable y creo que si trabaja duro y tiene el impulso para tener éxito, lo logrará", dice Jesten.

Por lo que respecta a la cantidad correcta de tiempo ante pantalla, ejercicio y sueño, investigación publicada recientemente en JAMA Pediatrics muestra que solo 5% de adolescentes está cumpliendo las recomendaciones y las niñas tienen más probabilidades de hacerlo que los niños.[1]

Solo 3% de las niñas cumplieron las recomendaciones, en comparación con 7% de los niños, en una investigación realizada por el Dr. Gregory Knell, Ph. D., becario de investigación postdoctoral en el University of Texas Health Science Center de la Houston School of Public Health, en Houston, Estados Unidos.

"Esperábamos que fuera baja, pero no que fuera solo de 5%", dice.

Las guías recomiendan que niños de 6 a 12 años de edad tengan entre 9 y 12 horas de sueño cada noche y los de 14 a 18 deberían tener de 8 a 10 horas cada noche. Todos los niños de entre 6 y 18 años deberían tener por lo menos una hora de ejercicio aeróbico moderado a vigoroso al día y limitar su tiempo de uso de pantalla y exposición a todos los medios digitales basados en pantalla a menos de 2 horas en un periodo de 24 horas.

El Dr. Knell dice que su investigación marca la primera vez que estas tres conductas (sueño, ejercicio y tiempo de pantalla) se han analizado en forma conjunta en una muestra nacional de adolescentes estadounidenses.

"El motivo por el cual creemos que esto es importante es que ahora hay determinados indicios de que los efectos de cumplir las tres conductas sobre la salud son más fuertes o más importantes que solo cumplir una de las conductas", explica. "El ciclo de actividad de 24 horas es más importante para la salud que cualquier conducta independiente de otra".

La ciencia de sueño, tiempo ante pantalla y ejercicio

La investigación claramente ha señalado que un sueño satisfactorio, un ejercicio adecuado y un tiempo ante pantalla limitado ayudan a niños y adolescentes. Niños que son físicamente activos tienen tasas más bajas de obesidad, mejor salud ósea y cardiovascular, y mejor aptitud física en general.

También son positivos los efectos en la salud del cerebro, las habilidades cognitivas y los aspectos académicos. La falta de ejercicio también se ha vinculado a depresión en adolescentes, especialmente niñas.

Los niños que duermen mejor prestan más atención en la escuela, tienen tasas más bajas de ansiedad y depresión y simplemente funcionan mejor en la escuela. Hay mucha investigación que muestra que el uso frecuente de teléfonos y tabletas empeora los problemas de sueño. Diversos factores, como lo que los adolescentes miran, acostarse tarde, dormirse más tarde, excitación mental, exposición a la luz de pantalla brillante, e incluso exposición a campos electromagnéticos, probablemente desempeñan un papel.

"En nuestro estudio encontramos que hacer más llamadas telefónicas, utilizar más una tableta y la dependencia del teléfono móvil disminuyen la calidad del sueño y aumentan el tiempo de vigilia después de iniciado el sueño, lo que indica un sueño más deficiente y más fragmentado en adolescentes que utilizan más teléfonos y tabletas", explica Alba Cabré-Riera, del Barcelona Institute for Global Health, primera autora de un estudio sobre el tema publicado a finales de 2018.

La investigación también muestra que la falta de sueño o los cambios en cuánto tiempo duermen los adolescentes afecta su coordinación, lo mismo que su capacidad para prestar atención en la escuela y su aprovechamiento escolar. También indica una conexión con depresión y otros desenlaces negativos en la salud.

Kati Duncan, psicóloga clínica en Chesapeake, Estados Unidos, dice que el sueño deficiente o inadecuado también puede parecerse a los síntomas de trastorno por déficit de atención con hiperactividad. Ella evalúa problemas de aprendizaje en niños y adolescentes, y dice que la falta de sueño (algunos duermen solamente 3 a 4 horas) es el factor desencadenante de que le remitan hasta 70% de los pacientes.

"Te puedo decir que valoro a muchos pacientes pediátricos por trastorno por déficit de atención con hiperactividad que realmente solo necesitan más sueño y menos tiempo ante pantalla", dice. "La privación de sueño puede parecerse mucho al trastorno por déficit de atención con hiperactividad por lo que respecta a atención deficiente e imposibilidad para sentarse tranquilo. Los padres necesitan comprender que la cantidad de sueño que tienen los pacientes puede dañar. Cuando están cansados, también quieren desconectarse. Y cuando hacen esto, se ponen frente a un dispositivo electrónico, y esto aumenta esa adicción".

El Dr. Knell señala que su investigación refleja que más personas se están percatando de que todas estas conductas están conectadas.

"Si eres más físicamente activo durante el día, suponemos que esto dará lugar a mejor sueño por la noche. Y lo más importante, si se duerme mejor por la noche, suponemos que se tendrá más energía al día siguiente para estar más físicamente activo", explica. "También sabemos que el tiempo ante pantalla tiene un efecto negativo en la calidad del sueño, de manera que hay cosas que se pueden hacer".

"Espero que esto sea una llamada de alerta para los padres", indica Knell.

Investigación frente a la vida real

Algunos dicen que no sienten la necesidad de un llamado de alerta. "Estoy segura de que mis niños no están dentro de estas guías, sino que ellos están simplemente bien", señala Jenny Christie, madre de tres hijos, de Colorado.

Otros padres dicen que los horarios de los adolescentes hoy en día no les permitirían cumplir las recomendaciones, aun cuando quisieran hacerlo.

"Queremos que nuestros niños se comprometan en actividades y sean exitosos, así que entre actividades y estudio, realmente es difícil lograr que tengan la cantidad correcta de sueño", comenta Frances Phan, una madre de Virginia, cuyos tres niños son integrantes de una banda y están involucrados en la música.

Muchos padres informan que la logística de la vida del adolescente no coincide con las recomendaciones basadas en investigación.

"Diez horas de sueño para un estudiante de secundaria es imposible", dice Kin Guest, madre de dos niños adolescentes en Raleigh, Estados Unidos. "Las clases escolares de mi hijo comienzan a las 7:20 a. m. y él sale de la casa a las 6:50 a. m. Tendría que irse a dormir a las 8 de la noche para cumplir las recomendaciones. Pero a esa hora ni siquiera ha llegado a casa cuando los ensayos de obra teatral son hasta las 9 p. m. o 10 p. m. y después todavía tiene que hacer la tarea".

Terri Tolliver, una madre de Washington, dice que 6 a 7,5 horas de sueño por noche es muy típico de su hijo de 12 años. "Hemos establecido una hora para acostarse, pero por cualquier motivo (cena tardía, terminar la tarea, quehaceres después del trabajo) es más frecuente que pase por alto la hora de prepararse para dormir a las 9:30 p. m. Y desde luego cuando se va a la cama a esa hora, aun con música de jazz suave y un difusor aromático, no siempre se duerme de inmediato. Por las mañanas tengo que llevarle un licuado de frutas o una taza de té para lograr que se mueva. Nunca se despierta con su alarma".

El tiempo ante pantalla es otro reto difícil de cumplir para muchos padres, y muchos dicen que las escuelas de sus niños están aumentando el problema.

"Las escuelas les tienen iPads, computadoras portátiles y Chromebooksmás de lo que me gustaría", agrega Ferony, la madre de cuatro niños.

"La mayor parte de las tareas implica uso de pantallas, de manera que es difícil también para uno cumplir esas recomendaciones", coincide Guest.

"Es por eso que detesto el uso de iPads en la escuela", concuerda Jenny Erard, madre de tres, de Oregon. "Pasan siete horas al día en la escuela y por lo menos la mitad de ese tiempo, si no es que más, están utilizando un iPad. Luego la tarea es en el iPad. Después, todos los libros de la biblioteca que quieren leer están en el iPad. Es tan difícil".

Ponerse de acuerdo con los adolescentes respecto al tiempo de uso de pantalla no relacionado con la escuela a menudo también es difícil.

"Mi hijo de 12 años es muy activo en los deportes y hace bastante ejercicio fuera de casa, pero todo el día estaría utilizando pantallas mientras estuviera en casa si lo dejáramos", dice Marci Jerome, madre de dos.

"Nos referimos al Xbox como 'el causante de la discordia', pues produce una lucha constante el fin de semana para decidir a quién le toca jugar, quién ha jugado demasiado o quién está gritando demasiado en la televisión mientras juegan", señala Ferony. "Creo que afecta su creatividad. Este verano pasado, dijeron que nadie estuvo en la alberca porque todos estuvieron jugando en casa Fortnite. Simplemente ya no salen y juegan. Esto plantea muchos cuestionamientos y retos como padre".

Tolliver está de acuerdo: "Esta vaca anda pastando y no sé cómo regresarla al granero, Fortnite es mi segundo hijo. Siento como que tengo que vigilar a este nuevo bebé, alimentarlo, reprenderlo, invertir tiempo con él", dice. "Le he dado permiso porque le he dicho que si hace lo que se supone que debe hacer durante la semana, los fines de semana son de él. Pero hablando de obsesión. Añade a eso la presión de sus vecinos o conocidos a quienes se les da rienda suelta para que jueguen cuando quieren. Les he quitado antes todos los dispositivos electrónicos como una forma de disciplina y juro que he visto signos de abstinencia, aunque los beneficios para mí fueron más tiempo juntos, charlas plenas y exploración de más actividades".

Creando hábitos más saludables

El Dr. Knell añade que cuando se trata de hacer cambios, es mejor comenzar con poco. Dice que es importante saber que los investigadores creen que mejorar cualquier conducta puede ayudar a todos.

"No hay que desanimarse con estos resultados o atemorizarse y pensar, 'para qué intentarlo si esto no es alcanzable'. Cambios pequeños que se pueden hacer en la vida y en la vida del niño pueden tener un enorme impacto", dice. "Si se hacen pocas cosas con el tiempo ante pantalla antes de ir a la cama y se alienta a los niños a ser físicamente activos durante el día, esto dará lugar a mejor sueño, lo cual conduce a más actividad física al día siguiente".

Así que hay que salir a caminar en familia, estacionarse más lejos de su destino, usar las escaleras, ir al parque después de la escuela o pasear en bicicleta después de la cena y hacer cumplir los horarios de dormir. La American Academy of Pediatrics también recomienda tener horas al día sin medios, como durante las comidas y al conducir, así como lugares sin medios, como los dormitorios.[2]

"El tiempo ante pantalla definitivamente es lo más difícil para nosotros", dice Liz Gurgel, madre de un niño de 14 años de Michigan. "Con lo que tengo problemas es cuando le dijo a mi hijo, 'basta con el teléfono' y él dice 'pero solo estoy mirando videos en YouTube, ¿y en qué es diferente eso a mirar televisión?' Debería ser un mejor ejemplo, supongo, pero no quiero renunciar a mi televisión".

El Dr. Knell indica que esto resalta un punto importante y uno que sabe que no es fácil para los padres. Hay que ver cómo los propios hábitos afectan a sus niños.

"Mirar demasiado al propio teléfono o mantenerlo en la cabecera por la noche no emite el mensaje correcto a los niños", agrega el Dr. Knell. "Sabemos que poner el ejemplo con buenas conductas tiene una fuerte influencia en la conducta de los niños, así que hay que tener esto presente".

Duncan dice que también remite a muchos pacientes a asesores de sueño y parentalidad cuando están teniendo dificultades, y los alienta a leer libros e informarse en torno a cómo hacer pequeños cambios y cumplirlos.

La investigación muestra que la participación de los padres hace una diferencia. Un estudio publicado este mes en Sleep Health, por ejemplo, mostró que cuando los padres vigilaban a sus adolescentes mientras estaban despiertos influía en cómo dormían.[3] La percepción de los adolescentes de esa vigilancia puede afectar también cuánto tiempo duermen.

Audrey Jung, psicoterapeuta en Arizona y madre de dos adolescentes, dice que en última instancia, ella resalta que siempre hay oportunidad para mejorar, pero no hay una única solución válida para todos los casos.

"Tienes que hacer lo que funcione para tu familia. Puedes estar atento a estos estudios y buscar signos de problemas, y puedes abordarlos con más rapidez. Pero también debes ver a tu niño de una manera equilibrada por lo que respecta a su entorno. ¿Hay cosas que estén funcionando de forma generalizada?"

Jung comenta que esto significa analizar el sueño y el ejercicio del adolescente durante una semana o un mes, no solo lo que ocurre en un determinado día.

"Si los padres no están activos, esta será una conversación incómoda", añade.

Jung dice que son útiles las horas de acostarse uniformes compartidas, los espacios para conexión de dispositivos electrónicos de la familia, y las reglas de tiempo ante pantalla que se apliquen a padres y niños por igual. Dice que las reuniones semanales de la familia y los calendarios compartidos también pueden ayudar a mantener vigiladas las conductas saludables.

"Ponemos un calendario de dos meses en la cocina. Les enseña a mis hijos mientras se sientan a comer a mirarlo y encontrar puntos problemáticos con el sueño, por ejemplo, y también nos ayuda como padres a planear con anticipación", comenta Jung.

Agrega que la terapia de parejas puede ayudar a los padres a estar en sintonía en relación con las reglas que quieren hacer cumplir y la terapia para adolescentes puede ayudar a controlar su conducta y buscar hábitos más sanos. Por último, dice Jung, es importante recordar que no solo se trata de hacer cumplir reglas. Se trata de enseñar a los adolescentes conductas importantes para toda la vida.

"Siempre he inculcado y fomentado el enfoque conductual de hablar de las consecuencias y comprender los efectos que en uno mismo y en la familia tienen las decisiones que se toman en torno al sueño y otras conductas", añade Jung. "Estoy a favor de enseñar moderación, no sobresaltarse de improviso por pequeñas infracciones. En última instancia, lo que se desea es simplemente enseñar al niño a ser responsable".

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